miércoles, 15 de octubre de 2014

“Ominosus” de Bear, Kiernan y Barron [y Fata Libelli]

Probablemente lo mejor que una editorial puede conseguir con la publicación de una antología de relatos es (además de recuperar la inversión) que el lector ocasional (descartemos incondicionales, para no contaminar esta frágil teoría) se interese por alguno de los autores que participan en ella. 

En ese sentido, Ominosus es impecable. Si te gusta el terror, claro. Pero citando a uno de los personajes de estos relatos, empecemos por el principio. No nos dejemos nada.




El continente

Dos chicas un poco frikis montan un puesto de libros digitales y le llaman Fata Libelli. Les gusta el terror, la ciencia ficción, lo fantástico y a tal se dedican en cuerpo y alma. O eso parece. No he querido profundizar demasiado, no fuera a enamorarme. El resultado son una serie de libros de relatos que pueden ver haciendo clic aquí. Hay un poco de todo pero en general flota la intención de arañar títulos y autores de sus géneros favoritos poco o nada conocidos en nuestro país, al menos por quien esto escribe.

Y ya está. Tampoco hay porqué dedicarles un monográfico.



El contenido:

Tres relatos tres ocupan el espacio vital de este libro que se supone una suerte de sentido homenaje o guiño a ese escritor llamado Lovecraft. 

El primero se llama Shoggots en flor y está escrito por Elisabeh Bear. He buscado, sin grandes esfuerzos, otras cosillas de Bear publicadas en España pero fuera de Fata Libelli no he encontrado ni un triste prólogo. 

Perdón, ya me centro.

Los shoggots son un bichitos tirando a grandes –o sea, bicharracos—de cuerpo gelatinoso y forma informe que tienen bastante protagonismo en En las montañas de locura. He ahí el guiño (este ha sido fácil). El relato —fuera de esta anécdota, el menos interesante de los tres— narra la peripecia de un investigador que trata de entender qué cosas son esas, los shoggots, que viven aislados del mundo, sin molestar a nadie a cambio de no ser molestados. 

«Los shoggoths fueron creados mediante ingeniería genética. Y sus creadores no les permitieron pensar, salvo para lo que se les antojase a ellos. El más vil de los esclavos al menos es libre en su cabeza, pero no así los shoggoths. Fueron peones, obreros de la construcción, tropas de asalto. Fueron armas aterradoras en sí mismos y esclavos obedientes. Inmortales, simplemente iban transformándose para adaptarse al cometido de cada momento».

Pues esto un poco sobre un fondo de racismo, empatía animal y ansias de libertad.

Regulín. No aburre pero tampoco llama especialmente la atención.

* * * * * * *

El que sí me ha gustado, y bastante, ha sido Casas bajo el mar, el relato de Caitlín R. Kiernan, escritora que descubrí no hace tanto a raíz de La joven ahogada, publicada por Insomnia, el nuevo sello de Valdemar y que reseñé, sin mucho entusiasmo, por aquí. El relato me ha gustado lo suficiente para plantearme seriamente —todo lo seriamente que yo me planteo estas cosas— releer el librito dichoso aprovechando que estos días ha ido ganando enteros en el recuerdo, que de todas las formas de ganar enteros es la más tramposa pero también resultona.

«No es cometido del escritor «contarlo todo», ni siquiera decidir qué dejar, sino decidir qué quitar. Lo que queda, la exigua suma de esa profana escisión, es la quimera bastarda que llamamos «historia». No estoy construyendo, estoy recortando. Y todas las historias, ya se anuncien como verdad o se reconozcan como falsedad, son ficciones, escindidas de cualquier hecho objetivo por la ya mencionada acción de recortar. Medio kilo de piel. Un montón de serrín. Fragmentos desechados de mármol de Carrara. Y los despojos.
Un hombre condenado en un almacén vacío».

Sin ánimo de destripar demasiado el argumento (para variar) les diré que la cosa va de ciudades abandonadas en fosas abisales (nuevo guiño a las montañas de la locura) y mujeres que creen a pies juntillas en otras formas de vida. Hay altares, invocaciones, fanatismo y suicidios colectivos, que siempre es un recurso muy agradecido. Al margen del interés en la propia historia, está el modo de contarlo, de dosificar el misterio y de tensar la cuerda que sostiene el intríngulis lector. Kiernan insiste (ya lo hizo en La joven ahogada) en hacer que el terror venga del mar (o habite en él) y que el personaje femenino se lleve el Oscar a lo mejor de la novela. El resultado es relato muy interesante que mantiene la tensión en todo momento y que, al contrario que el anterior (el de Bear) que tenía intención continuista, este sí es capaz de utilizar las ideas de Lovecraft para crear algo más personal o, al menos, no tan dependiente de.

* * * * * * *

El tercer y último relato se llama El don de la oportunidad. El autor: Laird Barron. De este señor podemos encontrar un libro recientemente editado por Valdemar, también, como el de Kiernan, en su nuevo sello Insomnia (lo que nos lleva a fantasear con relaciones eroticofestivas entre ambas editoriales) llamado El rito que si no lo tengo entre manos cuando lean ustedes estas líneas, estaré a punto de hacerlo. O ya lo habré hecho. Ay, no sé, ya les contaré.

El cuento, sí, es verdad.

El cuento va de unos leñadores que se meten en un bosque que da miedísimo para poder cenar venado y se encuentran con un pueblecito de pirados adoradores de monstruos devoradores de algo. Grosso modo, esto. En el relato hay un grupo de gente que no deja de correr y otro grupo de gente que no deja de gritar y un montón de ellos que se mueren quiero pensar que para siempre. Por el camino se nos cuenta el cuento de Rumpelstiltskin, que ya es como para mearte de risa, pero asombrosamente la tontería, al final, tiene, si no sentido, gracia, y además da una idea aproximada de cuál es el origen de los traumas infantiles del autor. Para ello no hay más que leer el comienzo de esa novela (El rito) que acabo de mencionar y que no es otro que este:

«La versión popular del espléndido cuento de hadas sobre la hija del Molinero y el Enano que la ayudó a hilar la paja para convertirla en oro tiene un final feliz. No puede decirse lo mismo de los sucesos que inspiraron la leyenda.
El Espía, hijo del Molinero, se embarcó en una arriesgada misión que lo llevó a las Montañas del Oeste. Las huellas de carros y los rastros de caza que siguió eran tortuosos, se internaban en bosques sombríos de ladrones y toda clase de animales salvajes».

¿Ven?: enanos, bosques… La hija del Molinero. Una infancia difícil, sin duda. No por nada la profesión de escritor es el refugio de los suicidas cobardes.

* * * * * * * *

Total, que, en general y bromas aparte, bien. Interesante. Una editorial y unos autores a los que tener en cuenta. Yo ya no pido más.



7 comentarios:

  1. De Fata Libelli mi favorito es Ad astra, recopilación de relatos de Peter Watts, biólogo marino y, en mi opinión, uno de los mejores escritores de ciencia ficción del momento. Si bien es cierto que el primer relato es. quizá, poco sorprendente, el resto son de lo mejor que he leído en ciencia-ficción en los últimos años. Me olvidaba de respirar mientras leía. También es extremadamente recomendable la novela Visión ciega, finalista del premio Hugo, pero no recuerdo ahora mismo la editorial que la publicó aquí en España.

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  2. Yo de las Libelli recomiendo -y de hecho recomendé en mi blog- "Sui Generis". Otros tres cuentos "rarunos" muy chulos, entre el clasicismo y la modernez. En general yo apoyo a esta editorial de forma violenta.

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  3. Ad astra y Sui Generis, como casi todos los demás, serán leídos. Me ha caído simpática la editorial esta.

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  4. Tongoy eres un puto geek. Todas esas historias de las que hablas: mezcla de Tölkien, Star Wars, Creepy y cine de serie "B", entrañan moda, sociologia del ocio de tu época de adolescencia. Más interesante, a mi juicio, cualquier historia, cualquier persona, cualquier momento. Ecumenismo, en una palabra. Y sin "monztruitos" (de ser ello posible).

    En cualquier caso continúas siendo adorable. No se te vaya a ocurrir tomarme por un hater. ;-)

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  5. julian bluffff, ¿sabes qué son las metáforas?, ¿y la imaginación?.

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    1. Las metáforas: un recurso fácil de escritores malos.

      La imaginación: una de las tres potestades del alma.

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  6. Yo también he decidido seguir esta editorial.
    Como siempre, muy buen trabajo, Tongoy, sigue así.

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