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martes, 11 de diciembre de 2012

De la inconveniente LEGITIMIDAD

UNO

30 de noviembre. Llueve. Ignacio Echevarría: “Basta de monsergas sobre la corruptibilidad de los reseñistas, sobre su ignorancia, sobre su mansedumbre y sus anteojeras”. A ver, un momentito, orden en la sala: las monsergas sobre la corruptibilidad de los reseñistas son la sal de vida. Como exreseñista Ignacio debería saber que no podemos renunciar a ellas, porque si renunciamos a ellas corremos el riesgo de dormirnos en los laureles y entonces puede llegar el lobo y comernos todito todito lo que no nos tiene que comer. Que los reseñistas son unos vendidos hay que decirlo siempre y dudar de ellos o directamente no creerse ni una palabra, también, siempre. Hemos llegado a un punto en que es una obviedad decir que los malos críticos son los culpables del bajísimo nivel de la crítica de los suplementos culturales de este país y que ya todos sabemos poco menos que, en el mejor de los casos y salvo honrosas excepciones, la crítica es decepcionante.

Pero no nos equivoquemos, esa crítica vaga, perezosa, poco o nada profesional; esa crítica que se prostituye por cuatro euros o que sólo atiende a intereses comerciales, esa crítica, digo, no es la peor crítica ni su perpetrador el peor de los críticos ya que, al fin y al cabo, es consciente de las “limitaciones” (entre comillas esto) de un público que sólo busca orientación y estar un poco al corriente de las novedades. Somos corderitos asustados. Pero hay otra crítica (otras, en realidad) que resulta mucho más despreciable que esa que, al fin y al cabo, hace lo que hace porque tiene una familia que mantener. Estoy hablando de la crítica que hacen los AMIGOS, esa banda de impresentables mentirosos y oportunistas, vagos y maleantes la mitad de las veces. Hoy hablaremos de un grupo de amigos muy concreto, porque en la concreción está el gusto. Pónganse cómodos; nos llevará un rato.


DOS

Miguel Espigado es escritor y, hasta donde yo sé (que tampoco es que sea mucho) ejerce de crítico literario en revistas como Quimera. Pues bien, Miguel Espigado publicó hace unos meses un artículo en su blog llamado ‘10 Consejos para ser un buen crítico literario’ en el que se incluía el siguiente punto: “No te hagas amigo de los escritores. Acabarás apoyando sus carreras con laslaudatio más bochornosas, pelotas y cursis. Luego, cuando tu amistad no sea justamente correspondida, pondrás sus libros a caer de un burro en justo desagravio”.

Exacto. Aunque Miguel Espigado tenga algunos días malos, de vez en cuando también tiene momentos de extrema sensatez, es capaz de ver más allá de sí mismo y entender que la amistad está bien para según qué cosas pero fatal para según qué otras.

Además de estos arrebatos de sentido común, Espigado tiene un blog o dos o tres. El actual se llama “elespigado”. Antes de eso, mucho antes, abrió uno al que llamó Generación Nocilla cuya primera entrada, escrita en julio de 2007, servía para definir qué es y quién integraba La Generación Nocilla. [1] Sin querer hacer demasiada historia de un hecho sobradamente conocido, la generación Nocilla surge a raíz de la repercusión que tiene la novela de Agustín Fernández Mallo [2], Nocilla Dream, de la que no hablaré si no es en presencia de mi abogado. Vicente Luis Mora [3] prefería llamar a esta generación “La luz nueva”, porque Vicente tiene estas cosas de buscarle nombres raros a todo. En cambio a Eloy Fernández Porta [4], socio de Spoken Words con Agustín Fernández Mallo, le gustaba mucho más la etiqueta de “Afterpop”, que por algo escribió un libro con ese nombre. Los Fernández siempre en la vanguardia.

Nota de interés: el tercer blog de Espigado al que hacía referencia más arriba se llamaba “Afterpost” y prestaba especial atención a la obra de los integrantes de la Generación Nocilla. Qué cosas, ¿eh? Esto no ayuda a entender a qué viene incluir en el segundo punto de los ‘10 consejos para ser buen crítico literario’ lo inconveniente o sospechoso de criticar libros de tus amigos si luego vas y casi no haces otra cosa en tu vida.






jueves, 7 de abril de 2011

"Richard Yates" de Tao Lin




PRIMERA PARTE: Mi opinión

Miren, hay muchas razones por las que puedo abandonar una lectura pero la única infalible es que el libro en cuestión sea aburrido y el “Richard Yates” de Tao Lin es con diferencia el más aburrido que me tragado en lo que va de año -a pesar de lo cual lo terminé-. Si una novela en la que predominan los diálogos y en la que se reduce la parte descriptiva a su mínima expresión, es aburrido, malo. Si además de estar plagado de tópicos –que lo está- y todo tipo de disfuncionalidades (sospecho que en un intento inútil de dotarlo de una falsa profundidad –véase: varón bipolar, inestable, dominante, misógino vs. mujer insegura, obesa, maniacodepresiva o “qué pasaría si Romeo y Julieta fuesen tontos del culo y mereciesen morir”) el libro pasa por el mundo sin dejar más huella que la de su propio peso entonces malo no, malísimo. No voy a entrar en disquisiciones literarias de simposio porque a mí, honestamente, ese tipo de valoraciones en según que casos me interesan entre poco y nada. Es decir, que no esperen comparaciones con Beckett, Wolfe o Baudelaire. Quienes quieran ver en esta novela la representación de una generación adolescente con serias dificultades para relacionarse a través de medios no digitales son muy libres de hacerlo pero, ojo, quienes pretendan acusar a los detractores de la novela de ser unos idiotas costumbristas deberían pensar antes en el grado de imbecilidad de los personajes de la novela de Tao Lin y el nivel de costumbrismo (entendiendo éste como la atención que se presta al retrato de las costumbres típicas de un país) que puebla cada una de sus páginas. Estoy convencido de que debe haber mejores, más dinámicas y amenas formas de conseguir lo mismo, si acaso este objetivo es criticar -tal como parece querer hacer notar cierto sector- a través de la plasmación hiperrealista de los usos y costumbres de dos adolescentes –espero que atípicos- la decadencia social americana y el influjo negativo que esto tiene en la nuevas generaciones. Decía que debía haber mejores formas de lograrlo que este retrato mural de depresiones y miedos que atestan unas líneas de diálogo que se repiten hasta la extenuación y que no conducen a ninguna parte. Que si voy, que si vienes, que si somos estúpidos, que si el mundo también, que si mi madre me odia, que si estoy harto de ti, que si te muerdes los pulgares, que si interrumpes a la gente. Que si nos suicidamos como veinte veces. Por amor de dios, ni que fuera tan difícil. Menos pasión hay de todo: mucha tontería, mucha inmadurez, demasiadas amenazas, demasiadas mentiras… pero sobre todo y por encima de todo lo que hay es una sucesión ininterrumpida e infinita de una nada inmensa, descomunal; de un vacio argumental como no he visto en mucho tiempo. 


SEGUNDA PARTE: La opinión de otros

[Les voy a poner en antecedentes: este libro está levantando cierta polémica a raíz de su supuesta modernidad. El (ab)uso de las tecnologías y la apatía de los personajes “acosados” por la desesperanza común a cierta edad –y a los tiempos que corren- “parece” haber conformado los dos bandos de esta peculiar (y divertidísima) contienda: los detractores serían aquellos considerados los adultos –los que son o pudieran ser “papás”, para que nos entendamos- y los defensores -que serían los, en su mayoría, jóvenes post-adolescentes.] 

Cuando alguien dice que como lector no puede o no quiere (no lo aclara) tolerar que se menosprecie el trabajo de un autor simplemente (la cursiva es mía) porque no le agrada el contenido del libro reseñado a mí me parece que es ir demasiado lejos. No es para rasgarse las vestiduras, entiéndanme, pero es pasarse. Esto ocurrió aquí. El discurso, cuando parece cobrar interés (que es inmediatamente después de esa frase) toma un rumbo tan inesperado y de tan poco peso que casi no merece el esfuerzo de ponerlo en evidencia. Aún así haré gala de mi habitual generosidad para regalarles la vista un rato. Lo que justifica la afirmación que encabeza este párrafo, mejor dicho, lo que pretende dar valor a la afirmación (iba a cometer el error de decir “lo que justifica su argumentación”, como si hubiera tal cosa) no es “qué”, sino “quién”: Vicente Luis Mora y su (más que correcta, todo hay que decirlo) reseña. Este escritor y crítico por el que siento el mayor de los respetos desplegó en su momento un discurso que trataba de demostrar que el libro de Tao Lin es todo lo digno de elogio que nos prometía y nos promete la editorial. (Yo siempre he tenido la sospecha de que a Vicente, a quien no quiero hacer protagonista de esta entrada porque no va el cuento con él, lo pervertían otros intereses –no espurios, no económicos- y que su crítica, que se fingía defensora, venía a ser como un truco de magia, un despliegue de habilidad, algo así como la demostración matemática, a fuerza de tergiversar las ecuaciones, de que dos y dos podrían perfectamente ser cinco.) Sin embargo lo que parece hacer Mora (y seguramente me equivoque) es limitarse a darnos -como si hubiera sabido entonces lo que se avecinaba- las razones por las que el libro de Tao Lin puede ser salvado. No dice nada que no sea cierto: la decadente sociedad americana hace estragos entre las nuevas generaciones que ven su futuro negro chamizo y actúan (en mi opinión desacertadamente pero) en consecuencia, que en este caso es no actuando en absoluto. A mí, en cambio, si el libro me hablase de algo sería de que cuanto más comunicados estamos menos comunicados nos sentimos. Se sienten. Algunos. Ya me entienden. 

Retomando el origen del debate no puedo dejar de preguntarme qué es exactamente lo que debemos valorar en una novela si, como se nos indica, el contenido del libro no puede o no debe ser uno de los factores a tener en cuenta. La portada no, eso seguro (o por lo menos espero que no). Entiendo, por algo que esta chica, Carlota Moseguí, dice después, que lo que debemos valorar (no especifica que sea únicamente con esta novela y de hecho sus sentencias parecen incluir toda cuanta literatura se hace actualmente) es la "modernidad" con que está escrita y el nivel de realismo con el que se dibuja la sociedad actual. Es cierto que el Gmail es una herramienta habitual, diaria, que el Spotify también, incluso eso llamado What´s up parece ser algo bastante común –mención aparte merecería el comentario de que la comunicación con los padres la realiza a través de la Blackberry, algo que puede sonar muy moderno, sin duda, pero que a mí me produce cierto espanto-. Lo que no es normal es que la gente considere que el libro de Tao Lin es bueno simplemente porque los mecanismos de comunicación utilizados por los personajes son los mismos que pueblan el día a día de los lectores. Esto plantea un interrogante (a mi, al menos, me lo plantea): ¿es la modernidad –amparada o no por Baudelaire- lo único que determina qué es el arte auténtico? Y aunque así fuese, ¿justifica ese supuesto despliegue de modernidad (y costumbrismo postmoderno) del que hace gala Tao Lin que “Richard Yates” sea una obra de arte? Yo creo que no, sinceramente, como tampoco creo que el problema de que las diferencias entre los bandos a favor y en contra de esta novela tengan que ver con esa “modernidad”. Yo, que ya tengo cierta edad, también soy usurario del chat de Gmail, tengo cuenta en Facebook y dispongo de acceso a internet a través del móvil pero eso no quiere decir que vaya a tragar con ruedas de molino. El problema de Tao Lin nunca ha sido una incapacidad para reflejar el día a día de los jóvenes (más o menos adolescentes, más o menos americanos) de hoy en día sino que el discurso utilizado para ello sobrepasa con mucho la paciencia de cualquier lector que sepa que para transmitir ideas globales acerca de los cambios sociales no es necesario aburrir al personal. 




[Esta entrada terminaba, en un principio, del modo siguiente: “En definitiva, que recomiendo imperativa y activamente (manifestaciones silenciosas incluidas) su no-compra y posterior no-lectura.” Ahora ya no lo pienso. Les invito a una lectura completa o parcial (los asientos de la Fnac y media hora son más que suficientes para esto segundo –que se lo digan a Clément Cadou-) y a la no-compra (si tienen modo de evitarlo, al menos hasta que puedan echarle un vistazo) para que se hagan ustedes una composición de lugar y decidan si está bien o no está bien considerar que esta novela es buena simplemente porque trata temas actuales y se ubica en la más resplandeciente de las modernidades.]



[Mi relación con los implicados: ninguna. Ni buena ni mala, sino todo lo contrario. Esto incluye a la blogger citada, Carlota, que espero no se tome a mal el haberla maltratado un poquito durante esta entrada. Respecto a Vicente Luis Mora quiero dejar clara una cosilla insignificante: no creo que existan "oscuras intenciones" por su parte a la hora de hablar bien de este libro. Si él dice que le gusta yo me lo creo, no tengo motivos para lo contrario. Simplemente me ha parecido que sería divertido jugar con la (falsa) ambigüedad que me ha parecido (a mi) detectar en su entrada. Ya me conocen: me pierde la boca.]



miércoles, 9 de marzo de 2011

Vehículos Promocionales Ibrahim B.: "Fight Blog"


Ese chico de la foto (que aparenta veinte años y lleva la misma chaqueta vaquera que llevaban los chicos de veinte años hace -adivinen- veinte años) es Antonio J. Rodríguez, más conocido como Ibrahim B. (esta tontería mía del paréntesis anterior vendría a demostrar, no que el tiempo no pase por él, sino que simplemente el tiempo no pasa). A pesar de ser crítico literario y escritor nuestro pequeñín está resultando ser también, y contra todo pronóstico, un ser vivo de una clarividencia pasmosa y pasmante al erigirse cabeza pensante del blog llamado Fight Blog. Y ahora les explico los motivos, todos espurios y salpicados de dobles intenciones. 

Las instrucciones de uso del Fight Blog (lo mejor es el nombre) están aquí y aquí pero como ya sé que no les gusta mucho leer les voy a hacer yo un resumen: se trata de que el ya mencionado creador ponga una fotografía de algún miembro de no sé qué poco selecto grupo (esto estará, supongo, por definir, pero puesto que se habla del “autor” ya lo supongo literario y por lo tanto, inmundo) como entrada del blog. La fotografía irá acompañada no sólo de una autorización sino de un manifiesto interés del homenajeado para ser “objeto de”. Esto abre un abanico con tantas posibilidades que aturde. Para empezar ejemplifica perfectamente el dicho popular “que hablen de uno aunque sea bien”, lo cual es útil siempre, pero especialmente con fines promocionales. Veamos algunos supuestos: 

  • Primer supuesto: cuando un escritor publique libro nuevo. Imaginemos a Antonio Orejudo, por ejemplo. Su “Momento de descanso” sería un vehículo genial para ese afán marionetista que tiene el escritor. Podría fingir ser seis mil anónimos y elogiarse de trescientas formas diferentes. Podría diseñar incluso sencillas coreografías con los avatares. Y quien dice Orejudo dice Vicente Luis Mora, que está en pleno proceso creativo y llegado el momento necesitará hacerse notar. (Ibra, le haces de mi parte una preinscripción para el 2012 y lo cargas en mi cuenta). 
  • Segundo supuesto: cuando un traductor publique nuevo trabajo. Para muestra un botón: Julio Fuertes. ¿Quién había oído hablar de Julio Fuertes? Yo, hasta ahora, no. Pero ya no se me olvida, ya verán. Y ahora fíjense en la casualidad: Julio Fuertes es el traductor de un libro que se llama “Richard Yates”, escrito por un tal Tao Lin que (redoble de tambor) Ibrahim ha comentado en “Quimera”, mi revista cómica favorita. Edita: Alpha Decay, que también editó el librito (que todavía tengo por leer) de Ibrahim, uno llamado “Exhumación”, tan pequeño que cabe en el bolsillo de un playmobil. Que el mundo era un pañuelo ya lo sabíamos todos, pero que el pañuelo era tan pequeño, seguro que no. 
  • Tercer supuesto: blogs. Yo mismo se lo he sugerido a Ibrahim aunque sospecho que la idea ya la tenía. Ya no somos niños (yo, por ejemplo, tengo un montón de años) y si queremos alcanzar la fama deberíamos ir dándonos prisa no se nos vaya a pasar el arroz. De ahí a la publicidad y a los millones no hay nada. Un retiro en condiciones, viviendo de rentas del pasado, todas gracias al buen Ibrahim, al que dios conserve el entendimiento. 
  • Cuarto supuesto: editoriales, distribuidoras, objetos de deseo, etcétera. 

Y ya que hablamos de publicidad.... Hasta que Ibrahim mencionó lo de incluir Google Adsense veía en la propuesta cierta innovación. Ahora, por muy cargado de buenas intenciones que esté (o precisamente por ellas), este pequeño circo puede parecer un poco “maratón solidario” con famosos prestos al ridículo incluidos. Mi propuesta para evitar el desastre es la siguiente: que nos dejemos de tonterías y causas nobles y hagamos un favor a quien realmente lo merece: que nos gastemos lo recaudado a final de año en comprarle cuarenta ediciones del nuevo libro de ensayos al pobrecito Juan Francisco Ferré (“Mimesis y simulacros”) que no tiene ni para el photoshop y se ha tenido que dibujar la portada con plastidecor. 


Bueno, bromas aparte, quiero dejar con esta entrada constancia de mi entusiasmo (espero "contagioso") por la propuesta de Ibrahim y su Fight Blog (¿ya les he dicho lo mucho que me gusta el nombre?) que independientemente de sus posibilidades como medio de promoción literaria y partidista (o no) me parece una idea absolutamente genial que puede ofrecernos infinitas horas de diversión de aquí en adelante y durante lo que dure el futuro tan incierto que se nos echa encima.


(Esto acabaría genial si ahora todos ustedes aplaudiesen como locos y corriesen al blog en cuestión a llenarlo de chispeantes comentarios anónimos o no, como ustedes vean).

viernes, 25 de febrero de 2011

Franquicia Jordi Corominas, dígame...



—Franquicias Blogliterarias, ¿en qué puedo ayudarle? 

—Buenos días, he visto su anuncio en el periódico y estaba interesado en contratar una franquicia Jordi Corominas pero antes quisiera más información. 

—¿Está al corriente de las condiciones? 

—Más o menos. El anuncio asegura que a cambio de un módico precio puedo alcanzar rápida y fácilmente la fama. 

—Bueno, yo diría que las conoce menos que más. Rápidamente sí, fácilmente dependerá de sus aptitudes como escritor. El de Jordi Corominas, me ha dicho, ¿verdad? 

—Sí. 

—Atienda, porque no acostumbramos a repetir las cosas: por 25 euros al mes, IVA incluido, podrá usted gozar de derechos limitados de publicación en el blog de Jordi Corominas. Tendrá derecho a publicar una entrada semanal a cambio del 10% del total de los ingresos derivados de la publicidad generados desde esa entrada. A cambio se comprometerá a escribir posts con contenido y no simples microrrelatos, hacia los que el autor siente una particular animadversión. Transcurridos diez años, y siempre y cuando los ingresos generados por sus entradas hayan superado el valor resultado de la aplicación de una fórmula cuyo desarrollo no puede ser explicado vía email, alcanzará usted la independencia: Jordi Corominas personalmente apadrinará su nuevo blog, lo enlazará desde el suyo y se comprometerá a poner un comentario en un mínimo de 1 de cada 10 entradas durante el periodo nunca inferior a un año. 

—¿Y después? 

—Será asunto de ustedes. 

—¡¡¿Podré hablar personalmente con él?!!! 

—No. Madure, coño! Estaba bromeando. Al cabo de ese año se quedará usted completamente solo

—¿Y cómo dice que es esa fórmula matemática? Es que yo soy de letras. 

—Ya se lo he dicho: se la enviaremos por email junto con el resto de las condiciones del contrato al finalizar esta conversación. Ya tendrá tiempo de estudiarla. Haga el favor de no interrumpirme. 

—Perdón. Sólo una pregunta: quisiera saber si habría alguna forma de reducir la condena, quiero decir, ¿no podrían ser menos de diez años? 

—En caso de acuerdo entre ambas partes se podría plantear un cambio en la modalidad de contrato una vez transcurridos cinco años, nunca antes, y pasar a tutelar un blog homenaje a Jordi Corominas. Un término que se conocerá como “Filial Innominal”. 

—Eso no lo entiendo. 


—Vale. No me interesa. 

—Bien. No interrumpa. 

—Perdón. 

—El resto de las cláusulas, tal como acabo de explicarle, serán detalladas a través de un email, pero como a pesar de sus continuas interrupciones vamos bien de tiempo, puedo adelantarle tres condiciones especialmente importantes. Primera: se trata de un blog literario, por lo tanto nada de hablar de cine, cocina, bricolaje, programas de televisión, motor o tecnología por mucho que aquéllas traten el asunto literario. Sus problemas personales nos importan un carajo, por lo que tampoco toleraremos entradas del tipo “La ley Sinde me hará ganar dinero” o “No tengo ni puta idea de lo que pasa en Egipto”. En cualquier caso somos flexibles y si lo desea puede contratar pequeños espacios en el blog de Alberto Olmos en la modalidad PPP o Pay Per Post. Sus gustos musicales tampoco nos interesan: por mucha letra que tengan las canciones no se consideran literatura. 

—Pero si en su blog habla de los Beatles… 

—Esa división es la excepción que confirma la regla. Está abierta a petición del propio escritor y es fruto de una debilidad. De momento no esperan ampliar la plantilla. Si me vuelve a interrumpir le colgaré el teléfono. 

—¿No está siendo usted un tanto borde, señorita? Quizá no esté teniendo un buen día, pero eso no debería… 

—Se equivoca. Estoy tendiendo un día cojonudo. Un día de putísima madre. Así de bueno. Tan bueno que he vendido a doce tontos del culo siete franquicias de Lector Mal-herido, cuatro de Todo lo que debe saber para acabar con la cultura y una de Soy un genio y tú no. Quizá de ahí el tono. No lo siento. Acéptelo. La vida es una mierda pero no la hemos inventado nosotros: esto es un negocio: aquí no gestionamos blogs filosóficos. 

—Disculpe. No volveré a interrumpir. 

—Me parece bien. Así vivirá mucho más. Segunda Condición Especial: las entradas no podrán tener menos de 2.000 palabras ni dedicar más de una tercera parte a detallar el contexto histórico de la novela y/o ensayo. Esto no es El placer de la lectura, recuérdelo. ¿Me va siguiendo? 

—De cerca. Ha dicho que eran tres condiciones. 

—Correcto. Tercera Condición Especial, exclusiva de Jordi Corominas' Blogs: el tono debe ser educado y formal. Imagine que es usted de buena familia, un tipo listo y resuelto y no un pobre miserable incapaz de escribir un relato y no digamos una novela. Imagine que no fuma y sabe beber con moderación y que tiene un montón de amigos en todas partes de España que estarían dispuestos a meterlo en sus casa y en sus camas y a dejarle llevar a sus hijas al colegio. Imagine que todos le aman y le leen y que para ellos su blog es el Sancta Sanctórum de la literatura. Cuando se lo haya imaginado empiece a escribir. Antes no. Nunca. Ni se le ocurra. Aquí no se pueden escribir chorradas: eso podría ser en el El rincón de Alvy Singer, pero ahora anda de gira y está como Ausente. ¿Había pensado algún tono en particular? ¿Un estilo especial? ¿Viene con ideas frescas o sólo quiere ponerse en forma y teclear un ratito? 

—Había pensado en analizar en profundidad lo literario desde lo no-literario. O algo así. Algo de crítica literaria sin tener que leer demasiado. Y si me regalasen libros ya sería la leche. 

—Eso se lleva desde Bolmangani Inc.. Son otra franquicia: ¿no ha visto su diseño? Ellos gestionan sus propios asuntos. Pero espere unos días: estamos preparando una OPA hostil que dejará el panorama actual más acojonado que si el blog de Jordi Carrión se pusiera a contar chistes. No lo va a reconocer ni su padre. Quizá entonces podamos llegar a un acuerdo. ¿Alguna otra idea genial? 

—Bueno, ¿y algo artístico, tipo Luna Miguel

—¿Tiene cámara de fotos? 

—No. 

—¿Chaqueta vaquera sin mangas? ¿Pulseras con tachuelas ensangrentadas? 

—No. No. 

—¿Pensamiento fugaces? 

—Ni uno. 

—Pues no puede. ¿Le interesa la poesía? 

—No mucho, la verdad. ¿Lo dice por la loopoesía, verdad? Es que no la sigo mucho. La verdad es que a mí la poesía no me gusta nada. 

—Qué sensible. Estoy a nada de enamorarme. Joder que asquito me está dando su persona. No, imbécil: lo digo por lo que dice usted: “Quizá algo artístico, tipo Luna Miguel”. Pensé que se que refería al amor y sus versos como dardos envenenados, ya sabe, toda esa mierda de la lírica desatada con autorretrato de fondo. Por un momento me hizo sentir mujer. Ah. 

—Pues no, era sólo una idea. Como a veces tiene textos tan breves y tantos seguidores…. 

—¿Quién? 


—Joder, qué pesado. También Café de Madison, pero se necesitan un montón de amigos para mantener la fachada. ¿Los tiene usted? 

—Está mi madre. Y podría convencer a unas primas. También mi mujer. Y en diez años mi hija. 

—Bravo. Definitivamente me he enamorado. 

—El estilo Café de Madison suena genial, bien mirado. Podría hasta escribir cartas. 

—El blog de Jordi Corominas no escribe cartas. Demasiado artístico. Al señor Corominas lo que le gusta es la ensayística y sus variantes. La prosa de pocas elipsis. Para experimentar tenemos la división del verso. 

—¿Y no cree que podría encajar? 

—¿No ha dicho que no le gusta la poesía? Deje ya joder con tanta inseguridad. Sea un poco hombre, por el amor de dios. Porque se me hace tarde y me está empezando a dar pena le echaré un cabo: si le interesa la opción de Café de Madison le puedo hacer precio en su blog: entradas de menos de doscientas palabras con nueve comentarios garantizados: tres “qué recuerdos me trae esto”, dos “qué hermoso, Madison”, un “Cariño, mucho bicos y una aperta” de una gallega nativa y tres “Madi me dejas sin palabras. Ven a cenar a casa cuando quieras”. 

—Está bien, por el tamaño y eso, que es ideal, pero me hacía ilusión el blog de Jordi Corominas. Tiene un diseño como más profesional. Y mi mujer dice que le gusta más. 

—Su vida me provoca una arcada tras otra. Déjelo. A la franquicia Jordi Corominas no se viene con ganas de escribir poco: se viene con ganas de escribir sin parar. Todo el puto día y en sesenta frentes diferentes: Revista de letras, suplementos culturales, blogs de amigos. Hágase cargo: cubrimos el 53% del espacio literario español y pensamos abrir sucursales en Latinoamérica. Si busca algo intermedio entre el estilo Luna Miguel o Café de Madison y el Jordi Corominas pero con vistas al ensayo lo mejor que le podemos ofrecer es un espacio en el blog de Ibrahim B., pero le advertimos desde ya que si una sola vez se le entiende se cancelará ipso facto el contrato y nos deberá un montón de dinero. 

—¿No se me puede entender nada? 

—Nada. Ni una puta palabra. Ya nos ocupamos nosotros de que los seguidores le den la razón y sepan dramatizar por escrito un asentimiento. 

—Y entradas cortas, dice. 

—Cortísimas. Como monosílabos. Era un chiste. No, medianas. Somos flexibles. Dependería del tamaño de los libros, pero ya le digo que tienen que ser muy eruditas, que parezcan de pago. 

—Suena genial, pero definitivamente me quedo con Jordi. Me permitiría explayarme en caso de ser necesitarlo. 

—Está usted pidiendo a gritos una patada en la boca. ¿Quiere explayarse y que no se le entienda una puta palabra? ¿Quiere parecer realmente profesional? Entonces, Vicente Luis Mora. Además está sensacional de precio porque desde que se ha puesto a escribir un nuevo libro se tiene que leer los muros de los 2025 seguidores que cree que se lo comprarán. Necesita ampliar la plantilla. Además se rumorea que dejará la crítica pura a favor del chascarrillo en facebook. Está tan ocupado que le puedo colar sin examen de acceso. 

—¿Examen de acceso? 

—Clausula 73b. Ya la leerá. 

—Vale, pero, ¿Vicente no es también un poco poeta? 

—Me está levantando dolor de muelas tanta tontería. Sí, es un poco poeta. Joder. De acuerdo, le puedo ofrecer algo mejor que el Vicente Luis Mora, por sólo dos euros más, pero ya rondamos los 43, avisado queda: erudición, entradas largas, muchas visitas y pocas lecturas. Le garantizamos impunidad absoluta. Puede usted cagarse en los muertos del mismísimo Herralde, que a partir de la línea 22 no se va a enterar ni dios. Por un euro más puede incluso poner fotos de cuadros con primeros planos de órganos reproductores o mujeres semidesnudas de pechos grandes en vestidos de satén amarillo. 

—Brutal. ¿Qué blog es ese? 

La vuelta al mundo de Ferré. El único requisito es tener nociones básicas de filosofía y ser capaz de citar seis ensayos editados por Anagrama en cada entrada. Textos infinitos incluso en varias partes y listas de lo que quiera: cine, radio y televisión. ¿Cómo anda de idiomas? 

—Fatal. Castellano y gallego hablado siempre que cierre el acento y no se me entienda porque no es normativo. Algo de inglés. Lo que se me pega de las series. Mucha jerga CSI. 

—Pues entonces, no. Al final va a tener usted razón. Corominas es lo mejor. Pero no lo veo a usted muy despierto. Va a tener que ponerse las pilas. ¿Tiene experiencia en el campo? ¿Algún blog en su pasado reciente? 

—La medicina de Tongoy. 

—Cretino. Ya me lo parecía. Podía haberlo dicho antes y no hacerme perder el tiempo. 

Clic.