miércoles, 30 de marzo de 2011

Salinger´s (I): The Ursinus Weekly


Al respecto del artículo de Manuel Vilas publicado recientemente en el ABC (clic) hay una pequeña intrascendencia en la biografía de J.D. Salinger que resulta, en comparación, muy divertida.
 


En 1938 Salinger se matriculó en el Ursinus College (Pensilvania). Tenía 19 años. A pesar de que sus notas eran buenas y su experiencia allí la recordaría siempre con agrado, abandonó los estudios a los seis meses (aunque a finales de ese mismo año tomaría clases de Escritura). (Había decidido ser escritor; vivir de la literatura. Pero esa es otra historia). Entre sus numerosas ocupaciones en la universidad estaba encargarse de la columna de críticas teatrales, y en ocasiones también elocuentes noticias de sociedad universitaria, del semanario del centro, el Urnisus Weekly, que sospecho sería el equivalente a tener un blog hoy en día. Primero la llamó “Meditaciones de un sofista social: el diploma arrojado” pero pronto quedó simplemente como “El diploma arrojado de J.D.S.” Aunque nunca pudo considerarse “literatura” la columna fue un vehículo ideal para desarrollar su vena sarcástica y nunca tuvo reparos en criticar las novelas por ser falsas. De Margaret Mitchell, la autora de “Lo que el viento se llevó” dijo: “Por el amor de Hollywood, sería mejor para la autora reescribir ciertas partes y proporcionarle a la señorita Scarlett O’Hara un ojo ligeramente bizco, un diente roto o una talla 40 de pie”. Tampoco Hemingway se libró de su pluma: “Hemingway ha terminado su primera obra teatral extensa. Esperamos que sea digna de él. A nuestro parecer, Ernest, ha trabajado poco y babeado mucho desde El sol sale también, Los asesinos y Adiós a las armas”. No está mal para un chaval que no tenía ni 20 años. 

Del artículo de Manuel Vilas en el ABC destaco por encima de todo el subtítulo, en este caso también conocido como “la promesa después incumplida de lo que se suponía que iba a tratar el artículo”: “Los blogs son ya una práctica habitual entre los escritores. Un arma de trabajo pero también un arma arrojadiza. La moderna trinchera de la que se sirven para dirimir sus disputas literarias”. Digo “incumplida” porque al leerlo (el subtítulo) pensé que me iba a encontrar con el despelleje de los blogs de escritores que tiraban a matar contra otros escritores en una suerte de guerra secreta de las letras españolas, algo tipo Rafael Reig vs Pérez-Reverte, para que me entiendan. Pero nada más lejos de la realidad: lo que me encontré –y lo que se pueden encontrar ustedes si lo visitasen (no lo hagan, ya les resumo yo)- fue una tontería supina carente de todo interés. Vilas se dedica a contarlos lo que (casi) todo el mundo sabe: que A, B y C tienen blogs, que los usan para hablar de lo bien que les va y lo simpáticos que son. Unos son más divertidos (estos son los favoritos de Vilas –y los míos- y supongo que por eso no hace otra cosa que leerme noche tras noche) que otros, que son mas eruditos y quieren competir en periodismo cultural a golpe de intelectualidad. Yo ese tipo de blogs los uso mucho para curarme el problema del insomnio. No voy a dar nombres porque ya lo hace Vilas y además no es un asunto criticable; cada uno hace con su blog lo que le place. Mírenme a mí, todo el día escribiendo chorradas. Lo que sí es criticable es que nos venga (Vilas) con que los blogs de los escritores “sirven para dirimir sus disputas literarias” cuando ni va a hablar de eso ni se lo cree. Lo que pasa entre los blogs de escritores es un peloteo continuo de yo te leo tú me lees nosotros nos leemos y si no nos gusta nos callamos (o lo disimulamos escribiendo artículos ininteligibles (ahora mismo pienso en uno que leí hace poco sobre el “Richard Yates” de Tao Lin)). 



Bueno, pues todo esto no viene a cuento de nada serio, es que tenía cinco minutos libres y me apetecía compartirlos con ustedes. Quiero decir que la crítica mordaz de verdad, la que pondrá a parir a los blogs literarios de escritores, no es esta. Esa la tengo todavía sin escribir porque cada vez que lo intento me da un ataque de risa y me tengo que ir corriendo al baño a mear para no hacérmelo encima. Pero para que no se vayan ustedes sin moraleja para casa les diré que de todas las críticas feroces de escritores o bloggers o columnistas o articulistas o simples pazguatos me quedo con las de Salinger, que no temía decirle las verdades a monstruos de la talla de Margaret Mitchell o Ernest Hemingway. Imagínense lo que hubiera hecho (de no morirse el pobre y vivir más cerca) con Javier Marías, Julia Navarro, Pérez-Reverte o Matilde Asensi, por poner cuatro ejemplos de escritores que todos conozcamos. Qué pena, qué pena. 





Mi relación con los susodichos: con Salinger tuve siempre -hasta que se me murió - una relación fantástica y estrechísima, como casi todo el mundo. Con Vilas no, y eso que está vivito y coleando. No lo conozco de nada: ni lo amo ni lo odio (aún siendo colaborador de Quimera). Sus electrocardiogramas no me interesan especialmente y lo único que le leí (España) me dejo entre frio y tiritando. Aún así, el mayor de los respetos para él.


martes, 29 de marzo de 2011

Salinger's: Una introducción


La cosa iba a ser más o menos así: yo leería la biografía de Salinger escrita por Kenneth Slawenski - editada este mismo año por Galaxia Guttenberg- y luego la comentaría más que menos extensamente en una magistral entrada. Lo de costumbre, vaya. El problema es que se me adelantó esa bestia parda que es Jordi Corominas que como no podía ser de otra manera escribió en su blog un estupendo artículo (breve como todos los suyos) que incluye un resumen perfecto lo que fue la controvertida vida de este escritor así como un elogio a la excelente narración de Slawenski. Es decir, que si quieren saber con todo lujo de detalle qué tal está el libro se pasan por su blog, que para eso está. Yo me limitaré a comentar, muy brevemente, lo que fue mi experiencia lectora y luego les cuento un proyecto que se pone en marcha en este mismo instante. 


"J.D. Salinger: Una vida oculta", Kenneth Slawenski

Lo he dicho tantas veces que aburre: mi recuerdo de Salinger fue siempre terrible. En el colegio me obligaron a leer “El guardián entre el centeno” en una lengua que no acostumbraba a utilizar y el esfuerzo de lo uno sumado a la juventud de lo otro (la mía) no pudieron dar peor resultado. Pero (prejuicios fuera!) el mes pasado me leí los “Nueve Cuentos” y claro, me enamoré, porque los cuentos dichosos son una auténtica maravilla. Entenderán que la biografía en cuestión, recién estrenada, no pudo ser más oportuna. Si los cuentos me enamoraron, el relato de su vida me tumbó a sus pies. Salinger personifica todo lo que yo admiro de un escritor (que no en una persona). Porque, egos y manías aparte, a Salinger lo que le importaba era la literatura por encima de todo; la perfección narrativa. Tenía una forma de trabajar realmente admirable (seguramente no pensaría lo mismo si hubiese estado casado con él); no había visto una entrega como la suya desde Tolstoi, pero tampoco es que sea un experto en biografías y lo mismo es una cosa de lo más normal. En cualquier caso la lectura de este libro fue un auténtico placer. Slawenski parece mucho más interesado en analizar pormenorizadamente su obra que en hablarnos de su persona (cuando no es tanto así). Al final creeremos saber tanto de Salinger como el propio Salinger y lo más probable es que (les) (nos) entren a todos unas ganas terribles de dejar de hacer el gilipollas con blogs o relatos o novelitas de mierda que no le cambiarán la vida a nadie. Cuando Salinger publicó “El guardián entre el centeno” cambio el mundo. Eso es un escritor. Eso es una novela. “El resto es humo”, que decía Aute. 


EL PROYECTO "Salinger's"

Fíjense en el título de esta entrada: Salinger's. La idea me la dio un amigo, Bolmangani, cuando le pedí ayuda a la hora de dar con un título adecuado para una serie de entradas que sin ser exclusivamente salingerianas sí tendrían mucho que ver con él y con reflexiones en las que de uno u otro modo parecen tener su vida y obra algo que ver. Esto es: todo aquello que me llamó la atención durante la lectura, que venga a cuento de alguna otra cosa y/o que me apetezca compartir con ustedes. Todo aquello digno de mención; o no, porque les confieso que no tengo mucha idea del rumbo que tomará todo esto ni cómo ni cuándo acabará. No sé cuantas entradas serán, ni su periodicidad. Tampoco sé mucho de los temas a tratar a excepción de los dos primeros que están actualmente en construcción y que me han impelido a publicar esta introducción; el primero se llamará “Salinger´s: The Ursinus Weekly”, y contará una divertida anécdota del escritor; el segundo, que lleva el provisional título de “Salinger´s (II): Fucking hipsters!”, hablará de algo que es pronto para confesar. Es probable (no seguro) que incluya también alguna entrada con mis opiniones sobre sus novelas y relatos porque hoy empiezo la (re)lectura de su obra completa aprovechando que ha sido enriquecida con los detalles incluidos en la biografía objeto de esta entrada. 

En definitiva, les propongo un largo (y esporádico) viaje por la vida, obra y milagros de uno de los mejores y más interesantes escritores del mundo mundial. Luego no me vengan con el cuento de que no me leen porque sólo comento libros raros.


miércoles, 23 de marzo de 2011

(una no-reseña que no voy a no-publicar)


(El de Javier Avilés no parece la clase de libro que pueda (deba) ser leído en dos días. Yo lo hice y seguramente ese fue mi error. Supongo que esto debería ser suficiente para inhabilitarme como comentarista. No ya como crítico sino como simple comentarista. A mi entender es imposible entender, en sólo días, un libro como es “Constatación brutal del presente”; un libro que habla de los delirantes mecanismos creativos de la mente enferma de Javier Avilés. Esta entrada es una venganza de mi orgullo herido; les ruego que no (me) (se) (nos) la tengan en cuenta.





Sembrando aquí una palabra, aquí otra, 
muestras desprendidas de la pieza principal, 
separadas, sin propósito, sin promesa, 
no estoy en la obligación de hacerlo bien, 
ni de mantenerme a mí mismo sin variación, cuando me place, 
y entregarme a la duda y a la incertidumbre, 
y a mi forma maestra, que es la ignorancia… 

Michel de Montaigne 



Mi problema con la reseña de este libro es el de no saber cómo enfrentarla. Esta es la octava vez que intento a escribirla. La octava. Me he jurado y perjurado que sería la última. Me lo juré también en la tercera y en la cuarta y puede también que en la quinta, pero entonces no estaba todavía curtido. Pensaba que sí, pero no. 

Sospecho que el libro de Javier, que por lo poco que pude entender hablaba de la aniquilación total de la literatura, sus mecanismos, su entorno y sus protagonistas, tiene la extraña propiedad de anular también cualquier tentativa de acercamiento. Cualquier aproximación, por tangencial que sea, está condenada al más estrepitoso de los fracasos. Ignoro si eso es algo digno de elogio. Decídanlo ustedes. A mí no me gusta. No poder hablar de un libro me molesta, me irrita. 

Recuerdo que en la página 82 me planté. Me estaba volviendo loco! Me aburría; no entendía nada. ¿Donde estaba la historia? Creía saber lo que Javier quería decir (gracias contraportada, gracias reseñas editoriales, gracias blogosfera literaria) pero mis procesos mentales son muy diferentes a los esquemas sobre los que se construye la novela de Javier, quizá porque el suyo es un artefacto imposible; un artefacto, por otro lado, que a pesar de carecer de columnas de sustentación tiene algo -quizá la voluntad del autor- que lo sostiene milagrosamente en el aire. Decía que en la página 82 lo dejé. Lo tiré de malos modos sobre el escritorio. Estaba harto. No tengo problemas con la experimentación léxica, ortográfica o estructural siempre que la contraprestación (el placer de la lectura) esté a la altura. Me enfrentaba a un libro, a una no-novela, que surgía de los infiernos de un escritor que parecía (y parece) entender la escritura como un acto necesaria e inevitablemente doloroso. No entiendo que alguien pueda escribir bajo esas circunstancias. No entiendo que alguien escriba para sí mismo como forma de exorcizar sus demonios y necesite compartirlo, exponerlo a la crítica, ¿esperar comprensión?: no, eso no lo entiendo. Si a mí me duele (la escritura) ni lo intento; me dedico a otra cosa. A leer, por ejemplo y a poner a parir a los demás. La horticultura es una buena alternativa también o la esgrima. Los deportes en general son siempre un buen recurso. El cine. ¿Pero escribir? ¿Sufriendo? No, yo sufriendo ni escribo ni leo ni voy a la playa y si me acabé el libro de Javier no fue tanto por interés como una cuestión de orgullo (alentado, quizá, por su manifiesto y manifestado deseo de ser criticado, de sufrir la inclemencia ajena). Me ayudaban a soportarlo, lo confieso, pequeñas pinceladas magistrales, de extremada lucidez, como cuando hablaba –de un modo relativamente claro (en comparación con el conjunto de la obra)- de (sus) los mecanismos ocultos tras la creación literaria o de la escasa o nula importancia que tiene el lector en dicho proceso -aún siendo el sujeto destinatario- o la dificultad de sumergirse cada mañana en la historia del día anterior, cuando los sueños nos han hecho trizas durante la noche. Quizá eso exculpe a Javier de este artefacto endemoniado que es la “Constatación brutal del presente” pero lo más probable



Nada.... es inútil, no me sale. No sale nada. Esto no conduce a ninguna parte. No se puede contener un libro que no tiene principio, ni final, que no tiene lectores ni escritores ni personajes. No puedo hablar bien ni mal de lo que no entiendo, ni puedo ser objetivo con lo que odio. Lo dejo. Esta reseña es una mierda. No se me ocurre nada con sentido. Sé lo que están pensando: ¿por qué publicarla entonces? ¡¿Y por qué publica Javier Avilés esta no-novela?! ¿Qué busca? ¿Qué pretende? Y yo... ¿qué pretendo yo? ¿Qué me lean? No, no... "esto" que me ha salido. ¿De qué sirve todo este esfuerzo (el suyo, el mío) si no nos arranca nada más que demonios de los dedos? Pero mirad, en el fondo yo ya lo sabía. Avilés también lo sabía cuando, en mitad del viaje, confiesa: “Todavía no sé cómo terminará. Ése es el problema. Las narraciones crecen y se desbordan y se demuestran inútiles.” Pero no es del todo cierto y lo sabe: “Ya no me interesa nada. Excepto mentir”. Sólo al final se permite la verdad, la única que le queda por confesar después de haberlo dado todo: “Así, en el límite de la nada, decide que sabe cómo terminó, que sabe que debe terminar, que las palabras están de más, que las excusa se ha convertido en motivo, que nada tiene sentido”. Comprenderán que así no hay manera. Comprenderán que así es imposible.
Lo siento Avilés pero te quedas sin reseña.)