miércoles, 13 de diciembre de 2017

Algunas consideraciones sobre “La ópera flotante”, “El final del camino”, Barth, Sexto Piso, ustedes y un servidor

Escribo estás líneas, estas pocas líneas, no ya desde el olvido sino prácticamente desde el más allá. Cada nuevo post me siento tentado a prometer o fantasear con retornos que la mayoría de las veces intuyo improbables cuando no directamente imposibles. Pero hay días, como hoy, que siento la llamada y hasta la urgencia de recuperar estos lodos para hacer eco de un grito que fuera de estas fronteras corre el riesgo de caer en casi nada. Porque el que tuvo retuvo y aunque las estadísticas ya no son lo fueron (y cada vez menos, pero ya no importa) sigue habiendo quien cae por aquí para llevarse alguna recomendación toda vez que nos hemos dejado de advertencias. Quisiera que hoy fuera de uno de esos días.

Compruebo tras releer esta introducción que me he vuelto un poco imbécil. Me van a perdonar.

Pero el caso. 

Pero el caso es que tenía hablar de este libro. Y tenía que hacerlo no tanto para criticarlo, cosa que nunca he sabido hacer, o simplemente reseñarlo, (siendo, la reseña, como parece que es, hermana menor de la crítica) sino directamente recomendarlo apelando a dos cosas: una, mi buen gusto y dos, su sentido común.

Aquí hemos reseñado muchas novelas de Sexto Piso y lo hemos hecho siempre por esa debilidad que sentíamos y todavía sentimos por ellos, motivo por el cual se nos ha criticado mucho porque, efectivamente, recibíamos muchos ejemplares de esos llamados de cortesía que en justa correspondencia recibían su reseña, reseña que quisiera saber siempre sentida y siempre justa aunque lo cierto es que —tal vez porque los quería tanto y aunque ustedes no se diesen cuenta porque soy un profesional— fui siempre muy duro, especialmente duro, con ellos y más de una vez injusto, terriblemente injusto. He criticado novelas que no me gustaban haciendo hincapié en aquello que más daño podía hacerles mientras que otras veces, muchas otras veces, muchas más “otras veces” de las que puedan imaginar, suavicé elogios precisamente para evitar ser acusado de amiguismo (que ya ven ustedes ahora qué importancia podía tener aquello) cuando no directamente he guardado un silencio total sobre libros que prácticamente merecían pedestales. 

Pues bien, hoy vuelvo a este santo blog a evitar la enésima injusticia de dejar pasar una recomendación, ya sea por pereza ya por discreción ya por lo que sea. Es decir: hoy vengo a decirles que este último libro de Sexto Piso que he leído, libro que contiene dos de las primeras novelas de John Barth, es una PUTA MARAVILLA y que se lo tienen ustedes que leer sí o sí, porque de lo contrario corremos el riesgo de vernos las caras en el cielo de los gilipollas, que es a donde van todos aquellos que un día dijeron que no se iban a leer alguna recomendación publicada en esta mi casa que es también la suya.

Barth —y con esto me arriesgo a perder la supuesta objetividad que se le supone a una reseña y de la que jamás he presumido, básicamente porque sé que tal cosa (objetividad) no existe— ha sido siempre una debilidad de quien esto escribe. Y cuando digo siempre me refiero desde aquel día, hace muchos años ya, en los buenos tiempos, en los mejores tiempos, en que una oveja, negra para más señas, me recomendó El plantador de tabaco, novela que vendía como el prodigio que efectivamente demostró ser. Aquella novela me daría muchas alegrías (y algunos de los post más visitados del blog) pero sobre todo me situaría del lado de una narrativa (y posteriormente de una editorial) que, una y otra vez, me ha hecho inmensamente feliz. Hablo de Barth, hablo de Gaddis, hablo de Sexto Piso… bueno, realmente hablo de mí pero seguro que saben a qué me refiero.

“El plantador de tabaco”, ya se lo digo ahora (ya se lo digo ahora, otra vez, quiero decir) marca un antes y un después. Lo hizo con aquella vieja oveja, lo hizo conmigo y sin dura lo haría con todos aquellos que siguen sin hacerme ni puto caso si tuvieran dos dedos de frente.

Joder, qué forma de divagar.

Pues bien, no era fácil, pocos lo han conseguido (Gaddis, básicamente, Y YA), pero ha vuelto a ocurrir: aquello que sentí con El plantador, aquello que sentí con Jota Erre, he vuelto a sentirlo durante la lectura de, primero, La ópera flotante e, inmediatamente después, El final del camino. Qué dos novelas. QUÉ DOS NOVELAS. Qué pedazo de regalo es esto y un sillón de orejas y la familia de viaje. Qué bueno, qué divertido y qué de citas para decorar Facebook.

Por si no se han dado cuenta, no tengo la menor intención de hacer ningún resumen; resumen que pueden ustedes encontrar en todas partes, empezando por la web de la propia editorial; resumen que, tal como ocurre siempre con las buenas, mejores novelas, carece de importancia. Tampoco habrá valoraciones de ninguna clase, ni breves ni hostias. Por no hablar creo que hoy ni mentaré al traductor, por muy bueno que haya sido su trabajo (que lo ha sido, maldita sea). Tampoco incluiré ninguna de las mencionadas citas, y ya me jode, porque anoté unas cuantas y ahora veo que he pasado el trabajo para nada. Pero bien, gajes del oficio. Es más: olvídense de este discurso. Sólo quédense con un nombre: BARTH. Con un (unos) títulos: La ópera flotante, El final del camino. Sólo quédense con su cara. 

Y ahora váyanse a la librería o váyanse al carajo.

10 comentarios:

  1. De modo que eres uno y trino...
    Lo pasé bien con 'El plantador de tabaco' gracias a tu insistencia. Así es que creo que al carajo no voy a ir. Voy a ir a ver a Florence

    ¡Salud, Tongoy !

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  2. Comencé a leer "Giles, el niño-cabra" y bueno, hay estamos, encontrando perlas entre quizá demasiado estiercol como citaba Gaddis en "Los reconocimientos". Buscaré la puta novela la leeré y terminaré "Giles", pero antes terminaré de releer por tercera vez "Los reconocimientos" la obra más corta y fascinante que haya leído últimamente y no lo digo con ironía

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  3. Muy lindo lo que hace Sexto Piso con Barth, sí (un padre nuestro para que LETTERS se avecine pronto). Al igual que muy feo lo descuidado que tienen al otro Barth... Luego de El Padre Muerto, se desentendieron y ni el entusiasmo de Tongoy ayudó. Una edición de sus cuentos completos marcaría época...

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  4. Tomo nota. Tengo muchas ganas de leer algo de Harry.
    Un abrazo

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  5. No soporto Sexto piso. Casi todo lo suyo es impagable. Generan inflación con esos precios. Sale mejor buscar primeras ediciones, que las hay, y a mejor precio, como la de Peninsula para La opera flotante. Si, es una auténtica maravilla. Puro gozo.
    Celebro que le haya gustado Tongoy, pero no le de tanto bombo a los del sexto, se arriesga a caer en el descredito.
    Y prodiguese más por aquí que se le echa en falta.
    Un saludo

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    1. Entiendo lo del descrédito, lo he pensado y comentado muchas veces pero qué quiere, es una debilidad. Son caros, cierto, pero no más que muchos otros, que casi todos, en realidad. Aquí ya no se baja nadie de los 25 euros por libro.

      Ah, por cierto, queda uno por comentar (claro que antes tengo que leerlo) pero después y a falta de saber qué nos traerá la primavera, no tengo en vista nada de ellos.

      Me prodigaré, prometido, pero no será hasta enero. Ayer empecé PARPADEO y me llevará lo suyo, que no tengo el tiempo de antes.

      Un saludo y gracias por pasar.

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  6. Sexto Piso está tardando mucho en editar A Couple of Comedians de Don Carpenter (creo recordar que en JotDown los chicos de Sajalin dijeron hace tiempo que los derechos los tenía Sexto Piso).

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  7. Sexto Piso publicó primero La cámara sangrienta de Angela Carter en tapa dura e ilustrada, a precio de lujo. Más adelante, cuando estaban preparando la edición de los cuentos completos de la Carter volvieron a editar La cámara sangrienta pero en tapa blanda, a un precio más bajo. Y ahora, para la temporada otoño-navidades, sacan los cuentos completos, que incluyen los de La cámara sangrienta. Esto mismo lo hace, por ejemplo, una editorial de cómics y el fandom pone el grito en el cielo. A los de Sexto Piso, en cambio, se les aplaude.

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