viernes, 5 de agosto de 2022

Volver a Chabon (#diario)


Volver a Chabon como quien vuelve a los noventa, cuando escritores como Wallace, Sedaris, Lethem, Eugenides, Díaz, Franzen, Palahniuk o Eggers se erigían como los nuevos puntales de la literatura americana.

Tiempo después, en 2006, Lev Grossman se preguntaría en un artículo en The Times quién de todos estos había acabado siendo la voz de su generación. No llega a ninguna conclusión válida (probablemente porque no la había aunque el tiempo parece haber dejado a Franzen como único vencedor) pero sí aprovecha la reflexión para dejar caer, de pasada, en un comentario no exento de nostalgia, la forma en que los lectores "enfrentarían" a partir de entonces la lectura:

«El hecho es que una generación de lectores probablemente nunca más se reunirá en torno a un solo libro de la manera en que lo hicieron en el siglo 20, cuando Holden Caulfield fue a buscar los patos en Central Park». (1)

Y por eso volver a Chabon como volvíamos a Salinger.






(1) «Vivo en Nueva York y de pronto me acordé del lago que hay en Central Park, cerca de Central Park South. Me pregunté si estaría ya helado y, si lo estaba, adónde habrían ido los patos. Me pregunté dónde se meterían los patos cuando venía el frío y se helaba la superficie del agua, si vendría un hombre a recogerlos en un camión para llevarlos al zoológico, o si se irían ellos a algún sitio por su cuenta». Holden Caulfield

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