martes, 17 de noviembre de 2015

‘Warlock’ de Oakley Hall

Es algo más que nostalgia.

Me refiero a la emoción que acompaña la lectura de esta novela. Es algo más que nostalgia

Debe serlo.

Cierto es que retrotrae a las sobremesas de los fines de semana de hace, qué sé yo, treinta o treinta y tantos años, cuando unos cuantos, los más listos, alimentábamos las fantasías más salvajes gracias a los ciclos de películas “de indios y vaqueros” que pasaban por La Primera cuando sólo eran dos (las cadenas); fantasías que a lo largo de la semana, antes de que llegase el sábado siguiente, reproducíamos a pequeña escala en los sillones y muebles del salón con los playmobils o con ese tambor reciclado de Ariel que teníamos repleto de caballos, tipis y soldados no articulados. Y eso, quieras que no, se queda ahí, madurando, haciendo de nosotros lo que ahora somos.

Pero aunque fuese así, es decir, aunque la emoción de la que hablaba al comienzo fuese nada más que nostalgia de aquello, ya sería mucho, ya valdría cada página su peso en oro.

Pero Warlock es algo más que una de vaqueros (o así se siente) por lo que cualquier cosa que diga a partir de ahora, será únicamente vulgar simplificación

La historia es la siguiente: Warlock es un pueblo minero que todavía no tiene condición de tal. Por más que los comerciantes insisten no encuentran el modo de conseguir la legalidad por lo que aquello se mantiene como un reducto de cuatreros: un pequeño infierno de peleas nocturnas, disparos no siempre al aire y en general una apuesta por la no prosperidad. Para hacer de Warlock un lugar habitable los empresarios se constituyen en Asociación y entre las medidas que toman hay una que será determinante: contratan un segurata. Eligen uno de reconocido prestigio: un pistolero que ha dado siempre mucho que hablar y no precisamente por su carácter conciliador. 

Pero esta es sólo la premisa. Resulta del todo imposible resumir el argumento de esta novela que, para más inri, se estructura en tres partes bien diferenciadas pero en modo alguno independientes. Hablamos de setecientas páginas de bandoleros, cuatreros, sheriffs, bellas y santas damas, putillas celosas, jugadores profesionales, hombres cobardes y hombres de honor… En esta novela, que perfectamente podría ser la novela del oeste definitiva, podemos encontrar, y de hecho encontramos, TODO. Y cuando digo todo quiero decir todo, incluso apaches, por más que sean de mentira. Encontraremos ataques a diligencia; mujeres que llegan, odian y se enamoran del hombre equivocado; batidas para capturar asesinos; juicios, jueces, abogados, corrupción, doble moral, reglas medievales; ladrones de ganado, hombres de ley sin ley; duelos legendarios y pistolas de oro. Y además: una mina, mineros, regulación laboral, sindicalistas, manifestaciones… Hasta el ejército aparece por sus páginas.

Lo dicho: TODO. Gozoso exceso donde los haya.

Pero claro, estamos en lo de siempre: novelita de oeste.

Yo entiendo que no es fácil. Ya en cine no lo es −y eso que sólo roba hora y media a nuestras vidas− como para dedicarle semana y pico a saber si al final el ayudante del sheriff se enamorará o no de la linda putilla.

Y esto es así: este género (menor donde los haya) no acaba de llamar la atención, seguramente porque en nuestro imaginario tienen demasiada fuerza aquellas noveluchas de bolsillo que se cambiaban por cinco pesetas en quioscos de barrio (sin querer en modo alguno desmerecerlas). No tenemos problema, previa garantía del mínimo exigible de calidad (y esto, me temo, no siempre), en leer terror, misterio, fantasía o demás zarandajas, pero nos resistimos a los hombres de cartucheras por alguna razón que desconozco pero que seguro tiene mucho que ver con entender el western como un género casi exclusivamente visual además de directamente “cosa de tíos”. No lo sé, insisto. Yo mismo soy reacio a ello y lo soy por las razones expuestas pero sobre todo lo soy por prejuicio: ¿una buena novela el oeste? Imposible. Y por más que te digan: imposible. Y por más que te insistan: imposible. Mejor leer sobre vampiros, mejor leer sobre zombies, mejor leer sobre hobbits, por ejemplo. Paparruchas. Mejor leer a Oakley Hall, siempre. Mejor leer Warlock.


Muchas de las mejores películas son westerns sin forma de tal. Muchas de las mejores novelas, también. Y nosotros dale que dale a evitarlas, dale que dale a poner excusas que nadie se cree, nosotros los primeros. Que si tengo mucho pendiente, que si no es mi estilo... bah. Y nos lo estamos perdiendo. Lo mejor del mundo, digo: nos los estamos perdiendo. Porque esto es así: el western es lo puto mejor del mundo. Y Warlock, la demostración palpable. Y quien diga lo contrario o bien miente o bien no tiene ni puta idea.


23 comentarios:

  1. ¡Genial la reseña! Desde las novelas que se cambiaban en kioskos y que yo leía de niña, porque mi madre las guardaba todas con recelo, no he vuelto a leer "novelas del oeste". Pero he de decir que: ¡me han entrado ganas!
    Gracias por la reseña.

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    1. Me conformo con eso. Anímate anda y deja esas cosas que lees por unos día o se te pudrirá el cerebro.

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  2. Recuerdo que cuando se publicó en Galaxia Gutenberg (el lado molón del Círculo), en 2009, leí una reeseña entusiasta que me convenció de que si, en tiempos, me gustaron las historias del oeste, ahora (en otra etapa de mi vida) podían seguir gustándome las historias del oeste, siempre que cumplieran unos ciertos mínimos. En realidad, cualquier tema puede ser contado de forma atrayente (algo que los redactores de prospectos médicos no han llegado a comprender).

    En fin, se quedó en el estante equivocado. Ahora la acabo de coger y lo he cambiado al correcto.

    Espero que esta vez sea la buena, ¡bang, bang!

    Gracias.

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    1. Es buena, es buena.... Si nos dieran un céntimo por cada libro que está en la estantería equivocada...

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  3. Es una novela bestial. A ver si su aparición en blogs como el tuyo le da más vuelo: un pistolero turbio que es comisario, un líder de cuatreros cruel pero con moral, un juez borracho y cínico pero deseoso de que impere la ley, dos personajes femeninos imponentes, hombres aparentemente insignificantes que albergan grandeza cuando la ocasión lo requiere, delincuentes que reclaman venganza cuando la justicia no les ampara y todo eso escrito con clase y estructurado de forma prusiana aunque parece contado casi al azar.

    Tenemos que hacer caso del juez Holloway:

    "Sí, aprende de las experiencias de la vida. Y cuando lo hayas aprendido todo, verás cómo torturan a tu mujer y a tus hijos con atizadores al rojo vivo, y te reirás al verlo. Porque para entonces sabrás que las personas no importan nada. Los hombres son como el maíz. El sol los quema, la lluvia los empapa, el invierno los congela y la Caballería los pisotea, pero a pesar de todo continúan creciendo. Y nada de eso importa mientras haya whisky."

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    1. No sé yo. Hay novelas que parecen tener gafe. Esta ha tenido la mitad de visitas que la reseña de Nere Basabe, que era un truñete de cuidado. Así está el patio.

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  4. Yo ya lo flipaba sobremanera con aquellas novelitas del oeste que publicaba Bruguera (Silver Kane, Keith Luger, Donald Curtis y toda aquella peña…) así que imagínate si le tengo ganas a este “Warlock” de la que ya tenía muy buenas referencias, tu reseña no hace más que confirmarlas…
    McCarthy es puro y puto western por eso me gustan tantísimo todas y cada una de las novelas que conforman su bibliografía (a excepción de “La carretera” y “El consejero” que son otra cosa).

    Salut!

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    1. Meridiano lo empecé tres veces y tres veces lo dejé. El caso es que me flipa. Cosa rara.

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  5. Reivindico aquellas noveluchas. Salvaron muchas preadolescencias, al menos la mía.

    Me la apunto que me han entrando ganas, no quiero perdermelo. Sin excusas.

    Saludos!

    Marga

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    1. Gracias. Qué sería de muchos de nosotros sin aquellas noveluchas.

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  6. Algo que es importante al relato, a mi modo de ver, es el amor homosexual que mantienen dos de sus protagonistas y que vertebra toda la narración. Es muy valiente el escritor y osado en extremo al introducir el tema de la homosexualidad latente en un terreno como el wester. Da sentido a muchos de esos seres solitarios rodeados de aguerridos hombres que van buscando aventuras en pueblos cada vez más lejanos, dejando en su camino a tristes damas anhelantes de su amor.

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    1. Cierto. Olvidé por completo comentarlo. Menos mal que te tengo.;)

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  7. Pues yo me acabo de leer otra del Oeste, mira qué casualidad, pero no creo que pueda compararse con nada, es de Richard Brautigan: El mosntruo de Hawkline, un western gótico. No sé decir si es buena o una puta ida de olla, pero me la he leído del tirón en un par de horas que a día de hoy no es moco de pavo. ¿La conoces?

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    1. Conozco a Brautigan, pero esa novela no. Si se lee en un par de horas me la apunto para "uno de esos días".

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    2. A mí me gustó, el dos cabalgan solos que se marcan Greer y Cameron es realmente flipante (¿Qué me dices de la Chica Mágica, Zombi), además aquí el western gira a la sci-fi y eso es muy difícil aunque Brautigan lo hace fácil. (2 horas como mucho, cierto, la inversión es arriesgada pero vale la pena…).-

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    3. Sí, creo que aquí el milagro está sobre todo en cómo se cuenta (la originalidad y la gracia del narrador), la estructura del micro capítulo y el saber terminar en el punto exacto, justo antes de que la cosa llegue a nivel desparrame. Consigue que te quede buen sabor de boca aunque digas, pero qué coño de historia?. Sobre Niña Mágica pues me dio mucha pena que no regresara, la verdad.

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  8. Ves? Hablas bien de un libro y no hay casi respuestas. El grueso de tus seguidores son una mierda de carroñeros.

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    1. Qué obsesión con los seguidores y la carroña...

      NO estaría de más recordar que una cosa son los comentaristas y otra los seguidores. Pero si tengo que explicarlo, malo.

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  9. La novela de Oakley la llevó al cine Edward Dmytryk a finales de los años cincuenta, con Henry Fonda, Richard Widmark y Anthony Quinn a la cabeza del reparto. Es una gran película, de hecho todo lo que comentas del libro se puede aplicar también a su versión cinematográfica.

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  10. Fantástica novela, la disfruté mucho... Ahora acabo de terminar "centauros deñ desierto", de Valdemar, y tres cuartas partes de lo mismo. Una delicia este "genero menor". Que mas podemos pedir

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