jueves, 7 de agosto de 2014

“La isla de cemento” de J. G. Ballard

Brevemente.

Esto va de un tipo que conduce por una autopista y tiene un accidente: su coche se sale de la vía y va a parar a una suerte de plataforma de hormigón abandonada. Con esto no se hace una novela. Con esto otro, sí: el problema surge cuando no es capaz de salir de ese lugar, no ya en coche, sino a pie. 

Si en nuestra imaginación es difícil creer en la imposibilidad de huir de un lugar al que no se ha llegado volando, en la novela, por muy buen escritor que sea Ballard, la cosa no mejora y la incredulidad sigue ahí, jodiéndolo todo.

Tras este arranque tan poco sutil, tan de garrafón, la novela se muestra como una suerte de naufragio en la gran ciudad. El típico personaje que, falto completamente de recursos, va tirando como puede, va pasando los días, va sobreviviendo.

En cierto momento, precisamente cuando la novela parece que no pueda dar más de sí, surgen otros personajes, habitantes de aquel espacio abandonado, que hasta el momento se habían mantenido ocultos y expectantes y que sí pueden entrar y salir de la isla a placer gracias a que conocen “una ruta secreta”. Benditos rescatadores del tedio. Recuerden que estamos sobre una plataforma, en la confluencia de varias autopistas, limitada a un lado por un terraplén y al otro (u otros) por no recuerdo qué, pero algo físico, en cualquier caso, que se puede romper o saltar  a nada que se le ponga un poquito de interés.

Mi problema con esta novela, al margen de que la premisa no me parece que sea la más atractiva del mundo, es que no me lo creo. No me creo la llegada ni me creo la no-salida; no me creo a los otros personajes y no me creo las decisiones que toma el protagonista en según qué momentos que voy a callar para no estropearle a nadie la lectura. No, no me lo creo. Y debería. Debería porque Ballard así lo desea. Toda la novela es un intento fallido de construir un Robinson Crusoe de asfalto (evidentemente con recursos más limitados que aquel) que, víctima de las circunstancias, se adapte y evolucione en este caso de un modo tan torpe y repentino como previsible.

Y no hay mucho más que decir. Si acaso cotillear un poco.

Esta novela forma parte de la conocida trilogía del asfalto junto con Crash (llevada al cine por Cronenberg, recordarán) y Rascacielos, que comentaré en breve y que también contará con una adaptación cinematográfica que, dicen, llegará a las pantallas en 2015. Aquí la ficha de imdb por si les interesa el tema. 

Y ya puestos les comento que, curioseando, me he encontrado con una posible adaptación al cine de la novela que hoy nos ocupa. Estaría dirigida por Brad Anderson (el mismo de “El maquinista”) y protagonizada por Christian “Batman” Bale. (Ficha) Si creen que no podrán aguantar la espera sin dejarse las uñas, pueden matar el tiempo con una adaptación coreana bastante libre llamada Kimssi pyoryugi (Castaway on the moon) en la que un chico que se quiere suicidar parece que logra enamorarse desde una isla desierta, algo que, si lo piensan bien, resulta bastante más creíble que lo planteado por Ballard. Aquí, ficha y trailer


1 comentario:

  1. A mí tampoco me entusiasmó el libro, me pareció lento y soporífero.

    La peli de "Castaway on the Moon" es muy buena. Nada que ver con el libro en cuanto a calidad.

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