jueves, 25 de mayo de 2017

“No hay bestia tan feroz” de Edward Bunker (Trad. Laura Sales)

Le he asignado cinco minutos de mi valiosísimo tiempo a esta reseña. Cinco minutos no son muchos minutos a no ser que estemos hablando de “cinco minutos”. Para no faltar a mi palabra, me aferraré a este clavo ardiendo. Con todo, “cinco minutos” es una mierda de tiempo para escribir una reseña, por mucho que deje las correcciones al margen.

No hay bestia tan feroz. Recomendadísima novela, que no recomendabilísima, aunque puede que, tal vez, no sé, también. Supongo que sí. Bueno, mira, NO. ¿Moderadamente recomendable? Venga, va: compro.

Ahora bien: clasicazo. Pero clasicazo en el sentido que tiene de novela de corte clásico, esto es, de novela negra de las que sí sí sí, que sólo adolece de una cierta pesadez inicial y otro cierto alargamiento final.

La “originalísima” historia que, insisto, no merece las 420 páginas dedicadas, trata de un hombre que sale de la cárcel (oh!), tras ocho años de encierro, con las más nobles intenciones, a saber: encontrar un trabajo, dejar la calle, la delincuencia y los malos hábitos: las drogas, el proxenetismo, los atracos, las presentaciones de libros. Je. Total, que una vez fuera descubre que (oh!) el propio sistema boicotea su reinserción porque el sistema es una mierda y tal y cual y para más inri su agente de la condicional es un abnegado capullo moralista incorruptible que ni come ni deja comer. Y claro, así ni modo. Total que vuelve a las andadas: drogas, atracos, etc.

Una tercera parte de la novela es él queriendo no ser él, otra tercera parte es él no queriendo evitarlo y la última no se la voy a contar pero sepan que la novela incluye: sexo, drogas, alcohol, armas, mujeres (ninguna fatal, me temo), atracos, disparos, persecuciones, paseos por la playa, conversaciones filosóficas, racismo, diamantes, abogados y lametones varios. Esto es, el pack completo. 

Visualmente, impecable. Parece un guión. Pese al exceso de verborrea por cierta querencia a la repetición, hay una realidad que es buena a la vez que mala y es que cada clavo tiene una razón de ser. Quiero decir que si en algún momento una mujer te sonríe, está de Dios que acabarás en la cama con ella. Esto, que Chejov agradecería en grado sumo, en exceso evidente y en exceso poco sutil por lo que uno más que avanzar por la trama, la intuye.

Y aun así.

Y aun así, buena novela, buenos personajes, buena mandanga. Grandes momentos, otros no tanto y probablemente y pese a mis quejas, ninguno prescindible. Ah, y un final que, dentro de sus limitadas posibilidades, llega a sorprender, lo cual es, de puro inesperado, muy de agradecer.



…cincuenta y ocho, cincuenta y nueve… ¡cinco minutos!

Por los pelos.



5 comentarios:

  1. Me gustó mucho esta novela. Lo mismo que Cutter y Bone, de Newton Thornburg, editada también por Sajalín.

    ResponderEliminar
  2. Buena novela en la que algunos esperan una redención del protagonista pero que probablemente saldrán defraudados porque la realidad es más fuerte y se lo impide.

    ResponderEliminar
  3. Dicen que es lo mejor que se ha escrito alguna vez en nuestra lengua:

    https://scontent.fmad3-2.fna.fbcdn.net/v/t31.0-8/18699264_10155298038462618_9078203679938990370_o.jpg?oh=1b20606e5edd4efb17e4ef64115a821d&oe=59A00EA5

    "Resort", Juan Carlos Márquez, Salto de Página

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ha sacado libro? Primera noticia. La gestión publicitaria de Salto sigue como siempre, eh.

      Eliminar
  4. Supongo que el estilo de una buena novela estaría entre la objetividad del documento administrativo y el calentón verbal de un pedantón español. ¡Ah, no! Entonces estaríamos hablando de un best seller americano, esos que todos los pedantones españoles secretamente querrían escribir y, como no pueden, desprecian (y leen).

    ResponderEliminar