lunes, 25 de febrero de 2013

“El niño que robó el caballo de Atila” de Iván Repila

Dos hermanos, uno Grande y otro Pequeño, están en el fondo de un pozo. No sabemos cómo han llegado allí pero es de imaginar que voluntariamente no. Pasan los días: mismos niños, mismo pozo. Se alimentan cual simeones estilitas mientras buscan una salida y tratan de no volverse locos. Pero el Grande tiene un plan. 

Antes de “El niño que robó…” Repila escribió una novela de humor que bebía de fuentes lejanas. Pero de esto ya hablé en su momento (ver reseña). Repila vuelve (Repila returns) pero en esta ocasión lo hace cargado de lágrimas de dolor en lugar de risas, por aquello de probar otros registros antes de que le de tiempo de acomodarse en alguno. Me pido dirigir la versión teatral. 

* * * * * * * * 

Cómo preparar una mousse de llanto desconsolado: 

Coja dos niños verdes, uno más que otro. Es importante que ninguno esté maduro o no ligará la mezcla. Métalos en un pozo seco y riéguelo con unas gotas de lluvia. Cuézalos a fuego muy lento. Lentísimo. Cuando los niños se quejen écheles gusanos y raíces. Remueva con una cuchara de palo y añada una mochila con alimentos que no puedan ni oler. Cuando la cosa esté desquiciada añada agua abundantemente. No deje de remover. Insista hasta que se vuelvan locos o se mueran de hambre. Si se dejan.  

Decía que estábamos en lo de siempre. Sin restarle méritos a Repila la novela peca, en el mejor de sentido de la palabra, de ponérselo fácil a la piel de gallina del lector. Los niños son un arma infalible. Meta dos adultos en un pozo y se matarán a polvos pero dos niños… dos niños se matarán de amor, y después de odio y después otra vez de amor y será como ver a tu hijos en las pobrecitas criaturitas. La pena de dar pena. Es un poco el apocalipsis de Cristina Fallarás en “Últimos días en el puesto del este” donde una madre lucha por sus hijos en el entorno salvaje del fin de mundo o “La carretera” de McCarthy y la angustia de saber que no hay esperanza detrás de la esperanza.

Lo del pozo de estos dos no es exactamente lo mismo pero se sobreentiende el esfuerzo de llevar al extremo una situación

Lo mejor de esta novela es la demostración palpable de que hay mucho listo en el panorama. Mucha cara bonita en las portadas de los superventas y un puñado de miserables tratando de hacerse notar desde los restos calcinados de pequeñas editoriales. Volviendo a la novela, Repila no se limita a narrar la incertidumbre y los conflictos internos y externos de los hermanos sino que esos conflictos, llegado el final de la novela, y sin hacer trampa, cobran un sentido distinto al que venían teniendo hasta ese momento (algo que parecía tener que ver con la locura o el desinterés o la falta de afectos). Hay una razón para todo lo que ocurre y como odiante profesional de lo gratuito no puedo por más que agradecérselo. La suya no parece tanto una literatura de ideas sino de homenajes. Homenaje, en su primera novela, al comic americano más gamberro y homenaje, en esta segunda, a los cuentos infantiles alemanes, por ejemplo, pero más próximo a los orígenes salvajes de éstos que a las melosas adaptaciones oficiales actuales.

Personalmente soy muy amigo de este tipo de historias tan de hacer sufrir a los demás (niños incluidos) y de ambientes claustrofóbicos y confieso sentir una querencia natural hacia ellos a pesar de que con algunos, tal como ocurre en este caso, tengamos que tragar pequeñas ruedas de molino y renunciar al realismo descarnado en favor de esa imagen de cuento infantil para adultos de la que hablaba en el párrafo anterior. Pero, así como no puedo salvar una novela por un buen final, tampoco puedo condenarla por todo lo contrario. Lo que estoy insinuando es que no me ha gustado especialmente el cierre de la novela, y no me ha gustado no porque yo sea un tiquismiquis para los finales, que también, sino porque el lector ya había sido ganado para la causa sin necesidad de golpes de efecto finales. 


44 comentarios:

  1. Bravo, felicidades a Repila. Buena nota de Tongoy es muy buena nota.

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  2. No me interesa mucho la novela, pero sí esta afirmación tuya: "Lo mejor de esta novela es la demostración palpable de que hay mucho listo en el panorama. Mucha cara bonita en las portadas de los superventas y un puñado de miserables tratando de hacerse notar desde los restos calcinados de pequeñas editoriales." Supongo, aunque sólo sea porque publica en una editorial pequeña, que Repila es uno de esos miserables, parias d ela Tierra, famélica legión... Ahora bien, lo de "listos" ¿por qué lo dices? ¿Porque para publicar y no digamos para tner éxito hay que ser un "listo"? Bueno, esto es España, ¿no? el país de los listos desde el Lazarillo, por lo menos. O antes.

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    1. Ah, las afirmaciones. La incluí en la revisión. Me faltaba un nada malvado y tiré de un clásico que siempre está de moda.

      Lo de "listos" lo digo por todos aquellos que ahora viven de rentas. Ejemplos: Reverte. A mí nunca me gustó pero hubo un tiempo en que el esfuerzo daba para terminar un libro. Hoy ya no. Lo intenté con el tango de la guardia y yo que no soy de siestas me echaba unas de morirte.

      Lo que quería decir es que mientras unos cada vez se esfuerzan menos (toda vez que ya gozan de público fiel) otros buscan su lugar con novelas que tratan de hacer algo diferente. Los unos publican en alfagura y los otros no.

      Eso era. Nada especial.

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  3. Libros del silencio, cuyo catálogo es muy meritorio, se fundó con un capital inicial de 150.000 euros. Las editoriales pequeñas se fundan con mucho menos dinero.

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    1. De capitales iniciales no sé mucho, pero bien, sí, quizá dónde dije pequeña debí decir menor. No es una editorial de las grandes, vaya. Seguro que se me entendió. Se agradece la puntualización, en cualquier caso (lo digo completamente en serio).

      Un saludo,

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  4. Gracias a ti, Tong, me cae bien Repila, pero la temática no me pone. A ver si me sabes orientar:

    Quiero una cosa original, de menos de 500 páginas, lenguaje sencillo, humor, sexo cerdete, irreverencia y no demasiado afán de trascendencia. Más o menos eso.

    ¿Hay algo?

    Tu Quique.

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    1. No me lo pones fácil. A ver qué tal este comienzo de novela de 128 páginas:

      "Capo prostituye a sus hijos, es ilegal pero gana millones y en cualquier caso hay que alegrarse porque si retirara a sus chicos de la calle no habría más remedio que galopar hasta Salopins para encontrar otros de padres desconocidos, en materia de orgías uno acabaría la noche en pelotas en la acera y con nadie ante quien quejarse porque a la policía ni hablar, mientras que Capo es casi un amigo con el tiempo que no se le quiere precisamente, durante años era un pobre leñador y de repente te lo encuentras de padre que acumula a los chicos en su chalet, ahora bien no todos los chicos del mundo se prostituyen, a menudo no hacen más que lo que se les antoja y se pasan la vida robando caramelos en el colmado, es algo que no da nada pero es imposible prohibírselo, mientras que los hijos Capo van de cama en cama siguiendo las instrucciones de su padre, siempre dispuestos para la enculada. el sexo tiene eso de bueno porque seguro que si Capo les ordenara zurcirle los zapatos o prepararle el caldo se darían menos prisa en obedecerle.

      Al principio la idea de Capo era tener hijas y montar un burdel convencional, el nacimiento de Terre-Neuve fue la primera decepción, cuando vino Paul dijo Mala suerte y el año en que nació Yves pensó en cambiarle de sexo pero todavía era prematuro, Barbecoul no se distinguía por ser un pueblo de punta en materia de costumbres liberales, después llegaron Chrétien y Casse-cou, cinco chicos de cinco también tiene su chiste pero Capo se rajó y los dos siguientes se llamaron Adélai'de y Micha, hay clientes a quienes les puede gustar, chico o chica por su parte la Capo no establecía diferencias, bastante hacía con engordar nueve meses de cada nueve para que la casa funcionara pero no era infinitamente extensible y al octavo chiquillo ha estallado, el drama ha sido bien acogido, ni siquiera el huérfano echó de menos a su madre porque tres días después se le unió en la tumba, a Henriette nunca se la ha querido pero cuando se convirtió en la señora Capo hubo que respetarla cada vez más y cuando acabó por morir fue el apogeo, se reconciliaron."


      ¿Cómo lo ves?



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    2. No sé, no sé. Pero gracias por el interés. Eres un tío chachi

      Quique

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    3. Bueno, yo me la voy a ir leyendo para hacerte un resumen. Que no se diga que aquí no se cuida a los colaboradores.

      Tú sí que eres chachi, tontorrón.

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    4. Cabrón, ya me has hecho quedar mal delante de esta gente. Colaborador, no me hagas caso. Tanto follar me ha dejado lelo.

      Quique

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  5. Cuando comparas una novela con "La carretera", ya sé que no la voy a leer. A no ser que Repila sea un maestro del estilo como McCarthy, no le veo el interés a la cosa de sufrir más de lo necesario y suficiente. Y si encima da saltos mortales con el final, menos.

    Pero me has despertado la curiosidad con el mismo comentario que decía Jonan: "Lo mejor de esta novela es la demostración palpable de que hay mucho listo en el panorama. Mucha cara bonita en las portadas de los superventas y un puñado de miserables tratando de hacerse notar desde los restos calcinados de pequeñas editoriales."

    Un abrazo.

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    1. El final no es un salto mortal, exactamente. Simplemente se toman decisiones que no me parecen lógicas. Hay una coherencia durante todo el relato que al final se rompe (por una chorrada, ojo) en favor de... bueno, mejor me callo.

      Abz.

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    2. Dan ganas de leer solo para saber cuál es esa falta de coherencia que ves. También para tratar de saber quién es el miserable, lo cierto es que, con tu comentario, yo no pensé que fuera Repila sino otro.

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    3. Lo de los listos y miserables se contesta más arriba. Nada, una paja mental.

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    4. Yo lo había entendido como explicas. De las pocas cosas que había entendido, no te creas. Da gusto asomarse por este blog y por otros pocos como este. Aunque lo ponéis tan difícil que desmoraliza.

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  6. Mientras leía la entrada no podía dejar de acordarme de un capítulo de los Simpsons en el que Bart finge ser un niño que se ha caído a un pozo. Creo que es de los mejores momentos de la serie, se descojonan a fondo de estos típicos dramas facilones ante los que la comunidad y los medios se unen para mostrar su buen corazón y llevar a Timmy, en este caso, su amor hasta el fondo del pozo, en la canción participaba Sting, cómo no. Por eso (más x todo lo que cuentas) para mí la lectura de este libro está condenada.

    http://www.youtube.com/watch?v=p2rdrqZI34s

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    1. Condenas más rápido que yo. A mi lo que más me gustó de esta novela, después de la historia, fue su corte "teatral". Lee más abajo el comentario de Vincent, quizá cambies de opinión.

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  7. 1- Se dice La Mousse (soy un tocapelotas, I know it, pero ya de comentar, pues hale...).

    2- Entiendo que la novela no te haya vuelto loco y que la hayas analizado como has considerado. Ok. Pero esa frasecita de las "caras bonitas" y "el puñado de miserables", bufff..., creo que te has pasado un poco.

    A ver, quizás la cosa tenga más trasfondo, y a lo mejor lo que quieres decir es que esos "miserables" no superventas lo son porque hay una suerte de mafia literaria nacional que no les deja ser más. Pero sonar, lo que es sonar, suena FATAL, qué quieres que te diga... En este caso, especialmente, porque te cuento (aunque puede que te importe 100 patadas)que el "miserable listillo" de Iván Repila no tiene padrino alguno (ni de las altas ni de las bajas esferas literarias), sólo es un currante licenciado en Filología y amante de la literatura que se ha pasado la vida manteniéndose con diferentes curros pero casi siempre dedicándose a cosas relacionadas con los libros, entre ellas, eso que llaman "editor". Y un buen día le dio por desarrollar una idea que se le pasaba por la cabeza (con sus "influencias" ya no me meto), mandó su trabajo a varias editoriales, y resultó que a la gente de una, llamada Libros del Silencio, le gustó el libro, y, mira tú por dónde, a los pocos meses se lo publicaron.

    Y punto. No hay nada más. Él creyó en su idea y gente con posibilidades de publicársela también. Y está visto que un año después han vuelto a creer en él, y los que le leyeron el pasado año y los que le leerán éste, pues también.

    ¿Que a qué viene toda esta parrafada?

    Pues que hay que tener en cuenta que no todos los que desean y logran publicar un libro lo hacen para convertirse en cierto tipo de escritor que tanto se lleva en este mundo de locos desde finales del siglo XX: hablo de juntaletras que se creen poco menos que topmodels o estrellas del rock y que te salen lo mismo en la portada de una revista de libros que en la del Cosmopolitan, o posando medio en pelotas para causas humanitarias, diseñadores de medio pelo y chorradas varias.

    Algunos lo hacen porque, sencillamente, les hace ilusión que les lean sus historias. Y si ganan dinero, mejor que mejor. Pero no quieren publicar para convertirse en celebrities, exhibirse, ir a eventillos cutreros, hacer el payaso en debates culturetas, ligar en ferias de libros, drogarse en público con un pañuelito de seda en el pescuezo y citando a Bokowski, hacer de jurado en premios gordos (gordos por la pasta que dan), o diseñar zapatos de diseño. En fin, el mundillo literario patrio.

    Tengamos fe en el ser humano. Es chungo, lo sé, pero permitámonos el beneficio de la duda, ¿no?

    Por lo demás, si aún no has muerto después de este castañazo que te acabo de meter, felicidades por el blog. Éste y el de la Patrulla de Salvación me alegran muchos días.

    Iñaki Reilly


    Nota: el mismo Iván Repila cuenta cómo logró publicar su primer libro en el blog unlibroaldia.blogspot.com.

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  8. Creo que es la primera vez que discrepamos tanto, Tongoy.

    La novela de Repila es una pequeña obra maestra, impropia de un escritor de 34, si la comparamos con la media. El problema de muchas novelas apocalípticas, tipo la de la Cristina Fallarás, es que no existe una dirección ni un sentido, y cae en la mera crónica de un mundo en ruinas, algo que siempre funciona. El caso de El niño que robó el caballo de Atila es diferente: es un cuento, sí, pero como todo cuento clásico es una alegoría, y muy bien construida por cierto (la falta de alegoría o mensaje, si se prefiere, es lo que falla en la de Fallarás y lo que aproxima a Repila a Matheson y Vonnegut, que son los maestros del género).

    Repila entrega, para mí, un mensaje muy claro: el hambre y la miseria. Pero no es el hambre y la miseria como ideas universales (que también), sino el hambre y la miseria de la crisis en España. Esto último creo que es crucial. Es decir, nuestro medio, nuestro contexto, nuestras circunstancias, presentado en forma de hipérbole sí, pero cuyo transfondo es el que muchos, y más los que acabamos de cumplir treinta, vivimos y experimentamos cada día a día: sentimiento de haber sido arrojados a un pozo por una sociedad injusta.

    La trama se centra, creo yo, en la bolsa (la novela realmente es una vendetta). Ni los niños son niños ni el pozo es un pozo. Son otra cosa, por eso es una alegoría. Hay bastante Nietzsche en la novela, Zarathustra mejor dicho, pero en un universo expresionista, que recuerda al de Steinbeck u O'Neill (deshumanizar a los personajes hasta reducirlos a la condición animal). También hay mucho Ortega, pero esto es una opinión personal, que me llevaría tiempo exponer sin resultar un coñazo.

    Por no hablar de que está muy bien escrita. Fluida, concisa, sobria, nada sentimental. Hay un par de ideas estilísticas ingeniosas (el capítulo en que el Pequeño sufre un episodio afásico, muy logrado, o el del juego del veo-veo y cómo Repila lo resuelve, genial).

    Todo el sentido de la novela gira en torno a la madre. La pregunta, por lo tanto, es quién o mejor dicho qué es la madre. Ahí lo dejo.

    Mi opinión: una muy buena novela, hasta me atrevo a decir que una pequeña obra maestra para la edad de Repila en tanto en cuanto supera la calidad media de las obras publicadas en España por autores "jóvenes" (comparémosla con la frívola y seca Democracia de Gutiérrez, por ejemplo). Para mí, Repila no tiene nada que envidiar a McCarthy y menos a Bernhard en Amras (esta última escrita casi con su misma edad). Con eso lo digo todo. Por lo menos, a mí, me ha conquistado no tanto como lector (que también) sino como crítico (he aquí lo importante).

    Un abrazo, Carlos, y siento de veras que esta vez no estemos de acuerdo. De hecho, a mí el final me parece cojonudo. No podía acabar de otra manera. Me recordó al de Of mice and men de Steinbeck.

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    1. No he leído Amras pero a mi La Carretera me gusta demasiado para que salga perdiendo frente a Repila.

      Lo que no sé es por qué dices que la de Fallarás funciona mejor que ésta (ya supongo que te refieres a nivel comercial). A mí no me lo parece para nada. Al contrario. Los personajes de Repila no abusan del proteccionismo de los de Fallarás y en general resulta bastante menos cargante. Claro, si ésta la planteas como alegoría y haces que ello su auténtico valor, se come con patatas a la de Cristina que tiene un discurso mucho más evidente (además de dar validez a ese final) pero yo personalmente no creo que sea necesario llegar a tanto para hacerla mejor. Eso sí, reconozco que la lectura es más interesante tal como tú la planteas.

      Lo que no te puedo negar es que de lo que he leído de gente de treinta, este libro está entre lo mejor, sin duda.

      Ahora la pregunta: ¿por qué INTEMPERIE se llevó de calle el panorama y ésta no? Marketing, claro. Seix Barral vs Libros del silencio y toda una maquinaria crítica al servicio de la puta cabra.

      Otro abrazo, Vincent. Y mira, estar en desacuerdo de vez en cuando le da cierta vidilla al asunto. Tenemos que empezar a pactar más desencuentros. ;)





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    2. Perdón por meterme donde no me llaman, pero me parece que has leído mal: también Diable dice que ésta es mejor que la de Fallarás,creo yo.

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    3. Sí, eso entendí. Lo digo por su comentario: "El problema de muchas novelas apocalípticas, tipo la de la Cristina Fallarás, es que no existe una dirección ni un sentido, y cae en la mera crónica de un mundo en ruinas, algo que siempre funciona." Parece que quiera decir que la Repila ES mejor (de calidad) pero que la de Fallarás FUNCIONA mejor (en el mercado)(supongo que por presentar un apocalipsis más "global" que el "simple" pozo de Repila).

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    4. Completamente de acuerdo con el doctor Diable, Tongoy. Lo más importante respecto a esta novela es su condición de alegoría y su pertinencia en el contexto de la crisis socioeconómico que estamos viviendo (los epígrafes son de Margaret Tatcher y Bertolt Brecht, y eso marca la experiencia lectora de un servidor desde el minuto cero). Bebe mucho del teatro del absurdo (¿quizás demasiado? ¿es una versión en prosa de 'Esperando a Godot'?), movimiento que se originó en el terrible contexto de las grandes guerras del siglo XX y que no me extrañaría que volviera a pegar fuerte viendo como están las cosas (especialmente en este pozo llamado España). Un saludo.

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    5. Pues habrá que ir pensando en desempolvar a Brecht y a Beckett.

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    6. Me expresé mal. Quería decir que, en general, la ficción apocalíptica distópica funciona bien comercialmente, a pesar de ser un híbrido entre realismo y ciencia-ficción, género que en España no vende (un ejemplo claro es Dan Simmons, aquí un completo desconocido). Pero este tipo de híbrido sí funciona y sí vende, incluso en un país de gusto tan costumbrista como España. Caso de Orwell, Burgess o McCarthy pero también de Tarkowsky o Lars von Trier en sus dos últimas películas.

      En la novela de Fallarás falta una dirección, un mensaje, una propuesta, como en la mayoría de novelas del movimiento Nocilla (como explica Pron en un articulillo les encantan los espacios fronterizos y apocalípticos). El planteamiento es correcto pero no dialoga con la realidad: se queda en un ejercicio de retórica del apocalipsis, como ocurre con la anterior de Manuel Vilas (aunque sea más en clave paródica como Vonnegut, el mensaje es artificial), sin ofrecer una alegoría, como sí ocurre en La carretera, en Amras, en el citado Beckett de Godot y Fin de partida o incluso en Soy leyenda de Matheson, que se comportan como críticas, como dialéctica. Esto no ocurre en Fallarás pero sí en Repila, he aquí su merito: la alienación (ningún personaje tiene nombre), la deshumanización (la vida en jaulas y el hombre como animal doméstico) y el determinismo característico de nuestra sociedad (el abandono en el pozo).

      Pues sí, Tongoy, tendríamos que discutir más, pero por desgracia no hay tantos casos como Repila. Ojalá, te lo digo en serio, todos los escritores de mi quinta publicasen cosas como El niño que robó el caballo de Atila. Estoy leyendo Siberia de Ivars y volvemos a lo mismo: subjetividad, superficialidad y ausencia de conflictos humanos, todo lo contrario que en Repila. La crítica a Ivars es en el fondo una autocrítica: creer que lo que es importante para mí es también importante para los demás. Pero Ivars escribe bien para la edad que tiene. Habrá que ver cómo evoluciona.

      Lo de Carrasco es comprensible. La novela está escrita con mucho gusto y elegancia. Además lo del burro en España tiene unas connotaciones literarias que nadie pasa por alto. Es un poquito de Juan Ramón y otro poquito de Delibes: es una fórmula perfecta. Normal, después de tanto experimento con Nocilla. Pero estoy de acuerdo con Echevarría. Veremos. Y añado: ¿por qué cojones en España somos tan rancios?

      Si algo le achaco a la novela de Carrasco, leí un trocito este fin de semana en una librería, es que no arriesga. Yo soy de los que cree que en el siglo XXI no se puede seguir escribiendo así porque hemos dejado de hablar así. Hay un pasaje de Hamlet donde habla de esto mismo. Escribimos con retórica cuando el mundo habla retóricamente. Y escribimos mierda cuando el mundo habla mierda. Esto último es lo que saco en claro yo al leer a Shakespeare. Pretender lo contrario es un artificio y volver a la tontería del decoro neoclásico. Prefiero a un Repila o a un Olmos malhablados que a un Carrasco o el propio Olmos de El estatus de exquisitos modales. Pero esto último es una opinión personal muy discutible.

      Un fuerte abrazo.

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  9. A lo mejor el ejemplo no se ajusta al caso, pero ahí va:

    Los hay que saben tanto de fútbol que disfrutan un buen 0-0. Y vosotros sabéis mucho de esto. A veces demasiado para los que leemos, pero tampoco tanto.

    No obstante, sois entrañables. Os quiero.

    Quique

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  10. Esta novela no me apetece nada con todo y que Una comedia canalla no estaba mal. Por cierto, terminé Ciudad abierta y, al final, con todo y ese final improcedente, me ha parecido demasiado sosita. ¿Habrá reseña de Márquez?

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    1. Sosita es un rato largo. A mí me gustó la serenidad que transmite durante su lectura; una serenidad que no llega a convertirse en aburrimiento.

      De Márquez debería haber reseña, pero últimamente leo mucho y dedico poco tiempo a escribir. A ver si me pongo esta noche y la saco (la reseña) la semana que viene.

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  11. He estado Hojeando el nuevo libro de Repila y, la verdad, me parece que algunas de las reseñas positivas que ha conseguido responden más al lamento por la pérdida de Canedo que a la calidad del libro. Espero equivocarme.

    Coincido con lo de la serenidad de Cole. Muy bien encontrado el adjetivo para describir el libro.

    ¿Qué tal El anarquista que se llamaba como él?

    Mis respetos.

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    1. No, hombre, no creo que lo de Canedo tenga nada que ver. La vida sigue. A mi no me parece que sea una "pequeña obra maestra" pero tampoco la leí con la "intensidad" de Vincent o Mike.

      El Anarquista la "pausé" (en la página 60). NO porque estuviese mal sino porque no era su momento. Venía yo de leer la estupenda (ya lo adelanto) LIMÓNOV y me pedía el cuerpo otra cosa. La verdad es que me pedía el de Nadiezhda Mandelstam pero teniendo tantos esperando desde antes no me atreví a hacerles el feo. Respecto al anarquista... parece que peca de ser demasiado lección de historia, pero de la árida, con mucho nombre y mucha profusión de datos, algo que por ejemplo Carrere evita muy bien. Ya veremos.

      Ahora estoy con Muss. Inesperadamente. Me puse a leer el prólogo y me enganché. Es que cuando alguien relaciona el fascismo con la iglesia católica me pongo cachondo. Creo que después de esto leeré un par de clásicos populares para compensar el exceso de modernidad del último mes o algún tocho de lo que sea, para darme tiempo a escribir todas las reseñas que tengo pendientes (algo así como siete, ocho con Malaparte). (Me leía el de Vann de buena gana pero me da que tardaré en conseguirlo y por otro lado, después de la reseña de hoy de Malherido me pica la curiosidad ese de "Saliendo de la estación de Atocha" que precisamente tengo sobre la mesa desde hace una semana, justo debajo del último de Pron).

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  12. He terminado de leer la novela y me ha gustado. El tono alegórico es claro y la rabia e impotencia que transmite más de un español la sentimos hace años en el pecho. Lo mejor es que, tal vez, sea ésta clase de literatura como una pequeña luz al fondo del túnel posmoderno.

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  13. Tongoy,
    Es curioso pero aquello que más me gustó de la novela de Iván Repila fue precisamente el final. La novela me gustó, y si bien la leí como una alegoría tampoco creo que esté a la altura de Becket o de los otros autores a los que han evocado por aquí.
    Pero le escribo porque querría hacerle algunas preguntas / comentarios:
    -Quizás yo haya leído mal pero aquello que alaba en la novela de Repila es lo que no le gustó de la novela La jaula, de Javier Serrano. Si bien a mí La jaula no me pareció demasiado buena, no veo por qué a una la acusa de ser demasiado sugerente y no cerrar nada y a esta otra, al revés, la critica por cerrar un sentido hacia el final del libro. Como a las dos se las puede leer como alegoría y a las dos se las puede leer como novelas que retoman temas ya clásicos de la literatura universal, bueno, se me ocurrió la pregunta
    -Me llama la atención que en la crítica española últimamente se citen a ciertos autores o ciertos libros como formas de validar una novela vernácula: ¿por qué una novela debería ser buena si se instaura en la línea de McCarthy? Cuando leo ese tipo de elogios me pregunto, ¿para qué voy a leer esa novela si tengo la posibilidad de leer directamente a McCarthy? (y, a todo esto, en mi humilde opinión, las buenas novelas de McCarthy son las más viejitas, las últimas me parecen flojas). Lo mismo sucede con la novela de Carrasco, con el tipo de elogios (Delibes o, de nuevo, McCarthy). Creo que sería interesante ver la forma de las críticas (el tipo de validación, sus justificaciones, etc) más que su contenido (la novela es buena o mala). Digo todo esto por lo siguiente: ¿no le está faltando a la literatura de este país lo mismo que a la crítica? Es decir, capacidad de hacer algo nuevo sin necesidad de rehacer lo ya hecho.
    -Esta ya es más personal: ¿cómo le puede gustar Carrere? En fin, a mí me sigue resultando un efectista que escribe como un niño de trece años. Demasiado efectista para mi gusto.
    (¿Es cierto que cerraron la biblioteca de Montealto en Coruña? Una pena…. tengo grandes recuerdos de ese lugar, de ese barrio)
    Abrazo

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    1. Jooooder, con la pregunta. A ver si no me tiro dos horas escribiendo.

      1. A mí la Jaula no me gustó por muchas razones entre ellas su pretenciosidad. Siempre tuve la “sensación” de que la premisa de la novela se comía la propia novela. Que la idea (que era lo que a mí me invitó a leerla) era buena hasta, por ejemplo, que aparecen los niños y se va todo a tomar por culo porque una cosa es la alegoría y otra muy diferente enredar una historia a ver si con tanto nudo la hacemos pasar por buena. Es lo que yo creo y lo que deduje por la contraportada del propio libro, dónde la editorial nos trasladaba sus propias dudas.
      Alegorías a parte, la novela de Repila engancha, entretiene y satisface. Y no se alarga más que lo imprescindible. La de Moreno da vueltas y más vueltas y yo soy de marearme con facilidad.

      2. A la crítica de este país le falta hacer crítica, nada más. Lo de comparar unas novelas con otras no me parece del todo mal porque ayuda a “entender” por dónde van los tiros, pero sí, se abusa. Siempre se abusa. A mí me gusta leer varias novelas que giren sobre el mismo asunto del mismo modo que no tengo problema en ver cuatro temporadas seguidas de la misma serie o las cinco películas de Die Hard. Uno sabe más o menos a lo que va y si están bien escritas pues cojonudo. Yo soy mucho un lector de piel. Quiero decir que si una novela me “provoca” algo, ya me tiene. La de McCarthy me ganó desde siempre, seguramente también por motivos personales. Es una debilidad. Poco he leído de McCarthy, de todos modos, pero Meridiano de Sangre (que creo que tengo sin terminar) me pareció en su momento cojonuda (aunque algo excesiva por momentos). ¡Qué gran matanza de soldados a mano de los indios tiene! Es uno de mis pasajes favoritos de la literatura en general. Me pone cantidad.

      3. A mí no me gusta Carrere. Bueno, un poco sí. El que gusta es Limónov. LA anterior novela de Carrere me parece un mierda y quitando eso sólo leí la que reseñé hace poco (no recuerdo el título). Sobre Limonov: aclaro: el tipo es un capullo, pero el relato de su vida es fantástico y todo el repaso que Carrere hace la historia reciente rusa es estupendo. Disfruté mucho leyéndolo pero el puto Carrere es un peñazo porque no hace más que meterse en la novela y de utilizarse a modo de comparación. Eso es lo que menos soporto.

      (Sí, cerraron la biblioteca. O mejor: dejaron sin subvención a la asociación de vecinos que la gestionaba. Está muy bien. 11000 euros de mierda, creo. Luego se gastan chorrocientos millones en iluminar la puta plaza de María Pita en Navidad, que me dijeron que aquello parecía la aurora boreal. Supongo que es una cuestión de prioridades). (¿Es usted de la zona? Encantado. Yo vivía cerca; tirando hacia la Torre (de Hércules, se entiende)).

      Abrazo,

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  14. Tongoy,
    Muchas gracias por su respuesta. Espero que no se haya perdido demasiado tiempo en ella. En todo caso, ha sido muy claro.
    (No, no soy originario de por allí pero pasé mucho tiempo ya que mi familia sí es de esa zona. Cada vez que puedo, vuelvo. De hecho, lo haré este verano, pero seguramente iré a otra zona de Galicia)

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  15. Has leído "el gran cuaderno" de Agota Kristof? Me recordó mucho el libro de Iván Repila al de la autora húngara.
    Coincido en todas tus apreciaciones, especialmente en esta:
    "...el lector ya había sido ganado para la causa sin necesidad de golpes de efecto finales."

    Un saludo

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    1. "El gran cuaderno" me parece una obra maestra. Hablé de ella hace tiempo. Aquí: http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/2011/07/el-gran-cuaderno-de-agota-kristof.html

      Ahora bien, tanto como recordarme a la novela de Repila... pues ni se me pasó por la cabeza, la verdad. Por aquello de que salen dos niños, pero son bastante diferentes, la verdad.

      Un saludo,

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  16. Quien no haya leído la novela de Repila que deje de leer ahora mismo (contaré cosas que se desvelan hacia el final): En los dos libros los niños son abandonados por su madre; ambos niños se imponen ciertas -digamos- disciplinas; ambos libros hacen un dibujo de la niñez (aunque uno de los hermanos de Repila es mayorcito) poco complaciente, cruel; ambos libros tienen finales sorprendentes; ambos están escritos con economía léxica. Creo que la gran diferencia entre uno y otro es que Repila al final salva la inocencia del niño y Agota Kristof la sepulta. Para Repila hay cierta esperanza y para Kristof no. Creo, además, que ambas prosas aspiran a una poética de lo breve, lo conciso, el golpe certero e inapelable, sin rodeos.
    Pienso también que muchas veces hacemos asociaciones de lecturas que sólo el propio lector comprende.
    Gracias por pegarme el enlace de la reseña de "El gran cuaderno" no la había leído.
    Un saludo

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  17. Por mi parte, sigo sin ver las coincidencias entre la novela de Repila y la de Kristof. Que los protagonistas hayan sido, al parecer, abandonados por la madre, me suena a poco. Sobre todo, la diferencia entre las obras se hace mayor al tener en cuenta que "El gran cuaderno" forma parte de una trilogía. Por lo tanto, creo, la "poética de lo breve" no es tan breve en el caso de Kristof. Por otra parte, creo, sería más preciso hablar de "finales" más que de "final" en la novela de Kristof. El final de la novela de Repia -que a mí me gustó- no creo que tenga demasiado que ver con los finales de cada uno de las novelas de la trilogía, el final de la novela de Repila cierra sentido y produce un golpe de efecto. Al contrario, con el final del tercer volumen, Kristof alcanza un punto de alienación y de lo indecidible más que replantea toda la trilogía y permite varias lecturas (abre interpretaciones m►0s que cerrarlas, como en el caso de Repila). Por último, la novela de Kristof es una obra maestra de la literatura del siglo XX -cosa que la de Repila, si bien es muy buena, está lejos de ese punto-.
    Saludos

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  18. Ya sé que estoy fuera de tiempo pero te cuento que he terminado leyendo a Repila y, por eso de haberlo comparado con La carretera, no comparto la crítica de Diable y tampoco la tuya. Con la de McCarthy tuve pesadillas y hace mucho que no sueño. En esta, la alegoría de la que habláis está tan presente que la fábula no me llega. No me la creo. Sigo en mis trece: el que una novela sea una obra de arte depende mucho del lector. De su experiencia.
    Saludos.

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    1. Tanto como fuera de tiempo... tampoco es que sea un post del año pasado.

      ¡¿No compartes mi crítica?! Intolerable.

      Yo también me quedo con McCarthy. Pesadillas no tuve, pero casi. Ya lo conté alguna vez: le empecé a leer cuando nació mi hija. No pude terminarlo. Lo retomé un par de meses después, cuando ya me habían endurecido el cambio de pañales, los llantos inconsolables y los biberones a las tres de la mañana.

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    2. A todo esto, el hecho de que a mí me provoque "pesadillas" o malestar no creo que sea razón suficiente para hacer buena una novela. Simplemente conecta con mis miedos, pero eso también lo consiguen otras que ni remotamente pueden considerarse obras maestras.

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  19. Es que me expreso de pena. Lo siento. Por supuesto que el que una novela me provoque pesadillas no es ni suficiente ni necesario para que yo la considere buena pero ninguna de esas dos novelas son de las que leería porque no es el tipo de literatura que me gusta y, sin embargo, La carretera me parece una obra maestra precisamente porque, más allá de que sea una alegoría brutal con varios niveles de lectura y demás, el señor McCarthy usa el estilo con una maestría que, a pesar de que lo que estaba contando me produjo las pesadillas y quería cerrar el libro, tuve que seguir leyendo. Aparte de otras cuestiones técnicas que ya muchos explicaron maravillosamente cuando tocó.

    Eso no me ha pasado con Repila. Su historia no es de las que me atraen como tampoco lo es la de McCarthy pero, sobre todo al compararle con él, ni la historia ni su estilo me han hecho seguir leyendo y si lo he hecho ha sido solo para interpretar sus símbolos.
    Y no le quito mérito, ojo, incluso recomendaría su novela a según quién. Admiro la capacidad de los escritores como él que tienen un conocimiento tan profundo de la teoría literaria y de sus recursos que son capaces de crear esas fuertes imágenes para contarte lo que no te cuentan. Hay que ser muy inteligente y dominar la teoría literaria para lograrlo.

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