jueves, 1 de octubre de 2015

Resumen de lecturas SEPTIEMBRE 2015

Con todos ustedes, el habitual resumen de lecturas de este mes. No han sido muchas, pero han sido buenas. La mayoría. Otras han sido… bueno, no tan buenas. O, qué coño, directamente malas. Mala.


Los amantes’ de John Connolly

A ver, lo de John Connolly ya no es ni comentable. Novela de intriga y/o terror con tintes sobrenaturales. Leí varios seguidos y todo se mezcla pero no guardo un mal recuerdo. Curiosa. Para fans.



Primer amor y otros pesares’ de Harold Brodkey

Colección de relatos de corte, digamos, clásico, es decir, relatos que tratan sobre relaciones humanas en situaciones en las que nunca ocurre nada y demasiadas cosas al mismo tiempo. No he escrito reseña porque, honestamente, no tengo muy claro cómo hacerlo ni que decir y porque tengo pendiente una obligada segunda lectura, muy necesaria toda vez que me encuentro frente a una de esas escasas (escasísimas) colecciones de relatos que rozan la perfección o así me lo ha parecido. Brodkey, hasta ahora escritor desconocido para un servidor, ha sido todo un descubrimiento. Si pueden (el libro esta está más que descatalogado) échenle un vistazo. En cualquier caso prometo plantear algo más serio (o, si esto no es posible, “diferente” en la medida de mis posibilidades) que esto en un par de meses. Mis disculpas.



Franny y Zooey’ de Salinger

Obra maestra. Imperdonable: era el único libro de Salinger que tenía sin leer (aunque de Levantad, carpinteros, la viga del tejado queda un recuerdo en exceso vago, algo que tendremos que corregir en breve). Si tuviese un mínimo de decencia escribiría una reseña. Otra vez será. Sólo diré una cosa: hay que leer Franny y Zooey. Todos los escritores deberían leer, antes de coger un lápiz, este libro, e inmediatamente después, conscientes ya de su mediocridad, volver a dejarlo en su sitio (el lápiz, no el libro) y meterse las manos donde nadie pueda verlas. Yo no regalo estrellas, pero este libro se las lleva todas. Los diálogos, esos diálogos, esos gestos, la luz de la habitaciones… tan visual, todo, tan íntimo… Los personajes, simplemente perfectos. Esa madre en el baño, ese hijo en la ducha… Nada se deja al azar, en Franny y Zooey y sin embargo es todo tan… azaroso. Absolutamente genial.



Cuentos completos’ de E.L. Doctorow

Recién comentado. No gastemos más saliva. Esto se dijo y esto se mantiene. Somos gente de palabra. 

«A Doctorow hay que leerlo porque hay que leer a Doctorow. Punto. Es lectura obligatoria para todo aquel que aprecie la buena literatura. De lo poco que he leído de Doctorow esto es lo que menos me ha gustado pero teniendo en cuenta que se trata de relatos (genero que, como norma, odio) creo que estoy en disposición de afirmar sin temor a exagerar que sale, en líneas generales, muy bien librado. Mejor que bien, diría. No son muchos los libros de relatos que he completado/terminado a lo largo de mi vida (generalmente son miserablemente abandonados en algún momento, recuperados, reducidos); este es , pese a la antes mencionada irregularidad, uno de ellos».



Pájaros en la boca’ de Samantha Schweblin

Idem. Ya comentada. Acaban de leer sobre ella. Me niego a ser más pesado de lo que ya soy. ¿Y qué dijimos? Esto, dijimos: «[…] relatos de extensión adecuada (a excepción de La pesada maleta… en el que a la amiga Schweblin se le va la mano innecesariamente) que destacan por una correcta dosificación de la intriga. Su forma de combinar el fantástico, con el terror, con lo social, con el humor (negro, casi siempre) -y pese a que muchos finales no están a la altura de las expectativas creadas- es probablemente la receta de su éxito y el motivo del exceso de salivación de tanto crítico amateur y tanto delincuente reconvertido en pirata digital. Eso y el nivelón que nos gastamos de un tiempo (s. XIX) a esta parte (s.XXI). Bueno, lo que sea: entretenido».



Zeroville’ de Steve Erikson

En nada saldrá la película. De momento tendremos que conformarnos con el libro. Saldremos ganando, supongo. Esto no acabo de verlo en pantalla pero si alguien está por la labor, fenómeno. No he tenido todavía tiempo de sentarme a pensar un poco en serio en lo que he leído pero eso es algo que se arregla fácilmente (o sea, “fácilmente”), no tengo más que ponerme con la reseña. El caso es que Zeroville parece una novela fácil de leer (imagínense: algo así como 450 breves escenas). Bueno, de hecho, es una novela fácil de leer. Ocurre que a veces las cosas que parecen fáciles no lo son tanto. Es un poco esquiva, esta novela, si lo pienso. Trata muchas cuestiones: la locura, el rencor, la infancia, la religión. El cine. Sobre todo, el cine. Esto es, sin duda, lo mejor. Leyendo Zeroville uno arde en deseos de mandar el libro a la mierda para sentarse a ver todo aquello de lo que tanto se habla él: que si Liz Taylor, que si Montgomery Cliff, de primero; Rio Rojo, Centauros del desierto, Casablanca y tantas otras, después. Para los que crecimos con cine clásico de fondo (qué de especiales, de cine negro, de western… qué maravilla de ayer y qué pena de hoy) Zeroville es una excusa perfecta para sumergirnos en la nostalgia de aquellos reveladores ochenta. Para todos los demás, no lo sé. Prueben. En breve, reseña.



Polaris’ de Fernando Clemot

Polaris no empieza nada mal, sin que llegue a desatarse la locura. Hay un barco con un destino incierto, una organización secreta que lo controla todo, unas cartas con extrañas instrucciones. La novela es un interrogatorio. Así, de entrada, uno encuentra cierto parecido razonable con Distancia de rescate, de Schweblin, por aquello de un interrogador en busca de una falla en el relato del interrogado, un hombre la que poco a poco iremos suponiendo sospechoso de algo que el escritor se resiste a desvelar. Es decir: el escaso valor de esta novela reside en el tensión sostenida. El eterno problema es el siguiente: si está a la altura o no está a la altura, ese misterio, de la expectativa creada y si realmente la novela se sostiene una vez desvelado. En ambos casos la respuesta es un NO rotundo. 

Polaris es un libro que se desinfla frente a uno y en el que todo lo que era tensión termina en relajación. El título, eso se lo concedo, es bueno. No muy original (Lovecraft tiene un relato llamado igual) pero bueno. 

En algún momento (cuando tenga tiempo, básicamente), reseña.


* * * * *


Y esto ha sido todo. Ahora mismo estoy leyendo “La ley de la ferocidad” de Pablo Ramos. Después no sé. Salinger, supongo. Lars Iyer (Dogma), seguro. Larry Brown (Trabajo sucio). Y lo que surja.

Nos vemos en un par de días. Cuídense.

4 comentarios:

  1. Me has alegrado el día. Me gusta leer tu blog porque creo que eres honesto, pero a menudo no comparto tus gustos (Gótico carpintero, por ejemplo, no me pareció para tanto...). Hoy, sin embargo, coincido contigo en el libro de Brodkey, que me pareció deliciosamente salingeriano, y sobre todo me alegra ver que te entusiasma Franny y Zooey. Es uno de los libros que más veces he leído y uno de los que más me emociona, pero por más que lo recomiendo rara vez consigo que nadie se entusiasme. Tu entusiasmo me hace sentirme un poco menos solo.

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  2. Doctorow, Franny y Zoeey, y Harold Brodkey. Alimentos contundentes y necesarios. A Brodkey tuve la suerte de pillarle en ese y seguir con todos y cada uno de ellos.

    Ah, y Dogma ha sido mi felicidad en septiembre, luego tuve que ir a Magma.

    A veces da gusto coincidir.

    Nano

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    1. Probé con Dogma hace unos días pero estaba yo un poco de no y lo dejé antes de cagarla. Pronto. Me pregunto si debería releer Magma.

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  3. Aquí otra fan de Franny y Zooey. Me gustaría que intentases hacer reseña, sobre todo porque considero que no se habla lo suficiente de él (a comparación de Nueve Cuentos o, por supuesto, El Guardián).

    Además, me has picado con el de Harold Brodkey, qué lástima que me sea imposible conseguirlo ahora mismo...

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