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lunes, 22 de julio de 2013

“Los hermanos Sisters” de Patrick deWitt

Hoy toca crítica breve, no todo va a ser incontinencia verbal. Además, la novela tampoco lo merece. Reseña modelo Advertencia, digamos.

La acción transcurre en la soleada california a finales del siglo XIX. Esto va de dos asesinos a sueldo (y a su vez hermanos) que son contratados para matar a un señor, un buscador de oro, que vive a tomar por culo de dónde ellos están. Preguntas, las justas. A tal efecto han de desplazarse de un punto X a un punto Z pasando por un punto C, D, E, F e incluso, si me permiten el chiste, G. Sabiendo como sabemos que del punto X al Z distan semanas a caballo, la cosa va de contar los ires y devenires de ambos durante el trayecto, con sus tiros, sus bandidos, sus putas y sus amores no correspondidos.

Cuenta entre sus virtudes el cachondeo y entre sus defectos, también. Quiero decir que si te quieres reír, puedes, faltaría más, pero también llorar, de pena fundamentalmente, por esa incansable e inútil búsqueda del humor en tiempos revueltos. Ya sabemos como son los "humores", que o te llegan o no te llegan. A mí ni me rozó. 

Media culpa es de la contraportada, que promete el oro y el moro, al nombrar, como sin querer, a Cormac McCarthy (aunque sea para desmentir supuestos parecidos razonables), William Faulkner (¡Faulkner!) o los Hermanos Coen. Pues de la misa, la media. Nada de McCarthy, más allá del blanco de los ojos de los caballos y a Faulker lo he buscado pero no lo he visto. Con los Coen… bueno, sí, con los Coen tiene algo, el humor tirando a absurdo, quizá, pero tampoco mucho más. Les recuerdo que estamos hablando de una novela mucho menos graciosa de lo que se cree.

El problema es que el protagonista (la novela está narrada en primera persona) es un poco gilipollas y cuesta tragar con la continua dinámica de rozar la depresión, querer montar una ferretería y volver a los brazos de su madre. Ora le da por descubrir el cepillo de dientes, ora por seguir una dieta baja en grasas, ora por regalar su dinero a mujeres a cambio de sonrisas y ni una triste mamada. Y todo esto mientras su hermano, un perfecto hijo de puta, tiene una actitud mucho más normal, más propia de la imagen que el lector tiene de un canalla amoral en el contexto histórico de la fiebre del oro. Cierto es que para realismo ya tuvimos Deadwood y no funcionó. Ya supongo que de ahí el humor, pero de la mezcla no saltan chispas. No funciona. No es divertido lavarse los putos dientes, deWitt, ni enamorarse tres veces, ni creer que es mejor darse a la ensalada. 

Novela floja dónde las haya, que encadena situaciones absurdas que no conducen a nada, que como relleno está bien y que no sirven nada más que para describir la peculiar relación entre dos villanos hermanos ni tan villanos ni tan peculiares.