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miércoles, 8 de mayo de 2013

“La vida interior de las plantas de interior” de Patricio Pron

Leo los breves apuntes que tengo sobre los relatos incluidos en este recopilatorio no sólo para refrescar la memoria sino también para buscar, si existe, un punto en común entre ellos. No lo encuentro. Pienso que el título podría ayudarme. No lo hace. Doy por jodida esta reseña que no voy a dejar de escribir. 

La anécdota de la semana es la siguiente: durante el octavo relato de los trece que componen este librito tomé la firme pero revocable decisión de no volver a leer a Patricio Pron. Puede que me pillase con el pie cambiado, pero no lo creo; en cualquier caso la sensación de perder el tiempo no me abandonó hasta el final y de ahí la fatal determinación. Lo tengo bastante claro: no volveré a leer a Patricio Pron. 

Ojo, no es una decisión que tenga que ver exclusivamente con el octavo relato; son cosas que pasan. Pero para no dejarles con la angustia, se lo voy a resumir porque como ejemplo es fenomenal y también nos ayudará a entrar en materia. A es un escritorzuelo, lector voraz, que un día abre un blog y suplanta en la red a su escritor favorito (uno de esos que venden muchos libros). B. es otro escritor, a diferencia de A. muy selectivo, que se dedica a meterse en blogs ajenos para explicarle a todo el mundo grandes verdades sobre sus grandes errores (1). Un buen día B critica al escritor —sin haberlo leído— en el blog de A, creyendo que A es el famoso escritor, y A modera los mensajes ofensivos de B, creyéndose en deuda con el famoso escritor. Es una guerra abierta. Sin embargo un buen día se conocen, sin saber quién es quién, y se hacen amigos. Nunca se cuentan lo de sus respectivos blogs (así de amigos). Otro buen día escriben un libro, lo publican, se alaban, se mienten, se reseñan mutuamente sin saberlo. Y poco más. A todo esto el escritor famoso sigue escribiendo, teniendo un hijo tras otro, ganando un premio tras otro, envejeciendo felizmente y serenamente ajeno a las hienas que se despellejan a sus espaldas, que son legión. 

Pues esto es un cuento y aunque tiene su gracia también es una soplapollez como un piano. Quiero decir que esto lo publicas en una revistilla del medio, preferentemente digital y gratuita, y tienes las risas aseguradas de todos los escritores que alguna vez han entrado en blogs anónimamente a ponerse a parir (que dicen por ahí que son unos cuantos) o aquellos que saben de otros que lo hacen. En general todas las personas del medio sentirían el impulso de reír y retuitear el enlace al relato y Pron, como escritor, se vería sobradamente recompensado porque habría llegado al corazón de aquellos para quienes lo habría escrito (al fin y al cabo, tal como decía Lars Iyer en Magma, “uno escribe […] para los amigos de uno, y menos para los amigos que uno tiene que para las innumerables personas desconocidas que llevan la misma vida que nosotros, aquellas que de manera general y aproximada entienden las mismas cosas, son capaces de aceptar o se ven obligadas a rechazar lo mismo, y que se encuentran en idéntico estado de impotencia y silencio oficial.” (cita original de Mascolo en Le Communisme)) 

Está también la sensación, maldita sensación, durante la lectura (voy a generalizar, injustamente), de que lo que ocurre en ellos tiene un efecto demasiado inmediato. Los relatos de Pron, tratan temas sin importancia o se plantean de un modo que da a entender que el tiempo dedicado a la lectura estaría mucho mejor invertido pasándole la ITV al coche, por ejemplo, que ya tiene bemoles. Yo no sé cómo es la vida interior de las plantas de interior. Supongo que aburrida. Los cuentos también. A ver si va a estar ahí la conexión. Juzguen ustedes mismos: 

El cerco es un juego, más que un cuento, muy del estilo de aquella película de Robert Altman llamada “Vidas cruzadas”, que por momentos se acompaña de un ejercicio descriptivista asombrosamente absurdo (2). “Un jodido día perfecto sobre la tierra” trata sobre un jurado de un concurso de relatos que descubre uno absolutamente genial condenado a no ganar porque aquello está, como siempre, amañado (3). En “Cincuenta y cuatro veces” es el perro de Picasso el narrador hablando de su experiencia como perro y modelo de Picasso. “Como una cabeza enloquecida y vaciada de su contenido”, utiliza un esquema similar al utilizado en “El cerco” para seguirle el rastro a una peluca hasta el principio de los tiempos (4). “En tránsito” es una historia de amor que empieza del siguiente modo: “A veces piensa que todos los buenos aeropuertos se parecen entre sí mientras que los malos lo son de formas muy diferentes.” “Diez mil hombres” es un relato que no recomiendo leer con sueño que trata sobre un escritor (¡sorpresa!) que publica algo que alguien quiere hacer pasar por real. O algo así. “El nuevo Orden de la última lluvia” lo dormí. “Trofeo de amantes que han partido” (Pron debería ejercer como titulista profesional de Mondadori) es el de los dos bloggers (5) (6). “La explicación” trata sobre un accidente y su explicación. Es, con diferencia, el más insufrible de todos los cuentos. Durante “Algo de nosotros quiere ser salvado” fui amablemente abducido por una bella mujer y lo olvidé. “Rododendro, tradescantia, tillandsia, bromeli” va de una mujer que encuentra y se queda una cartera que contiene la vida que para sí quisiera. “Algunas palabras sobre el ciclo vital de las ranas” trata sobre ¡un mal escritor! que vive debajo de ¡un gran escritor! al que admira y gracias al cual, creyendo que replica sus hábitos nocturnos, obtiene la disciplina necesaria para llegar a ser, él mismo, ¡un buen ¡escritor!. El relato se acompaña de ciertas reflexiones propias de ¡escritores! (7) “La cosecha”, el último relato, va de un actor porno con sida que se enamora de una buena mujer. Al igual que el primero y quizá por aquello de cerrar el círculo, este también se acompaña de una detallada e inútil relación de algo, en este caso actrices contagiadas (8). 

Seguro que de todos estos relatos —si uno le pone entusiasmo o siente hacia Pron cierta simpatía— se pueden extraer grandes enseñanzas o encontrar grandes virtudes que destacar, qué duda cabe, pero seguro también que esas mismas supuestas enseñanzas se pueden extraer de cuentos mejores, o, cuando menos, más amenos, menos formales, menos exhibicionistas, menos inofensivos y más de erizar el vello de la nuca o de perturbar alguna paz interior o de robar una lágrima que de rendirse a los pies de la Real Academia de la Lengua, la Gramática y la Estética. Seguro que hay cuentos, relatos, que jugando a lo mismo, no le dejan a uno con la sensación de haber elegido el libro equivocado una vez más. 


(1) Un buen día “B. decide que ha llegado la hora de darle un vehículo más idóneo a las verdades como puños que salen de su boca: entonces crea un blog en el que -con seudónimo, naturalmente- denuncia las servidumbres y los pequeños y grandes escándalos de la literatura y del negocio editorial, que él conoce bien porque es una persona inteligente y formada que lee la prensa cultural y sabe utilizar las redes sociales. No le va mal con el blog: aprende a redactar con cierta solvencia y obtiene una visibilidad que piensa que le servirá algún día, cuando dé lo que él llama «el gran salto» a la literatura de ficción.” 
(2) “Empuja un carro frente a sí y arroja dentro los productos que coge de los expositores con aire distraído. ¿Qué compra? Un kilo de arroz, dos paquetes de jamón de pavo ahumado, dos botellas de aceite, un paquete de pasta de la marca Palle, dos tarros de pepinillos en conserva, una docena de huevos de producción ecológica, tres bolsas de pan precocido congelado, dos cartones de zumo de manzana y uno de una mezcla de zumo de plátano y de cereza, tres pizzas congeladas de jamón de York y piña —que es la única combinación de sabores que a ella le gusta—, miel, un kilo de tomates, una col lombarda, unos filetes de cerdo empanados, una caja de puré de patatas deshidratado, una bolsa de medio kilo de coles de Bruselas congeladas, un kilo de zanahorias.
(3) “En una votación de tres contra uno gana el relato titulado «Una melodía para un sueño olvidado», cuyo principal mérito —comprendes tras un momento— es que la acción tiene lugar durante las fiestas del santo patrono del pueblo que organiza el concurso y el itinerario del protagonista por las calles del pueblo es riguroso y está bien documentado.” 
(4) “Aún más atrás en el tiempo, antes incluso que todo esto tenga lugar y las vidas de Chamo y del obrero chino, la mujer del médico de Dover, los amantes del piso en Noordwijk aan Zee, la anciana que salvó su peluca del incendio, Liza y el periodista de De Telegraaf y los albatros y todos los otros giren alrededor de las encarnaciones de un objeto de plástico sin ningún sentido, mucho antes de que todo eso suceda, hay un pequeño caballo hundiéndose en un pantano en algún momento del Eoceno inicial, hace algo así como cincuenta millones de años.” 
(5) “A. lee Trofeos de amantes que han partido en una noche y llora brevemente en su cama, asombrado y aturdido por la renovación de un descubrimiento. B. no lo hace, pero lee las reseñas en la prensa y, a raíz de que ya cree conocer bien sus vínculos con el negocio editorial —y los vínculos de amistad y de camaradería que supuestamente se establecen entre escritores y críticos y periodistas—, y leyendo entre líneas, determina que el libro es malo; […]” 
(6) “Aunque la crítica literaria sólo tiene importancia allí donde es legitimada por la figura de un lector reconocible y de calidad, la que realiza B. parece no caer en saco roto; es cierto que, a pesar de sus intervenciones, la literatura sigue siendo un negocio en el que sólo prosperan las hienas y los cuervos, pero esto quizá se deba a que B. no es lo suficientemente virulento, piensa éste, y redobla sus esfuerzos.” 
(7) “[…] en ocasiones ciertas personas infieren una relación unívoca entre la capacidad imaginativa y la calidad de la ficción pero omiten el hecho de que los desbordes imaginativos pueden tener consecuencias catastróficas para la calidad de lo que se escribe; y sin embargo, esa capacidad imaginativa es imprescindible en los comienzos de todo autor, lo alienta y lo sostiene y le hace creer que sus errores son aciertos y que él es o puede ser un escritor. Bueno, digamos que yo tenía demasiada imaginación por entonces […]” 
(8) “[…] la «primera generación» comprende a Stacie Candy, Desiree Slack, Ana Foxxx, Katie Persian, Martin Iron, «Gaucho» Cross y Alyssa Soul. La «segunda generación» se extrae de la siguiente lista: Stacie Candy ha trabajado con Diamond Maxxx, Filthy Doreen, Señorita Arroyo, Patricia Petit, Francesca Amore y Jocelyn Davies; Desiree Slack, con Kayla […]” 


miércoles, 15 de junio de 2011

"El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" de Patricio Pron

No tengo muchas ganas de escribir, honestamente, pero tampoco quiero quedarme con las ganas de decir unas palabras para una vez que me llevo una sorpresa agradable: el último libro de Patricio Pron me ha gustado. Esto se va a traducir en una reseña vergonzosa, ya verán. 

Me quedo con la sensación (y ésta es terrible porque viene a significar que me estoy muriendo o algo) de que debería decir algunas palabras más después del “me ha gustado” porque así, solo, queda un poco desangelado y lo mismo me acusan de falta de rigor crítico objetivo intelectual. Cuando en el párrafo anterior hablo de sorpresa agradable lo hago porque esta novela ya vino estigmatizada para casa: un amigo me pronosticó que no valdría la pena, que lo intuía. Mi amigo tiene una intuición cojonuda pero no siempre coincidimos en gustos. Al poco de empezar a leer, yo solito me puse a la defensiva por culpa de este párrafo que puentea las páginas 14 y 15: 
“En ocasiones no podía dormir; cuando eso me sucedía, me levantaba del sofá y caminaba hacia la estantería de libros de mi anfitrión, siempre diferente pero también siempre, de forma invariable, ubicada junto al sofá, como si sólo pudiera leerse en la incomodidad tan propia de ese mueble en el que uno nunca está completamente tendido pero tampoco adecuadamente sentado.” 
A mi estas reflexiones tan de charla entre amigos después de la tercera copa me parecen oportunas en según qué novelas, que suelen coincidir además con las que no me gustan. Llegado este punto, y a pesar del prometedor comienzo, me temía lo peor para el librito de Pron. 
[Antes de continuar déjenme contarles que desde que hice pública mi intención de leerla fueron varios los seres humanos –no uno, ni dos, ni tres sino tropecientosmil- los que me recomendaron, antes de leer esta novela, hacer lo propio con el librito de relatos anterior, uno que se llama “El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan” (Pron demuestra tener mucho mejor gusto que Espinosa en lo que a títulos largos se refiere). Pues bien, sepan que yo por lo general hago mucho caso de los consejos excepto cuando se trata de leer otros libros para llegar al objetivo original. Eso no me gusta y suelo hacer oídos sordos. Este es el ejemplo perfecto. Ambos los saqué de la biblioteca el mismo día y el de relatos sigue esperando un turno que ya veremos si le llega.]
Pero estábamos hablando de la mala impresión que me llevé con el citado párrafo. Porque soy un poco cabrón pensé en recogerlos todos para, si no me gustaba el libro, hacer una entrada demoledora con ellos (teniendo cuidado de no destripar el argumento, of course). No ha sido necesario. Parece que a Pron el estilo Marías tampoco le va y aquello quedó en un simple tropiezo. El resto de la novela, ya lo dije, me gustó. Moderadamente, es cierto, un poco porque sí (atención al criterio) y otro poco por prudencia, porque cuando escribo esto acabo de terminarlo y quizá es demasiado pronto para escribir sobre él. De todo, aunque en conjunto la novela es más que correcta, me quedo con la segunda parte, una suerte de novelización de una historia de intriga en clave documental. Esto que suena tan raro es la mejor forma de expresar lo que en ella tiene lugar pero les voy a hacer un resumen de la historia para que lo acaben de entender: Pron (protagonista en la novela) tiene un padre enfermo al que va a visitar. También tiene un problema de memoria y no recuerda su infancia. En eso somos iguales. En casa de su padre y mientras éste permanece ingresado encuentra un libro de recortes que contienen la historia de una desaparición que tiene en apariencia escasa o nula importancia pero que le sirve al protagonista para reconciliarse con el mundo y con su familia y ver las cosas con otros ojos y tal. Lo que viene siendo una novela de resucitación en toda regla. Un poco la parábola del hijo pródigo pero de puertas para dentro y con dictadura de fondo. Es una novela muy sentida, muy bonita y muy tierna que por momentos me ha recordado al “Blanco Nocturno” de Piglia, no por la calidad (aquella me gustó más) sino por el retrato social de un pueblo en el que se comete un crimen y la forma en que se resuelve, a la manera de los pueblos. 

Si la novela está basada en hechos reales o no, si tiene más de verdad que de mentira, es algo que por lo general no me importa más allá de lo anecdótico aunque Pron ha tenido la deferencia (y ante esto no puedo hacer otra cosa que quitarme el sombrero) de incluir en su blog una entrada en la que detalla lo que es cierto (casi todo, sospecho) y lo que no. No se lo contaría aunque lo supiera, pero no lo sé. No quiero leerlo hasta haber acabado esta reseña (de ahí, también, las prisas) para evitar que influya en mi valoración final de la novela. 

* * * * * * * * * * 

En definitiva y porque sé por experiencia que muchos prefieren leer los párrafos finales para hacerse una idea rápida de lo que se pueden encontrar les diré que sí, que la novela, en mi opinión, merece el aprobado. Me gusta la historia; me gusta el estilo (casi siempre); pero sobre todo me gusta el montaje, esa mezcla de documental y ficción y la sutileza con que se llega al verdadero asunto de la novela a través de otro. Por la contra me sobran algunas páginas - las de los sueños, por ejemplo - y el exceso de sentimentalismo. Los finales emotivos nunca son de fiar. La lagrimita final ha hecho míticas películas que no valen un pimiento. Supongo que de algo de eso padezco yo también, que en el fondo tengo un corazón que no me cabe en el pecho, pero en conjunto me parece una novela correcta e interesante (dejémoslo ahí) y Pron un tipo al que vale la pena seguir la pista.