martes, 27 de septiembre de 2016

“Asamblea ordinaria” de Julio Fajardo Herrero

No sé ni por dónde empezar.

Vaya esto por delante: Asamblea ordinaria es lo peor que leído en mucho tiempo; cuánto, no sabría decirles, pero mucho. Mucho. Y de no ser por Daniel Gascón, autor de aquella cosa infame prácticamente constitutiva de delito que publicó Mondadori hace unos años, lo hubiera sido desde el principio de los tiempos. 

Pero exageraciones al margen y aún a riesgo de matarles de aburrimiento (y por aquello de no andarnos con vaguedades) déjenme inventar un contexto plausible a la existencia de esta novela. 

A Julio Fajardo Herrero se le desata la conciencia social un día de abril de un año por determinar cuando empieza a preguntarse qué demonios está haciendo con su vida, que no le saca partido ni sirve al bien general. Azuzado por los remordimientos de un pasado sin provecho se apunta a las filas podemitas desde donde, encaramado a una de sus ejecutivas regionales, va dejando caer sus virtudes intelectuales, esto es, se dedica a comentar, como quien no quiere la cosa, que unos años antes, cuando ser escritor todavía significaba algo, había publicado una novela de autoagravio, como así le gustaba etiquetarla, sabedor de que con ello despertaba la risa e invitaba a la aceptación general entre todos aquellos que no la habían leído, esto es, absolutamente todos. Los principios activos (451 editores), que así se llamaba la bicha, dejaba claras un par de cosas: uno, la tendencia a divagar de Julio, y dos, su incapacidad para manejarse con el castellano: 

«Olvidarse de lo malo no arregla nada. La desmemoria no es la clave de la felicidad, es todo lo contrario. En realidad es el problema al que se pueden reducir todos los demás. La fuente. El desencadenante. Basta con pensar cómo mejorarían las cosas si siempre recordásemos lo que nos propusimos no olvidar. Si valorásemos siempre todo lo que una vez juramos valorar toda la vida. Si no olvidásemos nunca la conveniencia que vimos tan clara de no hacer lo que de vez en cuando hacemos y luego lamentamos. ¿Cuántos disgustos nos ahorraríamos? ¿Cuántas horas más dormiríamos?».

451 editores, lo sabemos ahora y lo sabemos, entre otras cosas, por esto de Julio, no echó el cierre por casualidad. Y es porque ser editor es algo más que publicar libros. Es leerlos, corregirlos, criticarlos… El corrector ortográfico de Word está muy bien, pero no es suficiente. Hay que dedicarles un tiempo y aplicar algún tipo de criterio. 

En circunstancias normales a Julio Fajardo le hubiesen caído dos collejas y le hubiesen dicho, sus editores, cuatro cosas; lo hubiesen puesto en su sitio y ahora sería un magnífico enmadejador de hilaturas gruesas, por ejemplo. Pero no; los doce ejemplares que se vendieron los compraron su madre y su hermana y unos isleños que tampoco es que tuviesen mucha idea de literatura. El resultado: creyó ser escritor y se veía, en tres años, premio Herralde. Y todo porque alguien le dijo que SABÍA ESCRIBIR, una mala costumbre que a día de hoy todavía no se ha perdido. Si es que no se puede. Nos tomamos todo a la ligera y luego pasa lo que pasa. 

¿Que qué pasa?

Pues que unos años más tarde ya podemizado y muy de vuelta y media en todo lo relativo a tiendas de campaña, concentraciones urbanas y dramas humanos, al bueno de Julio le da por dejar por escrito el Drama Nacional Consecuencia de la Gran Crisis Económica en Núcleos Urbanos Periféricos. Se imagina tres situaciones a cual más mundana lo bastante genéricas como para ser suscritas por un amplio sector de la población y con ellas de fondo escribe tres relatos ni largos ni cortos sino todo lo contrario con los que baraja las siguientes posibilidades: hacerse una antología de la depresión o estructurar una novela corta. No hace falta ser un lince ni de letras para saber que los relatos sólo los leen quienes los escriben, de ahí que erigiese este monumento a la mediocridad, esta cosa infame y triste llamada Asamblea ordinaria.

Tenemos, por un lado, a un jovencísimo chaval que empieza a trabajar en una empresa dirigida por uno de esos modernetes y proactivos empresarios, un ser medio fascinante de ideas geniales y polos Lacoste con querencia a demorar los pagos a los proveedores. Por otro, tenemos a un sobrino que ha perdido el empleo y se tiene que ir a vivir con tía, una mujer que ha perdido los ahorros por culpa de las dichosas preferentes y malvive fregando suelos ajenos. Por último, una pareja en crisis económica y sentimental desde que el muchacho se quedó en el paro y, en vez de buscar trabajo, se dedica a visitar páginas guarras y a organizar movilizaciones sociales mientras fantasea con independizarse y vivir de la política y las tarjetas black.

Ponga una x en la que sea o haya sido alguna vez su situación. No descarten aproximaciones.

La novela, que alterna las tres historias sin llegar nunca a cruzarlas, suena a ladrillito porque es un ladrillito. Y un ladrillito muy pesado. Pero más allá del argumento, que ya en la contra no prometía otra cosa que bostezos mil, y de la intención (otra puta novela sobre la crisis económica), está el arte o, como en este caso, la ausencia total del mismo. Porque descartada la función poética en favor de la función panfletaria, la novela no se queda más que en realismo cutre, globalidad y una asfixiante falda de ideas. 

La novela o concatenación o alternación de relatos o cómo quieran ustedes llamar a este engendro, es una permanente revisitación de todos cuantos lugares comunes puedan ustedes imaginar, desde la mirada asombrada del joven sin experiencia laboral pasando por la diferencia generacional y los problemas de entendimiento de una pareja un poco harta de aguantarse. 

«Lo que también entiendo es que la gente más predispuesta a acoger a alguien así de pánfilo en su grupo de amigos del trabajo, o la que cree que acogerlo le puede servir de algo, luego tampoco suele ser la gente con la que a uno le apetece juntarse cuando por fin se comporta como es, o cuando digamos que ya se expresa libremente y ha revelado su verdadera forma de ser».
[…]
«De hecho, seguramente, una tiende a pensar que si no se lo ha callado, o si ha acabado diciendo eso de lo que después va a ser muy complicado retractarse, no es por un error de juicio momentáneo sino porque el problema venía de largo y lo importante no es ya esa gota, por supuesto, sino el vaso que se ha ido llenando con todas las demás y que se colma. […] Porque lo cierto es que lo único que no habías hecho hasta ese momento era decidirte a decirlo, pero las razones sí que existían desde antes».

Si esto es SABER ESCRIBIR, tenemos un serio problema.

Que ya les digo yo que sí, que lo tenemos. Y Julio Fajardo es parte de él. Ahora de ustedes depende que siga o no adelante con el despropósito. Que no les tiemble el pulso. Será por escritores…



34 comentarios:

  1. El Asteroide se estrella

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  2. Un inciso: qué mono está el David Pérez Vega con barba. Si hasta parece un escritor de verdad. Como Joseph Conrad. Como Herman Melville. Como Victor Hugo...

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  3. Sobre el uso del castellano, le recomiendo lo de la Navarro, Elvira, hija de las becas, la queja y los cafelitos con Bertolo, Constantino, de la reata de romulos amamantados en la sombra madrileña. Escribe algo así como "una habitación desabrida". Ya digo. Auspiciada por Lamadrid como nueva bomba literaria.. Sobre este Fajardo, es que usted se castiga. Hoy se puede leer el primer capítulo en la web de la editorial de turno. Cuando hubelo hecho, a raíz del bombo que le venían dando, dijeme what is this.

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    1. Con dos cojones. Lo de la Navarro, I mean.

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    2. Esta misma tarde he terminado la reseña de la novela de Elvira. Hacía que no me divertía tanto (escribiendo).

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    3. Eso va a ser las risas. Y me parece de coña, por no decir bajuno, utilizar a una autçentica escritora, como es A. García Morales, para dejarla reducida a una demente y todo ello para destapar las miserias del sistema, la cultura y blablabla. Supercool. La chica esta, becaria institucional. Esperamo esa reseña, hay que animar el otoño. Leña al fuego.

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    4. ¿Pero esta tía es subnormal o algo? ¿De qué va?
      Pergeña un docudrama sobre García Morales y se queda tan pancha. Habrase visto.
      Hace tiempo leí un relato de ella que me hizo gracia pero no he tenido huevos ni ganas de perder el tiempo leyendo una novela suya. Ahora leo esto y claro, no puedo evitar querer enterarme y enterrar el hocico en semejante monton de mierda. Bien empleado me está.
      Y la novela de Fajardo es de pega total. Si antes de cumplir los treinta no te nació la conciencia, de clase, o de lo que quieras,... no hay nada que hacer, o impostas la voz o estas majara.
      Un saludo Tongoy.

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    5. Como si me lo hubiera olido, anticipé el procedimiento basura de Elvirita aquí mismo. Pues hoy Víctor Erice lo escribe en el Babelia. Beneficios colaterales? Objetivo cumplido por Elvirita, Lamadrid y demás marketing. Se hablará más de la polémica, se venderán tres ejemplares más. Lo único que vende es el escándalo. Se lo digan al Nocillas la que lío con lo de Borges, Gregorio Moran con la censura y tal y tal. Esto lo saben bien estos querubines. Y como Elvirita declara a menudo, no entiende como no es ya millonaria y rentista del Estado, versión porque tu lo vales.. Bochornoso el asunto. El tema de fondo es que no sabe escribir.

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    6. ¿Para cuándo un post exclusivo sobre este asunto? Necesitábamos un nuevo drama y ya lo tenemos, aquí, ahora.

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  4. Mola.
    Los americanos buscan la "gran novela americana".
    Nostros, ¿pa' qué?.

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  5. ¡Leña al hipster, que es de goma!

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  6. Debe ser muy triste navegar solo. Le daría la razón si hallara alguien que le secunde. A mi ese libro me parece todo lo contrario de lo que usted dice.

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    1. La literatura está llena de grandes escritores que navegaban solos y a los que nadie secundaba. Lo que es triste es la condescendencia no solicitada.

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  7. Siendo egoista y pensando únicamente en mi satisfacción personal, me atrevo a pedirte, querido Tongoy, que leas con más frecuencia a escritorzuelos españoles. Ya sé que a tí no te van a aportar gran cosa (probablemente tampoco a nadie más), pero yo con estos posts tan llenos de indignación que escribes me peto de risa. Ten en cuenta que en el contexto actual de crisis y recesión económica bla bla (y aquí enlazo con el tema de la novela reseñada), no es fácil petarse de risa.

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    1. Secundo la moción.

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    2. La semana que viene cae otro pero no se acostumbren, que me estoy quitando

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    3. Yo también la secundo. Pero no me acentúe "ti", por favor.

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  8. Exageras, Tongoy. No te has asomado a otros abismos mucho más profundos (Planeta, Espasa, La Esfera de los Libros...), ahí sí que fliparías y estas novelas te parecerían excelsas. Te invito a comprobarlo, de verdad que no darías crédito.

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  9. Si es usted uno de esos navegantes solitarios le felicito por ello, y que tenga suerte.

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  10. Nada de acuerdo. Y un poco indignada con que se nos presenten dos extractos de la novela como si fueran consecutivos, cuando en realidad pertenecen a dos capítulos distintos, de dos tramas diferentes. Por otro lado, más allá de que sacados de contexto cueste entenderlos, tampoco me queda claro qué le parece que está mal escrito ahí.
    Sí que me queda claro que no le resulta a usted simpático el autor. No sé si es pedantería o pura indolencia, pero este rasgarse las vestiduras sin dar muchas explicaciones me parece del todo prescindible. La novela de Fajardo, no.

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    1. Anónimo 6 de octubre de 2016, 9:40

      1. m. Cubilete de masa de hojaldre, relleno de carne picada y perdigada.

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  11. Esos dos fragmentos (sean o no consecutivos, da igual) son una muestra clara de pésima escritura. Suficiente para calificar el libro como malo sin necesidad de haberlo leído.

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  12. Pues si este es malo, con Milena Busquets y su 'También esto pasará' vas a flipar... Prueba, prueba y nos cuentas.

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  13. Es que me parto, te acabo de conocer por una reseña del face que alguien ha colgado a colacion de un tipo que canta pero que luego es poeta y ha hecho grandes obras por la supervivencia de la especie, pero un reducto malvado de la humanidad no quiere concederle un gran premio; alguien ha colgado que esto ya un gran autor llamado Olmos lo habia vaticinado y eso me ha traido hasta tu blog que no conocia, y llevo un rato leyendo entradas tuyas y me parto yo sola en este dia petardo de otoño, pero me pregunto...por que pierdes tanto tiempo leyendo cosas tan malas!!!! Cuando te daras un respiro y disfrutaras con un libro.La ausencia de tildes es cosa de mi samsung, esperando a que explote.

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  14. Como el autor me cae mal porque es un rojeras echo pestes del libro. Y pongo dos extractos en los que se muestra una cadena de pensamientos para demostrarlo, cuando resulta que en la vida real la gente no piensa de un modo literario. Sería mejor abstraerse de las ideas políticas de los autores u opinar sobre libros escritos por quienes tienen ideas afines. Es posible que así consiguieras más objetividad, si es que eso es posible al valorar cualquier tipo de obra artística.

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