miércoles, 13 de enero de 2016

‘La ley del menor’ de Ian McEwan

He aquí otro ejemplo perfecto para ilustrar el habitual servilismo de los medios y las mitades: Ian McEwan saca novela y antes de volver a meterla ya está entre lo mejor del año. Porque no son dos ni tres los que hablan de su magnífico hacer y el largo etcétera habitual. Estamos en tiempos de listas; es fácil de comprobar.

El caso es que uno pica (porque pica, sí, porque uno es humano también y quiere creer que tal cosa –otra obra maestra, aunque sea menor− es posible por más que estamos en tiempo de mejores sentimientos, que yo también me noto en exceso complaciente) y lo busca y lo lee. Sobre todo lo segundo. 

Y uno no entiende, una vez más, si es él (que no sería la primera vez) o qué. 

Yo se lo digo: qué.

Les cuento la historia. Acabo enseguida.

La protagonista es juez de familia, ya saben, de esas que administran odios y amores, reparten custodias y gestionan conflictos maritales. Es, no podía ser de otro modo, una gran profesional (Ian hace auténticos esfuerzos para obligarnos a quererla): templada, sensata y justa en extremo. Se nos pone como ejemplo de virtud la decisión de separar unos siameses que ven amenaza su integridad si no ponen fin a su unión. Sentencia ejemplar y remordimientos (al fin y al cabo salvar a uno supone matar a otro) nos muestran una mujer adulta, íntegra y dura como el plomo pero también humana, sensible y con un alto grado de empatía.

Lo dicho: la querremos. Esa es la primera trampa.

La segunda la pone su marido. 

La novela comienza con una discusión en la cocina. Ellos dos, solos (no tienen hijos, por cierto; demoraron la maternidad más allá de lo razonable usando la excusa de sus respectivas carreras, sobre todo la ella). Él le dice que ha conocido a una mujer, que quiere tener una aventura con ella, que lo suyo está más bien dormido, que han entrado en una edad, verdad… Si total ya casi son como hermanos, qué más le dará a ella que otra se la chupe. 

—¿Qué quieres, Jack?
—Voy a vivir esta aventura.
—Quieres el divorcio.
—No. Quiero que todo siga igual. Sin engaños.
—No lo entiendo.
—Sí lo entiendes. ¿No me dijiste una vez que los matrimonios que llevan muchos años casados aspiran a ser como hermanos? Hemos llegado a ese punto, Fiona. Me he convertido en tu hermano. Es agradable y bonito y te quiero, pero antes de caerme muerto quiero vivir una gran relación apasionada.

Total, que él quiere las ventajas del amor y del matrimonio y a ella no le hace maldita la gracia verlo picar de flor en flor y encima tener que hacerle la cena y hasta felicitar su hombría. MacEwan simplifica al marido hasta hacer de él poco más que una ameba con pene. 

Esa es la segunda trampa. Hubiera sido mucho más interesante (y por descontado difícil) desarrollar el argumento del macho y convencer al lector de las virtudes de tamaña oferta pero en cambio se opta por tomar partido por la buena de Fiona en todo momento, llegando al despropósito de hacernos creer que cambiar la cerradura de la puerta escasas diez horas después de haberse quedado sola en casa (no es mucho spoilear decir que su marido sale a tener esa aventura igualmente) es un acto irreflexivo y cruel y una señal, no tanto de debilidad como, insisto, un gesto que la humaniza más allá de toda duda razonable.

No importa. A estas alturas Fiona ya lo es todo para nosotros. Y canta tan bien…

Entonces llega el conflicto. Y el despropósito. Es la tercera trampa.

Niño menor de edad por escasos tres meses tiene leucemia y necesita transfusión. Es testigo de Jehová. Sus papis no quieren, él no quiere. Transfusión, caca. Es un mártir. O eso pretende. La cosa pinta fatal. Es ahora o nunca. Ella, ante la duda, lo visita, por aquello de ver si parece lo bastante listo como para tomar la decisión por sí solo y acogerse a no sé qué precedente. El chico parece listísimo. Y digo “parece” porque realmente no hay en todo el capítulo ni un solo momento que invite a pensar semejante cosa más allá de la permanente aseveración de Fiona, que ha caído rendida a los pies de una abnegación que confunde con fuerza de voluntad. Con todo, tomará la decisión que ya suponemos, dejando con esto meridianamente claro que no había maldita necesidad de visitar al muchacho, lo que pone nuevamente (y van…) en evidencia las costuras del relato. 

La cuarta trampa no se la cuento pero sepan que tiene que ver con una suerte de amor que viene de ninguna parte y a ninguna parte va.

La novela, por cerrar el despropósito, trata no sé muy bien de qué. A ratos parece una reflexión sobre el amor adulto, ya cercano a la vejez; a ratos sobre la justicia social o la complejidad de dirigir un tribunal familiar; a ratos una reflexión en torno a la religión y sus extremismos; a ratos sobre la pérdida o la desorientación o sobre la necesidad de algo indefinible que puede tener que ver con no saber envejecer.

Maldito si lo sé. 

La novela es de un snobismo tal que parece un guión de Woody Allen y los personajes son tan planos y previsibles, y en algunos casos tan vacíos, que da como grima pensar que alguien ha dedicado un año de su vida a diseñarlos. No hay lugar a debate, no hay lugar a conflicto, no hay escenas creíbles ni diálogos memorables. No hay nada, en definitiva, que haga pensar que esto merecía salir en lista alguna, a no ser, claro, que quienes lo fuerzan estén realmente agradeciendo un ejercicio de prosa tan elegante (en el sentido de correcta) como breve.

Una pérdida de tiempo, en definitiva.




23 comentarios:

  1. Así que a McEwan le harán en breve Sir.

    Gracias. Otra que tampoco me leo.

    ResponderEliminar
  2. Lo bueno que tiene Tongoy -y tenía Juan Malherido, todo hay que decirlo- cuando hace crítica literaria, es que cuando entras a sus blogs entras a leer a Tongoy, y entrabas a leer a Malherido, y, a diferencia de lo que sucede con otros blogs del gremio, lo de las novelas que se revisan pasa a un segundo plano (o un quinto). Vamos... que te suda un poco la polla. Yo no voy a leerme una novela porque me la recomiende Tongoy, que es un chungo eligiendo, pero sí que me leería, de todas todas, una novela escrita por Tongoy, que escribiendo ya no es tan maula ¡Ja, ja..!.

    A partir de esa premisa... un gran post, Carlangas; un gran post. Seguro que si lo conociese y lo entendiera -no sé como anda de español- Ian también lo pillaría el punto, ya que, aunque por mi parte no haya leído la novela, estoy prácticamente seguro de que todo lo que se dice en él es cierto. Por lo menos, en buena parte.

    ¡Un abrazo para todos!

    ResponderEliminar
  3. Sería mucho pedir, Tongoy, un pequeño adelanto (unos cuantos gritos bastarían) sobre el mamotreto espectacular que aparece arriba a la derecha, bajo el epígrafe "Leyendo...", una mini-reseña, apenas unas opiniones desaforadas de la que está llamada a ser - una de las - grandes novelas de este año recién estrenado, con permiso de Gaddis, claro?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me encantará hacerlo. Me pongo (en nada)a ello.

      Eliminar
    2. A mí me gustó mucho "Chesil beach", pero no conseguí terminar "Saturday", me pareció eso, una pérdida de tiempo.
      Los mete-saca de los suplementos literarios son vergonzosos. Este año es el aniversario de no sé qué novela de Muñoz Molina, y ya se habla de ella como si fuera "Guerra y paz".

      Eliminar
    3. Premio. Y ya nadie se cree nada. Y ya nadie lee. Total para qué, si ya sabes lo que te vas a encontrar.

      Eliminar
    4. Esas dos novelas de AMM no son Guerra y Paz. Nada en el mundo es Guerra y Paz. Pero para la historia literaria en castellano de los últimos 40 años es un acontecimiento, independientemente del negocio editorial que represente la conmemoración. Quien tenga talento que escriba algo parecido a "El Jinete Polaco" o a "Beatus Ille", con la misma edad que tenía el AMM y parecidad circunstancias personales/económicas/de clase

      Eliminar
    5. No le niego mérito a escribir una novela en circunstancias adversas, incluso es algo que la puede hacer más atractiva al lector, pero la obra debe defenderse por sí sola al margen de las dificultades personales por las que estuviera pasando el autor en el momento de crearla. De todas formas, desconozco esas circunstancias a las que te refieres en el caso de Muñoz Molina, un escritor que me parece muy sobrevalorado como novelista y también como articulista.

      Eliminar
    6. Sobre la belleza de las hojas muertas en el suelo de invierno coincidimos, amigo Antonio, pero no así con la obra de AMM.

      En la trayectoria literaria de este autor hay obras maestras, novelas más normalitas y algún que otro encargo, como en cualquier otra. Pero creo que no se puede negar que en en su producción hay una clara intención de construcción de una obra, más allá de aciertos y desaciertos; una obra coherente, escrita en su totalidad con un estilo propio, con honestidad, casi artesanalmente, palabra a palabra, frase a frase, que refleja una mirada del mundo y de los temas que trata única, singular, ajena a modas y tendencias.

      En esta obra, de un modo soprendente, figura como una de sus novelas maestras la primera de ellas, Beatus Ille, un prodigio de estilo y narratividad. Después nos regaló nada más y nada menos que Beltenebros y El Invierno en Lisboa, y remató esta primera etapa con El Jinete Polaco, otra obra maestra.

      AMM ya forma parte de la historia de la literatura escrita en español. Es un clásico en vida. Cuando me refería a que había escrito Beatus Ille en circunstancias adversas quería comparar su situación personal y su talento con la de muchos de los escritores que ahora deciden que lo son y... bueno, acaban apareciendo reseñádos en este blog como lo que son, aspirantes a la gloria y a la fama sin más motivación que la vanidad y su cuarto de hora warholiano.

      Salud, Antonio

      Eliminar
    7. Se me ha escapado del teclado la tilde sobre la a de reseñados
      Disculpas

      Eliminar
  4. Vaya, la tenía entre las lecturas pendientes. Gracias por la información

    ResponderEliminar
  5. Alberto Secades, el Julian Bluff, Antonio "Le Parisien", Zamora Bonilla... No me jodas, Tongoy. Al final esto va a parecer la partida de dominó del Hogar del Pensionista. ¡Ja ja ja!. Tienes que modernizarte para que vuelvan al redil las criaturas. Si la chavalería quiere carnaza, ver a sus amigüitos y amigüitas despedazados... ¡qué le vamos a hacer, Tongoy!¡habrá que hacerles caso!. No te olvides, chato, que habitamos la sociedad del espectáculo. ;-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿El domino es un juego en el que hay que vestir cuero, llavar máscara y portar látigo, mientras se insulta?

      Parece bastante medicinal, así expuesto...

      Eliminar
    2. ¿"Mientras se insulta"? En mi vida (informática) he insultado a nadie y no me consta que ninguno de los blogueros, a los que me he referido, lo haya hecho tampoco. En resumen que se me escapa, por completo, el matiz de tu comentario. En cualquier caso si te he molestado en algo, mis sinceras disculpas. ¡Un abrazo!

      (PD. Máxime cuando he escrito dominó -con acento- y no: domino).

      Eliminar
    3. Yo olvidé poner el acento, para escribir "dómino", versión alternativa de la dómina, descrita según la estética BDSM.

      Quizá fui rebuscado en exceso.

      Reciprocidad de abrazos.

      Eliminar
  6. Yo creo, Bluff, estimado, que tenemos que ir asumiendo que aquellos eran otros tiempos. Todo pasa y tampoco creas que me entusiasma la idea de que vuelva. Mejor pocos y buenos que muchos y demasiado ruidosos. Además, si he de ser soezmente sincero, tengo que admitir que he acabado un poco bastante hasta los cojoncillos de leer literatura patria infantil. No lo descargo en un futuro, pero ahora mismo como que no.

    Si te sirve de consuelo, los post y su comentarios son leídos por tanta o más gente que antes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. (Y, bueno, yo tampoco tengo ahora mismo el tiempo que tenía antes).

      Eliminar
  7. Pero, oigan, ¿no creen ustedes que en Chesil beach pasaba más o menos o lo mismo? Empezaba como una reflexión sobre el primer encuentro sexual en un clima de represión-en-sordina y su contraatse con los relatos sociales sobre el amor y a partir del segundo capitulo tiraba por la mucho más sobada y facilota diferencia de clase y contextualización sesentera para terminar con la caricaturización del macho y la beatificación de la dama por caminos totalemente diferentes (y muchos más trillados) de lo que prometía el primer capítulo. ¿Hizo usted reseña de esa novela, señor Tongoy, para que la busque?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aquí hay una reseña muy interesante:
      http://www.lansky-al-habla.com/2008/02/una-novela-perfecta.html

      Eliminar
    2. Me ha picado la curiosidad y me he leído "Chesil beach" en dos tardes. ¡Qué cabrón, el MacEean! ¡Cómo escribe el jodío! No confesaré que al final casi lloro, porque tengo una reputación que mantener.

      Eliminar
  8. Lo siento, es sólo un "me gusta". No la he encontrado para nada interesante.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. MacEwan es un buen escritor però no siempre acierta. Saturday era fallida y Chesil Beach es pequeñita aunque mona. Tal vez Expiación sea un buen ejercicio que encuentro escrito en exceso però que, a la vez, muestra fragmentos de enorme virtuosisme: los días del desembarco de Normandía.

      Eliminar