viernes, 16 de febrero de 2018

Nuevo y mejorado catálogo de Mejores Intenciones [v.2018.01]

¿He vuelto? No sé. Igual sí. Razón, aquí (o sea, más abajo). Podría mentirles (seguramente lo haga). Podría mirarles y decirles a la cara: sin ti nada es lo mismo; o bien: me alimenta tu odio o soplapollez similar. Y sería mentira o sería verdad o sería Epiménides redivivo.

Pero supongamos que es cierto: que no echo de menos el blog. Digamos que no escribo porque no me da la gana o porque no tengo nada que aportar o porque prefiero hacer otras cosas o porque tengo menos tiempo o menos humor o menos café que antes. O admitamos (o y admitamos) la cruel realidad de que este blog, fuera de su afán justiciero y, toda vez que parece haber renunciado a la literatura española (si les parece otro día profundizamos en esto), prácticamente carece de sentido. Porque, seamos sinceros, quién se cree a un señor que sólo habla favorablemente de los libros que lee o simplemente le hacen llegar o a quién le importa un carajo lo que tenga que decir el enésimo don nadie sobre el puto Faulkner, si probablemente sobre el puto Faulkner ya esté todo dicho, máxime cuando su opinión no va a diferir un ápice la opinión general.

Y sin embargo.

Y sin embargo, y una vez superados el desinterés y la apatía y la falta de tiempo y tantas otras adversidades que a partir de hoy harán de mí poco menos que un titán, no me resisto a volver. Y no me resisto porque creo pienso se me ocurre qué cuanto menos escribo, menos leo. Igual no, y estoy haciendo el tonto pero por probar…

Pero.

Pero las cosas como son: he perdido el hábito. Y además no me apetece comentar nada en concreto. De modo que, un poco tarde mal y arrastras hoy toca post de relleno. Ya saben, la típica memez que acostumbraba a escribir a comienzos de año, donde hacía un resumen de los propósitos para el año entrante, propósitos que sistemáticamente incumplía. Este año, lo juro, no será una excepción.



2018

Media febrero, oteo el horizonte y no veo nada. Pero NADA. 2018 va a ser un completo desastre, lo estoy viendo. Como 2017, por otro lado, o 2016, o 2015. O. Vista con perspectiva, nuestra literatura es una sucesión interminable de completos desastres. Como será de malo que este año (tras el de Aramburu y el de Marías) la etiqueta de mejor novelista vivo en lengua castellana volverá a llevarla ¡Antonio Muñoz Molina! Mientras tanto, a su derecha (a la derecha de cualquiera, en realidad), Mario Vargas Llosa publicará un ensayo que a nadie le importa y nadie leerá pero que, Alfaguara mediante, copará portadas varias y elogios miles. También Millás saca libro. Y luego que si Somoza, Salmón, Padura… O sea: te meas. En la cara B y completamente ajena al sentido del gusto, la narrativa extrajera proclama a voz en grito su buena salud gracias a las aportaciones de Stephen ospresentoamihijo King, Margaret estoydemoda Atwood y cuatro trasnochados más tipo Pamuk o no sé quién.

O sea, que está la cosa para pedir suicidio.

De ahí que entre mis planes, fuera de un par de novedades tipo el Goncourt que publicará Tusquets y alguna debilidad personal prácticamente inconfesable, se limiten este año a rescatar novelas publicadas en pasados más o menos recientes. A saber: 

El Solenoide de Cartarescu, ahora que se ha superado la fiebre por la supuestamente mejor novela del milenio; Celine; Connolly y su Charlie Parker no sé si doce o trece y tal vez Auster, ya no sé porque cada día me apetece menos. Y, como no, Bernhard: que si autobiografía, que si Corrección…. Vollman y su Europa Central o su La familia Real. Me juro leer cada año un Ford, versión Bascombe; y un Roth y otro Roth, o sea, el de La marcha de Radetzky y el de El teatro de Sabbath. ¡Y Nabokov! Abriré campaña: Ningún año sin Nabokov. Ídem para Faulkner siempre Faulker, porque Faulker es Dios y tal. Anoto, también, al triste e inexplicablemente ignorado (por un servidor) Roszak. Y volveré a ¡Dostoievski!, una vez más y después de tanto tiempo, a sus demonios, a sus crímenes y sus castigos; y a Henry James, de quien tengo todavía pendientes tantos relatos y tantas novelas y a Sterne, eterna cuenta pendiente número diez mil. ¿Y por qué no Tolstoi o Flaubert, (creo que aprovecharé la reedición de La educación sentimental que acaba de sacar Alba al balcón para rescatar mi ejemplar de Valdemar). También volveré a prometer que leeré alguna novela de Pynchon y que me pondré definitivamente con la saga de Martin du Gard o con el final de alguna trilogía de James Ellroy. E incluiré en esa lista, en un acto de generosidad sin límites, a Oates y Tartt y Carter, aunque no sé yo si en este campo de nabos habrá espacio para ellas. Y me juro y me perjuro volver a Conrad, a Stevenson, a Mann

Pero miento, sólo yo sé lo que mucho que miento. Miento lo indecible y miento con placer. Miento con un hemisferio mientras el otro hace planes para abandonar, en la media de lo posible, la narrativa en favor otro tipo de lecturas que acaben de una vez con este apatía, ya supongo que temporal, por la ficción; apatía que nació en lo patrio pero que poco a poco ha ido arrasando con el resto. 

Me gustaría mostrar algo más de entusiasmo por lo que se va a publicar de aquí a diciembre y llenar esto de nombres propios, títulos y editoriales pero lo cierto es que no puedo. Y no puedo fundamentales porque no sé cuáles serán y lo poco que he visto no me ha interesado gran cosa por no decir absolutamente nada, a excepción, tal vez, de GB84 la nueva novela de David Peace (Hoja de lata) que, al igual que el ensayo de reciente publicación que comentaré más abajo, El enemigo interior, guarda una estrecha relación con el conflicto minero que Sindicato de tal mantuvo con Margaret Thatcher en 1984.

En cualquier caso, les agradeceré sugerencias siempre y cuando estás sean estimulantes y no producto de su imaginación. Gracias.

El caso es que mientras leo a Kawabata y planeo sacar de la biblioteca La visita del médico de cámara a Per Olov Enquist, aprovechando que lo acaban de reeditar los de Nórdica, anoto con frenesí otras opciones tan o más apetecibles que cualquier otra cosa que pueda tener entre manos de aquí a final de mes y me juro leer un diez, un veinte, tal vez un treinta por ciento de todas ellas: El ojo del observador (Acantilado), de Laura J. Snyder (entre manos, ya); De matasanos a cirujanos, de Lindsy Fitzharris (Debate); Mujeres y poder de Mary Beard (Crítica); SPQR, también de Beard (Crítica); Contar es escuchar de Ursula K. Le Guin (Círculo de tiza); El enemigo interior de Seumas Milne (Alianza); de Sarah Bakewell, El café de los existencialistas y Como vivir o una vida con Montaigne (Ariel); Creer y destruir, de Christian Ingrao (Acantilado); Contra toda esperanza de Nadiezhda Mandesltam (Acantilado); El gran asombro de Jeanne Hersch (Acantilado); La revolución rusa, de Orlando Figes (Edhasa); 1914 o 1919 de Margaret MacMillan (Turner); Nueva ilustración radical, de Marina Garcés (Anagrama); La gran hambruna en la china de Mao, de Frank Dikotter (Acantilado); Ensayos de Elwyn Brooks White (Capitán Swing); La lucha por el poder Europa 1815-1914 de Richard J. Evans (Crítica); Stalingrado de Jochen Hellbeck (Galaxia Guttenberg); Vida amorosa de Charles Baudelaire de Camille Mauclair (Wunderkammer), etcétera, etcétera, etcétera.

Ya ven. Nada de Marías, nada de Prones, nada de Bárcenas. Nada de Millás ni de Molinas ni Aramburus. Nada de los de siempre, en definitiva. Nos conocemos lo suficiente para saber que la literatura está en otra parte.


31 comentarios:

  1. Me sorprende no encontrar en este blog alusión alguna al Tristram Shandy. El daño que te haces, macho.

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  2. Quizá sea hora de empezar a leer poesía (tal como te veo) :D

    Por cierto, el último libro que he leído ha sido "El día antes de la revolución" de Ursula K. le Guin y me ha parecido muy, muy bueno. Conciso, certero, inteligente y sobrio (todo esto teniendo además en cuenta que, siendo un relato de ciecia-ficción podría haberse ido fácilmente de madre en muchos y malos sentidos). Yo conocía a esta mujer por sus libros de fantasía que leí de adolescente, pero veo que me queda mucho por descubrir. Ya contarás qué tal es el que tú has elegido.

    Un abrazo!

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    1. Prefiero que me viole un erizo antes que leer poesía.

      Yo de Ursula leí cosas hace miles de millones de años pero así me muera si recuerdo qué. Es son artículos. Ya lo tengo en casa. Pinta muy bien.

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    2. Te recomiendo entonces una antología de poetas uzbekos titulada:"Lo que nos atraviesa" (que tiene como eje las espinosas relaciones con estos animales tanto a nivel físico como sentimental), de Ediciones El Armadillo Afilado, 2018.

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  3. Sr. Tongoy:
    W.T. Vollmann, "La Familia Real", Capítulo XVII y ya no es necesario que lea más en el 2018.
    Un cordial saludo

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    1. Este fin de semana lo leo. Sin falta. Ya le contaré.

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    2. 1000 páginas, 40 euros, ¿y "este fin de semana lo leo"?... Algo estoy haciendo muy mal en mi vida. O usted muy bien. O aquí hay pacto con Belcebú. Me inclino por la tercera. O por la primera. Bueno, no me inclino que luego ya se sabe.
      En todo caso, mis felicitaciones.

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    3. Jajajaja, no, me refería al capítulo en cuestión. Al final no pudo ser; me lié con otra cosa.

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  4. Probablemente no termine leyendo ninguno, pero en un universo paralelo me gustaría leer a Shirley Jackson (Siempre hemos vivido...) unos ensayos de E.B. White que se van a publicar en Capitán Swing, terminar unos cuentos de Adam Johnson (Orwell fue amigo mío) y el de K. Le Guin, sí. Se aceptan sugerencias para llenar el INMENSO VACÍO que me va a dejar Bram Stoker en menos de 24h. Es que no quiero acabarlo porque no sé qué voy a hacer con mis ojos después. Ánimo y saludos.

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    1. El de White lo tengo ya en casa pero no le toca.
      El lunes sale a la venta GB84 de Peace que tiene una pinta fenomenal. Anoche empecé El enemigo interior que narra los hechos en que se ambienta Peace en su novela y vaya si da para una buena novela negra.

      Pero, claro, te tiene que gustar. Yo, ante la duda, FAULKNER. Y se acabó el problema. Si se me ocurre algo antes de 24 horas, te mando un tuit.

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  5. Celebramos tu vuelta, Tongoy!, aunque solo sea porque no tenemos mucho que celebrar...

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    1. Y yo celebro la celebración. Les he echado un poquito de menos.

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  6. Ya es mala leche meter a Bárcenas en el saco de los Marías, Millás y Molinas. Joder, eso no se le hace ni a tu peor enemigo, y el bueno de JGB no te ha hecho nada...
    Un saludo y bienvenido.

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    1. Cierto, fue pura maldad. Pero es que me lo pedía el cuerpo.
      Ahora, con KANADA sin leer, me siento como culpable o algo.

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    2. Reivindico a:

      Muñoz Molina
      Aramburo
      Marías
      Millás
      Vila-Matas
      Félix de Azua
      Luis Mateo Díez
      Cristina Fernández Cubas
      Carme Riera
      Eduardo Mendoza
      Juan Marsé
      José Mª Guelbenzu
      Rafael Sánchez Ferlosio
      ...

      ...Y tantos otros novelistas de los que pocas veces te acuerdas, que ya han superado los sesenta, sin los cuales no podríamos ni hablar ni entender la literatura en castellano de la última mitad de siglo pasado y lo que llevamos de éste. Y mucho me temo que es lo que vamos a tener hasta que se mueran, y entonces les echaremos de menos y diremos todos qué grandes eran, y qué poco se les reconoció en vida, y yo ya lo decía,etc, etc

      Mal que le pese a alguien, en literatura hay jerarquías, y no las marca el mercado (con algunas excepciones)las marca la calidad, la honestidad y la coherencia de una obra

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    3. No te me pongas moñas, Hablador, que aquí se viene a derrocar mitos o a tirar piedras a tejados de nuevas construcciones no a rendir homenajes.
      Y mira, te diré, si no hubiese buena literatura para llenar vida y media, los echaría de menos, incluso a Javier Marías, pero no es el caso.

      Me alegro de verte, por cierto.

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    4. "sin los cuales no podríamos ni hablar ni entender la literatura en castellano de la última mitad de siglo pasado y lo que llevamos de éste"

      Me parto.

      Vargas Llosa vale más que esa lista junta. Y aun así Tongoy lo detesta.

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  7. ¡Jajajaja!
    Echar de menos a Javier Marías tiene su qué, sí ;)

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  8. Y qué ha pasado con Lenz? Con el Lenz de "Lección de alemán", me refiero.
    Las memorias de la viuda de Mandelstam las pondría de lectura obligatoria en los institutos, y el de 1914 de MacMillan. Bueno, y ya puestos, tmb el de Lenz. Quitaría de un plumazo algunos libros, por ejemplo, a mis hijos les han puesto "Seda", una de las novelas más cursis que he leído nunca. No entiendo quién hace esas listas. Para ellos la literatura castellana empieza y termina con Cela. Deberían leer a Fogwill, seguro que eso engancha a más de un crío.

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  9. Con Lenz pasó lo de siempre. Que soy un completo desastre. Prometo aplicarme. Con éste, al menos.

    La selección de lecturas escolares es un horror. En nuestras manos está compensarlo.

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  10. En septiembre sale This Storm de James Ellroy (la continuación de Perifidia), no esta todo perdido para este año no?

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    1. No lo sabía. Joder, llevo un retraso de la leche con Ellroy. Desde seis de los grandes, nada menos. Pero lo cierto es que me apetece. No descarto que sea mi siguiente lectura, pero no sé si Sangre vagabunda para cerrar trilogía o empezar otra con Perfidia. Va a ser Sangre, yo creo. Le doy una vuelta.

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  11. Genial que hayas vuelto.....a los que "Patria" nos dejo fríos te esperábamos...

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  12. Genial que hayas vuelto.....a los que "Patria" nos dejo fríos te esperábamos...

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  13. En primer lugar, felicitarle por el blog y alegrarme de que esté de vuelta.

    Por otra parte, si me permite y no llego tarde, le desaconsejo fervientemente la lectura de El café de los existencialistas.

    Saludos

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  14. Qué tal la ganadora en el festival de Sitges 2017,"La casa de las cruces" a mí me produjo escalofríos y es un novelón.

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