lunes, 27 de abril de 2015

“El gran misterio de Bow” de Israel Zangwill

«¿Israel Zangwill? ¿Quién demonios es Israel Zangwill?».

Esto me lo pregunto cuando empiezo a ver uno, dos, tres, cuatro y hasta cinco seres humanos sin más relación que yo mismo y mis circunstancias recomendar este libro, este desconocido libro, de este autor, este desconocido autor. Busco: Zangwill, Israel. Dejen que se lo ahorre: encuentro: que no es nadie. Casi nadie. Tres obras tres a lo largo de su inglesa vida de fin de siglo XIX. Tres obras tres que dice la wiki que fueron betsellers. Aquí tenemos miedo a los betsellers pero Zangwill es lo bastante feo y está lo bastante enmohecido como para igualmente resultar interesante. Miren, vean cómo nos frotamos las patitas.

Lo leemos, su libro. Lo buscamos, claro, primero, (benditas bibliotecas) y lo leemos casi inmediatamente. Y no coincidimos, casi nunca lo hacemos, con el entusiasmo general pero reconocemos que lo hemos pasado bien, suficientemente bien. Ha sido rápido y nada doloroso. Lo bueno si breve...

Edita Ardicia, por cierto. ¿Nos gusta ardicia? Ni idea. Creemos que, ahora, sí, pero no estamos seguros. Mirándoles el catálogo les vemos poquitos libros, algunos muy viejos. Eso nos gusta. Lo viejo, dijo, nos gusta. Los escritores muertos, los libros antiguos, ñam, ñan. Pero: nos preguntamos si es una de esas editoriales que recogen la mierdecilla que rechazan los demás o si son realmente cazadores de tesoros, ojos avizores. Ya nos iremos enterando. Supongo.

Me estoy liando con chorradas. Al libro.

En el distrito de Bow, el barrio de Bow, en Londres, hay una linda casita y en la linda casita una dulce viuda y en la dulce viuda un tierno corazón de casera que alberga dos inquilinos:

«La señora Drabdump era viuda. Las viudas no nacen, sino que se hacen; de otro modo uno habría imaginado que la señora Drabdump siempre lo había sido. La naturaleza le había dado esa figura alta y enjuta y ese rostro pálido y alargado, de labios estrechos, mirada dura y peinado dolorosamente tieso que se asocian siempre a la viudez en la clase baja. Solo en los círculos sociales más altos las mujeres pueden perder a sus maridos y seguir siendo encantadoras».

Digamos que los inquilinos son, imaginando que los nombres les traerán si cuidado, Uno y Otro. Por ejemplo. Un día, muy temprano, Otro se va a trabajar mientras Uno sigue durmiendo porque es de mejor cuna y no necesita darse los madrugones de Otro. Con todo, la viudita, que se ha quedado dormida toda ella, intenta despertarlo a base de golpes en las puertas. Uno no responde. Ella hace el té. Espera. Insiste. Uno, ni caso. Asustada (miedos de viudas) va corriendo a avisar a su vecino, un viejo y lauredado detective ahora retirado y recien despertado. Venga, venga. Voy, voy. Llegan, llaman, son ignorados. Echan la puerta, que está cerrada por dentro, abajo. Sobre la cama, Uno. El cadáver de Uno. Gritos y tal. Fin del capítulo. Del capítulo uno.

Esto se publicó por entregas. Fue un éxito arrollador, dicen. El autor, un tipo la mar de simpático, cuenta, al final del libro, que estuvo recibiendo cartas durante todo el tiempo que duró la publicación del libro (son trece capítulos, si no recuerdo mal); cartas en las que los lectores hacían cábalas sobre la identidad del asesino: puede ser este, otro, Otro o el de más allá. Cuenta el autor que no acertó ni el gato. Nada, cero. Igualito que en Twin Peaks, que si no lo ves no lo crees. Y hete aquí la razón del éxito, supongo.

Es decir: habitación cerrada por dentro, a cal y canto todita ella y señor en cama degollado. Misterio de “cuarto cerrado”, pues, eso tan teatral que tanto nos gusta y que hace siempre nuestras delicias. Tiene de especial también que Borges la mencionó nosécuándo, que es mucho más de los nos va a pasar a muchos.

La novela es fundamentalmente humor y togas; humor elegante, inglés, del que se desliza sin querer queriendo entre la líneas del texto. La novela está plagada de personajes que tantos años de plagios y teleseries condenan ahora a caer en el tópico: que si el detective retirado, el sospechoso de irritantes muecas culpables que ya suponemos en el fondo inocente, la novia del sospechoso, el poeta sin capital y su permanente búsqueda de la belleza, la novia del poeta, la otra novia del poeta, el zapatero, la mujer del zapatero, el policía, el juez, los abogados, el jurado… 

«Sin duda, el humor abunda demasiado. Las novelas de misterio deben ser sobrias y formales. Debería predominar en ellas una atmósfera de terror y asombro, como la que Poe consigue crear. El humor es una salida de tono; resultaría más artístico mantener una nota sombría en su lugar. Pero en aquella época yo era realista, y en la vida real los misterios ocurren a personas reales, con sus peculiares sentidos del humor, y las circunstancias más intrigantes son susceptibles de mezclarse con otras más cómicas». (Nota del autor)

La novela es la investigación, también. En realidad es más una a-ratos-interminable exposición de hechos, ya que no hay pruebas ni pistas ni nada que invite a creer que el asesino no ha sido una aparición, un ángel del señor hecho carne que, guillette en mano, ha venido a dibujarle una sonrisa carmesí al lindo cadáver. La novela son las ganas de saber qué demonios pasó, cómo fue aquello, cómo pudo ser. Es un encadenar un sospechoso tras otro. La novela es entretenimiento (fundamental, esto) pero también es demasiado corta para ser mucho más y su encanto tiene su origen -más que en lo original del planteamiento o la fuerza de sus argumentos- en la nostalgia de tiempos pasados y cierto sabor a clásico injustamente olvidado que todo arrojado lector salvador de causas perdidas no dudará en rescatar.


5 comentarios:

  1. Hola a todos!

    Un poco (o un mucho) en esta línea: "Enterrado en Vida", de Arnold Bennett, en Impedimenta, recomendación de Barbusse. Quien, por cierto, comenta hoy en su blog "Los monederos falsos" de A. Gide, vuelta a publicar en España bajo el título de "Los Falsificadores de Moneda" que esa sí que es un novelón del quince. De armas tomar. Ya lo creo que sí. ;-)

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    1. Ah, mira, qué bien, me tengo que pasar por allí.

      Enterrado en vida la tengo pendiente desde hace... no sé, demasiado.

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  2. Pero entonces bien, ¿no?

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  3. Alla maniera di nicanorcardenosa


    DE cómo y cuándo no hay comentarios y de su sabe Dios, si lo supiese porqu3 no lo dice.

    Ma se tu vivi, o misero,
    se non concedi al fato,
    non chiamerò spietato
    chi lo spirar mi dà

    “Mas si tú vives, mísero,
    si no cedes al hado,
    no llames inclemente
    a aquel que te creó”.


    «Pero en aquella época yo era realista, y en la vida real los misterios ocurren a personas reales…»

    Y tantos como son esos enigmas, con otros libros y otos autores, a los reales con animal print tan de moda, y a los avatares de In nomine Patris desconocido, No H-ewlett P-ackard, que luego van, y leen los misterios de cualquier Manhattan, y se arma la de Sodomogorra antes de la barbacoa, y si hasta la más mentecata se marea imagínense los demás….y sin embargo… no se suceden nada más que comentarios fanofftopicos, en estas lexturas resenñadas como debieran de ser siéndolo, y no hay las cantinelas y sus enjundias de hablar de alegorías en mitad de Corrientes, y así os traen acá un libro que «en la nostalgia de tiempos pasados y cierto sabor a clásico injustamente olvidado que todo arrojado lector salvador de causas perdidas no dudará en rescatar» y ya es como si leyera:

    «In memoria aeterna erit iustus: ab auditione mala non timebit» El justo quedará en el recuerdo eterno, el cual no tenga una mala reputación, en la versión musicada de Joseph Leopold Eybler, así sabremos qué «Requiems» hay mas de uno o dos, dicen que casi tres, como hay dos RIPAS, las siglas y el italiano, tal que Cesare, que sabía bastante de Alegorías, y de sus iconos, pero no viene al caso, y de venir ya está su yo olvidado, y luego cuando todo esto acabe, vendrán los lamentos…
    …quam olim Abrahæ promisisti et semini Rius pero

    Sans amour et sans haine
    Mon coeur a tant de peine !

    ….Cuando no entónanos esto,
    Mas yo creo en las horas azules y rosadas
    que tú a mí me procuras
    y en voluptuosidades de hermosas noches blancas.

    Y ya sabemos que donde no hay carnaza, hay sargazos.

    Saludos Tongoy. Los demás dados por dados. Y no, no hay notas de autores ni citas.

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