miércoles, 8 de abril de 2015

‘El año del desierto’ de Pedro Mairal

Se dice: estupenda novela de corte y confección apocalíptica. Se dice: genial. Se dice: obra maestra. Se dicen: muchas tonterías.

De obra maestra, nada. De buena novela, poco. De errores vulgares: para regalar.

Lo cierto es que esta novela, quitando lo atractivo del argumento y lo (a ratos) efectivo del desarrollo, no hay por dónde cogerla. 

Esto es así porque es así. Y ya. Pero voy a desarrollarlo un poco.

El año del desierto va de esto:

Buenos Aries querido. La protagonista es recepcionista de una empresa de inversiones o no sé qué. La historia comienza un día que ella espera a su novio y se producen revueltas en las calles por cosas que tienen que ven con desacuerdos y tal y su novio no acaba de llegar. Ese drama. Bueno, tanto da, no es el tema. Las revueltas crecen, la situación se extrema. Violencia engendra violencia. Un día dejan de funcionar los ordenadores, otro los teléfonos. Otro día te quedas en casa, no te vayan a zurrar por el camino y descubres que el agua está dejando de ser potable y que tanta epidemia y tanta rata suelta no puede ser bueno. Lo habitual: problemas de abastecimiento, etcétera. La población, amenazada, se refugia en los edificios y así no se puede dormir.

Mientras tanto, la Intemperie avanza.

La intemperie es un algo abstracto que se va comiendo los edificios y va asediando la capital. Donde había estructuras, ahora hay baldíos. Esto es: emigración. Esto es: masificación. Esto es: hambruna. 

La primera parte de la novela es una suerte de versión ampliada de aquella novela de Ballard llamada Rascacielos que comentamos en su momento por AQUÍ. Pues bien, la cosa es un barrio haciéndose fuerte frente al mundo: se hacen túneles, se tienden puentes entre edificios, se levantan alambradas, se derriban paredes, se viola la intimidad, se protege de un exterior hiperviolento y ahora desconocido. Hasta que un buen día la-nena-buscando-a-su-churri-cual-Marco-enamorado da con una puerta a la calle, igualito que el amigo Carrey en El show de Truman, y descubre que no es para tanto la cosa. 

Y echa a andar.

Y aquí, más o menos por aquí, es cuando la novela se pierde.

Porque es a partir de este momento que la novela deja clara su intención: retroceder en el tiempo. A medida que la protagonista avanza, la sociedad retrocede. De la era tecnológica a la edad de piedra. Literalmente. El hombre, en su lucha por la supervivencia, descubre que, frente a la falta de antibióticos, no hay como la medicina natural. Para Mairal parece que de esto al taparrabos median doce meses.

Y oye, tampoco es eso. Qué necesidad, pregunto. 

Con esto se descarta la posibilidad de leer una novela de ciencia ficción toda vez que el esfuerzo por construir una ficción apocalíptica creíble ni existe ni se la espera. Todo es focalizar la acción sobre un personaje que será testigo de la pérdida (gratuita, siempre) de valores, conocimientos y lenguaje y todo en el plazo de un año. Y digo gratuita porque en ningún momento, repito, en ningún momento, se explican las razones de, por ejemplo, el resurgir del machismo o la enfermiza devoción religiosa de curas que dan de espaldas la misa en latín. 

«—Lo que se llamó tecnología y progreso no fue más que la mano siniestra del capitalismo salvaje. Hay que volver a la tierra y a las manos. Las máquinas les quitan el trabajo a los hombres, la ciencia nos quita el pan de las manos, la ciencia todo lo pudre».
[…]
«—Si el país sale adelante, será a pulso, con la fuerza de los brazos, no de las máquinas. Sólo a partir de la simpleza podremos volver a comenzar un país más justo. Sin armas de fuego que vuelven cobardes a los hombres. Sólo desde esa lucha cuerpo a cuerpo y con la gracia de Dios podremos defender valientemente nuestra dignidad».
[…]
«—La desaparición de nuestras ciudades no es más que la gracia de Dios manifestándose, mostrándonos el camino verdadero, extirpando los cánceres de corrupción de las urbes pecaminosas. Dios nos ama y nos bendice y nos ha enviado a Juan Martín Celestes como un instrumento de su salvación».

Cuando digo que la novela no se sostiene (si acaso he llegado a decir tal cosa) es porque una vez descartada la premisa inicial, esto es, la razón por la que estábamos leyendo, todo lo que queda es un inmenso chiste, un chiste de proporciones legendarias: toda la gracia consiste en ver cómo ha sido la evolución del ser humano que llegando del mar (origen de la vida) ha ido evolucionando a lo que es ahora: un mono mirando un móvil. 

«Me volví bastante hábil. Yo, que unos meses atrás atendía teléfonos en una oficina con piso de moquette, que traducía cartas al inglés vestida con mi tailleur azul y mis sandalias, ahora hundía las manos en la sangre caliente, separaba vísceras, abría al medio los animales, despellejaba, buscaba coyunturas con el filo».

Podemos buscar alegorías pero también podemos no hacerlo.

El caso es yo venía a leer una novela sobre el fin del mundo, no a recibir una lección de historia. Esto me molesta un poco, he de confesarlo, porque tampoco es como si el viaje hubiese sido absolutamente genial y maravilloso y valiese la pena el esfuerzo sólo por asistir a lo que estaba teniendo lugar entre sus demasiadas páginas. Me siento estafado, además, toda vez que, como decía más arriba, la involución reflejada es completamente gratuita y no atiende a más razones que las que marca la línea del tiempo de alguna enciclopedia digital:

«Cuando llevábamos más de una semana de marcha, entramos en una zona dominada por la tribu de los turfes, que vivían bajo tierra en cuevas redondas. Habían olvidado por completo el castellano. Domesticaban ñandúes y arrastraban las cosas con sogas, como si hubiesen olvidado también la rueda».

Es por esto que dicen por ahí que El año del desierto es un rewind de la historia (argentina). Y dicen verdad. Pero es un rewind fallido desde el momento (y lamento insistir) en el que hay que aceptar pulpo como animal de compañía. Estamos muy acostumbrados a buscar y condenar a voz en grito fallos en los guiones cinematográficos y sin embargo no tenemos problema en obviar la inmensa cagada que esta novela, que más allá del divertimento general, ocasional, y la prometedora primera mitad, se limita a construir una ficción a golpe de escenas unidas por un débil hilo argumental que lo mismo se podía haber ahorrado el bueno de Pedro. Total para qué.

«Apo se ausentó una tarde y apareció al día siguiente; la vimos salir del monte con el hijo en brazos. Se había internado a parir sola en la espesura. Cuando mostró que el bebé era varón, las mujeres hicieron un gran escándalo contra los hombres. Parecían culparlos de algo, y ellos bajaban la cabeza arrepentidos. Era una vieja creencia de la que supe después: en los tiempos antiguos las mujeres parían mujeres y los hombres parían hombres. Así fue siempre hasta que un grupo de hombres descuidó a sus recién nacidos para ir de caza durante varios días. Al regresar encontraron a sus hijos muertos. Entonces los dioses decidieron que los varones no eran capaces de gestar a sus hijos. A partir de ese momento las mujeres debieron gestar tanto mujeres como varones. Por eso, cada vez que nacía un varón, se les recordaba esa creencia a los hombres, reprochándoles que esa mujer había tenido que hacer el trabajo de ellos».


66 comentarios:

  1. Hola Tong.
    Los párrafos que incluyes, parecen banales y totalmente faltos de ideas. Soy de los que piensan que cualquier tiempo pasado NO fue mejor y lo de "volver a las manos" se ha intentado varias veces como en Camboya en los setenta con los resultados de todos conocidos. Por la reseña no entiendo que pretende la novela, pero en cualquier caso lo de la involución parece oportunista y flojo. Ya está bien de autocrítica del mundo desarrollado que parece inteligente y es de una enorme simpleza. Temas muy vistos y facilones... ya.

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  3. No puedo estar más en desacuerdo. Una vez más se demuestra que Tongoy no sabe leer. "El año del desierto" es una gran novela, ambiciosa en el planteamiento y bastante acertada en la ejecución. De lo mejor que se ha publicado últimamente. Y no lo digo para crear polémica ni hacer que os abalancéis sobre el autor. Lo digo porque me sorprendió y pocos libros consiguen hacerlo. Y eso: que este blog tiene menos crédito que los concursos que gana Belén Esteban.

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  4. Hola Tongoy:

    Por supuesto, como lector del blog, entiendo las bromas con las que se juega aquí, pero observando ya que el primer comentarista no descubre a través de tu reseña de qué va, o qué pretende, este libro, me ha apetecido dar sobre él otro punto de vista.

    Cuando dices: "Con esto se descarta la posibilidad de leer una novela de ciencia ficción toda vez que el esfuerzo por construir una ficción apocalíptica creíble ni existe ni se la espera.", creo que es justo aquí donde falla no la novela sino la reseña. "El año del desierto" no es una novela de ciencia ficción ni lo pretende ser. No se trata de una novela apocalíptica, aunque puedan confundirse con este término algunos de sus presupuestos.
    “El año del desierto” es una novela fantástica o alegórico, que no tiene desde el principio ningún afán de tratar de ser verosímil. Es decir, sería una mala crítica de "Los viajes de Gulliver" decir que no es posible que una persona llegue a los lugares a los que llega Gulliver porque no existen en la realidad ni esos seres ni esas islas, y decir que "Robinson Crusoe" sí que funciona como realidad ficcional porque el naufragio de Robinson sí es verosímil.

    "El año del desierto" es una fantasía alegórica sobre la crisis económica que sufrió Argentina entre 1999-2002, la llamada "crisis del corralito", cuando el país se empobreció de la noche a la mañana y el argentino medio tenía la impresión de que su nivel de vida empeoraba por momentos, teniendo que prescindir de bienes básicos (electricidad, etc.). Lo que hace Mairal aquí es jugar con esa sensación negativa que asoló su país para de forma alegórica reflejar el miedo del ciudadano a volver a la barbarie.

    La novela presenta así una involución histórica de Argentina, algo que ocurrió en la realidad, pero lógicamente en menor medida. Aquí se exageran los términos con intenciones alegóricas, para mostrar los miedos latentes en una sociedad. La novela también es una revisión de la historia literaria argentina a la inversa: de la novela de ciudad moderna se pasa a la novela de arrabal (novela de cuchilleros), de ahí a la novela rural (o novela de la pampa, o novela gauchesca) y luego a la novela de la conquista de América (como “El entenado” de Saer). Entre media se revisa el mito argentino: civilización o barbarie, o lo que es lo mismo: ciudad o pampa.

    Si alguien quiere una segunda opinión de esta para mí magnífica novela, dejo el enlace a la reseña que hice en mi blog, e invito al lector a acercarse a “Salvatierra” y “Una noche con Sabrina Love”, otras dos buenas novelas de Mairal:

    http://desdelaciudadsincines.blogspot.com.es/2013/03/el-ano-del-desierto-por-pedro-mairal.html

    Saludos

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    1. Sé que la novela es una alegoría, David, pero eso no hace buena una novela, a no ser que uno sea fan de las alegorías, que todo puede ser y entonces sí tendría sentido tanto elogio. Personalmente esta alegoría me trae sin cuidado más de la mitad del libro, toda vez que ha quedado clara la intención. ¡Ah, si el valor de una novela estuviese en la intención con la que es escrita! Yo espero algo más simbolismos y desde luego no espero verosimilitud, pero sí un poquito de rigor. Quiero decir con esto que se puede narrar la involución de una sociedad y hacerlo alegóricamente pero procurando que no chirríen los engranajes. Si la cosa va de justificar la novela única y exclusivamente porque es una alegoría, apaga y vámonos. Entonces me interesa el tema menos de lo pensaba.
      Mira, en cine, al menos para mí, no me importa que un guión sea tramposo en tanto y cuanto yo no me dé cuenta mientras vea la película, a no ser que me pase pipa y me traiga todo sin cuidado, que también pasa. Me gusta que me engañen. Ahora, si le veo las costuras durante el visionado, malo. A esta novela, pese a conocer su intención o suponerla, la mata lo alegremente que suceden algunas cosas (lo que comentaba del machismo, por ejemplo, no me sirve que se justifique porque “es una alegoría”. A mí por lo menos no me vale). Y digo todo esto y me doy cuenta de que parece que no me ha gustado nada. NO es el caso. La he leído en dos días, casi siempre con interés aunque otras veces con hastío (la parte del prostíbulo, por ejemplo, ¿era necesario eternizarla o era otra alegoría y yo me la he perdido?) y ha sido un viaje, bueno, agradable. Me gustó especialmente la primera mitad, después es repetitiva, al menos en su intención, que parece que es lo que más importa, al menos en este caso.
      Un abrazo y gracias por pasar y comentar.

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    2. Hola Tongoy:

      La parte del prostíbulo era la parodía de la novela arrabalera o cuchillera;eEs decir, estaba parodiando ahí a Roberto Art y Los siete locos, por ejemplo.

      Bueno, entonces te disgusta el género fantástico porque te están engañado, bueno, pues si lo piensas así ya está.

      Esta novela te la recomendé varias veces y lamento que no te haya gustado. A ver si tienes suerte en las próximas lecturas, pero para eso, me temo, que no debes leer más libros en español. Esta claro que el porcentaje de lecturas que no te gustan es muy superior al de lecturas del mundo anglosajón o ruso, por ejemplo. Así que la lógica dice que debería leer a más anglosajones o rusos.

      Ya me sé cómo va a ser la reseña de Aixa de la Cruz, y creo que ya lo sabes tú antes de empezar a leer el libro. En fin, pero me pasaré por aquí y la leeré y es posible que me haga gracia.

      Un abrazo.

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    3. Hace usted bien, David, en explicarle las cosas a Tongoy. Porque cada vez deja más claro que no se entera. Lee sin saber leer y así resultan sus críticas. Al final se lo va a tener que dar todo mascadito, me recuerda a mis alumnos de primaria que después de explicarles todos los sentidos y significados, dicen "Ah, así sí, ahora sí me gusta".

      (Reflexión: en realidad, según esto, todo el mundo debería ir a un blog como el de David Pérez Vega. Entonces, ¿por qué no van? Porque no buscan una buena crítica, porque ni siquiera buscan la verdad, solo vienen aquí porque se aburren en sus grises vidas y esto es lo más parecido a la violencia y a la acción que pueden vivir. Morbo, sangre (poca) y muchas babas)

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    4. (Estimado anónimo: si la gente viene aquí porque se aburre en su vida gris o si ve o encuentra en este blog lo más parecido a la violencia y la acción que puede vivir, malo. Búsquese un hobby, hombre. Lea o algo. O vaya al blog de David a comentar. A no ser, claro, que se divierta más aquí, que todo puede ser).

      (Por cierto, ¿qué le hace pensar que no todo el mundo va al blog de David? ¿Sabe usted algo que los demás no sabemos? ¿Desea compartirlo con nosotros?)

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    5. Adoro simplificar, David, pero concluir que el género fantástico me disgusta única y exclusivamente por el engaño que supone es un tanto ridículo. Es cierto que no soy fan del género en cuestión, pero lo que molesta en esta novela es otra cosa. Quiero decir que no ha sido tanto que no me haya gustado como que me ha decepcionado. Alegorías, homenajes y parodias al margen (que ya veo que os entusiasman a dos)  la novela, que empieza fenomenal, acaba por aburrir a un santo (a este santo, al menos, y me consta que no soy el único) de puro repetitiva. Alegorías machaconas, no gracias. Parodia de la historia literaria argentina… bueno, seguro que  tiene su público.

       

      Pero yo venía ahora a comentar otra cosilla que tiene más que ver con esa espontánea e inesperada defensa del libro de Aixa de la Cruz que otra cosa. Ahora vamos con eso, pero antes  te diré, aunque seguro que ya lo sabes, que me parece muy divertida aunque algo cansina esa crítica a la crítica negativa, como una práctica condenable, cuando sin embargo no se tiene ningún problema a la hora de aceptar un blog (no me refiero necesariamente al tuyo) que se limita a comentar obras siempre positivamente. Pregunto, esos blogs o webs, ¿se dedican a la crítica o a la publicidad? A la publicidad, efectivamente. La crítica es otra cosa y precisamente por eso la red no es el lugar para buscarla. (No es esto [La medicina] tampoco, ojo, nunca lo he dicho y nunca me ha interesado, pero hay que tener cuidado de lo que se “presume”).

      (sigue)

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    6. «Esta claro que el porcentaje de lecturas que no te gustan es muy superior al de lecturas del mundo anglosajón o ruso, por ejemplo. Así que la lógica dice que debería leer a más anglosajones o rusos».

      Ah, la lógica. Ya lo hago, David: 25 novelas traducidas frente a 14 en castellano en lo que va de año (en 2014: 81/36). Pero uno es hijo de su tiempo y siente curiosidad y sincero interés y eso es algo que no hay medicina que lo cure. Ahora bien, decir que no me va a gustar el libro de Aixa de la Cruz, o decir que ya sabes qué me va a parecer el libro de Aixa de la Cruz, al margen de la doble lectura que se pueda sacar de tal apreciación, es bastante atrevido cuando no directamente una chorrada como un piano. Y lo digo sin ánimo de molestar, ojo, no me malinterpretes. Estás dando por hecho mucho más de lo que yo, con mi experiencia, doy: que la literatura española contemporánea no me gusta. Falso. No me gusta tanto como a vosotros, pero eso es porque vosotros sois unos chicos muy fáciles de contentar.

      (sigue)

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    7. Ya me sé cómo va a ser la reseña de Aixa de la Cruz, y creo que ya lo sabes tú antes de empezar a leer el libro. En fin, pero me pasaré por aquí y la leeré y es posible que me haga gracia.

       

      No, yo no sé lo que me va a parecer el libro de Aixa de la Cruz. No he leído nada suyo. Aquí el prejuicio lo tienes tú, no yo. Tampoco sabía si me iba a gustar Providence, de Ferré cuando lo empecé y mira, me gustó, como me gusta Orejudo, Jon Bilbao y como me gustó, en su momento (no he vuelto a ellos) Marta Sanz o Pablo Gutiérrez. Soy perfectamente capaz de disfrutar de la literatura en castellano, mal que te pese y quien diga lo contrario miente. Sabrá cada uno la razón. Ya escribí un post, hace tiempo, en el que hacía un resumen de escritores que pasaban la prueba del algodón. Hago memoria y me acuerdo de muchos (me limitaré a publicaciones actuales, para darme más la razón): está Colomer, Cristina Sanchez-Andrade, Zúñiga, Pinedo, Venturini, Isaac Rosa… No digo que me guste todo, pero sigo la carrera de mucha gente con interés, pese a que en algún momento haya podido hacer reseñas negativas de alguno de sus libros. NO soy tan obtuso como para creer que detrás de cada novela que no me gusta hay un mal escritor. Te doy ejemplos, los hay para aburrir y tal vez alguno te sorprenda, pero ahí está: Villalobos, Carlos Velázquez, Luiselli, Busqued, Carlos Ardohain, Daniel Saldaña, Pablo Gonz, el mismo Mairal. ¿Sigo? Norteamérica profunda de Márquez fue un libro que disfruté a mi manera (lo digo por aquello de tratarse de relatos), Ivan Repila, tanto el divertido como el cruel; Fernando Royuela, la mala muerte, al menos; Luisgé Martín, a quien he criticado mucho, me parece un más que correcto escritor y ya tengo su último libro sobre la mesa; el Alberto Olmos de Trenes hacia Tokio, novela de la que creo haber hablado siempre bien; Emilio Bueso, el único escritor de género español al que sigo… Y celso castro, claro, por quien he sentido desde que lo descubrí en Mi madre  es un pez una debilidad especial. Y seguro que me dejo alguno.

      (sigue y termina)

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    8. ¿Aixa de la Cruz? Pues mira, hasta ayer, ni puta idea. Hoy ya te digo que no me gusta. Tiene un par de cuentos chulos, nada del otro mundo, es verdad. Uno sobre una serpiente y el primero, el que da título al recopilatorio. Otros me parecen chorradas. En general no ha llamado mi atención. Lo que sí lo ha hecho es tu facilidad para ponerle la etiqueta de joven promesa sólo porque te han gustado cuatro de los siete relatos de su libro. Alegría. Eso es lo que no puede ser porque entonces cuando me dices que “el año del desierto” es una obra maestra a mí me saltan todas las alarmas. No dudo de ti, pero me parece sospechosa tanta generosidad.

      Si te sirve de algo, prometo seguir leyendo tu blog sin esperar que todo lo que se escribe al otro lado del charco te guste. En serio lo digo.

      Un abrazo, David.

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    9. Carlos: lo que te quiero decir es que con el tiempo que llevamos en esto ya vamos definiendo bastante los gustos y los intereses.
      Ya sabes que yo soy de los que si alguien es nuevo, vende poco, tiene poca repercusión, tomo el libro con más simpatía. Por ejemplo, con este libro de Aixa. Y sé también que si alguien me dice que este libro es lo máximo, que es el mejor libro, etc., como pasó con Intemperie, tiendo a leerlo con más reservas, y acabo pensando que no es para tanto, que está bien pero...
      Otro asunto es que yo podría leer El idiota de Fiodor Dostoievski, que tengo en casa sin leer, y sé que me va a gustar más que Modelos animales o Intemperie, pero aún así leo estos libros por curiosidad, por ver qué se publica ahora, etc. Los leo, y hablan de mi época y me gustan, me interesan, pero ahí sigue El Idiota.

      Y tú, conociéndome a mí y conociéndote a ti mismo, deberías saber que el libro de un escritor joven español (o hispanoamericano) no va a gustarte, y menos si es de relatos. Ni en mayor o menor medida. Y tú no escribes, no tienes este interés por saber qué se publica. Entonces ¿para qué? ¿Sólo para poder hacer los chistes? Y sabes que a mí me hacen gracia.

      Lo que publica Salto de Página me interesa, me parece una editorial muy referente ahora mismo de lo nuevo en español, porque muchas otras pequeñas suelen apostar por traducciones. Conozco en persona a Pablo Mazo, el editor, y me cae muy bien Si te interesa saberlo, yo he mandado algo a Salto de Página y me lo han rechazado. Eso no quita para que me interese su trabajo.
      Hace unos meses mandé un correo a Román Piña, de Sloper, con una novela humorísticas que me parecía que encajaba con su catálogo y los 10 días me escribió para decirme que quería publicarla. Nunca había leído un libro de Sloper, y no conocía a Román de nada, y él no me conocía a mí. Pues ya está, un correo a la dirección de una editorial y esta ocasión hay suerte, porque lo que escribes encaja con lo que busca el editor.

      Para evitar en lo posible esas sospechas que comentas cuento en mis entradas la relación que tengo con los autores que reseño. El otro día hablabas de las reseñas que cuentas cómo se llega al libro, y que eso no te interesaba. Yo empecé a hacerlo por honestidad, porque sabemos que en las revistas y suplementos los críticos comentan libros de amigos y no lo dicen. Yo lo digo, el lector ya sabe que puede que esto me influya de modo subjetivo.

      Bueno, ya sabes que siempre leo el blog y entré para comentar la broma porque veía que el primer anónimo pensaba que Mairal proponía una vuelta a lo rural, al leer tu comentario entresacado, y claro no era nada de eso.

      Siempre es un placer hablar contigo.

      Un abrazo.

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    10. (Puntualizo una chorrada: no me interesa cómo se llega a un libro cuando la forma de contarlo no es atractiva o no tiene algo que la haga especialmente interesante, esto es, humor, violencia, ese tipo de cosas. Pero bueno, esto con todo, quiero decir, se cuente lo que se cuente).
       

      «Y tú, conociéndome a mí y conociéndote a ti mismo, deberías saber que el libro de un escritor joven español (o hispanoamericano) no va a gustarte, y menos si es de relatos. Ni en mayor o menor medida. Y tú no escribes, no tienes este interés por saber qué se publica. Entonces ¿para qué? ¿Sólo para poder hacer los chistes? Y sabes que a mí me hacen gracia».

      Ya estamos con lo de por qué leo lo que leo. Si me dieran un euro cada vez que hablo de esto… Cierto, no escribo (ni ganas) pero no veo qué tiene eso que ver con sentir no sentir interés con lo que se publica. Lo he dicho mil veces: siento curiosidad; siempre me han gustado las mesas de novedades. Y los clásicos. Leo diez libros al mes, me puedo permitir leer de todo.

      A mí también me interesa el catálogo de Salto de página, al margen o no de que al final terminen por gustarme sus libros, como también me interesa lo que hace Valdemar con Insomnia, o Sexto Piso, o Pálido fuego o, en menor medida, Alpha Decay. E insisto: no me siempre me gusta lo que veo. Cierto es que podría estarme callado, al fin y al cabo no tengo interés en prosperar en un medio tan hostil como el literario y podía perfectamente dedicar mi tiempo a atender la huerta, pero eso ya pertenece al ámbito de lo privado. Cualquier día te lo cuento, pero no delante de tanta gente, que luego todo se sabe.

      (sigue)

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    11. Y si voy a hablar, David, de lo que sea, de libros en este caso, quiero hacerlo divertido o ameno o polémico o irritante siempre que no me lleve demasiado tiempo, que soy una persona muy ocupada y bastante hago ya, que merecía un premio, leches; hacerlo un poco como me gusta leerlo. Qué te voy a contar.

      La gente de este mundillo le da a todo demasiada importancia. Le importa demasiado lo que hacen los demás en su tiempo libre, qué leen o porqué escriben lo que escriben. ¿Pues por qué va a ser? ¿Cuánto son dos y dos? ¡Pues porque es más divertido! ¿De verdad es tan difícil de entender? No tener intereses, no conocer a gente, no estar comprometido con nadie me permite decir lo que realmente pienso y el que quiera rasgarse las vestiduras porque la novela de Mairal me aburre, que se las rasgue. Esto sólo es un blog, por el amor de Dios.

      Bueno, ya me callo.

      Siempre es un placer hablar contigo, David.

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    12. Hola Carlos:

      En realidad lo de Aixa eran preguntas retóricas y yo ya sé las respuestas. Te doy la razón con lo que apuntas: esto es un blog y hay que darle la importancia que tiene. En el mundo de los escritores se magnifica todo y todo el mundo tiende a darse demasiada importancia, eso es cierto. Los que escribimos debemos aprender a tomarnos las cosas con más humor. Aunque otra cosa, y de esto ya hemos hablado, es cuando los comentaristas caen en el descalificativo personal, con eso ya no estoy de acuerdo. Eso ya no me parece humorístico.

      Yo tu blog lo leo como una página de humor más que de crítica literaria, y lo leo porque me resulta divertido, sin dejar de ser irritante a veces. Me hace gracia tu ingenio, aunque en algunos casos también creo que las bromas se te van de las manos.

      Me apeteció intervenir hoy porque a mi El año del desierto me gustó seriamente y ya vi con el primer comentarista que no se entendía bien de qué iba el libro (Mairal no propone aquí una vuelta al ruralismo). Pero también se lo recomendé a Daniel Espinar, por ejemplo, y tampoco le gustó.

      Bueno, pues seguimos leyendo(nos, si es necesario).

      Un abrazo

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    13. Anónimo de las 8:29:

      Gracias por sus palabras. Pásese por mi blog cuando quiera. Lo cierto es que no tengo tantas visitas como Tongoy, pero tampoco me quejo. Después de 5,5 años, el mes pasado batí mi propio record de visitas, así que no va mal la cosa.
      Eso sí, tengo menos comentarios. No pasa nada. Yo sigo, me gusta, disfruto con el blog. Conozco mucha gente gracias a él.

      Ayer colgué una entrada con fotos de Santa Fe, la ciudad de los libros de Juan José Saer. Me mandó las fotos un lector argentino del blog que tiene familia en Santa Fe, y que pidió consejo sobre qué libros de Saer leer. Me mandó las fotos y monté la entrada. En estas fotos se ven las calles por las que caminaba Leto y el Matemático en "Glosa", una de las mejores novelas de Saer, que recomiendo mucho y que acaba de editar en España Rayo verde (una pasada, de verdad). Así que llevar un blog de reseñas me sirve para conocer a gente que me envía fotos del otro lado del mundo que aparecen en los libros que me gustan.Y esto ya es bastante; no, es mucho.

      Saludos

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    14. De Saer he tratado de leer "La Ocasión" y es un coñazo inconmensurable. Ni argumento ni estilo ni golpes de efecto. No es lírica, no es épica, no es trágica, menos satirica. Es una mon-ser-ga.
      Literatura generacional para güevas tristes. No se fíen, se lo dice julian bluff

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    15. Hola Julián:

      Si te acuerdas este mismo tema lo hablamos ya en Malherido. Ahora te puedo decir que he leído casi toda la obra narrativa de Saer (me faltan dos noveles) y el libro que menos me ha gustado de todos los suyos es "La ocasión". En la reseña que hice de él en mi blog dije que llegó a aburrirme.
      Es una pena que empezaras con Saer por ahí. Si lees "La pesquisa", por ejemplo, te encontrarás con una trama detectivesca borguiana muy inteligente, muy conseguida. Si lees "El entenado" te encontrarás con un estilo magistral.
      Si luego sigues con "Glosa" o "La grande" podrás leer dos de las mejores novelas que he leído en los últimos años (algo subjetivo, claro).
      Bueno, pues a ver si le das una nueva oportunidad a Saer.
      Saludos

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    16. David

      Si te has terminado "La ocasión" es que tienes más paciencia que un santo. Que me da la impresión (y perdón por la duplesión) por todo lo que llevo leído de ti en tu blog, y por tus comentarios por ahí, en otros blogs, que sí que la tienes. Un abrazo!

      (PD Pero seguro que luego tienes por ahí, oculto, un lado oscuro ¡inconfesable! ¿Eh... kapullo? ;-)

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    17. Julian: el lado oscuro trato de dejarlo para los personajes de las novelas.

      Saludos

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  5. Tongoy, un autor español que deberías leer: Pablo d'Ors.

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    1. Lo leí. Algo. Hace tiempo. Ayer saqué de la biblio el último, Contra la juventud.

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  6. Es tan analfabeto quien carece de criterio como quien tiene un criterio tan fino, tan perfecto, tan extremo que no sólo no le gusta casi nada, sino que ni siquiera es capaz de encuadrar un libro -buenísimo, por cierto- en su género y toda su lectura se basa en parámetros y expectativas muy superadas por el propio género que critica.

    "Y digo gratuita porque en ningún momento, repito, en ningún momento, se explican las razones de, por ejemplo, el resurgir del machismo o la enfermiza devoción religiosa de curas que dan de espaldas la misa en latín.
    "

    Esto es como si en una novela fantástica contemporánea el supuesto crítico pide "explicaciones" al escritor por no "haber explicado" el misterio. Ah, el querer que esté todo claro, ese mal endémico de los malos lectores.

    Sigue así, Carlos. Cada vez lees, entiendes y razonas peor.

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    1. "Sigue así, Carlos. Cada vez lees, entiendes y razonas peor."

      Eso es porque leo alegóricamente. Interpréteme.

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  7. Hola señor Tongoy,
    Suelo leer su blog aunque nunca comento. Esta vez me permito hacerlo un poco para seguir la línea del comentarista anterior, David.
    Más allá de los gustos, no comparto la lectura de la novela de Mairal que usted propone. No quiero decir que le tenga que parecer buena una novela que le pareció horrible, estoy diciendo que la crítica, a mi entender, se aleja un poco de la estética en la que se inscribe la novela. Trato de explicarme. Por un lado, como dice David, habría que pensarla como una novela de literatura fantástica más que como un texto de ciencia ficción, entendiendo por fantástica la tradición del Río de La Plata (Borges, Bioy Casares, etc, etc). Por lo tanto, la pregunta por el verosímil varía: si leemos, por ejemplo, El hombre del castillo, la novela de Dick, ¿podríamos acusar como inverosímil el argumento de que Estados Unidos se vuelva un país con tradiciones niponas sólo por haber perdido la segunda guerra mundial? Digo, porque iría en su misma línea de crítica, en donde Mairal no explica por qué pasa todo eso tan rápido. O si leemos El Aleph de Borges -escritor al que homenajea Dick en esa novela-, ¿podemos criticar el cuento porque sería inverosímil que la persona que descubre que vive en una casa con un aleph no haga nada al respecto? Otro ejemplo más cercano, y que abriría un debate sobre el lugar político de la literatura, ¿de qué viven los escritores en los libros de Vila-Matas?
    La novela de Mairal se inscribe más en esa tradición fantástica -la irrupción de un elemento dispar, inexplicable, en el mundo cotidiano- y también en la tradición metaliteraria: los personajes hacen referencia a la manera en que la literatura argentina fue representando la realidad política -de hecho, aparecen los personajes de Casa tomada de Cortázar, aparecen referencias a los poemas de Saer, la idea del río sin orillas, también hay referencias a las novelas de Viñas, a la novela Amalia, a los libros de Mansilla, etc-. Lo de Mairal no está a la altura de Borges pero, creo, es una muy buena novela. Usted puede decirme que si es necesaria una guía de lectura, entonces la novela no le gusta y le parece una pérdida de tiempo leerla. Sin embargo, creo que sería necesario diferenciar entre crítica y gusto. Quiero decir, entre la estética en la que se inscribe un texto y el gusto que uno puede tener con respecto a esa estética: por ejemplo, no me gusta literatura rusa porque me parece una literatura construida desde el pathos y desde el psicologismo, pero no por eso diría que Dostoievski es un mal escritor. A partir de esa distancia siempre se pueden hacer muchos chistes -usted lo hace muy bien, de hecho-, porque un chiste no es más que eso: decir algo en el lugar en donde se espera otra cosa.
    Y si todavía está leyendo esto -perdón por lo largo que me salió el mensaje-, alguna vez me gustaría leer alguna crítica suya a Borges, a Samuel Beckett y a Flann O’Brian.
    Saludos

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  8. Me estoy temiendo una cosa:

    ¿Y si en realidad Tongoy maneja una serie de plantillas de crítica (por llamarlo de algún modo) y las edita para poner los nombres de el autor/a y obra en cuestión y las sube a modo de "corta/pega" con el objeto exclusivo de ser superado por los comentarios a sus entradas, en una especie de juego retorcido ante el cual busca dar gustillo a su supuesto autodesprecio?

    O eso, o que es limitado pero no le importa.

    Porque lleva torta.

    Y, sin embargo, igualmente lo gozamos y esperamos ansiosos sus nuevas entregas. Creo que este hombre nos hace bien.

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    1. A mí lo que me preocuparía es que lugar les deja eso a ustedes.

      Yo, ya me conocen, lo que sea por hacerles felices.

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  9. Que se me ocurrió, rápidamente, que si confundir valor y precio es asunto de necios, no distinguir simplicidad y simpleza será cosa de simples.

    Aunque también es verdad que me apunto pronto a decir cosas sin sentido, ya sabes.

    Dale, Tong. No pares.

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    1. Si esto no lo expones alegoricamente no te va a entender nadie, pollo.

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    2. Si esto no lo expones alegoricamente no te va a entender nadie, pollo.

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    3. «—Si el país sale adelante, será a pulso, con la fuerza de los brazos, no de las máquinas. Sólo a partir de la simpleza podremos volver a comenzar un país más justo. Sin armas de fuego que vuelven cobardes a los hombres. Sólo desde esa lucha cuerpo a cuerpo y con la gracia de Dios podremos defender valientemente nuestra dignidad».

      Dale alegoría a tu cuerpo Macarena.

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  10. Veo por acá mucho argentino y mucho argentino por opción como el famoso David Pérez Vega, que se emociona cada vez que lee un libro argentino y ve la celeste y blanca. David: lo que dice Tongoy se puede decir más alto pero no más claro. Mairal es otro vendedor de humo de los que nos sobran acá en Argentina. "Salvatierra" está bastante buena pero todo lo demás es malo. Y vos ¿por qué no te venís a vivir acá? ¡Estaría buenísimo! Vení y vas a ver lo que hacemos con los gallegos como vos que se creen que la Argentina es lo más. ¡Nos cagamos de risa!

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    1. Estimado lector argentino:

      Estuve 15 días de vacaciones en Argentina en 2009. Lo recuerdo como un viaje agradable. Sólo me encontré con algún taxista que intentó timarme, algún camarero un tanto borde, y en la calle Florida intentaron abrirme la mochila. Nada especial. Por lo demás, las personas con las que pude hablar (que fueron muchas más que las otras) me parecieron simpáticas y agradables. Lo del intento de robo e intento de timo por parte de algún taxista (la mayoría eran legales) lo achaqué a los posibles núcleos de pobreza de Buenos Aires. Me impresionó mucho el cinturón de villas miseria alrededor de Buenos Aires. Espero que Argentina pueda mejorar económicamente y se solucione esa situación lamentable.

      Así que a los gallegos como yo (en realidad el gallego es Tongoy, yo soy madrileño), en general, los tratan muy bien en Argentina. Aunque siempre, claro, te puedes encontrar con algún gilipollas que juzgue a las personas por su nacionalidad, reduciéndola a algún estereotipo.

      Espero que si no le gusta Mairal disfrute con el resto de la literatura de su país, que siempre me pareció muy grande, y por la que siento una gran admiración y cercanía.

      Gracias por lo de "famoso". No lo merecía.

      Atentamente.
      Saludos

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  11. No he leído el libro, pero la primera parte, por lo que expone Tongoy, se parece sospechosamente a "El oficinista" de Guillermo Saccomanno, compatriota de Mairal.

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  12. Pues una vez leído el post con la crítica de la novela y el debate posterior que ha generado, así en plan visita contemplativa llego a la conclusión de que lo destructivo y lo constructivo dan como resultado un educado contraste de opiniones. De eso se trata, ¿no?

    Jau!

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  13. Pues yo estoy con David Pérez Vega, y me quito el sombrero ante la claridad de su crítica. Creo que hay que leer las obras en los términos que cada obra propone. Y que si los términos que una obra propone no coinciden con los gustos propios, evidentemente no puede descalificarse la obra como haces en las cuatro primeras líneas, y desde el cariño te lo digo. De hecho, desde el cariño te digo que te estás perdiendo muchas cosas al no aceptar este hecho; que cada obra propone sus propios términos, y en esos términos hay que leerla y criticarla. De hecho, te estás cubriendo constantemente las espaldas aduciendo que no haces crítica, que sólo hablas desde el gusto, y, claro, el gusto es indiscutible, y muy gozoso precisamente porque es indiscutible y nadie puede decir ni pío. Pero esa es una zona muy cómoda, tan cómoda que, en realidad, está constituyéndose en una trampa que te impide avanzar, que te permite no moverte jamás del sitio, impide que amplíes tu mapa perceptivo, tu mapa lector, que puedas apreciar obras que no coincidan con los márgenes de tu gusto, que como diría Pedro Reyes es infinito, pero un poco estrecho.

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    1. De hecho, te estás cubriendo constantemente las espaldas aduciendo que no haces crítica, que sólo hablas desde el gusto, y, claro, el gusto es indiscutible, y muy gozoso precisamente porque es indiscutible y nadie puede decir ni pío.

      Bueno, pero es que yo creo que el 95% de la crítica (dejo un 5% por caridad, no vaya a ser) es una argumentación y/o justificación del gusto personal. Ahí tenemos a Moby Dick. ¿Novela sobre ballenas? ¿Ladrillo infumable? ¿Obra maestra? ¿Si, no, todo lo contrario? ¿Ambas? ¿Por qué gusta Moby Dick? ¿Por qué es tan odiada?

      Yo siempre escribiré desde el gusto porque yo leo por placer o por curiosidad, incluso como un acto de pura maldad. No leo, jamás, para “criticar”. No en el sentido que la gente reclama, al menos.

      Siempre he creído que ese era parte de mi encanto. No me quite la ilusión.

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  14. A ver, solo por sembrar una duda razonable. Parece, por los comentarios, que si el libro se lee en clave 'alegórica' gana mucho. En la reseña de Tongo se desprende que a él esa 'clave' tampoco le ha convencido. Yo pregunto a quienes lo han leído si aunque no supieran previamente de la intención del autor esa supuesta alegoría funciona igualmente. Me explico. Nocturno de Chile, de Bolaño, es una alegoría, pero cuando yo lo leí no lo sabía. Y es un libro que funciona a la perfección en clave 'alegórica', simplemente porque no tiene otro modo de funcionar. Pregunto si es el caso de 'El año del desierto', que no lo sé porque no lo he leído.
    La cosa había empezado muy bien, con argumentos igualmente válidos -por igualmente subjetivos- en contra de la opinión de Carlos, pero ha acabado con los prejuicios de siempre. Una lástima.

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    1.  

      Brevemente. En clave alegórica gana, sí, claro, un poco. Si quieres. Es decir, un rato. Quiero decir… se justifica. No, ya veo que no me entenderás.

      A mí esta novela, la primera parte, me recordó mucho a Rascacielos, de Ballard. Parecía una versión ampliada y como tal la disfruté. La alegoría, entonces, estaba ahí, era una cosa necesaria pero no imprescindible. Dependía un poco de cómo leyeses la novela. En la segunda parte, una vez que el personaje abandona la ciudad, la alegoría es más evidente y es por ello que la novela pierde fuerza si la sigues leyendo del mismo modo que la primera parte (como una ficción apocalíptica, para que nos entendamos). Mi problema no está tanto en que la novela dependa demasiado de la alegoría (y los homenajes, como bien señaló David) sino que la coherencia de ciertas acciones está demasiado  condicionada por esa misma alegoría, lo que da lugar a situaciones absolutamente increíbles que uno ha de aceptar porque sí (la imposición de una sociedad machista que surge de la nada, por ejemplo, únicamente por el mundo involuciona (esto es, la sociedad argentina teme la vuelta al pasado)). La novela sería cojonuda si esto se hubiese cuidado un poco más, es decir, si no dejase de ser una novela para convertirse en una lección de historia con mensaje para adolescentes.

      No sé si me explico.

       

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    2. Yo creo que te has explicado. Otra cosa es que todo el mundo lo vea como tú, que tampoco pasa nada porque no.

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    3. Hola, Ire, hola, Tongoy,
      Me permito meterme en la discusión otra vez (soy el anónimo del 8 de abril a las 21h54; la próxima me pongo nombre, así será más fácil). Me parece que la cuestión del machismo sí se explica en la novela: a partir de esa especie de « guerra civil » que surge desde el principio, funcionan dos gobiernos. El gobierno oficial recluta hombres para la pelea. Dos posibilidades para los hombres: meterse en el ejército y pelear o desertar y pasarse a la resistencia (es lo que hace el novio de la protagonista). El lugar de las mujeres, me parece, es verosímil en ese contexto de guerra que plantea la novela, ya que queda en la retaguardia: la casa o ser enfermera o ser secretarias. Desde un principio, se plantea que ya la tecnología no funciona (de hecho ya no hay ni mails desde la primera página) y por lo tanto la guerra es más cuerpo a cuerpo, por eso las mujeres quedan apartadas de esa pelea y su lugar es el ámbito privado, que se va reduciendo cada vez más (por eso la alusión a Casa tomada de Cortázar). Otra posibilidad para las mujeres en ese contexto de guerra: la resistencia más íntima, que es el caso, si mal no recuerdo, del personaje de Laura.
      Cuando la protagonista abandona ese mundo, ese mundo que se opone al ataque de la intemperie y que se organiza de esa manera machista, pasa justamente al mundo en donde no hay orden civilizado. Y si bien es cierto que la protagonista durante una parte ejerce la prostitución luego también se vuelve traductora, quiero decir, me parece que no es tan inverosímil el machismo. De hecho, esa parete me hizo pensar muchísimo en el diario anónimo de Una mujer en Berlín (excelente libro, por cierto): en un contexto de guerra, cuando ya no hay controles, el lugar que le queda a las mujeres se retrotrae a lo peor de la historia, a lo más violento.
      Con respecto a lo alegórico, dos cosas más (y ya acabo de una buena vez): creo que la clave de una lectura más argentina de la novela lo da el título, ya que lo que avanza no es la intemperie sino el desierto, y el desierto tiene otras connotaciones en ese mundo argentino (las campañas del desierto, el lugar de los indios, etc). Eso desde una lectura más argentina. Pero también creo que permite una lectura sin necesidad de conocer lo argentino, por eso mencionaba al diario Una mujer en Berlín. Es una opinión, y si bien no la comparto, me parece interesante la lectura propuesta por Tongoy. Saludos

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    4. Gracias por responder, anónimo. Valioso tu punto de vista. Bien expuesto y argumentado.

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  15. Hace poco en otro blog (http://notasparalectorescuriosos.blogspot.com.es) citaban a Auden:

    "¿Cuál es la función de un crítico? En lo que a mí respecta, puede prestarme uno o más de los siguientes servicios:

    1) Darme a conocer autores que hasta ese momento ignoraba.
    2) Convencerme de que he menospreciado a cierto autor o determinada obra por no haberla leído con suficiente cuidado.
    3) Mostrarme relaciones entre obras de distintas épocas y culturas que jamás habría descubierto por mí mismo porque no sé lo suficiente y jamás lo sabré.
    4) Ofrecerme una "lectura" de determinada obra que mejore mi comprensión de la misma.
    5) Arrojar luz sobre el proceso del "hacer" artístico.
    6) Arrojar luz sobre el arte de vivir, sobre la ciencia, la economía, la ética, la religión, etc."

    En mi opinión, las reseñas de Tongoy no prestan ninguno de esos servicios. Eso no quiere decir que sean malas, pero lo cierto es que no se acercan a lo que Auden consideraría una crítica litera útil. Yo las leo con el mismo espíritu con el que miro las estrellitas que los usuarios ponen los libros en Goodreads. Me gusta contrastar las reseñas de los que ponen una sola estrella con las reseñas de los que ponen cinco, para sacar luego mis propias conclusiones.

    De David me gusta que es relativamente sencillo entender su criterio. Además da toda la información necesaria para detectar posibles prejuicios y amiguismos. Tongoy es más escurridizo. Por ejemplo, yo no tengo muy claro por qué le gusta lo que gusta. Simplemente dice: esto es imprescindible y a quien tenga buen gusto le gustará. Y ya. En mi caso su opinión no es decisiva pero bueno, es una opinión más que sopesar.

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    1. Estimado lector:

      Le puedo decir que yo trato de dar una información útil para el lector. Es decir, cuando comento un libro trato de que el posible lector sepa qué se va a encontrar. Por eso muchos de mis párrafos son asépticos, del estilo de aquí tenemos una novela ambientada en esta época, escrita en tercera persona, con saltos en el tiempo, lo puedo emparentar con estos otros autores, con esta línea literaria (dentro de mis conocimientos)... y luego está también mi posible entusiasmo como lector; pero esto es porque soy profesor y trato de transmitir un sentido lúdico de la lectura.
      Con que el lector sepa, más o menos con que se va a encontrar en el libro cuando lee mi comentario me parece que ya le estoy dando una información útil.
      Mi opinión personal sobre el libro debería ser menor importante que lo anterior.

      Encantado de que se pase por mi blog.
      Saludos

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    2. Las reseñas de los blogs, entre los que me incluyo, evidentemente, son poco más que opiniones desarrolladas. Una cosa es una crítica y otra cosa es un “crítica”. No es tan difícil distinguir unas de otras. Lo que la gente parece que no acaba de entender es que eso es lo normal, cualquier otra cosa es una excepción. Hace años, muchos años, yo compraba la revista fotogramas. Lo primero que hacía era leer las críticas. Ahora ya he olvidado los nombres pero por entonces tenía dos o tres críticos de referencia de los que me fiaba, más que por su buen hacer, por su gusto, que con el tiempo había ido descubriendo que coincidía con el mío. Es todo lo que yo espero de la crítica de la blogosfera: una dos o tres personas de gustos afines a quienes robar recomendaciones y si además te descubren alguna cosa, pues genial. Si busco algo más, yo, al menos, no lo hago aquí.

      Quiero decir con esto que yo hago lo contrario que David. No pretendo, no siempre, al menos, hacer un esquema de lo que uno se va a encontrar, sino dejar constancia, por lo si a alguien le interesa, de lo que yo me he encontrado o de lo que ha significado para mí determinado libro. Y si puedo hacerlo ameno, pues mejor que mejor.

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    3. Yo no me fío de nadie. Especialmente, no me fío de mí mismo. Menos lo voy a hacer de otros.

      He descubierto que se está extendiendo un nuevo modo de enfocar las reseñas o las críticas (no sólo las literarias; también las de cine, música, política, toros o compra-venta de vehículos de segunda mano de ocasión). Ha proliferado un prototipo, al que se conoce como prescriptor que, en esencia, te dice qué debes ver y qué no.

      Y su criterio va a misa (para sus acólitos).

      ***

      No tengo nada contra esa forma de actuar: cada uno decide cómo, dónde y siguiendo las indicaciones de quién se gasta su tiempo y su dinero.

      Yo, que vengo aquí a medicarme con mucha frecuencia, lo hago porque Tongoy me hace mucha gracia. No el señor que escribe sentado en su lugar de trabajo (porque no lo conozco personalmente), sino porque sus artículos (posts, entradas, críticas, reñas; la etiqueta no importa) me parecen entretenidos, variados y, en ocasiones, muy graciosos. Aunque deba reconocer que, por falta de dedicación, de tiempo, exceso de vagancia o un compendio de todo ello y más, últimamente le veo fuera de ritmo.

      Veo y leo y muchas veces comento. Lo más curioso del caso es que la mayoría de las veces me la suda el libro del que habla y todas esas historias del mundillo, porque se me escapan. He seguido algunas recomendaciones (laudatorias) suyas y se lo he agradecido infinito. Pero estaría loco si pretendiera seguir su demencial ritmo de lectura. Tengo otros intereses.

      ***

      Cierro con un comentario que David hizo más arriba sobre que en el mundo de los escritores se magnifica todo, que hay demasiado orgullo y que falta un cierto sentido del humor.

      Mi modesta opinión es que esas características corresponden al género humano y están presentes en todos los gremios profesionales. Sé de lo que hablo (al menos, en los dos que conozco). Es cierto que los escritores "venden" (en el mejor sentido) su obra al público y utilizan todos los medios y espacios a su alcance para (auto)promocionarse. Quizá en el gremio de encofradores (por poner uno) no deban tanto a su relevancia pública, pero estoy convencido de que los encofradores comparten muchos vicios y virtudes con los escritores.

      Aunque, dado que su instrumento de trabajo no es la palabra, dejan ríos de tinta más exiguos.

      Creo.

      ***

      Espero haber sido bastante alegórico como para que se me entienda, gallo.

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    4. Fuera de ritmo, dice. Si yo te contara... Cada post, y esto lo digo en serio, es un milagro y un ejercicio de voluntad como no se ha visto antes en un tongoy.

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    5. Que ya lo sé, tonto. Que lo digo en otro sentido, así como alegóricamente, jope, que me haces explicarlo todo.

      Cuídate.

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    6. David Pérez Verga es el Tongoy bueno y tonto. Seguro que le limpia con la lengua el váter a Carlos cuando éste se va a la biblioteca a pillar costo.

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    7. ¿Carlos va a la biblioteca a pillar costo? Debo de ser muy tonto porque no lo entiendo.
      Estamos ya en la fase de la subida de nivel de los comentarios del blog.

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  16. Hola a todos!

    Y luego existe gente como yo, quiero suponer, que lee los blogs de críritica literaria por "la literatura" (y perdón por la pedantería, ya saben que no suelo) que desarrolla el crítico. En una palabra que aunque Carlos escribiera sobre la cría en cautividad de la zarigüeya lo seguiría leyendo. Y a otra gente, la mayoría, aunque se dedicarán a compararme a mí con Julian Sorel (el de Stendhal), continuaría sin leerlos porque me parecen unos maulas escibiendo. Y encima, en las contadas ocasiones en las intentan recurrir a la sátira, lucirse, no pueden disimular, los pobres, lo simplones que son. En resumen que no les hagan ni puto caso a las recomendaciones de lectura de Tongoy pero continúen leyendo su "Medicina". Uno de los casos contados, como el de Echevarría, en los que el "crítico" es bastante más escritor que los "escritores" que son objeto de sus críticas.

    Y a mí, sí que tienen que hacerme caso, SIEMPRE.

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    1. Pero... pero... pero, ¿cómo es posible que tú llames manta a alguien, Bluff, si escribes como un octogenario derrotado?

      "Una tarde tras otra insiste en hacerse amigo de la felicidad. Casi siempre le parece ver reflejada su sonrisa en el culo del vaso. Esta vez le ha pasado. Vuelve a coger la botella y a llenarlo con parsimonia. Afina la guitarra, comienza a puntear las cuerdas sin saber a donde le conducirán sus dedos ¿a la soledad? ¿hasta los besos de un antiguo amor?"

      De verdad, se te puede dar hasta en el carné de identidad por un párrafo como este, y tu blog está lleno de birrias así. Retírate, hombre, que te vas a hacer pupa.

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    2. La coherencia, mon cheri, la coherencia. SOY UN OCTOGENARIO DERROTADO.

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    3. Si escribieras medio bien, todavía te lo podríamos perdonar. No tienes suerte, me temo.

      Yo te aconsejo -estoy generoso- que dejes de llamar plastas que escriben mal a los detractores de Tongoy y a cualquiera de los escritores que pasa por la piedra de amolar.

      A mí un tío que escribe como tú, con mis libros publicados puestos uno encima de otro encima de la mesa, me llama "plasta que escribe mal", y no sé, me explotan los cojones de la risa que me entra, sobre todo después de pasarme por tu blog y leer esos... cuen... esos relat... esas cosas.

      No se puede estar en misa y repicando, Julián.

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    4. Y lo de que Tongoy escribe mejor que los escritores que critica es pa mear y no echar gota. Voy a tener que ir al hospital. En efecto, los cojones me han explotado y han salpicado con la risión, de partirse la espalda, así en general.

      Ay, Julián, Julián. Nunca debimos sacarte del cotolengo.

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    5. Esta es la típica persona a la que lo importa quedar en evidencia.

      "Se te puede dar hasta en el carnet de identidad". "La piedra de amolar". "Me explotan los cojones de risa" (esta está un poco mejor, hemos de admitirlo) "Pa mear y no echar gota" "La risión" "De partirse la espalda"

      es más, ni siquiera es consciente de estar quedando en evidencia. ¿Ante quién...? va a pensar dentro del mundo en el que se mueve.

      Yo voy a contestarle... soy así.

      Ante mí. Aunque ahora, de momento, no lo entienda. La verdad, no tiene por qué entenderlo. Llegará el día en que sí será capaz de hacerlo. O eso espero.

      Un fuerte abrazo a mi encorajinado detractor. De apoyo ¡of course!.

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  17. Pues yo leo a Carlos primero porque me cae bien, segundo porque me divierte mucho su manera de contar las cosas y tercero porque muy frecuentemente estoy de acuerdo con sus valoraciones generales sobre lecturas comunes. Si coincidimos bastante sobre libros que yo también he leído, su opinión sobre libros que no he leído me merece, como mínimo, consideración. Además, aunque por aquí se diga lo contrario, suele explicar bastante bien por qué un libro le ha gustado o por qué no.

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    1. Pues hoy hemos hecho y mi mamá me ha dado un beso y... ¡seño, seño!

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    2. Jajaja! Te ha quedado hasta simpático. Me gusta.

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  18. Tal vez el autor de este blog crea que su fuerte es el sarcasmo e intente enfocar sus lecturas desde ese ácido ángulo. Si esto es así , estaría perjudicando la verdad de sus impresiones en aras del impacto previsible en el lector –nosotros, para más señas. Bueno, yo menos puesto que entro poco, aunque cuando lo hago, me escojono (de nada, chaval)-.
    Por cierto, Charles, te invitaría a que escribieses una novela, si es que no lo has hecho ya. Esto quizás te ayudaría a equilibrar tus azotes en aras de la verdad. Por mi parte, y siempre y cuando el despelleje no se centre mí, te prefiero así de malote y burlón. Y es que las cáscaras de plátano son divertidas cuando el que se cae es el vecino.

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    1.  

      Una cosa es enfocar las cosas desde determinado ángulo y otra muy diferente faltar a la verdad. Yo creo. A no ser que el único en único enfoque válido sea aquel que está directamente relacionado con el aburrimiento. Yo puedo decir las cosas de muchas maneras, sarcásticamente también, pero nunca he dicho que un libro me pareciese malo única y exclusivamente por… no sé, impactar. Intento hacer reseñas amenas y esto es lo que me sale.

      No, no he escrito ninguna novela. Ni pienso. Ya sabemos lo que pasa cuando los escritores opinan sobre lo que escriben los colegas (de profesión, se entiende). Esta falta de interés por la escrita es, sin lugar a dudas, una de mis mayores virtudes. No podría renunciar a ella.

      Gracias, a todo esto, por la parte de cumplido que tiene su comentario.

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  19. Estimado Tongoy, conste que no he dicho que faltes a la verdad.

    Lo que he dicho es que la das una orientación -humorística, satírica- a tus reseñas que propicia unos textos amenos como mínimo, pero que tienen la contrapartida de subjetivar los análisis; nada que no reconozcas tú mismo: no se trata de críticas literarias en sentido estricto sino de expresar tu opinión, con sus pros y sus contras. Por eso entro en esta página, porque se expresa una subjetividad que valoro.

    Lo de que escribas una novela lo decía porque a veces contraponemos lo que leemos con un criterio exigentísimo, fraguado la mayoría de las veces a partir de los clásicos, obras de un carácter tan extraordinario que permanecen a través de los siglos, e ignoramos que escribir una de ellas sería un acontecimiento épico.
    Un abrazo.

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  20. Argentino, él, y con bigote y perilla: como para echarse a temblar.

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  21. La novela es una follonada llena de referencias a la literatura argentina. Lo que los argentinos no entienden, es que su literatura es un género menor inventado por Borges.
    Imaginemos que "El año del desierto" fuese una novela llena de referencias a la literatura policial: en un momento el autor evoca a Doyle, en otro a Hammett, en otro a Agatha Christie, y así. Si uno desconoce esas referencias, se topará con un personaje pasando de crimen en crimen, y de la elegancia a la vulgaridad, sin mucha coherencia. O sea una follonada.

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