viernes, 24 de marzo de 2017

“Gaspar Ruiz” de Joseph Conrad (Trad. Juan Gorostidi)

Uno se pregunta varias cosas cuando tiene este libro en las manos. 

La primera sería qué demonios se le pasa a uno por la cabeza para montar una editorial en un mercado saturado de editoriales sin público. Eterna pregunta.

La segunda tiene que ver con el formato que, como pueden deducir por la fotografía, difiere bastante de aquello a lo que estamos acostumbrados quienes acostumbramos a leer. Yo no sé si es mejor o peor, desde luego sí es más incómodo, pero también más interesante en el sentido de “menos encorsetado”. La elección de este formato probablemente tenga más que ver con la búsqueda de un hecho diferencial que aporte un valor añadido al producto final que con una cuestión estética o meramente práctica que busque ajustarse a los parámetros establecidos por esa otra marca de la casa que son las ilustraciones. Si funciona o no funciona, si gusta o no gusta, es una cuestión personal, ya ahí no me meto; a mí me ha gustado, y mucho, además, pero también es verdad que si ha sido así es gracias a que se trata de un relato y no una novela, que entonces la iba a leer su padre. Todavía no me he recuperado del todo de los esguinces varios resultado de la lectura de la edición de Pretextos de El hombre que ríe, como para repetir la experiencia. Ahora bien, mejor papel y mejor acabado, difícil.

La tercera es muy sencilla: ¿por qué Gaspar Ruiz? Quiero decir… de todas las novelas y relatos de Conrad llama la atención que los editores hayan elegido precisamente uno que es prácticamente desconocido y que además forma parte de una colección de seis (ninguno de los cuales recuerdo con especial cariño) que fueron publicados juntos en algún momento, por más que el propio Conrad hubiese desmentido entonces que tuviesen otra cosa en común que no fuese la de contener hechos intrínsecamente fidedignos («con lo cual me refiero no sólo a que son verosímiles sino a que sucedieron realmente») y en modo alguno ligados a experiencias personales suyas. A no ser… a no ser que la intención sea publicar los seis en este formato, lo cual estaría genial si no fuese algo al alcance de pocos bolsillos, lo cual parece en extremo arriesgado para una editorial que comienza.

Que, oye, si es así, ole sus huevos. Ahora, si no es así, bueno, nos queda el consuelo de saber que el peor relato de Conrad (no es el caso, eh) es mejor que cualquiera que puedas escribir tú.

La cuarta y última tiene poco que ver con la obra y sí mucho con algo a lo que un servidor de ustedes da mucha (cada vez mas) importancia aunque no hable demasiado del tema, un poco para no aburrirles y otro poco porque no le da la gana. Se trata de lo siguiente: resulta que los señores editores no han contemplado, y si lo han hecho se lo han pasado por el forro, la posibilidad de incluir el nombre del traductor en la portada (omisión que han trasladado a la web, que ya tiene delito). Esta práctica, por lo general tan habitual, no llamaría la atención si no fuese porque sí han incluido el nombre de la ilustradora, dando a entender con esto, no se su voluntaria o involuntariamente, que es más importante lo uno que lo otro. Yo sé que da igual, que al final el reclamo es el reclamo, esto es, la cuestión estética y que al final la traducción es una cosa que miran cuatro y la mitad de las veces, como en este caso y una vez que descubres al culpable, tampoco sabes bien qué pensar. Con todo, no estaría de más incluirlo, entre otras cosas porque la prosa de Conrad no es una prosa fácil, ya lo dice Gorostidi citando a Javier Marías en el prólogo y no es lo mismo que lo reseñe uno que otro que el google translator. Por lo que he podido ver y desde la ignorancia más supina, el resultado de esta nueva traducción es más que correcto. He aquí un ejemplo de las diferentes traducciones que se pueden encontrar actualmente (se incluye original):


Joseph Conrad
«A revolutionary war raises many strange characters out of the obscurity which is the common lot of humble lives in an undisturbed state of society.
Certain individualities grow into fame through their vices and their virtues, or simply by their actions, which may have a temporary importance; and then they become forgotten. The names of a few leaders alone survive the end of armed strife and are further preserved in history; so that, vanishing from men’s active memories, they still exist in books».

Traducción de Juan Gorostidi para Yacaré
«Una guerra revolucionaria hace surgir muchas extrañas personalidades de entre la oscuridad que es el destino común de las vidas humildes en una sociedad apacible.
Ciertas individualidades alcanzan la fama a través de sus vicios o de sus virtudes, o simplemente por medio de sus actos, que pueden poseer una importancia efímera y después caen en el olvido. Al término de una lucha armada solo sobreviven los nombres de unos pocos líderes, más tarde preservados en los anales de la historia, de modo que, cuando desaparecen de la memoria de los hombres, permanecen aún en los libros».


Traducción de Fernando Jadraque para Valdemar
«Una guerra independentista rescata a muchos personajes extraños del anonimato que es la suerte común de las vidas humildes en las fases pacíficas de la civilización.
Ciertas individualidades saltan a la fama por sus vicios y sus virtudes, o simplemente por sus acciones, que pueden adquirir una repercusión transitoria… y luego caen en el olvido. Al término de una sublevación armada, sólo los nombres de algunos caudillos perviven y son consagrados en la Historia; de tal guisa que, una vez desvanecidos del recuerdo activo de los hombres, subsisten en los libros».


Traducción de Andrés Barba para Sexto piso
«Una guerra revolucionaria suele sacar de la oscuridad a muchos curiosos personajes, un puñado de vidas humildes que vive en los estratos más tranquilos de la sociedad.
Hay ciertos individuos que acaban logrando la fama gracias a sus virtudes o a sus vicios, o sencillamente por acciones que a veces llegan a adquirir una importancia transitoria antes de caer de nuevo en el olvido. Cuando por fin acaba la lucha, apenas sobreviven los nombres de algunos caudillos que se consignan en la Historia, y cuando muere también el recuerdo vivo de los hombres, éstos perviven calladamente en los libros».



¿El relato? 

Vamos, por favor, a quién demonios le importa semejante cosa. Es decir: es Conrad. Conrad, eh, ojo. Cuidado con esto que es importante: Conrad es incuestionable. Y punto. Y si no te gusta lo que tienes que hacer es clavarte una daga el corazón y dejarnos a los demás seguir con lo nuestro. 

Gaspar Ruiz no es un su mejor relato, en eso estamos de acuerdo, pero es una buena historia de aventuras que va desde el drama carcelario hasta el amor interesado pasando por todo aquello que quepa en una historia de traiciones, valor, orgullo, monarquías derrocadas y suicidios de amor o desolación. 

Y encima está perfectamente embalado. Sobre todo eso. El libro como objeto y Conrad como excusa y garantía.

No es un mal comienzo.



10 comentarios:

  1. Pues, de todas las traducciones, la más literaria parece ser la de Andrés Barba, de Sexto Piso. Se lee muy bien.

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  3. Tio, y ya leíste Las Alas de la Paloma? Se te hizo tan insufrible como a mí?

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    1. No, todavía no lo he leído. Está para este año, pero no sé cuándo.
      Y no me asuste.

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  4. Por una vez, la traducción de Mr. Jadraque no es la peor de la tres y se puede leer. La de Juan Gorostidi me parece admirable, y la del tal Andrés Barba es, sencillamente, impresentable.

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    1. ¿En la traducción de Barba no es incorrecto incluso el sentido, más allá del estilo, de la primera frase?

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    2. ¿No es incorrecto el sentido de la traducción del principio del segundo párrafo en los tres casos?: los que acaban volviendo al olvido no son las acciones que tienen una importancia transitoria, sino los individuos que llegan a la fama a través de ellas.

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  5. Totalmente de acuerdo con Antonio de Castro.

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  6. interesante como ves e interpretas lo que lees

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