lunes, 11 de agosto de 2014

“Problemas oculares” de Javier Tomeo

Lo primero es darle una colleja a la editorial. 

Páginas de Espuma editó, hace relativamente poco (cosa de un año), un tochazo de casi 900 páginas con toda la narrativa breve de Tomeo. Según el índice, en el bloque dedicado a Problemas Oculares aparecen cuatro relatos, pero la edición Anagrama que rescaté de la biblioteca (Anagrama, 1990.) incluye otros trece. ¿Dónde están esos trece? Bueno, pues están en la sección de Inéditos y Reescritos, al final del recopilatorio pero sin indicar a qué volumen pertenecían originalmente. Esto tratándose de una colección de relatos de idéntica temática (la ceguera, en este caso) es una señora cagada. Pero bien, errores aparte, se agradece la publicación de los reescritos aunque sea difícil evaluar el resultado. (A excepción de un relato llamado La incertidumbre del que se incluyen dos versiones: la original y la corregida, renombrada como Policía o Ladrón.)

Los relatos.

La cosa va de miopías galopantes. Sírvanse algunos ejemplos: en El reencuentro, un hijo vuelve con un padre que no es el suyo y, uno por otro, aquí no ha pasado nada y mejor tú que nadie. En Simbiosis, un miope y un sordo como una tapia (no me chilles que no te veo revisited) se intercambian percepciones para compensar sus respectivas carencias. En La incertidumbre, un hombre no sabe si se ha encontrado con un ladrón o un policía o si es simplemente un tipo que goza desconcertando a los infelices miopes que tratan de ver más allá de sus posibilidades. En El barbero, un hombre busca un barbero miope para que le ayude a suicidarse. 

Y así hasta diecisiete veces, que ocupando un total de ciento veinte páginas, da para unos cuentos bien chiquititos. La cosa es un tanto deficiente según se avanza en ella, y es que la gracia de los primeros, a fuerza de repetir el chiste —y por más que no siempre tengan el mismo fondo—, va minando la moral del lector (al menos la del aquí presente) hasta dejarle hecha caquita la buena intención.

Quizá el problema es que hay demasiado concentrado de miopía y todo cansa. Los cuentos son tirando a divertidos, es verdad, pero no es suficiente. Nunca es suficiente si el cuento no se queda ahí o no te sacude mínimamente o no te emociona o no te hace vomitar. O simplemente no te hace sonreír. En este caso además, se agradecería que fuesen algo menos previsibles porque se ve a la legua desde el minuto uno hacia dónde van y pronto pide el cuerpo dar un salto hasta el final, pasar al siguiente, acabar con este de una vez si total tampoco es para tanto. Y así uno y otro y uno y otro hasta casi veinte. Tampoco es un lectura que lamente (son 120 páginas, demonios) y el tiempo perdido es fácilmente recuperable pero sí es verdad que maldito el momento que me dio por empezar por aquí (esta reseña fue escrita hace tanto que ni lo recuerdo) la aventura del relato breve del amigo Tomeo.

2 comentarios:

  1. ¿Pero Tomeo ha escrito algo realmente "bueno" en su vida? Porque lo poco que he leído de él no es malo, sino peor. Y luego están el montón de reseñas que circulan por internet en blogs como éste, en el que no escapa muy bien que digamos.

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    1. ¿Tan bien conoces su obra? Vaya forma de echar mierda. Así, sin argumentos..

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