viernes, 13 de octubre de 2017

“Kes” de Barry Hines (Trad. Diego Uribe-Holguín)

El título original de esta novela es A kestrel for a Knave. Si tienen ustedes un rato intenten traducirlo, a ver si les sale lo mismo que a los de Impedimenta. Si tienen dos pregúntense qué sentido puede tener a estas alturas de la película, valga la redundancia, ponerle a un libro el título de su adaptación cinematográfica y si esto habla bien o mal y en qué medida de los editores y ese tan cacareado respeto por la obra.

Por si sienten curiosidad, Kes es el nombre del pajarraco.

Dicho lo cual, Kes es una novela absolutamente prescindible. A ratos entretenida, a ratos dilatada en exceso pese a su brevedad, pero en general inofensiva a no ser que uno sea amante de los pájaros desde su más tierna infancia y simpatice especialmente con el protagonista y su miserable condición, en cuyo caso habría que advertirles que eso no es un valor que tenga en sí mismo mucho de literario.

La novela se acompaña de un epílogo absolutamente prescindible en el que el propio escritor cuenta cosas tipo lo mucho que le gustó a la gente una novela por la que le seguían preguntando cuando ya era historia, de dónde le vino la idea, en qué se equivocó y qué experiencias tuvo con halcones. También nos cuenta que hicieron una película, así como las diferencias entre la una y la otra, etcétera. Una cosa mala de poco interesante pero muy a la altura del resto, sin desentonar un ápice.

La historia, antes de que se me olvide, va de un niño triste y pobre como una rata, medio amante de la naturaleza y de familia desestructurada (se incluye hermano hijo de puta y madre desnaturalizada) que un día encuentra un nido de cernícalos en lo alto de un muro, muro al que no duda en subir para hacerse con uno. También entra en una librería para robar un libro (ya hemos dicho que era pobre) de cetrería. Esto en flashback pues la novela ya es él en modo experto, que tienen que verlo qué manejo y qué soltura y qué gracia. Y lo bien que le va cuando están juntos, porque fuera del cobijo de la plumas del sujeto volador, el chaval es un completo desastre a todos los niveles: tanto por su torpeza natural como por la animadversión, también bastante natural, que genera en su entorno. 

Kes es la típica sosez que cuenta con miles de adeptos no se sabe bien por qué, seguramente por su argumento simple, su brevedad, su tono lastimero, su mensaje simple, su permanente búsqueda de la lágrima fácil o la vergonzosa obviedad de sus intenciones. Que bien, ojo, pero como novela infantil, tal vez juvenil, en ningún caso adulta y en ningún caso merecedora del prestigio que se le supone.



2 comentarios:

  1. Carlos Tongoy, me superas , me aburres, lo que parecía un atisbo de inteligencia se ha trasnochado en un pecado capital muy feo.De ti nunca se hablarà por un Planeta.No eres màs que esta bazofia de blog.
    Estoy empezando a valorar leer a malherido....

    ResponderEliminar
  2. Un Planeta dice... Javier Sierra tiene uno, por cierto uno de los juntaletras más lamentables que hay en el panorama nacional, como el tal Aramburu de Patria o los Loureiro, Somoza o Carme Chaparro de la vida. Contadores de historias malísimas, sin imaginación, ni prosa, ni un mínimo de calidad literaria (aunque eso ya se descuenta) a los que Planeta y demás editoriales mierdas ha querido engrandecer con el único afán de vender libros para idiotas, y menos mal que aún hay gente como el anfitrión de este blog para poner en cintura el panorama literario y decir las verdades.
    Ojalá hubiera más blogs como este, donde las cosas y sobre todo a la escoria literaria se la llama por su nombre.
    DANIELA

    ResponderEliminar