lunes, 19 de octubre de 2015

Actos de fe [v.2015)

«[...] No deja uno de tener la sensación de que la pertenencia a cierto gremio (o la sensación de pertenecer a tal, ya sea por cercanía o interacción habitual en medios más o menos digitales) obliga, o induce, en cierto modo, a la acumulación (quiera Dios que “no desmedida”) de obras de colegas de profesión o afición, obras que no aspiran a ser leídas pero desde luego sí elogiadas o directamente bañadas en calidad y mejores deseos [...]». (De las notas recién inventadas de Tongoy aburrido)


No soy yo mucho de comprar libros. Ya no. El metro cuadrado va caro y a uno le queda todavía vida por delante o eso quiere pensar. Y total para dejárselo a las polillas… Pero soy humano y soy lector y soy como soy, esto es, como cualquiera y disfruto como el que más del olor de la tinta y del tacto del papel y de los gramajes perfectos y de los satinados o los phs adecuados. Y, claro, inevitable: el presupuesto se hace un hueco para estas cosas de papel, cada vez menos, si tal cosa es posible, pero también cada vez mejor, más selectivo, dejando los márgenes de error en porcentajes vergonzosos ya sea porque el libro sea buenérrimo, ya porque el autor sea devoción inconfesable. 

Este post viene a cuento de un tuit leído ayer por puro azar en el que un ser humano al que llamaremos El Sujeto A hacía pública la compra de la última novela de Jonathan Franzen. Otro ser humano, al que llamaremos El Sujeto S, replicaba: «En serio? Y tienes ganas?», como si esta fuese una pregunta de lo más normal, como si uno comprase libros no tanto para leerlos como para… no sé, amarlos, simplemente, como si el acto de comprar un libro no tuviese en realidad mucho que ver con la literatura. A no ser, claro, que la intención fuese dar a entender el prejuicio, en el que uno se habría instalado, respecto a la(s) novela(s) de Franzen como algo no digno de interés y mucho menos de ser comprado, y que tal prejuicio se hubiese hecho extensible al resto de la raza humana, como si fuese un hecho demostrado que todo el mundo piensa exactamente igual que El Sujeto S. A ver, di tú que Franzen no es Chejov, pero coño, sigue siendo Franzen, un escritor que, aunque no sea más que por Las correcciones, algo ya ha demostrado. 

Por aquello de hacer públicas mis intenciones (y dar, de paso, respuesta a una pregunta que me formularon por privado hace unas semanas (soy lento de reflejos)) relacionaré a continuación los nombres de aquellos escritores (o no) VIVOS a quienes compro (casi) cualquier cosa que publiquen con ánimo de leerlo, independientemente de los que después (lista de espera obliga) tarde una eternidad en hacerlo.


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En la categoría de extranjeros tenemos a…

Jonathan Franzen, ese señor que ya vemos que sólo escribe basura y es leído nada más que por ignorantes. Me gusta leer a Franzen. Disfruto lo indecible sentándome a leer a Franzen. Y por más que sus novelas no sean obras maestras, vale cada euro invertido.

James Ellroy. Pese a que tengo mucho por leer y mucho más a medio terminar, las dos primeras partes de su trilogía americana (América y Dos de los grandes) me pusieron en su momento lo bastante cachondo como para tenerle desde entonces (hablamos de unos quince años) una fe inquebrantable. Se dice se cuenta se rumorea que su Perfidia es, más que pérfida, fétida. Ya será menos. Ya sólo por su ego y su cara de perro que tiene le subo la nota un punto a cualquier cosa que escriba.

Michel Houellebecq. No será perfecto ni el mejor escritor del mundo, pero es guapo y aquí es lo que miramos. Eso y la personalidad. Bromas aparte, Houellebecq escribe la clase de libros un servidor quiere leer y lo hace como sabe que me gusta. De ahí mi voto y mi capital.

Cormac McCarthy siempre y cuando no sean guiones de cine u obritas de teatro espantosas. Nos queda mucho por leer, también, de este señor pero nos queda vida por delante para aburrir. Se prodiga poco y eso está bien; ahorramos.

Thomas Pynchon. No podía faltar. Lo tengo todo, de Pynchon, y apenas he leído nada más que dos o tres libros pero me gustan esos lomos negros de Tusquets en la estantería y me gusta imaginarme leyéndolos bajo frente a una cerveza y con horas libres para aburrir. Es bonita la imaginación, no me digan. Me he jurado leer Al límite antes de que acabe el año, Mason y Dixon antes de que mi hija se marche de casa y Contraluz en cuanto me rompa una pierna. Vamos poco a poco, quemando etapas. Y Al Arco iris de la gravedad, que le den.

John Connolly. Decisión tomada recientemente. Compré los primeros. Dejé de leerlo. Deje de comprar. Ha vuelto la fiebre, la lectura y con ella la intención. Insisto: la intención. Luego ya…

Caitlin R. Kiernan. Esto por meter una mujer, que dicen que también saben escribir. O sabían, viendo la proporción de esta lista. Dos cosas le he leído (una novela y un relato) y dos cosas le he disfrutado. Si no la meto… quiero decir si no la incluyo, reviento.


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También hay entidades no humanas a las que he decidido conceder un voto de confianza por más que alguna compra sea más donación que inversión. Estamos hablando de editoriales o sellos que desde este santo blog nos hemos comprometido a seguir a golpe de talonario. Estamos hablando de:

Insomnia. Sello de terror moderno de Valdemar. A Kiernan la descubrí allí. Es un tanto irregular y su interés por incluir autores españoles da más miedo que un toro bravo pero quien no arriesga no pierde. O no gana, no sé. A favor, estar al día en un género que por lo general desatiendo involuntariamente. Cosas de obligarse y así no perderse. Tanto drama de vida cotidiana y tanta hostia…

Pálido Fuego. Tengo todavía tres o cuatro títulos por conseguir pero todo se andará. Es de las pocas editoriales NUEVAS conocidas -y pese a alguna inexplicable inclusión o reedicion- que cuenta con un catálogo que, como poco, llama la atención. Y miman los libros y editan bien y lo hacen con prudencia y sin la prisa que cubrir una cuota anual. Y tienen un nombre tan bonito que cuando se lo susurras a una librera, pegando tu boca a su oído, inmediatamente se le caen las gafas al suelo.


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En el apartado NACIONAL (ahí vamos) nos damos a la bebida y también a…

Celso Castro. Será por gallego, no digo que no, pero sobre todo porque escribe como yo quiero leer y escribe lo que yo quiero leer. No se me ocurre pareja más perfecta que la nuestra.

Anoté también, en su momento, a Jon Bilbao, pero su último libro (Shakespeare y la ballena) me dejó un tanto confundido y ahora no sé si seguir apostando por su educación o directamente dejar que se lo coma el cetáceo.

Juan Francisco Ferré. Me gustó mucho su Providence, no así Karnaval, que dejé a medio leer por falta de interés. Nos la jugamos a una carta: su nueva novela (El rey del juego, recién publicada) decidirá si sigue o no siendo objeto de deseo. 

Colectivo Juan de Madre. Inclusión de última hora, pendiente de la aprobación del tesorero. A quién quiero engañar, caí con New mYnd (el anterior fue cortesía editorial) y caeré con el siguiente siempre y cuando no sea un libro de recetas alternativo, que tampoco sería de extrañar (ni su publicación ni mi posterior compra).



Y ya.


26 comentarios:

  1. Y Gaddis? Qué te ha hecho el pobre Gaddis para que lo olvides?

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    1. Ya me respondo yo: MORIR.
      Que no me fijé en eso de que tenían que estar vivos.
      Eso me pasa por leer en diagonal.

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    2. Es que no estamos a lo que hay que estar...

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  2. Y esto. Muy de acuerdo. A ver si hay que comportarse como la crítica musical inglesa de los 80-90, que hundían un grupo al día siguiente de ensalzarlo. Joder, que ya somos adultos.
    Acabo de comprar "Pureza", por cierto. Va a ser lo que Dios quiera. Cómo no.

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    1. Yo no tardaré en comprarlo. Me pillan las librerías a desmano y quería evitar Amazon en la medida de lo posible.

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    1. Ah, cierto, Orejudo. Sí, vale, yo una poca también.

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  4. Ya estás tardando en leer Contraluz, así que si es condición sine qua non y necesitas alguien que te rompa una pierna...

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    1. Ahora viene navidad. Casi mejor esperamos a enero. Puede coger número y ponerse a la cola.

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  5. John Barth está vivo. De los vivos: el mencionado, Houellebecq, Josipovici, Lars Iyer, Cartarescu, Beigbeder, Vanderbeke, Nemirovsky, Kundera, David Trueba.

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  6. Sólo por lo que me reí con Cuatro amigos tiene barra libre... y Saber perder es buenísima.

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    1. Bueno, yo hablo desde el prejuicio, también. De todos modos creo que no voy a probar.

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  7. ¿Alguien puede certificar que Pynchon está vivo? Es más ¿Alguien que no sea Lis Simpson puede demostrar que exista el tal Pynchon?

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    1. Mientras no se demuestre lo contrario, lo damos por vivo. Me niego a modificar el post. ;)

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  8. Al límite, de Pynchon... qué locura de ser humano, de imaginación, de paranoia, qué disfrute leerlo... cuánto tiempo invertido pero de qué calidad. En fin, si se respeta como persona y quiere continuar siendo un tipo cívico y feliz, no lo lea.

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  9. "Al límite" no me gustó mucho, ni tampoco me pareció que "La subasta del lote 49" fuera gran cosa. "Contraluz", en cambio, fue una de las experiencias lectoras más difíciles. A ratos la disfruté mucho y a ratos anduve perdido sin saber qué estaba leyendo. Cuando comprendí que esa es más o menos la actitud adecuada para leerlo, conseguí terminarlo. "Mason y Dixon" es, con diferencia, la que más me está gustando. Aún no la he terminado.

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    1. A Mason es al que le tengo más ganas. Creo que podríamos llevarnos bien pero para leer 900 páginas de pynchon hay que tener cierta disposición que yo no tengo ahora mismo.

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    2. Mason te gustará. Tiene mucho de Ebenezer Cooke, ya tu sabes, el del Plantador de Tabaco ( o a la inversa)

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  10. En efecto, Houellebecq "es guapo"
    http://www.revistadelibros.com/archivos_d/image/OCTUBRE%202015/ALVARO/42-66599534(1).jpg

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  11. "… Caitlin R. Kiernan. Esto por meter una mujer, que dicen que también saben escribir. O sabían, viendo la proporción de esta lista. Dos cosas le he leído (una novela y un relato) y dos cosas le he disfrutado. Si no la meto… quiero decir si no la incluyo, reviento."

    Hombre, podrías haberte ahorrado el comentario machista, que me recuerda a esas series malas de ciencia ficción donde meten una mujer para que luego no digan que son machistas.

    Si hubieras puesto la lista con puros autores hombres, te juro que nunca habría pensado mal. Pero vas y dices: "esto por meter a una mujer".

    Te recomendaría que leyeras "Claus y Lucas", de Agota Kristof. O a la gran Clarice Linspector. Y Virginia Woolf ya le está dando sus buenas patadas al egocéntrico insufrible de Houllebecq. También están los magníficos escritos de Natalia Ginzburg. O las novelas tremendas de Irene Nemirovsky.

    Bueno, por "ponerte a unas mujeres".

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    1. Era un chiste, Iván, no le quites la gracia. Podría "meter" uno sobre hombres pero voy a dejar la paridad posta otros.

      La de Kristof es una obra maestra , sin duda.

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