martes, 8 de noviembre de 2016

“El problema de los tres cuerpos” de Cixin Liu (Trad. Javier Altayó)

No soy lector de ciencia ficción. No, al menos, lo que se entiende como lector habitual por lo tanto estoy muy lejos de ser nada ni remotamente parecido a un experto en el tema. Aclaro esto para que entiendan dos cosas de la reseña que están por leer: primero, la ausencia casi total de referencias y segundo su condición de advertencia más que de análisis. 

La advertencia es la siguiente: la novela que nos ocupa es la primera parte de una trilogía que trata ese tema clásico que es la invasión extraterrestre. 

Convendrán conmigo en que eso está muy bien. Nada como unos extraterrestres y un buen puñado de naves espaciales para la noche del viernes. 

Ocurre que ese es el tema de la trilogía, no de esta novela. No completamente, al menos. Esta primera parte es una introducción. Una larga, larga introducción. Larga y a ratos pesada. Pesadísima. A ratos, insisto. Qué demonios: una cosa infame que estuve a un tris de tirar tres veces por el balcón. Suerte que no tengo tal. PERO (ya verán qué gracioso) pese a los inconvenientes y las quejas y las manifestaciones públicas de indignación, el resultado, esto es, la valoración final es positiva. 

Ya, yo tampoco lo entiendo. 

He leído por ahí que su condición china juega en su contra, que no estamos acostumbrados, que es otra cosa, otro estilo, otra cadencia. Qué sé yo. Bobadas. Qué tendrá que ver el aburrimiento con la nacionalidad. Lo peleón del asunto es, por un lado, su condición de novela hard, esto es, mucha física, mucha teoría, mucha puesta en escena, pese a ocultarla tras muchas líneas de diálogo y una especie de búsqueda del tesoro mal desarrollada. Todo cansa y en esta novela acaba uno las más de las veces un poco harto de tanta explicación: 

«No es nada complicado: como solo necesita una precisión del uno por ciento, bastará con que usemos datos del explorador del fondo cósmico COBE. —La doctora Sha empezó a teclear furiosamente ante el terminal correspondiente. De repente, apareció en él una línea verde—. Esta curva es una medición en tiempo real del fondo cósmico de microondas. En realidad, es más apropiado hablar de línea más que de curva... La temperatura es de 2.726±0,010K. El margen de error se debe al efecto Doppler del movimiento de la Vía Láctea, que ya ha sido filtrado. Si el tipo de fluctuación que usted espera observar (superior al uno por ciento) se da realmente, esta línea se volverá roja y pasará a ser un gráfico de ondas. Personalmente, apuesto a que seguirá siendo una línea verde hasta el fin de los tiempos; si espera una fluctuación observable a simple vista, me temo que tendrá que esperar hasta la extinción del Sol...» 

Y luego está lo de ser ceremonia de la confusión. Personajes, tramas, subtramas, ires y venires, la vida de este, del otro, y un videojuego que obliga a aceptar pulpo como animal de compañía y que aburre a los muertos. Ya lo he dicho. 

Mejor les cuento de qué va y así también me hago entender. 

Hubo un tiempo en el que en China corrían malos tiempos para la física. Mataron a un señor que era físico y listo, que es una cosa que no siempre se da en la naturaleza. Su hija, marcada de por vida por tan triste acontecimiento, decide dedicar su vida un poco a lo mismo pero no hay modo: etiquetada como sospechosa habitual no logra prosperar en el mundillo de los gafapastas. Eso hasta que la meten voluntariamente y de por vida en una casita en el bosque, justo debajo de una enorme antena. Entonces demuestra ser más lista que el ajo: un día toca un botón. 

Por otro lado, un hombre sigue una pista que le llevará a la mujer anterior por un camino sembrado de señales varias. La primera de ellas tiene un trágico origen: los científicos del planeta se están suicidando: la física no existe, dicen ellos, existencialistas perdidos. Eso es un drama, se ve, de ahí la investigación que llevará a nuestro héroe a descubrir un videojuego de realidad virtual. En el juego viajará a un planeta acosado por tres soles con trayectorias que, de puro irregulares, condenan a la humanidad a prácticamente extinguirse una y otra vez mientras tratan de encontrar la fórmula matemática que desvele los misterios del universo, o, cuando menos, les diga porque lado se pondrá el sol esa semana. Son los Trisolarianos. Los trisolarianos son unos señores que lo mismo se desecan que se esponjan y que están un poco bastante hartos de su planeta de mierda, que si unos días calor que si otros frío, que si esto no hay aire acondicionado que lo aguante. 

La novela es confusa, irregular, aburrida unas veces, apasionante otras, pero en general es de ley reconocer que cuenta una historia interesante, imaginativa y prometedora, razón por la cual no dejaremos pasar su continuación. Cierto: lo hace tomándose un tiempo que sin duda hubiésemos agradecido más breve en según qué momentos, pero que no deja de ganarse el respeto precisamente por ese voluntario alejamiento de lo fácil, por ese sentar unas bases sólidas que, espero, se justifiquen en próximas entregas. 

Mención especial para Javier Altayó, que ha tenido que vérselas con un chino de mucho cuidado. Desde aquí nuestros respetos y reconocimiento a una valía que, toda vez que de chino no tenemos ni pajolera idea, vamos a suponer ejemplar. He visto que tiene web y que comenta cosas de la novela: por si les interesa profundizar en el asunto: http://altayo.tumblr.com/


19 comentarios:

  1. Yo sería incapaz de leer un libro con una portada tan horrorosa. Parece uno de esos cuadros horteras que se hacen con espray.

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    1. Oh, qué comentario tan impropio y superficial del niño vampiro, yo que sigo su blog y sus reseñas son profundas y minuciosas ... mmm... quiero pensar que tiene un mal día hoy. Por lo menos un día raro, de fijarse en el continente y no en el contenido...

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    2. La abracadabrante profundidad y la exquisita sutileza las reservo para mi blog. En los ajenos doy rienda suelta a mi verdadera esencia: vulgaridad, ordinariez y superficialidad.

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    3. Muy interesante, su verdadera esencia. Tomo nota. Gracias.

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  2. Ostras.

    Me he hecho un liu con la trama.

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  3. Anda, valoración positiva. ¿También es de Sexto Piso?

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    1. No, hombre, su mérito reside en no ser español.

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    2. Ah, claro. Qué tonto. Que si fuese de Sexto Piso no habrías dicho que tiene partes pesadísimas.

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    3. Premio. Le veo atento. Un Me Gusta para usted.

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  4. El Mesías Eléctrico9 de noviembre de 2016, 10:51

    No he leído la novela, pero agarraré al vuelo algunas de las frases de su reseña para sacar a relucir un comentario de Umbral (un escritor/polemista de irregular trayectoria, hoy totalmente olvidado y no sé si con razón) que decía: "A toda novela le sobran cien páginas". En alguno de sus post, amigo Tongoy, ha cargado contra el exceso de metraje de muchas de las novelas contemporáneas. ¿Lo bueno, si breve, dos veces bueno? ¿El tamaño importa? ¿Caballo grande, ande o no ande? Abramos un debate al respecto, please, ya vendrán días mejores en los que decapitar a tal o cual escritor.

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    1. Y abundando en el tema, que puñetera moda de trilogías. Da pereza ponerse solo de pensarlo. Ya no dice el escritor: tengo una buena idea, voy a escribir un libro. No, ahora ya piensan directamente en escribir una trilogía, hala. Pues si Umbral decía que a todo libro le sobran 100 páginas, no sería exagerado decir que a toda trilogía le sobran 2 tomos y 100 páginas.

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    2. Me refiero, evidentemente, a autores vivos. A los otros ya les ha puesto el tiempo en su sitio, y se han salvado los buenos, como era lógico.

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    3. Jo, qué depre. Trump es el nuevo cherif de los USA. Bob Dylan gana el Nobel. El niño vampiro dice que su auténtica esencia es la superficialidad (era mi ídolo). En mi clase de Pintura Creativa todos son unos muermos y además, desagradables.Hay una invasión-plaga de trilogías en el universo. ¿Alguna chispita de humor, please? Blanco y fino, a poder ser (el humor)

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    4. No te deprimas. A Juan Carlos Ortega le han dado el Ondas. ¡No todo está perdido! ¡Hay esperanza!

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    5. Acabo de pasarme por su casa, que no tenía el gusto de conocer, y su entrada "Homero, Suecia y el whisky de mi cuñado" ha puesto humor y una sonrisa al día. Además, me han entrado unas ganas irrefrenables de leer a Ramiro Pinilla. Tenía razón, ¡hay esperanza! Gracias por estar ahí.

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  5. Tongoy:
    Sólo por descubrirme a Gaddis y a Barth (a Bernhard ya le conocía), a su blog le debo eterno reconocimiento.
    Otro autor maravilloso: Juan José Saer. "El entenado", "La pesquisa" o "La Grande", por ejemplo.
    Un saludo

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  6. La dejé a la mitad. Perdía verosimilitud a chorros

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