jueves, 26 de febrero de 2015

Breve nota de urgencia sobre “Alias Grace” de Margaret Atwood

Me prestaron este libro hace quince años. Me dijeron: léelo, está muy bien. Yo por entonces apuntaba maneras y entre la desconfianza natural y que la portada no podía ser menos estimulante ni añadiendo de reflejo en el espejo un chico sin camiseta haciendo flexiones, fingí creerlo y, agradecido, lo acepté, lo guardé en una estantería, después en otra. Me mudé. El habitual ritual. 

Pues bien, quince años después toca restitución de honor a quien corresponde. Supongo que ahora debería devolvérselo pero suponer es gratis y yo estoy a favor de los derechos adquiridos.

El caso es que Alias Grace ha resultado ser una más que agradable sorpresa. Me quedo con eso. Y con el libro. Ja.

Esto sería una reseña si tuviese tiempo, puesto que no lo tengo va cómo va y va a vuelapluma y va como Breve Nota de Urgencia que una forma muy poco elegante de pedir disculpas por lo rápido y breve. Me van a tener que perdonar, por tanto, la ausencia de citas (esto se demostrará falso en cuestión de segundos) y rigor acostumbrado (jaja) pero de verdad de la buena que no puede ser y si lo dejo pasar sé que no la voy a escribir (esto tiene que hacerse en caliente) y tampoco quiero pasar siempre por ser el que lee lo que no le gusta y todas esas chorradas. 

Pero esto quería ser una nota BREVE.

La historia está basada en hechos reales, al más puro estilo película de sobremesa de Antena3 (pienso que me puedo estar equivocando; ignoro si las siguen emitiendo) en las que apenas se respeta el nombre y la idea general del original y se fantasea sobre todo lo demás. (Exagero). Atwood, tomándose las licencias propias de la ficción, es decir, todas, noveliza la muy novelable siguiente cuestión: una joven criada de dieciséis años y un joven criado de algunos más, matan y roban al ama de llaves y al señor de la casa, soltero todo él y amante de la fallecida. Después huyen, los capturan, los juzgan y los condenan: al él lo matan por hombre (es lo que hay) y a ella, tan dulce, tan atractiva, la acusan de loca y la mandan a un sanatorio y más tarde a una prisión común y veinte años después, una vez indultada, a la puta calle

«Como es natural, he novelado los acontecimientos históricos (tal como hicieron muchos comentaristas de este caso que afirmaron haber descrito acontecimientos reales). No he modificado ningún hecho conocido, si bien los relatos escritos son tan contradictorios que los hechos inequívocamente «ciertos» son muy escasos. ¿Estaba Grace ordeñando la vaca o recogiendo cebollinos en el huerto cuando Nancy fue atacada con el hacha? ¿Por qué razón el cadáver de Kinnear llevaba puesta la camisa de McDermott y de dónde sacó McDermott la camisa, de un buhonero o de un amigo del Ejército? ¿Cómo llegó el libro o la revista manchada de sangre a la cama de Nancy? ¿Cuál de los distintos Kenneth MacKenzie posibles fue el abogado en cuestión? En caso de duda, he procurado elegir la alternativa más probable, tratando de dar cabida a todas las posibilidades siempre que ello fuera factible. En los puntos de los archivos donde sólo hay insinuaciones o visibles huecos, me he tomado la libertad de inventar». (Martgaret Atwood en el epílogo)

Esto se traslada al papel del modo siguiente: un psiquiatra que quiere medrar se entrevista largo y tendido con famosa criminal durante la estancia de ésta en la cárcel muchos años después del hecho delictivo. La idea es tratar de entenderla o descubrir la verdad (fue ella, no fue ella, fue sólo él, eran amantes, no lo eran, qué quién cómo cuándo dónde) y, ya puestos, alcanzar la fama a través de algún descubrimiento genial; montar su propio sanatorio, ser una estrella más en el firmamento. Ella, reticente al principio, se abre repentinamente de par en par cual silvestre florecilla y todo es a partir de ahí un no parar de contarle hasta los más íntimos secretos al maldito alienista. Sobre esto flota una duda permanente: puede ser todo mentira o puede ser todo verdad. Decida usted, amigo lector, qué clase de mujer, dentro del amplio abanico que ofrece la sociedad, es nuestra Grace.

«En el transcurso de sus viajes ha conocido a muchas mujeres cuya naturaleza difícilmente se hubiera podido calificar de refinada. Ha visto a dementes que se rasgaban la ropa y dejaban al descubierto sus cuerpos desnudos; ha visto hacer lo mismo a prostitutas de la más baja condición. Ha visto a mujeres borrachas que soltaban maldiciones y se peleaban como luchadores, arrancándose mutuamente el cabello. En las calles de París y Londres las hay a montones; sabe que muchas se acuestan con sus propios hijos y venden a sus hijas a los hombres ricos que creen que, violando a unas niñas, evitarán las enfermedades. Por consiguiente, no se hace ilusiones acerca del innato refinamiento de las mujeres, pero razón de más para proteger la pureza de las que todavía son puras. La hipocresía en tal caso está más que justificada: hay que presentar lo que debería ser cierto como si realmente lo fuera».

Novela, pues, de corte clásico, de señora ya de vuelta de todo sentada frente a mesa camilla contando a joven atolondrado vieja historia de maltrato, pesares y puteos varios con final sangriento. Su vida, plagada de historias de amistad y múltiples carencias, tiene el atractivo de un Dickens, por poner un ejemplo que entienda todo el mundo y como tal se lee y como tal se disfruta y como tal se echa tanto de menos esta forma de narrar según se va llegando al final. Difícil que no pueda gustar. 

Hay un pero que no puedo contar, me temo, que tiene que ver con el final y con cierta forzada actitud de cierto ser humano pero es un pero pequeño como un colibrí y tampoco hay porque hacer sangre con él. 

Novela ideal para sillón de orejas, novela de las que ya no se escriben pero también de las que ya no se (re)editan. Esto lo digo porque si la buscan les costará dar con ella. (A ver esa Lumen qué hace que no la rescata). Les prestaría mi ejemplar pero temo que no me lo devuelvan y a mí esas cosas me joden mucho.


4 comentarios:

  1. Pregunta de urgencia, antes de que encuentre tiempo para leer la reseña:
    ¿la portada corresponde a una edición de la colección "Tiempos modernos", que saco Ediciones B para comerle el cacho a Anagrama y que luego todo resultó que se fue al carajo o algo así a toda prisa sin pararme en los detalles...?

    Jo. Pues sí que tiene años el ejemplar...

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  2. Pues ahora te lees "El cuento de la doncella" y nos dejas a todos patidifusos. La Atwood se lo merce todavía más que Coetzee.

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  3. Te dejo aquí los títulos de mis "hijos" editoriales en Ediciones del Viento. Ninguno es novedad pero varios, a mi entender, son joyas de la Corona, y tal vez te divierta leerlos si no lo has hecho ya:

    "Mister Johnson", de Joyce Cary. Se trata de una extraordinaria ( por lo rara)novela colonial que transcurre en Nigeria. El editor cometió la torpeza de incluir un prólogo de William Boyd que destripa alegremente el final, así que mi recomendación es leerlo como epílogo, ya que es muy importante para la lectura no conocer el final. Por cierto, el resto de las novelas de este escritor transcurren en Inglaterra y no tienen interés ( al menos las que yo he leído ).

    " Las praderas del cielo" de John Steinbeck. Del grupo de relatos de Monterrey. Mato por ese libro.

    "Qué tierno era Suleikem", de Sigfried Lenz. Nada que ver con el resto de las obras de Lenz. Desagradable para eruditos a la violeta y libro encantador para algunos que no tenemos empacho en leer cuentos aparentemente ingenuos.

    "Jerry en las islas", de Jack London. El viaje de un cachorro-que luego crece-por las islas Solomon con caníbales incluidos. No sé por qué es tan desconocido.

    "KIM", de Rudyard Kipling: hay que releerlo de adulto. Este es mi" hijo" favorito, aunque sea un libro famoso.

    "El País de las Sombras Largas", de Hans Ruesch. Además de divertidísimo, divinamente escrito. Fue best seller mundial ( 3.000.000 ejemplares) y en Argentina es un clásico obligado en los colegios.

    "Regreso al País de las Sombras Largas", de Hans Ruesch. Se lee como el primero: a toda velocidad. Y no es de extrañar, ya que el autor fue, antes de dedicarse a las letras, campeón de Fórmula I. Después de dedicarse a ellas y triunfar ampliamente, empleó la millonada en una fundación contra la vivisección.

    Quiero que se me olvide uno decepcionante, que recomendé sin haberlo leído: avisé al editor, él lo leyó y lo publicó antes de que yo pudiera echarle el ojo. Se trata de las Memorias de Stalky ( uno de los protagonistas de esa maravilla kipliniana que es "Stalky and Company", que aparece en su obra más adelante protagonizando algún relato genial) Son unas memorias birriosas, porque la clave de la vida de ese hombre fue el secretismo y la estrategia, y no desvela nada de nada ( seguramente fue una estrategia hacerlo así, y dejar al editor, que le habría soltado un pastón, in albis)

    Espero que si te interesas por alguno de ellos te gusten tanto como a mí.

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