viernes, 2 de marzo de 2018

Menos que una reseña de “Kanada” de Juan Gómez Bárcena

Atentos. 
I Premio de las Letras Ciudad de Santander 
XXXIX Premio Tigre Juan (Finalista) 
Premio Cálamo "Otra Mirada 2017" 

Es público y notorio que incluso estos insignificantes premios (en unos casos) o finalismos (en otros) suelen ser medio de juguete y probablemente también medio pactados. Y esto en twitter bien, que ya sabemos cómo se las gastan allí en odios y chupapollismos, pero fuera de las fronteras de la red social de turno tampoco son como para ir tirando cohetes. Con esto quiero decir que a mí me vendes tu novela con esta faja y lo mismo te la tiro a la cabeza. Ahora bien, “me han dado tres premios” es lo mejor que le puedes regalar a tu abuelita en Navidad. Y sigue así, guapiño

Pero a lo que íbamos. 

Mis prejuicios: 
Prejuicio número uno: joven 
Prejuicio número dos: escritor 
Prejuicio número tres: español 
Y prejuicio número cuatro: narración en segunda persona. 
En definitiva: asquísimo
No estoy a favor del genocidio selectivo pero algunos parece que se lo estén buscado. 

Entiendo que se pregunten por qué, a pesar de las señales, he acabado leyéndolo. Yo qué sé. Supongo que pudo la presión. Era abrir la boca tener a cinco recordándote que no has leído a Bárcena, puta maravilla, pierdes el tiempo leyendo mierda, eliges mal, dejas pasar la LITERATURA. Obviando a Chirbes, ninguneando a Bárcena… Y ya. Y, o sea, NO. Pero a mí esto no me vuelve a pasar, lo juro por éstas

Ahora debe ser cuando el listo de turno viene a decirme que tenía que haber empezado por El cielo de Lima, como si eso nos fuera a llevar a una realidad alternativa donde JGB fuese un escritor con talento y no un simple artesano en plena floración. 
Pues bien, ahórreselo. 

Dicho lo cual, hablemos de la novela antes de que se nos borre completamente de la memoria porque ya han pasado algunos días y esto amenaza Amnesia Perdurable

La acción (es un decir) de la novela tiene lugar en Hungría. 
Hungría, como todo el mundo (especialmente Acantilado) sabe, está a reventar de maestros de las letras. Tú le das una patada a una piedra húngara y ya tienes a cinco genios efímeros y supuestamente olvidados haciendo cola en tu Goodreads. Que JGM haya situado la acción allí obedece a dos razones fundamentales: no pilla cerca de Teruel y no habrá reseñista que se olvide de mentar a Kafka. 

Abro paréntesis: instrucciones para leer reseñas de Kanada. Coja un martillo, arranque el ordenador, empiece a leer reseñas y si en alguna de ellas aparece la palabra Kafka golpee el ordenador con el martillo hasta dejarlo completamente inutilizado o bien busque al reseñista por la calle y pártale la cara. 
Ruego disculpen este momento incitación al odio
Cierro paréntesis. 

De qué hablábamos. Ah, sí, de Hungría. Que digo que la acción tiene lugar en Hungría porque de otro modo no pasamos del premio Qué Leer, ejemplo de patetismo máximo. Esto (es decir, lo de Kafka y Terurel) no estoy en disposición de jurar que sea cierto pero encaja tan bien en la Hipótesis que justifica mi actitud abiertamente hostil de hoy que lo voy a proclamar Hecho Consumado desde ya. 

Perdonen que me ande con chorradas pero es que me estoy reservando para el párrafo final que es donde ya saben que se corta el bacalao. 

Hablábamos de Hungría. 

Esto es uno que vuelve a casa, se la encuentra medio rota y aun así se queda a vivir. Si hacemos caso a las señales (cambio de moneda, estado de ánimo, etcétera) debe ser 1945 ergo regresa de un campo de exterminio. Ha salvado el pellejo y siendo ahora como es un tipo de pocas palabras decide recluirse en su viejo hogar, gestionado en su ausencia por un vecino que lo alquila por igual a particulares y revolucionarios, motivo por el cual ya se pueden ir olvidando de callejeos, paisajes otoñales y todo lo que no sean monólogos, interiorismo, imprentas clandestinas y bocadillos de atún. 

La novela —que si no parece conducir a ninguna parte es porque no lo hace— no suscita el menor interés, a poco que uno tenga bueno gusto. Durante la lectura asistí entre estupefacto y resignado a la autodestrucción de un personaje que resultaba irritante en grado sumo de puro hueco. Implicar al lector a golpe de tú no tiene demasiado sentido si te vas a pasar doscientas páginas tirado en un colchón sin plumas dejando pasar las horas mientras el pasillo es un hervidero de vida y subversión. 

JGB es un escritor correcto, podría incluso decir que mejor que la media siempre y cuando no entremos en mucho detalle, no hagamos demasiadas preguntas y el jamón sea ibérico, pero lamentablemente (aquí rompemos a llorar como sauces) peca de lo mismo que tantos y tantos antes que él: aburre. Aburre por la historia, que en ningún momento arranca; aburre por el tono lastimero y melancólico, pero también y sobre todo, aburre por esa eterna y lamentable costumbre de dejarlo todo en manos de la empatía, las amistades y el respaldo editorial. 


10 comentarios:

  1. Te pareces a mi padre con las películas, que si no hay una explosión en los primeros cinco minutos dice que es un tostón. Es verdad que la historia de verdad no arranca hasta la mitad del libro, pero a mí no me parece tan terriblemente aburrido lo que cuenta hasta entonces.

    Me preocupa más su gusto por la cursilería (hacía tiempo que no leía la palabra "clepsidra", por ejemplo), porque se ve que JGB cuida y revisa bien el texto, pero a veces se pasa de relamido. Creo, como tú dices, que tiene talento, tal vez incluso para hacer algo más que decente. A ver si hay más suerte con el siguiente.

    ResponderEliminar
  2. No conocía a JGB. Gracias por tu opinión sobre esta novela.Un saludo

    ResponderEliminar
  3. Se echa de menos un fragmentito para hacernos una idea

    ResponderEliminar
  4. Ya estoy corriendo en sentido contrario a donde venden semejante "maravilla". Me has asustado.
    Sencillamente creo que no se puede escribir nada en segunda persona, en segundo lugar, ponerse en la Hungría de posguerra. Ya me huelo yo por donde van los tiros: de Guatemala a Guatapeor. Todo muy alegorico, muy abstracto, sin entrar en detalles, a lo Agota K.
    No, cuela.
    Gracias Tongoy por la advertencia. No estamos para perdidas de tiempo.

    ResponderEliminar
  5. Tongoy te metes cada "puro" que asusta.

    Con la de obras buenas por leer, con lo limitado (e incierto) que es nuestro tiempo sobre esta tierra...

    No leo NADA que no tenga al menos un par de décadas y tenga una calidad que haya resistido al paso del tiempo. Pocas, muy pocas veces, me siento decepcionado.

    ResponderEliminar
  6. A este ni me arrimo...

    Oye, he encontrado en el trastero unos libros de ciencia ficción del año de la polca, de Philip José Farmer, de la saga "El mundo del río" 1971. En su momento ganaron el premio Hugo. ¿A ti te suena de algo?¿Merecen la pena? (lo mío ya es mucho morro, lo admito, pero es que estoy muy vaga y así no pierdo el tiempo ;).
    Gracias!

    ResponderEliminar
  7. Buenos días,
    Coincido con A.G. en que se nota Gómez Bárcena pule y revisa el texto con mimo, a veces hasta lo exasperante.
    Esto, en principio, y como bien apunta Tongoy, lo convierte en un escritor correcto, "incluso mejor que la media". Nadie podrá acusarle de escribir mal, cosa que no se puede decir de otros muchos. Formalmente es impecable, demasiado impecable. Tiene dos novelas y un libro de relatos correctísimos, impecabilísimos, pero sin alma, sin fuerza. Planos.
    Seguro que es un tío muy leído y un esmerado artesano, y sin duda no le afectan el ego, la arrogancia ni la chulería con que otros suplen la falta de talento, y sólo por eso ya me cae simpático. A poco que le sigas por la red y los medios, se le ve buen tío y con una sincera pasión por la literatura. Lo malo es que es más bien una pasión triste y lánguida. A veces, leyendo sus textos, te preguntas si tiene sangre en las venas. Probablemente el estilo refleje el carácter, y Gómez Bárcena sea un tío así de cerebral e hiperracional, pero, en mi opinión, no le haría mal sacar un poco más de rabia, un poquito más de espontaneidad y, por el amor de dios, un poquito más de sentido del humor.
    Y tampoco le haría mal, en mi anónima opinión, dejarse de tanto taller, tanta lectura pública, tanto premio de segunda o tercera fila, tanto evento y tanta presentación de libros de amiguetes y mamoneos varios.
    Dejar de tomarse tan en serio a sí mismo, como tantos otros. Dejar de ser tan escritor, y ponerse a escribir un poco.

    ResponderEliminar
  8. Pues no sé si será que de verdad tienes prejuicios o será otra cosa, pero, sinceramente, esta crítica no la entiendo. ¿Kanadá te parece un mal libro? Vale (yo aún no lo he leído y no puedo opinar). ¿Crees, haciendo extensiva la crítica a todos los libros del autor, que Juan Gómez Bárcena no es un buen escritor, y te apetece decirlo? Estupendo. Lo que no entiendo es lo de “esa eterna y lamentable costumbre de dejarlo todo en manos de la empatía, las amistades y el respaldo editorial”. ¿Qué significa? Cualquiera diría que J. G. Bárcena es un gran prócer y que manipula el mercado editorial a su antojo. No sé. Si habláramos del famosete de turno que acepta que le escriban una novela para ganar el Planeta, tendría sentido hacerle una crítica personal, más allá de lo mala que fuera su novela. Pero, exactamente, ¿cuál es el pecado de J. G. Bárcena? ¿Haber logrado publicar en una buena editorial? ¿Es a eso a lo que llamas “dejarlo todo en manos del respaldo editorial”? ¿Qué se supone que debería hacer él, decir: “lo siento, señores de Sexto Piso, no voy a publicar con vosotros porque yo no soy de los que lo dejan todo en manos del respaldo editorial. Lo que voy a hacer es quemar la novela y dejar que el humo suba al cielo y que dios la juzgue”? ¿Se libraría así de la acusación de “dejarlo todo en manos del respaldo editorial”? No tiene sentido. A cualquiera que publique en una buena editorial se le podría hacer el mismo reproche, porque el hecho de publicar significa precisamente eso, que la editorial apuesta por ti. Y luego, lo de la empatía y las amistades. Respecto a la empatía, ¿te refieres a que el chaval es simpático o al menos causa una impresión agradable? Si es así, ¿qué se supone que debería hacer, comportarse como un malote, defender la pederastia e insultar en público a todo el mundo, para que quede claro que él, para triunfar, no necesita caerle bien a nadie ni tener un solo amigo? De verdad que no entiendo cuáles son esos pecados imperdonables que hacen de su conducta algo tan dudoso. A lo mejor dispones de datos que yo no tengo, a lo mejor sabes que, para hacerse un hueco, ha pisado mil cabezas y ha usado técnicas soviéticas de manipulación de masas, pero, a falta de esos datos, lo que yo veo es un chaval que lleva un tiempo currándoselo, que ha conseguido publicar varios libros y que ha tenido la suerte y la destreza necesarias para hacer que algunos de ellos tengan buena acogida. Eso es lo que veo por una parte. Por otra, veo a alguien que, tras leer uno o varios de sus libros y encontrarlos aburridos, empieza a gritar: “¡No os dejéis engañar! ¡No es solo que sus libros no me gusten, es que el tipo es tramposo! ¡Os engaña, totainas, os tiene a todos abducidos con sus superpoderes empáticos!”. Veo, en suma, a alguien que, por algún motivo que desconozco, no soporta que a otros les vaya bien. No siento acritud hacia ti, Carlos (al contrario, te agradezco algunos descubrimientos literarios). Tampoco siento simpatía ni antipatía por Juan, a quien tampoco conozco. Pero, a menos que dispongas de información que atestigüe un comportamiento dudoso por su parte, me parece injusto denostarlo públicamente, a él y a todos los que alcancen un mínimo reconocimiento. Escribir, como bien sabes, es un trabajo duro, y llegar a publicar en editoriales decentes (y no digamos ganar premios) es una alegría para quien lo consigue. Si alguien lo hace valiéndose de malas artes y tenemos noticia de ello, es justo que lo critiquemos. Pero hacerlo por norma, sin más fundamento que nuestra intuición o nuestras emociones, no es justo. Es una putada que, después de tanto trabajo y sin haber hecho nada malo, alguien empañe tu alegría sembrando dudas en público sobre ti. Ojo, eso no quiere decir que haya que alabar todos los libros que se publican. Que un autor haya trabajado mucho para escribir y publicar una novela no convierte su novela en una buena novela. Sencillamente, tampoco lo convierte a él en una persona de dudosa reputación.

    ResponderEliminar
  9. Estimado Daniel,
    Creo que ves un montón de cosas donde no las hay. El último párrafo de la crítica de Tongoy es simple y no se da a tanta y tan rebuscada interpretación como tú le das.
    No se pone en duda la reputación de nadie, ni tampoco se le achacan comportamientos tramposos ni poco honestos. Simplemente se constata (desde el punto de vista de Tongoy) que, ante la falta de virtudes propias que eleven el texto por sí mismo, su recorrido se deja en manos de esos otros elementos ajenos.
    Todo ello, repito, desde el punto de vista de Tongoy. Si has recalado aquí en más ocasiones, no veo motivo para rasgarse ahora las vestiduras.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, creo que estás en lo cierto y que no es exacto decir que aquí se cuestiona su reputación, aunque tengo la impresión de que sí se desacredita a la persona, más allá de la novela. Argumenta Tongoy (o yo lo interpreto así) que el autor, pese a carecer de verdadero talento, está ganando prestigio como escritor gracias a su empatía, a sus amistades y al respaldo editorial, lo cual no suena muy honroso (quizá lo deshonroso esté únicamente en mi cabeza y mi interpretación vuelva a ser rebuscada. No lo descarto). Si a eso añadimos la alusión a los premios que ha ganado y el comentario tangencial de que están probablemente medio pactados, no sé, yo diría que sí hay algún deseo de desacreditar. Imaginemos que un escritor se esfuerza mucho en escribir lo mejor que puede. Imaginemos que, en comparación, gasta unas energías mínimas o nulas en hacer amistades útiles y en conseguir que lo favorezcan, lo respalden editorialmente e incluso le den premios. No me parecería justo que alguien diera a entender que su prestigio se basa en estos otros factores, y no en su trabajo. En cualquier caso, acepto sin ningún reparo que voy demasiado lejos en mi interpretación de las palabras de Tongoy. Y respecto a lo de rasgarme las vestiduras precisamente ahora, pues no sé. Podría haberme animado a decir más o menos lo mismo en alguna otra ocasión, porque muchas veces he pensado cosas parecidas al entrar en el blog (me ocurre con especial frecuencia cuando leo reseñas de libros escritos por autores españoles contemporáneos). Si no lo he hecho nunca ha sido por temor a enredarme en discusiones en las que no habría hecho más que perder el tiempo y hacérselo perder a otros. Esta vez, sin embargo, no he resistido el deseo. ¿El motivo? Lo ignoro. Sea como fuere, no me viene mal que me recuerden de vez en cuando que debo poner freno a mis elucubraciones, así que gracias. Un saludo.

      Eliminar