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martes, 19 de octubre de 2010

A Roberto Bolaño le gusta Tongoy

Elijo una estación descocida para partir en este improvisado Viajeros al Tren!: entro en la web de Bolaño, por dármelo a conocer, puesto que no nos habían presentado y me encuentro un página casi en blanco: un fondo gris y cinco pequeños enlaces: fea y funcional: muy de gran escritor. Justo lo que buscaba yo para mí.

Me da una rabia terrible que Roberto Bolaño no haya hecho nunca referencia alguna a la calidad de mi blog: ni buena ni mala. Si, ya sé que se murió antes de abrirlo, pero la pena es la misma (la de su muerte y su silencio y viceversa). Llevo tiempo buscando la fama con la insana intención de demostrarle al mundo que nada me puede cambiar, ni tan siquiera un éxito indecoroso, y estoy seguro de que todo hubiese sido mucho más fácil si Bolaño hubiese dicho algo, aunque fuese poco. Me hubiese bastado en un sencillo “Me gusta” en alguno de esos Avances Editoriales que publicito en el facebook semanalmente. Con ese “Me gusta” me las hubiese apañado perfectamente para sacarle provecho. Pero no pudo ser: se murió antes: Bolaño. Y ahora estoy yo, por su culpa, medio huérfano de éxitos, haciéndome valer en soledad.

Se me ocurren terribles maldades y abuso de este silencio salvaje para fantasear con alguna: es primavera (aprovecho lo opcional de la escenografía) y me doy de alta otra vez en el facebook pero esta vez como Roberto Bolaño, no el muerto, claro, sino otro, haciendo coincidir el nombre. Altero una foto con algún morphing para darnos parecido, porque lamentablemente –qué delgado estaba, qué envidia!- no coincidimos ni en las gafas. Ya dentro del facebook me hago un perfil literario; me publico libros con ligeras variaciones: “Las detectives Salvajes”, por ejemplo, o "Putas Homicidas" o "2999": cosas similares. Y entonces le doy a Tongoy prioridad absoluta y me ensalzo en comentarios y en todo lo que encuentro y procuro que la gente vea que “A Roberto Bolaño y 6 personas más les gusta esto”. Después de eso: camino de rosas: entro en foros y digo: “A Bolaño le gusta Tongoy”: miradas de asombro; estupefacción: qué alto ha llegado y en qué poco tiempo. Quién va a fijarse en la fecha. Y aún haciéndolo: con las dudas se entra y bueno, digo yo que alguno se quedará, no para siempre, seguramente no, pero un par de meses, porqué no: algunas entradas. Si ven el error, que lo verán, puede hacerles gracia: “Qué gracioso, mira, de tanto mentir no sabe hacer otra cosa”, dirán y yo tan feliz, entusiasmado, aceptando las críticas mordaces y demoledoras a cambio de un poco de fama. Llega entonces lo mejor: su familia, sus amigos, su fundación: me denuncian: bloquean mi cuenta del facebook y un juzgado de guardia determina "prácticas indecorosas de carácter literario en la red"; me libro de prisión "por vacío legal" y me ofrecen escribir un guión para contar mi historia en una película dirigida por Bigas Luna que me pondrá a follar sin parar con los mejores actores. Y así, cubierto de gloria, la muerte: paseando por un campo nevado caigo con mis setenta años, cual Robert Walser, a plomo; y allí me quedo, infartado, dejando un legado de fotos aéreas y un blog lleno de mentiras.

Este tren no lo quiero, prefiero la estación, tan ocurrente. Me doy cuenta enseguida de la enorme influencia que han ejercido en mi prosa los dos únicos capítulos que he leído del ultimo libro de Daniel Sada y me propongo hacer pronto las américas: buscar referentes mejores, amigos suyos. Se me hace tarde sin haber partido el tren. Bajo y me voy. Ya viajaré otro día.

viernes, 8 de octubre de 2010

Viajeros al blog!: Primer Viaje


Viajeros al blog!, será, si nadie lo remedia, la primera sección fija de este espacio. Es de ley reconocer que la idea me la dio el “Dietario Voluble” de Enrique Vila-Matas. Concretamente el siguiente párrafo:

Hace unos días entré en un diario blog peruano de carácter literario y ese blog me llevó a otro y acabé entrando en un tercer blog, también peruano y literario, el del escritor…

La intención -por si no ha quedado bastante claro con la cita- es la entregarme periódicamente a un viaje todo lo literario que sea posible a través de los blogs de la red, con un itinerario sin definir, sin concretar el tipo ni la cantidad de paradas y contando siempre con un final incierto: justo destino para un viaje cuyo punto de partida debe ser lo más azaroso posible.



EL PRIMER VIAJE


Para este (espero que breve) primer viaje decido rendir un homenaje partiendo desde una estación conocida: se trata de uno de mis blogs literarios  favoritos de cuántos pueblan la red, que es también el de un amigo, culpable sin quererlo (que no sin saberlo) de la existencia de éste. Bolmangani habla en una de sus entradas de algo (a pesar de todo) tan literario como son las malas novelas. Aunque inicialmente su objetivo se centra en dos obras muy concretas no está en su naturaleza evitar una reflexión más global que en este caso tiene su origen en una traducción que una revista literaria gratuita en la red, de periodicidad variable (esto me encanta) hace de un ensayo de B.R. Myers publicado en el número de julio/agosto de 2001 en la revista Atlantic Monthly y por la que fue calificado de “amateur, outsider, y sensacionalista”; puesto que el artículo es demasiado largo me lo imprimo para llevarlo en la mochila y leerlo tranquilamente en el banco de algún parque, pero hasta que llegue el momento busco saciar mi curiosidad sobre el tema y encuentro un lugar común en que citan, mucho más brevemente, este mismo libro y destacan -cosa que no hace Hermano Cerdo- un irónico decálogo que sirve de apéndice al mencionado ensayo y en el que descubro, no sin cierta satisfacción, que el quinto mandamiento del buen escritor (“Si la frase no es larga y aburre, entonces seguro que no es literatura”) pone mi comatoso estilo en el buen camino -el de la alta literatura- y empiezo inmediatamente a sentir la presión de los grandes escritores que viene acompañado de un vértigo terrible y decido que lo mejor que puedo hacer es ir acabando esta frase y buscarme otro tópico menos estresante en el que caer. Puesto que este “lugar común” es el final de una vía y no me ofrece continuidad opto por bajarme y esperar el viaje de vuelta tomando un café mientras leo el ensayo de B. R. Myers, triste al pensar que este corto trayecto me aleja de la excelencia.