miércoles, 19 de febrero de 2020

“Gente normal” de Sally Rooney


Dos cosas de las que hay que huir como de la peste: 

Uno, de las reseñas largas (nueva política en este santo blog) y dos, de las novelas escritas por menores de cuarenta años nacidos después de 1970 que cuenten historias de amor entre, pongamos, adolescentes, universitarios y/o desempleados de larga duración.

Por ejemplo, la novela que hoy nos ocupa.

Y sin embargo aquí estamos: recomendándola sin saber muy bien por qué.

Les cuento.

Llegué a esta novela no sé ni cómo. O sí. Probablemente gracias a un simple anuncio en alguna parte (me extraña) o viendo el libro sobre una mesa de novedades de la Fnac con una portada lo suficientemente llamativa como para hacerme ir un poco más allá, pongamos que hasta Goodreads. Definitivamente, las buenas críticas a una novela que tenía todo para no llamar mi atención, llamaron mi atención. 

Y no me quiero poner medallas porque son demasiadas las veces que me he equivocado, pero algo de instinto también hubo. Probablemente lo que más.

Cuando escribo estas palabras Sally Rooney está a punto de cumplir veintinueve años. Si a esa edad es prácticamente imposible saber escribir imaginen cuántas sospechas pudo despertar habiendo quedado finalista del Man Booker Prize, el Women´s Prize for Fiction o ganando no sé qué premios locales por una historia «de fascinación mutua, de amistad y de amor entre dos personas [jóvenes] que no consiguen encontrarse, una reflexión sobre la dificultad de cambiar quienes somos» y todo en un marco universitario. 

Sospechas, decía, TODAS.

Ahora bien, en The New Yorker (yo creo que fue en allí pero ya dudo) (1) le dedican un artículo bastante interesante del que sale especialmente bien parada. Es aquí y no antes donde me entero de que es de Dublín, como en Dublín estaba también ambientada la novela que había leído inmediatamente antes, Milkman, de Anna Burns, una también irlandesa no tan joven pero igualmente interesante (2). 

Esta no es una reseña fácil. Y no lo es porque realmente no tengo ninguna razón, ninguna razón especial, quiero decir, y tampoco ningún argumento de peso por el que recomendarles esta novela con el entusiasmo que me pide el cuerpo. De modo que hoy tendrán que conformarse con vagas apreciaciones personales a las que, si lo desean, pueden hacer caso pero casi mejor no. O sí. Venga, va, .

Por ejemplo: dicen en El Periódico (creo que Sergi Sánchez) (3) algo con lo que estoy bastante de acuerdo: que Gente normal es la novela que Jane Austen escribiría si viviese hoy en día. Con una diferencia notable, añado, que juega en favor de Rooney: brevedad y concisión, no como otras, tan aficionadas a los detalles más nimios. Eso uno. Dos: a ratos me recuerda a Franzen, o más bien tendría que decir que a ratos, cuando la leo, pienso en Franzen, no por el estilo, ya que el de Rooney es mucho menos, digamos, expansivo, sino porque los dos son escritores que, sin crear grandes obras, son capaces de hacer interesante la actualidad con la que no necesariamente no tenemos que identificar; esto es, tratan temas que aunque no te afectan, sí te afectan. No sé si me explico. Lo que quiero decir (me estoy explicando fatal) es que cuando termino una novela de Franzen, del mismo modo que cuando termino una novel de Roonie y pese a que luego en goodreads le vaya a calcar no más de tres o cuatro estrellitas, cuando termino sus novelas, decía, quiero más. Ni siquiera mejor, sólo más. Y están ustedes en su derecho a reclamar lo que quieran pero no hay — o al menos yo no lo conozco— mejor argumento para defender una novela que el placer que nos ha proporcionado su lectura y yo Gente normal de Sally Rooney, la he, literalmente, devorado y eso pese a (4) los ires y venires (y devenires) amorosos de dos personajes no especialmente complejos pero sí cargados de contradicciones que no acaban de encontrarse en ese universo permanentemente hostil que es para ellos la universidad pero que perfectamente podríamos trasladar al entorno laboral, por ejemplo, y la edad que ustedes prefieran. 

«Marianne lo mira con una leve sonrisa, como si sintiera que ha ganado la discusión. A él le gusta hacerle sentir eso. Por un momento, parece posible conservar ambos mundos, ambas versiones de su vida, y pasar de una a otra como quien cruza una puerta. Puede tener el respeto de alguien como Marianne y al mismo tiempo estar bien visto en el instituto, puede formarse opiniones y preferencias secretas, sin que surja conflicto alguno, sin tener que escoger nunca entre una cosa y otra. Con solo un pequeño subterfugio puede vivir dos existencias por completo independientes, sin enfrentarse jamás a la cuestión definitiva de qué hacer consigo mismo o qué clase de persona es. Este pensamiento es tan consolador que por unos segundos evita la mirada de Marianne, deseoso de sustentar esa creencia un instante más. Sabe que, cuando la mire, no podrá seguir creyéndolo».




(1) No les voy a engañar: sí lo sé; solo me estoy haciendo el tonto: https://www.newyorker.com/magazine/2019/01/07/sally-rooney-gets-in-your-head
(2) No. No “igualmente”. Me quedo con Rooney.
(3) ¿”Creo”? Oh, por el amor de Dios, ¿qué me pasa hoy?
(4) Miento una vez más: no es “pese a” sino “precisamente por”.

4 comentarios:

  1. Me encanta tu reseña, Tongoy. Y que hayas decidido hacer reeñas más breves es propósito que aplaudo y que también quiero para mí, porque no sé por qué pero siempre me lío y me salen excesivamente largas. Pienso que he de cambiar el enfoque de las mismas hacia algo más coloquial, más de charleta y de menos tarima (y es que los años sobre ella me han perdido para siempre).
    Me apunto a esta chica, Sally Rooney. Franzen me gustó cuando lo leí porque es como que no te cuenta nada contándote cosas. Es un estilo muy propio de ciertos autores norteamericanos. Lo que de un tiempo a esta parte me tiene la cabeza loca es esa floración de primeras novelas de autores jóvenes muy premiados. ¿Será cierto todo lo que nos cuentan los editores para promocionar los libros? No sé, no sé, sigo descolocado.
    Bueno, chico, un abrazo

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  2. Hola.
    No conocía el libro y por el momento no creo que lo lea, tengo demasiados pendientes, pero gracias por la reseña.
    Por cierto, acabo de encontrar tu blog y me quedo por aquí. Te invito a pasarte por el mio.
    Nos leemos.

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