jueves, 11 de diciembre de 2014

Una aproximación a “La mala puta” de Miguel Dalmau y Román Piña


Hoy vengo a sembrar una duda [razonable].

La mala puta arranca con una advertencia de Miguel Dalmau: «Dado mi perfil solar este libro pude parecer un rapto de indignación». El rapto de indignación al que se refiere el autor tiene que ver con un par de asuntos que lo llevaron, en su momento, por la calle de la amargura. El primero (el segundo, si no me equivoco, cronológicamente hablando) fue por una biografía de Cortázar escrita por él y “censurada” por otros, dando al traste con lo que parecía que iba ser un éxito de ventas que lo sacaría de no sé qué arroyo. 

“[…] el origen de La mala puta obedece al desencanto motivado por el veto sutil impuesto a mi biografía de Julio Cortázar. Tras varios años de trabajo todo parecía a punto para la salida del libro, pero desde el momento en que la prensa anunció que su autor andaba tras el rastro del genio argentino comenzaron los problemas. La suma de esos problemas me introdujo en un callejón sin salida y condenó mi libro. Sin embargo, desde los callejones se ve una perspectiva única de la basura del mundo, la que genera el Poder. También la que forma la literatura y quienes la frecuentan. Por eso escribo.”

Los detalles no son importantes o no deberían serlo aunque no estaría de más tener en cuenta un par de cosillas: uno, que la Agencia Literaria Carmen Ballcels tuvo, parece, casi toda la culpa y dos, que todos ustedes, escritores y periodistas que se llenan la boca hablando de Cortázar, también. Por su silencio, básicamente, porque «este asunto debería haber generado algún tipo de respuesta más contundente en el mundo literario.» Y no ha sido así. Y porque no ha sido así es por lo estamos hoy aquí hablando de lo que estamos hablando y no follando, que es lo que deberíamos.

«Obviamente este libro no pretende ser un ensayo sobre el Poder […] pero sí aspiro a señalar unas situaciones abusivas que se producen también en el campo de la literatura, generadas desde la cúpula, y que afectan negativamente al escritor y su obra».

Ahora es cuando tenemos que decidir qué grado de credibilidad damos a aquello a lo que el amigo Dalmau dedicará las siguientes 170 páginas. Es decir, ¿esta pataleta se basada en hechos reales, tiene peso, fundamento, o es un acto de venganza (merecida o no, da igual) que pretende únicamente hacer daño a esa mala puta que es, en palabras del Ernest Hemingway, la literatura española y quienes la habitan?

«Todo lo que me ha sucedido con el libro de Cortázar es una señal. Pero no para que me doblegara ante el poder editorial sino todo lo contrario, es decir, para ponerme en pie y alzar mi voz contra aquello que ha falseado y prostituido nuestra literatura...»

Por aquello de calentarles un poco más la cabeza de cara a la futura reseña les diré que el otro asunto del que hablaba al principio, aquello del rapto de indignación, tiene mucho que ver con la biografía que el propio Dalmau escribió sobre Gil de Biedma (Jaime Gil de Biedma, Retrato de un artista, Ediciones Circe, 2004) y que fue más que duramente criticada por un montón de gente del medio, entre los que se encontraban Jordi Gracia o Javier Pérez Escohotado. Este último acusaba a Dalmau de haberle robado la idea y, además, de haberlo hecho fatal: 

«En ningún caso la obra de un creador puede confrontarse con la vida sin trazar los puentes que permitan la interpretación y la valoración de esa obra. Este Retrato no propone ninguna clave social, histórica ni filológica aceptable, y cae a menudo en un provinciano anecdotario de prensa del corazón que no facilita la lectura de la obra poética y crítica de Gil de Biedma, que es lo que, al final, queda. Verba volant». (Escohotado, aquí)

Es divertido poner en google las palabras “dalmau, escohotado, biedma” y, siguiendo la trayectoria que marca una infantil biografía del rencor, encontrarse como en 2010, estando Dalmau nominado al Goya al mejor guión adaptado de la película basada en la vida de Gil de Biedma (El cónsul de Sodoma, basada en el libro de Dalmau), Escohotado se paseaba por la blogosfera en modo troll poniendo a partir al escritor y pidiendo a voz en grito que no le diesen el premio, que no le diesen el premio, que no, que no. Jodidos críos.

Estas canalladas las sé no porque yo sea muy listo o esté muy al corriente de las puñaladas traperas que se gastan los poetas sino porque el propio Dalmau se encarga de recordárnoslo como setecientas veces a lo largo del libro, motivo por el cual se acaba viendo obligado a terminar su intervención del siguiente modo: «Es probable que algunos lectores sigan creyendo que este libro es fruto de un rapto de indignación. Allá ellos.» Allá ellos, dice. Ni que nos dejase opción. Ese último capítulo, por cierto, se acompaña de un baño de realidad que flaco favor le hace: 

«A consecuencia de este affaire, tuve que abandonar un ático confortable en el centro de Palma de Mallorca y me fui de la ciudad. Ya no tenía dinero para pagarlo y busqué refugio en el centro de la isla. Gracias a la generosidad de un amigo pude instalarme en un viejo caserón de pueblo que pertenece a su familia.»

Pero insisto: lamentaciones al margen («lamento descender al plano personal», «pero hay un momento de la vida en que ya no tiene sentido seguir lamentándote», «me había propuesto que no caería en lamentaciones») pronto tendremos que decidir qué nos creemos o qué no nos creemos; si nos creemos todo o nada o parte o si mejor nos damos a la bebida. Yo, que ya he terminado de leer la parte de Dalmau, ya he tomado mi decisión. En unos días, hablamos y vemos si es para tanto la cosa o si, una vez más, quedará todo en nada.

«Encendamos las lámparas, afilemos el bisturí, abramos dulcemente las carnes...»


19 comentarios:

  1. Cortazar es una maravilla. Aunque siempre preferiré a Sabato. Me lo apunto, Tongoy :)

    ResponderEliminar
  2. http://blog.unviajedeestudios.com/post/102775609846/autoedicion-2014

    ResponderEliminar
  3. El otro día en Twitter, respecto a la crítica de la novela de Juan Trejo que ganó el Premio Tusquets:

    Jorge Carrión @jorgecarrion21 · 7 de dic.
    No sé si es lícito que un escritor que lleva varios años sin publicar porque ninguna editorial quiere sus libros sea un crítico destructor.

    Decimos nosotros: ¿Es preferible que se encargue de la crítica aquel al que está dedicada la novela, como pasó con la última de Carrión y Juan Goytisolo?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. http://cultura.elpais.com/cultura/2014/12/03/babelia/1417628861_142235.html

      Eliminar
  4. Vamos a ver: dentro de 500 años, ¿en una historia de la música se le dará más importancia a Stockhausen o a los Beatles?
    Pues eso

    ResponderEliminar
  5. No sé. Así leído con prisa, un poco por encima, me recordó a las actas de la comunidad de propietarios del edificio en el que vivo, en la etapa en que era presidente (y se encargaba de la redacción) un profesor de lengua y literatura, jubilado, con mucho tiempo libre y más bilis acumulada, tras años de aguantar a generaciones de niños empeñados en negarse a leer o a mantener un poco de orden.

    Ese tipo de trapillos sucios que carecen de interés si desconoces a los protagonistas.

    No sé si me explico...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con claridad meridiana. Lo bueno del libro es que tampoco es que tenga muchos nombres propios. Bilis sí, mucha, pero qué quieres, soy débil.

      Eliminar
  6. Es acojonante. Y tú vas y te lo lees. ¿No tenías más a mano unas pinzas de tender y unos testiculillos? Venga, ponte con algo que valga la pena que mi madre se fía de mi criterio libro-regalador y yo dependo demasiado del tuyo. Los Reconocimientos serían perfectos si pesaran la mitad. Necesito algo tan bueno que la turba no lo sepa apreciar pero no tanto para que solo lo sepan entender los frikis como tú y como Avilés. Joder, te acuerdas de Avilés? Menudo gilipollas. Y rapidito que tengo algo de prisa. Tu hermana bien? Qué tía más maja, coño. Hala, a tomar pol culo.

    Tu Quique.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. "Necesito algo tan bueno que la turba no lo sepa apreciar pero no tanto para que solo lo sepan entender los frikis como tú y como Avilés."
      No me tiréis de la lengua, no me tiréis de la lengua...

      Eliminar
    2. Déjate llevar, Jesús, que no nos escucha nadie.

      Eliminar
    3. Luego no me echéis la culpa:
      http://vozpopuli.com/blogs/3909-juan-torres-regalo-de-cumpleanos

      Eliminar
    4. Prueba con "Signatura 400" de Sophie Divry.

      Eliminar
    5. Un librito curioso, el de la bibliotecaria. Acabo de terminarlo. Me ha sorprendido, tiene detalles francamente interesantes. Gracias por la recomendación.

      Eliminar
    6. http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/2013/02/pildoras-criticas-danill-jarms-y-sophie.html

      A Quique no le va a gustar el de Divry. Demasiado moñas, diría él.

      Eliminar
    7. JAAAAAJAJA qué cabronada de reseña. Y encima estoy de acuerdo con ella, a pesar de haberme hecho gracia el librito. Me lo leí esta mañana y ya se me está olvidando...

      Eliminar
  7. Pues mira, que tengo ganas de leer tu reseña. A ver si me decido o qué.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tus deseos son órdenes. El lunes sin falta me pongo a ello.

      Eliminar
  8. Un asunto turbio, otro, dentro del circo de la literatura española, ¿no?
    Si Bolaño estuviera vivo te mandaba a sus detectives salvajes, Belano y Lima, a investigarlo ipso facto… y, por supuesto, después te redactarían a cuatro manos el correspondiente informe para que te curraras la reseña.-

    ResponderEliminar
  9. Tangencialmente: Yo la biografía de Gil de Biedma a cargo de este señor no la he leído pero 'El Cónsul de Sodoma' sí que la he visto y no recuerdo haber pasado más vergüenza ajena en un cine jamás.

    ResponderEliminar