martes, 4 de enero de 2011

Lo mejor de 2010 (2º Parte)


A continuación: la prometida segunda parte de lo mejor de 2010. En esta ocasión los nominados a lectura más gratificante publicados antes de 2010 son:


Publicados antes de 2010 

“Ventajas de viajar en tren” – Antonio Orejudo 

“La subasta de lote 49” – Thomas Pynchon 

“La niña que amaba las cerillas” – Gaetán Soucy 

“Los bosques de Upsala” - Alvaro Colomer 

“Escuela de Mandarines” – Miguel Espinosa 

“Casi nunca” – Daniel Sada 

“Rimbaud el hijo” – Pierre Michon 

“El sobrino de Wittgenstein” - Thomas Bernhard 

“Ferdydurke” – Witold Gombrowicz 

“El gabinete de un aficionado” - Georges Perec 



“Ventajas de viajar en tren” está aquí por mentar algo de Orejudo, puesto que ha resultado ser un escritor asombroso, con una obra de una calidad excepcional hasta el punto de no saber cual, de todas sus novelas, debería encabezar este listado. He optado por este viaje en tren por ser lo primero que leí de él, por la sorpresa del descubrimiento y probablemente también por contener algunos de los mejores relatos que he leído nunca. “La subasta de lote 49” de Thomas Pynchon me hace agachar la cabeza en señal de respeto cada vez que la nombro. No así a dos de las personas a las que se la recomendé que la acusaron de ininteligible (claro) y ridícula (snif); además me dejó sin créditos como consejero literario. Cuando en su momento quise hablar de ella, me quedé sin palabras y solo me salió un blog lleno de complejos. “La niña que amaba las cerillas” es mágica: me pone el vello de punta porque ha demostrado no ser de lo mejor del año, sino de la década. De ella surgió una curiosa entrada en un blog amigo que nunca agradecí lo suficiente y quise haber escrito yo (y a punto estuve de plagiar, lo admito). “Los bosques de Upsala” fue el punto de partida de la ficción de este blog por la que siento más cariño: aquella que acabó con “Los muertos” de Carrión y el “Quimera 322” de Vicente Luis Mora. No es ese el motivo de figurar hoy aquí sino la consecuencia. Colomer nos habla de muertos vivientes y de vivos moribundos y de la gruesa línea que separa a unos de otros. “Escuela de Mandarines” no es un libro: es un monumento, una obra de arte, un exceso, una genialidad, pero, ¿un libro? No, un libro no. No puede algo como eso ser un libro porque le son insuficientes las tres dimensiones habituales. Al igual que casos anteriores también de él surgió, como un guiño amistoso a quien tuvo el acierto de descubrírmela, una ficción hace ya un par de meses, también insuficientemente elogiosa. “Casi nunca” de Daniel Sada merece un puesto en este lista no tanto por la historia que cuenta, un tanto anodina en tramo final, sino por la prosa de la que hace gala y que, sin ser ustedes conscientes de ello, marcó un antes y un después en mi forma de expresarme por escrito. Sada ha sido, sin lugar a dudas y en ese sentido, el referente más importante de este 2010. “Rimbaud el hijo” fue lo primero que leí de Pierre Michon. ¿Cómo de bueno me parece? Pues tanto que estuvo a punto de tumbar este espacio. Así de bueno. Este blog, que se las creía muy felices con sus ficciones un tanto descuidadas, dio de bruces con el mejor orfebre de la palabra. Michon me ha obligado a mirar cada signo de puntuación, cada epíteto y cada una de mis metáforas con ojos de inquisidor al demostrarme que puede haber más poesía en una simple coma que en un verso de Rimbaud. Sobre esta novela hay una entrada, pero ustedes no la han visto, porque no hay forma humana ni divina de dignificar esta obra como se merece: ni abriendo blogs, ni pariendo ficciones, ni imitando estilos. “El sobrino de Wittgenstein” fue también iniciático, en este caso de Thomas Bernhard, al que hoy por hoy considero, junto con Michon, el mejor escritor europeo. Cuando escribo estas palabras me hallo inmerso en la lectura de su novela llamada “Maestros Antiguos” con la que alcanza un grado de perfección difícilmente superable y que les anticipo encabezará el listado de lo mejor de 2011. “Ferdydurke”, de Gombrowicz es sólo la punta del iceberg de lo que después serán sus diarios: el verdadero motivo para tratar a este hombre como el genio que es. “Ferdydurke”, como “Las teorías salvajes”, es de ese tipo de obras en las que hay que entrar a machetazos, desbrozar cada frase, interpretar y reinterpretar lo leído, no dar nada por sabido, no creer que entendemos completamente lo que nos están contando. “El gabinete de un aficionado” es otra pequeña maravilla que, a diferencia de la novela de Sada anteriormente citada, destaca mas por su historia que por su redacción (sin desmerecer esta, en absoluto, elogio tras elogio). Hoy Internet supondría su desgracia pero en su momento debió proporcionar a Perec, como autor, uno de los mayores placeres a los que aspira servidor: crear La Gran Mentira y hacerla indestructible. 


3 comentarios:

  1. Una de las cosas que más me gusta de ti es la pasión con la que lees.

    Se te ve buena persona.

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  2. Siguiéndole, y sin que sirva de precedente , el juego al comentario anterior, a mi me gusta el aire de fiesta que hay en las lecturas de Carlos. La alegría que irradian sus entradas vale por sí misma.

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  3. Gracias.

    El elegido: La pasión con la que leo es un problema mas que una virtud: me olvido en ocasión de pisar el freno y así no se graban bien las cosas. A ti también se te ve buena gente, mal que te pese. ;)

    Anónimo: para fiestas las que me monto mientras escribo. Tendría usted que verlas: cada noche es fin de año en mi cubil. Y o vea las risas al corregir...

    Abrazos.

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