Hoy no tengo ganas de leer. Es tarde y estoy cansado. No sé si es buena idea pero como estoy ocioso y un poco cabroncete les voy a hablar de la novela más aburrida del mundo mundial: “En lugar seguro” de Wallace Stegner. Si ven que les entra el sueño no se apuren, es natural.
La leí hace mucho; más de un año. Tiro de archivo y compruebo que fue el primer libro de Julio pasado. Esto lo digo como disculpa anticipada por si no recuerdo los detalles -que ya sé que no-. Quien me la recomendó me caía muy simpático y me deje llevar. Hoy ya nos sabemos incompatibles pero conservamos el respeto. No todo son puñaladas en este negocio. Cierto es que tenía buena pinta. Me refiero al libro. Una bonita edición y esas cosas. Al argumento no le hice mucho caso, ya les he dicho que era una recomendación. Pero la portada… mierda, la portada debió hacerme sospechar. De semejante portada no podía salir nada bueno.
La cosa va de esto: un matrimonio muy mayor muy mayor va a visitar a otro matrimonio muy mayor muy mayor que vive en el campo. Miren si son mayores que la mujer del segundo matrimonio se está muriendo de vieja, nada menos, y le quieren decir adiós en el postrero instante final. Una vez allí a la primera pareja, los de clase media, que también está fatal de lo suyo, le da por la nostalgia. La novela va de recuerdos, efectivamente: de cómo se conocieron los unos y los otros y tal y cual pascual y de cómo era la vida por entonces y puesto que todos eran muy amantes de la naturaleza hay la hostia de páginas de paseos por el bosque y puentes de madera sobre ríos picados de estrellas. Lo de tener una vida aburrida y la desfachatez de contarlo. También hay cosas que a la larga no tienen importancia como son diferencias de clases –las suyas- e historias de amor indestructibles, pero sobre todo hay una promesa: la del conflicto brutal; el drama. Algo que llegado el momento se supone que cambiará la percepción de los unos frente a los otros; algo que en cierto modo los distanciará y ya nunca volveán a ser los mismos. Uno se espera sexo, claro, o un crimen pasional o algo tipo Bony and Clyde en sidecar. No sé. Yo pensé sobre todo en un incesto entre amigos que son como hermanos o similar; que ella fuera él también me valdría. Más que nada por el tono del escritor y las puyitas que iba dejando cada cinco páginas, entre cascada y cascada y lo buena que estaba la susodicha, caramba.
Hagamos un ejercicio: imagínense que leen una novela que no les está entusiasmando sino más bien todo lo contrario. Imagínense que si la aguantan es únicamente por el deseo de que la promesa de ese cambio sea suficiente para cambiarlo todo. Pero cambiarlo de verdad. Cambiar incluso la percepción que se tiene de que el libro es un peñazo. Y ahora imagínense que llegado el momento, cruzado ya (si no recuerdo mal) el ecuador del libro, descubren que la sorpresa es –tachán!- un puto bote de manzanilla. Les dejo unos segundos para que lo procesen. Atentos: el protagonista tira al fuego un bote de manzanilla para evitar un conflicto marital que no les voy a detallar, aceptando con ello una culpa que no tiene. El amor, vaya, y sus consecuencias.
Bueno, pues sin entrar en detalles para no destriparles (más) la historia -no vayan a querer leerla- esta es la cruda realidad: si lo más interesante de un libro es descubrir que las relaciones de pareja se sostienen muchas veces con tiras y aflojas y que amar es ceder pues entonces sí, este libro es apasionante.
No voy a dilatar la reseña porque el libro no lo merece y tampoco me estoy divirtiendo tanto como esperaba. Lo voy a dejar aquí y ya deciden ustedes qué hacer con lo que les he contado. Por si no ha quedado claro: yo no voy a volver a leerme endejamásdelosjamases nada más de este buen señor. Bastante tuve con la gilipollez que fue acabarme este.

