miércoles, 10 de febrero de 2016

Una reflexión en torno a ‘El origen’ de Thomas Bernhard

Leer un clásico o, como en este caso, aquello que puede llegar a ser un clásico (que lo será, que nadie lo dude, si no lo es ya) siempre es un problema a la hora de simplemente comentarlo, no digamos ya reseñarlo. Por un lado la certeza de que ya se ha dicho todo lo que se tenía que decir; de que se ha dicho más, incluso; que se ha dicho lo que se debía y lo que no se debía, se ha analizado hasta lo enfermizo. Una llega a estos libros ya un poco harto y medio de vuelta de todo. Sabes que te va a gustar. Lo sabes, claro que lo sabes, todos lo sabemos y por eso precisamente tardamos tanto el leerlo: porque nunca es el momento perfecto; porque nunca estamos preparados para leer un libro que sabemos de antemano perfecto, pues pesa como una losa el temor a no entenderlo, de tan bueno, o de no saber apreciarlo, de tan hartos que estamos de leer tanto el Ulises total para nada. Aceptémoslo: nunca será el momento perfecto. Tampoco es que importe, realmente, porque, entrando ya en materia -esto es, en El origen− lo cierto es que no eliges o no has elegido este libro para descubrir al autor o para conocer su infancia o para comprobar si realmente es tan bueno como dicen o como tú mismo recordabas de bibliografía anterior. Eliges este libro para ser feliz el tiempo que dure. Y de hecho ya llevamos el lápiz y los marcadores en el estuche de las opiniones preconcebidas por algo. Me juego un huevo y parte del otro a que dentro de la escala del uno al diez podríamos incluso acertar hasta la centésima cuánto nos va a gustar. Esto, con perdón de El malogrado que rompe esta regla de oro; de todos aquellos libros de Bernhard que todavía no he leído, siempre y cuando hayamos leído algo suyo, porque de todo hay en la viña del señor y yo les puedo hablar de gente, la he visto con mis propios ojos, que ha llegado a cierta avanzada edad sin leer una triste coma del puto Thomas Bernhard, que ya es triste también.

Y esto es así porque es así, no porque yo lo diga yo, de modo que no se me echen encima.

Mi experiencia personal es también algo tardía, de ahí el nivel experto, y sin tirar de listado estoy bastante seguro de no haber leído ni la mitad sus libros. Tal afirmación, una vez vomitada la parrafada anterior, me convierte en el gilipollas número uno de semana, pero esa es una etiqueta que luzco con una sonrisa que no nace tanto del orgullo como de la imagen que tengo de mí mismo en un sillón de orejas disfrutando de todo aquello que todavía me queda por descubrir. Saber que tienes todavía por leer los mejores libros de Thomas Bernhard es una paja que está dos niveles por encima del orgasmo habitual y de hecho yo acompaño siempre sus lecturas con un paquete de clínex a estrenar, porque nunca se sabe.

El origen es exactamente eso. La primera vez lo leí lo hice con escaso o nulo interés, creo que fue animado por una conversación con un viejo conocido. La segunda vez nació de una necesidad. No la necesidad de leer a Bernhard que es por sí misma una necesidad deliciosa, sino por la de hacer hueco en la estantería, ocupar el espacio con alguna otra cosa; por la necesidad, en definitiva, que quitarme de una vez esta espina odiosa del campo de visión.

El caso es que El origen representa, en mi humilde opinión y quedándome todavía tanto por leer del amigo B., uno de mayores acontecimientos literarios de, no sé, mi vida, por ejemplo. 

* * * * *

Vaya por delante que estas memorias no pretenden (que palabra tan fea, pretender) ser realmente una interpretación de lo que fue sino una recreación de aquello por lo pasé; esto es, no se trata del habitual ataque de nostalgia de hogares encendidos y fiestas de pueblo tan propio de jubilados y gentes de poco contar; no se trata de la enternecedora y soporífera exaltación de la infancia sino todo lo contrario: de una búsqueda implacable y enfermiza de la razones que han hecho de nosotros lo que ahora somos, una demostración de lo demoledora que puede llegar a ser ese fugaz instante de nuestras vidas:

«En este lugar tengo que decir otra vez que anoto o incluso sólo esbozo o indico sólo cómo sentía entonces, no como pienso hoy, porque el sentimiento de entonces fue distinto de mi pensamiento de hoy, y la dificultad es, en estas notas e indicaciones, convertir el sentimiento de entonces y el pensamiento de ahora en notas e indicaciones que correspondan a los hechos de entonces, a mi experiencia como alumno, aunque, probablemente, no les hagan justicia, en cualquier caso quiero intentarlo».

Como decía, esta obra es la infancia de Bernhard, infancia en tiempos de guerra, dicho sea de paso, con todos los horrores que eso supone; infancia en la que se desarrollaba, así de feliz, el niño Bernhard:

«La época de aprender y estudiar es, principalmente, una época de pensar en el suicidio, y quien lo niega, lo ha olvidado todo. Con cuánta frecuencia, y de hecho cientos de veces, anduve por la ciudad pensando sólo en el suicidio, sólo en la extinción de mi existencia y en dónde y cómo (solo o acompañado) cometeré ese suicidio, pero esos pensamientos e intentos suscitados por todo lo que hay en esa ciudad me volvieron a llevar, una y otra vez, al internado, al calabozo del internado».

Era, Bernhard, para más inri, un amado hijo de padres responsables

«[…] nuestros progenitores, como padres, cometieron el crimen de la procreación en tanto que crimen de causar premeditadamente la desgracia de nuestra naturaleza y, en común con todos los demás, el crimen de causar la desgracia del mundo entero, cada vez más desgraciado, exactamente igual que sus mayores, y así sucesivamente».

…que recibió una educación típicamente salzburguesa (de esa forma salzburguesa de ser que tienen tantas educaciones hoy en día):

«Los profesores eran sólo los ejecutores de una sociedad corrompida y, en el fondo, siempre sólo enemiga del espíritu y, por ello, eran igualmente corrompidos y enemigos del espíritu, y sus alumnos eran estimulados por ellos a convertirse en seres tan corrompidos y enemigos del espíritu como los adultos».

Si a esto le sumamos el idílico entorno en el que fue criado…

«Esa ciudad fue siempre para mí sólo una ciudad que me atormentó, y que, sencillamente, no permitió al niño y al adolescente que entonces fui la alegría y la felicidad y la seguridad, jamás fue lo que siempre se afirma de ella, por razones comerciales o simplemente por falta de responsabilidad, un lugar en el que un joven se encuentra bien y se desarrolla bien, incluso tiene que ser alegre y feliz, los instantes de alegría y felicidad que he vivido en esa ciudad pueden contarse con los dedos, y los he pagado muy caros».

…ya nos podemos hacer una idea aproximada de hacia dónde irán los tiros. Exacto: a la nuca. 

No todo está perdido. Tal vez para Salzburgo no quepa la esperanza, pero sí para el conjunto de la sociedad si se atiende a una serie de normas básica muy sencillas tipo esta:

«La sociedad tiene que cambiar su sistema de enseñanza si quiere cambiarse, porque si no cambia y se limita y, en gran parte, se suprime, pronto llegará a su ineludible final. Pero el sistema de enseñanza debe cambiarse básicamente, no basta con cambiar algo una y otra vez, aquí y allá, todo debe cambiarse en nuestro sistema de enseñanza si no queremos que la Tierra esté poblada nada más que por seres antinaturales y destruidos y aniquilados por su antinaturaleza».

Francamente, no se me ocurre modo alguno de disculpar (me, también) la no lectura (en condiciones) de esta obra, de verdad que no. No acabo de entender, de hecho, qué hago yo aquí escribiendo ni que hacen ustedes ahí prestándome atención cuando podríamos ambos estar haciendo cosas mucho más interesantes tipo leer compulsivamente a este señor. 



«Porque realmente todo lo que hay en mí se refiere y se remonta a esa ciudad y a ese paisaje, ya puedo hacer y pensar lo que quiera, y cada vez tengo conciencia más viva de ese hecho, un día tendré una conciencia tan viva de él que, por ese hecho como conciencia, pereceré. Porque todo lo que hay en mí está a la merced de esa ciudad que es mi origen».



39 comentarios:

  1. Leer o no leer a Bernhard, lo primero es una elección, lo segundo una maldición. Hace 1 mes acabé con mi último Bernhard ("Extinción"), el último que hay editado en castellano, más de 15 novelas junto con libros de relatos y microrrelatos. Se acabó, game over. 8 años del primero al último. Otros me han acompañado (Gaddis, Lobo Antunes, Wolfe, Faulkner, Grass, Conrad, ....) pero Bernhard siempre ha significado un aparte en mis lecturas, un apeadero de esperanza anémica, una luz en la oscuridad densa de las tribulaciones diarias. Mis preferidos? Absurda elección (o no), "Corrección" - "Relatos autobiográficos", donde queda incluida "El Origen" - "La Calera" y "Extinción" probablemente....pero ahora toda su obra se me viene como un todo monolítico, con su estructura sólida sin grietas (lo único no sólido y agrietado es mi cerebro en algunos puntos narrativos), sin principio ni final, desde la primera línea de "Helada" (1963) a la última de "Extinción" (1986).
    Ahora sólo queda releer. Releer a Bernhard, menudo premio; precisamente tenía planeado comenzar, cómo no, con este "Origen".
    PD: para cuándo "Su pasatiempo favorito" de Gaddis??? Sexto piso se retrasa!

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    1. Yo no tenía pensando hacerlo pero desde esta tarde me planteo seriamente hacer exactamente lo mismo, también con sus obras de teatro, que no menciona usted, y releyendo lo que corresponda.

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  2. Ya, ya, que te gusta mucho Bernhard. Esto es, resumiendo, lo que has dicho. ¿Y?, ¿ahí queda todo?, ¿de qué van sus temas?, ¿cómo los trata?, ¿obsesiones? ¿odios, querencias? ¿profundo, superficial? ... ¿Demente?, ¿racional?, ¿demente de tan racional?
    Ay ay ay... ¡Qué me voy, qué me voy a la wikipedia!

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    1. ¿Quiere que le cuente todo eso sólo con la excusa de una de sus obras más breves? ¿Y qué dejo para después? Relájese. Tenemos toda la vida por delante para hablar de obsesiones y demencias.

      Por lo demás, si prefiere usted la wikipedia, no sé qué hace aquí, honestamente.

      De todos modos, gracias por su tiempo.

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  3. El mundo funciona a base de hostias, Tongoy, como sabes. Y funciona así porque no nos merecemos otra cosa. Podría añadir que tu reseña, comentario o artículo es ingenioso, como muchos de los tuyos; que se nota que te lo has currado y que trasmite ganas de abordar al tal sr. Bernhard. Este, concretamente, está bien escrito. Pero es también plano, como tantos otros de tu cosecha, porque no contemplas la obra en sus diversos aspectos. En un diamante se puede uno abismar gracias a sus múltiples facetas que lo adensan, los cristales permiten que entre la luz que se mece dentro. Pero tú no te complicas la vida y te limitas algún aspecto concreto olvidándote de lo positivo de las obras que no te gustan y muchos libros, por no decir todos, los tienen. En los que te gustan, como éste, ocurre al contrario y solo ves lo bueno. Creo, y no es reprochable porque se trata de una mera limitación, y ¡qué coño!, de tú trabajo y antojo personal, que lo sacrificas todo en aras de resultar ingenioso y el ingenio puede ser luminoso, ameno, incisivo, pero casi nunca es profundo.

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    1. ES agotador ser siempre tema de conversación. A ver, este blog ha sido siempre así, que yo recuerde. Tal vez con alguna excepción, pero puede que ni eso. ¿De qué nos quejamos, entonces? Quiero decir... si con esta entrada la gente se anima a leer a Bernhard, ¿no será eso cien veces mejor que dar la matraca al personal con profundidades varias? Yo no tengo ni tiempo ni ganas para tanto. Si me dedicara o quisiera dedicarme a esto aún bueno, pero es que no es el caso. El objetivo es pasar un buen rato ya sea recomendando ya espantando lecturas. Todo lo que no sea eso tiene su propio espacio fuera de aquí.

      Con todo, se agradece, sinceramente, el aporte, el tiempo, la atención... LO dicho, un placer.

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    2. Tienes la piel mu fina para tocar tanto los cojones.

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    3. Finísima. A la mínima me pongo de uñas. No hay más que visitar un par de entradas del blog para darse cuenta.

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  4. Si yo no hubiese leído nada de Bernhard me animaría a hacerlo después de leer la reseña, pero es que me leí El aliento y mira... nunca más. Qué coñazo!

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  5. Yo reconozco que leí el del sobrino de Wittgenstein hace pocos días y me quedé bastante decepcionado, excepto por alguna pincelada. En fin, supongo que es como todo, cada lectura depende en parte de en qué momento personal lo tomas...volveré a intentarlo, quizá empecé por dónde no se debe, pero la sensación fue de tiempo no especialmente invertido, vamos que ni fú ni fá

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    1. Sí o El sobrino... son las que se suelen recomendar para empezar con Bernard. Yo me inclino por Tala o Maestros antiguos. Ahora añadiría el Origen. También es verdad que el momento siempre importa. Mi primera vez con Trastorno fue decepcionante y mi recuerdo de El malogrado no puede ser "peor", pese a las alabanzas que recibe.

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    2. Con Bernhard hay que empezar por "Corrección". Sin medias tintas ni hostias. O todo o nada. Lo difícil es entrar, pero una vez que lo haces ya no hay vuelta atrás.

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    3. Estoy entre seguir con esa o meterle mano a Hormigón. Y ahí estamos, dudando.

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  6. Te voy a ser sincero Tongoy. He dejado de leer tu entrada justo antes de llegar a los asteriscos. Tengo "Relatos autobiográficos" (Anagrama) en la pole position de la parrilla de salida y en cuanto termine con la biografía de Cortázar que ha publicado Miguel Dalmau, voy a por "Origen".
    No quiero que nada me influya. No quiero leer ni media cita. Ya te contaré. O ya volveré a esta entrada, aunque ya esté pasada, a comentarte
    Por favor, ¡sigue con los clásicos !

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    1. Haces bien pero no te escapes todavía: Qué tal esa biografía?

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    2. La Biografía de Miguel Dalmau sobre Cortázar está interesante, muy interesante. Ocurre, sin embargo, que está plagada de "podria's", de juicios de valor pseudofroidianos, meras especulaciones del autor. Tampoco referencia las fuentes. De hecho no exitste un apartado al respecto. Quizá es que me he acostumbrado a leer biografías elaboradas con un sentido del rigor academicista, como la extraordinaria que acabo de terminar de Valle-Inclán escrita por Manuel Alberca (imprescindible), o la ya clásica de Carmen Laforet, obra de Anna Caballé e Israel Rolón. Las dos son ejemplo de rigor, estilo y amenidad.

      Miguel Dalmau lo apuesta todo al estilo, a su estilo, a su punto de vista, a su nariz de perro pachón. Y la verdad es que consigue que no puedas parar de leer, porque desvela no pocas sorpresas del escritor, por el que siente verdadera admiración; sin embargo, como todo buen biógrafo, su objetivo es el de desentrañar mitos y leyendas en relación al personaje, y averiguar el origen y el sentido último de su obra. Y para ello sacrifica lo que haya que sacrificar, subjetividades afectivas incluídas.
      Bueno, que me enrollo; es recomendable, muy recomendable.

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    3. Ya veo.


      Pregunto: ¿puede tener algo que ver ese estilo con los problemas de Dalmau para publicar la obra? No sé si estás al corriente: por si las moscas: en La mala puta (Sloper), Dalmau cuenta que después de tirarse seis años trabajando en la biografía de Cortázar, la Agencia de Carmen Balcells le prohibió, a Dalmau, exclusivamente, incluir citas del escritor, lo que obligó al autor a tirar el meter en un cajón y, creo, reescribirlo por completo, de ahí que no saliese cuando fue el año Cortázar.

      Lo digo porque poco "rigor academicista" puede haber en una obra que no permite incluir citas del biografiado, máxime cuando es escritor.

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    4. ¡Vaya con la AGENCIA!
      Sí que es extraño que las cartas que aparecen citadas, por ejemplo, la que recibe de su padre, que es como una aparición espectral, un documento clave en su vida, no se transcriban al completo; o la correspondencia que mantiene con Edith Aaron, La Maga, y tantos otros momentos importantes...
      Ahora me explico esa ausencia de referencias, o de notas al pie.
      Muchas gracias por la aclaración, Tongoy.

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  7. Para mi Bernhard, Beckett y Shakespeare son la Santísima Trinidad de la literatura. Y como mal creyente y apostata digo Amén.

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  8. Recomendarías empezar por Bernhard directamente por las obras "autobiográficas"? Es decir, la pentalogía o empezar el nuevo intento por Corrección?
    Gracias por los consejos!

    PD: Por ahora tengo pendiente las conversaciones de "Marginales" que espero que tengan chicha

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    1. Me temo que no he leído Corrección pero la pentalogía parece una opción cojonuda.

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    2. Muchas gracias Tongoy. Además la otra ya entre un Wittgenstein por ahí en medio me acababa de echar para atrás. Y tal y como has pintado origen pinta diferente a lo habitaul.Veremos! ABrazos!

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  9. Dejé "Helada" cerca de la página 40. De lo PEOR que he leído en mi vida. ¡Lo siento!

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  10. Entonces ahora "ya sólo queremos bernhards" o qué?

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  11. Tongoy es un balneario costero chileno de la Región de Coquimbo, perteneciente a la comuna de Coquimbo y ubicado a 42 km al sur de la ciudad de La Serena, cerca del balneario de Guanaqueros. Se encuentra ubicado en un promontorio de roca frente al Océano Pacífico, entre las playas Socos (2 km) y Grande (14 km), al norte de la Cordillera de Talinay.

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  12. Pues no sólo queremos Benhard pero a lo mejor tampoco pasaba nada... jeje. Escalofríos de gozo y horror me dan sus letras y dudo que un autor pueda cambiar la vida de nadie -a mí al menos no me ha pasado hasta el momento y ya llevo libros y momentos a la espalda- pero sí puede cambiar la relación que hemos tenido con la literatura y uno de esos autores ha sido él, el ínclito Bernhard.

    Y metiéndome en conversación ajena, perdón, hace poco que terminé la biografía de Gil de Biedma de Dalmau. Disfruté con ella pero es cierto que Dalmau puede ser pesadito con su costumbre de actuar como ventrilocuo del poeta sin que nadie se lo haya pedido. O irritante, muy irritante, cuando se pone a ejercer de Merlín con sus augurios astrales: tal o cual astro en Marte o Venus influyendo en las decisiones de Biedma… Vamos que se puede ser de letras sin necesidad de hacer alarde de tu ignorancia y confundir las ideas con patochadas, que digo yo. Una costumbre extendida y que me cabrea, qué le vamos a hacer.

    Aún así repetiré con la de Cortázar porque si obviamos esas tontunas en Dalmau la verdad es que puedes pasártelo muy bien con sus biografías. Y me apunto la de Valle –nuestro Benhard patrio y salvando las distancias, no me linchéis!! que os conozco...
    Gracias, Pobrecito Hablador.

    Marga

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    1. Ya verás que sorpresa te vas a llevar con Valle. Gran artista, pero...¡Menudo elemento!

      Y Dalmau... a medida que avanzo me gusta más. Hay que dejarse llevar. Sus comentarios sobre la obra de Cortázar son de lo más sugerente. Logra llevar el agua a su molino muy hábilmente y de un modo muy sugestivo, enlazando avatares de su vida con motivaciones literarias. Gozo, mucho. Es otra manera de creación

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  13. ¡Tranquilo todo el mundo! ¡Qué no cunda el pánico! Bernhard te puede parecer reiterativo, efectista, críptico, falto de chispa, cansino, obvio dentro de su credo... y tú, como lector, no ser un paria descerebrado. Muchas de las motivaciones y tesis de Bernhard te las encuentras ya en Richmal Crompton ¡y dichas con bastante menos ampulosidad y más gracia, por supuesto!.

    Como a la vida (y a la literatura que forma parte de la vida) no le pongas sentido del humor, por muy profundo que seas no dejas de ser el tío turras de la facultad que les comía el coco a las chicas de buenas intenciones para líarlas y acabar, los dos, en la cama. Ya me entienden...

    En la cama con Bernhardt. Podía llamarse también este artículo. Solo que Carlos se halla todavía en fase de deslumbramiento. ¡Oooh! ¡Ahhh!

    Besitos para todas y todos. ;-)

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    1. Hombre, tanto como fase de deslumbramiento... Quebya van unos cuantos leídos. Otra cosa es que me siga deslumbrando, que sí lo hace.

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  14. ¿Ha leído a Bernhardt y no se ha leído su obra ya? ¿Sabiendo que no somos nada y mañana quién sabe si estaremos? Discúlpeme pero es usted un gilipollas. Con todo el cariño se lo digo.

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    1. Y con todo el cariño me lo tomo. De todos modos me preocupa muy poco lo que me quede por leer cuando ya no esté, sinceramente.

      Mañana me toca empezar libro. Tal vez vuelva a Bernhard.

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  15. Definitivamente hay que tomárselo muy en serio a Usted. :)

    XL

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