lunes, 14 de julio de 2014

“La gran guerra” de Joe Sacco



«Aquellos dibujos, un centenar, estaban hechos allí, en el frente, en las trincheras, y mostraban las más variadas escenas cotidianas: soldados que escribían cartas, encendían la pipa, se reían de un chiste, a punto de lanzarse al ataque, que comían, bebían, cosas por el estilo. Un trazo veloz se convertía en el pensativo perfil de un soldado joven, tres líneas eran un rostro extenuado y unos ojos angustiados que te encogían el corazón. Una insignificancia trazada al vuelo, como quien no quiere la cosa, un esbozo de nada, captaba lo esencial, el miedo y el desamparo, la espera, el desánimo, el agotamiento. Aquel cuaderno parecía el manifiesto de la fatalidad. [..] Aquellas imágenes eran […] terribles, pues todas gritaban lo mismo: estos hombres van a morir». (Nos vemos allá arriba, Pierre Lemaitre, Salamandra, 2014)

Un libro sobre la guerra que sólo fuera eso, sería esto:




Imágenes que valen por un millón de palabras. 

El libro narra, sin esas palabras, los acontecimientos que tuvieron lugar durante el primero de los 140 días que duró la batalla de Somme entre las fuerzas aliadas y los alemanes.

«Cuando la descarga de artillería alcanzó su clímax, con 224.221 proyectiles en los últimos sesenta y cinco minutos, el estruendo se oía tan lejos como Hampstead, en Londres.
En esa semana los británicos dispararon más proyectiles de los que habían usado en los primeros doce meses de la guerra: tras siete días de fuego continuado, a algunos artilleros les sangraban los oídos. En un bosque cerca de Gommecourt, árboles enteros fueron arrancados de raíz y lanzados al aire por el bombardeo, y el bosque se incendió».

Y claro, estando el libro de Sacco planteado desde la perspectiva británica, y tal como veremos en el siguiente párrafo, la carnicería está asegurada. Con todo, Sacco tiene tiempo y espacio no sólo para reflejar los horrores de la matanza sino también esos instantes previos a la batalla en que los hombres que iban a morir tenían el tiempo justo para echar un pitillito o una meadita o guardar la última carta en el bolsillo:



«De los 120.000 soldados de las tropas británicas que entraron en batalla el 1 de julio de 1916, más de 57.000 habían muerto o resultado heridos antes de acabar el día: casi dos bajas por metro de línea del frente. Más de 19.000 murieron, la mayoría de ellos en la desastrosa primera hora, y cerca de 2.000 morirían más tarde en puestos de socorro u hospitales.
Hubo aproximadamente 8.000 bajas alemanas.»

Todo esto en un único día, en un único dibujo de siete metros, vehículo perfecto para narrar aquel desastre, aquella batalla que al final no sirvió absolutamente para nada. Otro ejemplo más de la belleza que puede surgir de la estupidez humana. Y van...



En resumen, "La gran guerra" es un libro absolutamente genial que cuenta hechos terribles y que tiene el atractivo de los Dónde está Wally con el aliciente añadido de saber que Wally no está pero que, si estuviese, sería el primero en morir. Con esas camisetas, seguro.

Lo mejor que se puede decir de un libro es que mirando sus páginas el tiempo, literalmente, vuela. Doy fe. Lo hemos pasado realmente bien, mi hija y un servidor (ella, nuevamente, cómplice lectora), desplegándolo por completo, mientras, tumbados en el suelo, tratábamos de organizar los cuerpos desmembrados de los soldados caídos, veíamos los obuses caer sobre sus lindas cabecitas o eramos testigos esas largas noches en vela en las trincheras.




2 comentarios:

  1. En efecto es una maravilla y yo cada vez estoy comprando más libros ilustrados pues me parece que tienen un valor añadido. ¿Has leído ya "Los viajes de Gulliver"? Lo digo porque según dicen la edición de Sexto Piso está muy bien.

    http://mikeandlibros.blogspot.com.es/2014/07/los-viajes-de-gulliver-de-jonathan-swift.html

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  2. Nunca he estado muy de acuerdo con la frase-idea-lugar común de que una imagen vale más que mil, diez mil o, como dices, un millón de palabras.
    Darla por buena es tanto como pretender que la imagen posee de modo inmediato el valor de la verdad, ya que la representa de manera fiel, y de ahí su fuerza.

    ¿Una fotografia contiene más verdad, o es más fiel a la realidad, que una buena crónica?

    Una fotografía/imagen no es más que una selección humana y consciente de una mínima parte de la realidad.

    En este caso del que hablas, además, hay una salvedad. Las ilustraciones o cualquirer representación pictórica son interpretaciones humanas y subjetivas del mundo, de la naturaleza o de la historia. Precisamente por eso, quizá, contengan más verdad que una fotografía, que una imagen que, por otra parte, es muy fácil manipular.

    Un texto literario es indestructible, inamputable, porque de manipularse perdería parte o muchos de sus significantes y por tanto se liquidaría su coherencia, su comprensión, y dejaría de transmitir temas, hechos y conocimiento.

    ¿Qué puede explicar mejor una guerra, la famosa foto de Capa del miliciano abatido en Cerro Muriano o 'Kaput' de Curzio Malaparte?

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