miércoles, 18 de agosto de 2010

OBLOMOVSHCHINA


He recibido una carta –un email- de un desconocido (siento decir que algo tarde(1); pero eso es solo culpa mía y de cierto error aún por subsanar en la configuración de determinado gadget, que para quién no lo sepa –entre los que me incluyo- es como una ventana dentro de una ventana, una en ocasiones inútil pieza de la maquinaria que sostiene este espacio), que escribió después de ver, hoy mismo, en el Anobii del blog, que entre mis últimas lecturas estaba “Cansados de estar muertos” de Juan Bonilla y que pretende servir de apoyo: una suerte de guía literaria, vaya. No sabía él entonces que ese cuadro se refiere única y exclusivamente a los libros que he terminado, no a los que están en curso. Este amable desconocido responde al intimidante nombre de Oblomov Varese. Intimidantemente sonoro, que me hace temer una invasión rusa o la resurrección de algún personaje inédito de Dostoievski.

El nombre se me hace conocido y tiro de Google. Oblomov Varese no existe, ni con comillas ni sin ellas. Pero “Oblomov” solo sí. Y “Varese” también. Mi nuevo amigo es de mentira, pero no me importa, todos los somos un poco. El anonimato de la red nos escuda, nos difumina, nos borra hasta el sexo si queremos. Es tan fácil ser nosotros mismos como cualquier otro. Me vais a permitir que copypasteé de la wikipedia -primer enlace al que me remite el buscador-, un párrafo de la entrada “Oblomov”:

Oblómov (en ruso Обломов) es la novela más conocida del escritor ruso Iván Goncharov, publicada en 1859.
Oblómov es el protagonista de la novela, a menudo considerado como la personificación del "hombre superfluo", un tópico recurrente a lo largo de la literatura rusa del siglo XIX. Oblómov es un noble joven y generoso que parece incapaz de hacer nada con su vida. A lo largo de la novela raramente sale de su habitación, donde permanece tumbado en un diván intentando evitar los problemas, las propuestas y las obligaciones que le llegan del exterior. Hasta la página 150 no se decide a salir de la cama.

Respecto al apellido, a “Varese”, bien pudiera ser una referencia a un provincia italiana pero me inclino a pensar que tiene más que ver con Edgar Varèse, compositor francés que desarrolló su actividad artística a mediados de siglo pasado y que se especializó en música electrónica. Esto a vosotros os puede dejar fríos, pero a mí no. A mí me hace temblar, pero no de frio precisamente. Dejo otro párrafo, también de la wikipedia:

Se interesó también por los instrumentos electrónicos y escribió para dos theremíns, bajo, metales, teclados y percusión en Ecuatorial (1934).

Yo no he sido siempre el lector que hoy soy. Un día fui más cinéfilo que ahora y en el año 2007 descubrí una interesante película de ciencia ficción llamada “Planeta Prohibido” de la que hice un extenso análisis del que llegó a publicarse una versión automutilada en una web especializada en dvd´s (2). Gracias a esta película, recopilando datos, investigando y escribiendo durante muchos días el comentario, descubrí la música electrónica –que no me agrada en absoluto, dicho sea de paso-. Descubrí el therenim y su heredero, el Ondes Martenot. Desde entonces lo siento como mío, como algo privado, como algo que me arranca una sonrisa al escucharlo de pasada en televisión o navegando por la red, algo que me callo por privado, por no venir nunca a cuento. Un chiste privado sin gracia. Qué “Varese”, el ¿falso? ¿apellido? de mi ¿amigo? sea también el de un artista tan peculiar, tan vinculado a mí, me asusta más de lo que me asombra. De no haber cruzado mensajes con Oblomov pensaría que esto una broma de alguien que me conoce bien, pero lo que me ha dejado ver Oblomov de sí mismo tiene demasiada entidad para ser un simple fantasma. Nadie se toma tantas molestias en gastar una broma. Oblomov es real, tanto como yo; lo fue desde que recibí su primer correo.

Mientras escribo este comentario descubro que Oblomov se ha hecho seguidor de este blog; un favor que espero no tardar en devolverle, cuando, si me hace caso, pone en marcha el suyo, creado hace meses y oculto a los ojos del mundo, vacío de contenido pero no de ideas. Su desidia es hija de su actitud porque Oblomov es un tipo triste, o al menos eso afirma él, con un espíritu más cercano a su nombre que a su apellido, que a diferencia de los protagonistas de la novela de la que se ocupa este comentario no está cansado de estar muerto. Es feliz en su condición oblomovista a pesar de todo. Cito una frase suya que me dijo en otro correo: “No se me escapa una sonrisa desde que cumplí los treinta. Todas me la han tenido que robar. Me ha violando la tristeza demasiadas veces.”

Pero disculpadme pues no he acabado de contar todavía qué hay de misterioso en su nombre; que motivos puedo tener para sorprenderme tanto. Qué tiene que ver el azar con todo esto. Oblomov es un personaje de una novela con la fuerza suficiente para trascenderla. La novela de Perec, “Un hombre que duerme” está considerada “literatura Oblomov” al tener como protagonista a “un estudiante que el día de sus exámenes de sociología decide no levantarse de la cama, abandonar sus estudios y cortar toda relación con amigos y parientes. Encerrado en sí mismo, en su chambre de bonne donde todo es gris, el estudiante se sumerge en la indiferencia más total hacia el mundo que le rodea. Entonces se dedica a errar por París, a ir al cine, a leer los titulares de los periódicos, pero como lo haría un sonámbulo”. Pero no es aquí donde he encontrado su relación conmigo sino en uno de los personajes de “Pacífico”, de Garriga Vela, que todavía está caliente en mi estantería, y en la pasiva actitud frente a la vida que tienen todos los protagonistas. La propia novela que nos ocupa, “Cansados de estar muertos” está entre las favoritas de Oblomov por motivos semejantes: habla de los muertos en vida, en sabernos cadáveres ambulantes y no hacer nada por evitarlo. Porque no sabemos o porque no queremos. Por lo que sea. Esta misma mañana (3), armado del valor que da la semiinconsciencia del sueño (y escudándome abiertamente en ella también) le he preguntado a Oblomov por el origen, la veracidad de su nombre. Su respuesta no ha tardado en llegar: “¿El origen de mi nombre? ¿Qué importancia puede tener eso? ¿Sería diferente persona si me llamase de otro modo? ¿Sería más digno de confianza? Mi madre contestaba siempre lo mismo cuando le preguntaban qué edad tenía: “Me siento de 28”, decía. No era broma; se sentía más de 28 a los 40 que cuando realmente los tenía. ¿Quieres saber cómo me llamo? Me siento Oblomov. Llámame Oblomov.” (1b)
Mientras escribo estas líneas recibo un mensaje de Oblomov informándome de la apertura de su blog con un sencillo pero ilustrativo relato sobre la autoría de su nombre que ha resultado ser todo un ejemplo de brevedad y concisión, (muy lejos del estilo de esta entrada que se sigue perpetuando a cada minuto) y que además resulta esclarecedoramente didáctico. (4)
No quiero demorarme más. Dejo a continuación sus palabras, las primeras que recibí, que me parecen ya tan lejanas…


“Buenos días,
No me conoces. He llegado a tu blog por azar, desde el blog de otra persona, y he visto que estabas leyendo una novela que en su momento, hace ya muchos años disfruté enormemente. Se trata de “Cansados de estar muertos” de Juan Bonilla y el objeto de mi carta no es otro que el de ponerte sobre aviso y aconsejarte que antes de terminarla tengas en cuenta usa serie de interesantes datos que pueden darle a la novela un significado nuevo –diferente sería más correcto-, si se saben interpretar.
Debes tener en cuenta que Bonilla no habla solo de seres extraviados, que se creen muertos a fuerza de faltarles esperanza. Habla de la misma muerte y de todo lo que le rodea y nos ofrece un montón de señales que yo no supe ver y cuando lo hice era demasiado tarde.
Presta especial atención a los nombres de los protagonistas: Fausto es un personaje que en la literatura clásica vende su alma al diablo a cambio de sabiduría, Morgana es una hechicera, que embruja a los hombres y que ama tanto como odia a Arturo, monarca y estratega inglés. Vemos también a un joven llamado Comandante Alighieri, (Dante), que acompaña a nuestros protagonistas en su descenso a los infiernos. Chopped es un fiambre, pero esto no deja de ser una broma macabra del autor de la novela. Mefistófeles es el diablo mismo, que busca almas que llevarse al infierno. Hay muchas otras señales: el metro como contenedor de alma, la cantina ubicada en el tanatorio, un purgatorio, un abismo al infierno al que son arrastrados Fausto y Morgana y del que solo se sale cuando se quiere vivir. Hay mas señales, mas detalles, pero esos merecen ser descubiertos por uno mismo.
Temo haberte dicho más de que desearías saber, pero confío de este modo en evitarte una segunda lectura que yo me prometí tantas y tantas veces y nunca cumplí.
Disculpa si te ha molestado este mensaje que ha sido escrito con la mejor de las intenciones.
[...] (5)

Oblomov Valese”


Después de esto vinieron los emails, algún reproche que no viene al caso y la apertura de un blog. Lamento no haber recibido antes este correo y evitar así esa segunda lectura que también temo eternamente demorada.

Cansados de estar muertos” es además, una novela magníficamente escrita que no se merece, ni por la forma ni por el fondo, el ostracismo al que la hemos condenado.
Concluyo esta entrada agradeciendo a Oblomov su visita y la inesperada interactividad que ha supuesto para el comentario de libro.





(1) Si lo hubiese puesto antes (el gadget del que sigo hablando más arriba) el correo de Oblonov habría llegado durante la lectura y todas las señales, todas la claves que oculta la novela me hubiese permitido disfrutar mucho mas de ella y no estaría sufriendo como estoy ahora las consecuencias de mi pasividad durante la lectura. Mi oblomovismo lector. (a)
a. Esto lo entenderéis después.
b. Os lo dije.
(2) La versión original de la entrada incluía aquí un enlace al pormenorizado análisis. Si ya no está es porque hoy no lo estimo oportuno. 
(3) No siendo “esta misma mañana” necesariamente la mañana de su publicación, ni, por descontado, la mañana en que es leída por alguno de vosotros. Es un buen momento para confesar que este comentario me está llevando más de lo esperado. Llevo ya dos días que prometen eternizarse si no encuentro la forma de centrar el tema. Doy por supuesto que tendrá un final abrupto, que es lo que me merezco.
(5) A continuación me dice cosas que no viene a cuento publicar.

5 comentarios:

  1. Buenas, veo que lo que te dije acerca de la conversión puede convertirse en un virus. Es asombroso. Tanta gente muerte que resucitamos gracias a la literatura, ¡y fuera de foros! Increíble.
    Gran historia.
    Un abrazo.

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  2. Espero que publiques pronto una entrada sobre Pacífico de Garriga Vela. Me lo leí el año pasado, y tanto el libro como el autor fueron para mí una revelación.

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  3. Me pongo a ello.

    Un placer leerte por aquí, Carmen.

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  4. Releyendo esta entrada me dió un ataque de risa y otro de sana envidia. Lo que no entiendo es que sea usted quien recuse cripticismos cuando los espejos con que realiza sus juegos de ilusionismo parecen sacados del Callejón del Gato. Ahora sí que puedo decir que escribe usted para minorías y que ni esa minoría le entiende en primera lectura.

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  5. Me gusta pensar que lo que escribo pueda tener una doble o triple lectura. La primera por el mero placer de hacerlo y quizá para "llamar" la atención sobre la novela. La segunda una vez leída, cuando todo se comprende mejor y la tercera, si llega a haberla, es solo para mi y minorías como usted que a fuerza de insistir ha llegado a comprenderme. Le sobran a usted méritos y a mi no me llegan agradecimientos.

    Un abrazo,

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