Mostrando entradas con la etiqueta John Williams. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta John Williams. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de diciembre de 2014

“Butcher´s Crossing” de John Williams

Tal vez recuerden ustedes Stoner, otra novela de John Williams de la que hablamos hace tiempo. O tal vez no. Probablemente no.

Déjenme refrescarles la memoria, porque es importante: Stoner era una novela sobre un aburrido profesor universitario: sus miedos; sus aspiraciones; su matrimonio, fracasado todo él. La novela no iba de nada en particular pero sí de todo en general y lo que hacía que la tuviésemos en cuenta, era, entre otras cosas, la capacidad de Williams para hacer adictivo la anodino y vulgar. Williams se demostraba un narrador excepcional y Stoner una novela apasionante que se comía con patatas todos los prejuicios que uno pudiese sentir hacia las novelas que hablan de la vida de quienes no han hecho y ni harán nunca nada especial.

Bueno, pues ahora, atentos: Butcher´s Crossing trata sobre un joven que, a finales del siglo XIX, abandona Harvard para echarse a la pradera a matar bisontes. Apasionante, no me digan.

Pues mira, sí, porque Williams vuelve a hacerlo y vuelve a hacerlo, para pasmo general y particular, igual de bien. No está uno acostumbrado a tanto buen hacer.

Entrando en detalle, el argumento es así de tan poco atractivo: un joven, decíamos, deja los estudios para irse a vivir la aventura del oeste, un poco a lo Bailando con lobos pero sin indios. Ya nada más llegar al pueblo (a Butcher´s Crossing) te imaginas al susodicho dándose la gran hostia. No sabemos cómo, pero suponemos que seguro. Es decir, un bildungsroman marinero. El caso es que a pesar de que le dicen ojochaval el chaval ni ojo ni puto caso sino más bien todo lo contrario: se juega las herencias de su corta vida en una apuesta muy poco segura, tirando a suicida: la caza de grandes bisonte, que de bisontes cualquiera. Nótese y gócese el parecido razonable con Moby Dick y llámese, si se desea, al muchacho, Ismael.

Abrimos paréntesis para el contexto histórico: hubo una época en que matar bisontes se puso tan de moda que no eras nadie si no tenías unas zapatillas de escroto. Esto, claro, diezmó la especie, lo que provocó que cada vez resultase más difícil dar con bisontes-bisontes. Porque, conviene aclararlo, estaban los bisontes de invierno, que eran tan buenos como escasos, y los bisontes de verano, que abundaban pero tenían una piel que no abrigaba lo que una camiseta de tiras, que es una cosa de la que nunca se habla pero tuvo su importancia. En nuestra novela, el joven y sus tres socios ocasionales, van montaña arriba en busca de una manada de bisontes de invierno que uno de ellos aseguraba haber descubierto hacía cosa de diez años en una suerte de valle dejado de la mano de dios. Creía, en un injustificable acto de fe, que los bisontes iban a estar esperando a que fuese a matarlos a toditos todos.

«El transcurrir del tiempo era patente en los rostros de los tres hombres que viajaban con él y en los cambios que percibía dentro de sí. Notaba cómo la intemperie le endurecía la piel de la cara; cómo el rastrojo de su barba se volvía suave a medida que el cutis se tornaba áspero, y el dorso de las manos se le enrojeció primero, para ir oscureciéndose paulatinamente después. Sentía el cuerpo cada vez más flaco y endurecido; a veces le daba por pensar que estaba mudando de cuerpo, no a otro nuevo sino a un cuerpo de verdad que hubiera estado agazapado bajo ilusorias capas superpuestas de piel suave, blanca y blanda».

Lo decía al comienzo: con Butcher´s Crossing, Williams vuelve a hacerlo. La novela arranca despacio, sin prisa, poco a poco, con una prosa siempre serena, precisa y nos ofrece una maravillosa y crepuscular novela de aventuras ambientada en un ya muy poco salvaje oeste, un salvaje oeste dominado por el mercado de la oferta y la demanda y la falta de ética frente a la inocencia de quienes no se saben testigos del final de una época poco o nada gloriosa pero cargada de nostalgia. 

También podríamos leerla como un sentido homenaje a cierta notable novela que trata sobre ballenas y obsesivos cazadores y no andaríamos muy desencaminados, que de obsesiones, aventuras y desiertos (húmedos o áridos, qué más da) va la cosa servida. En ese sentido la novela tiene un punto adaptación barata (no me comparen una ballena blanca con un puñado de bisontes) pero tampoco da la impresión de que Williams quiera ponerse a la altura de Melville.

«Pero, a medida que aumentaba el dolor en distintas partes de su cuerpo, su mente pareció distanciarse de él, sobrevolarlo de alguna forma, y fue capaz de verse a sí mismo, y a Miller, con mayor claridad que antes. Durante la última hora acabó viendo a Miller como una suerte de autómata, un mecanismo puesto en marcha por el discurrir de la manada; y la matanza de bisontes, no como un ansia de sangre, de pieles o de lo que pudieran reportar, y ni siquiera al final como una descarga de la furia que anidaba en el interior de Miller; acabó viendo la matanza como una fría y ciega respuesta a la vida en la que Miller se había metido de lleno».

Butcher´s Crossing, que intenté leer sin éxito cuando se estrenó hará cosa de un año, desanimado o poco entusiasmado por su condición de western (género que no está uno acostumbrado a leer y que apenas concibe fuera del formato 4:3), ha resultado ser, como lo fue hace tiempo Stoner, una más que agradable sorpresa; una novela que se lee con interés, se termina con ansiedad y se recuerda, tiempo después, con satisfacción y sin esa vergüenza que suele acompañar el recuerdo de otras lecturas que en su momento creímos, equivocadamente, dignas de elogio.

Gran acierto, el rescate de esta novela. Gallifante para Lumen.



lunes, 3 de noviembre de 2014

Resumen de Lecturas OCTUBRE 2014 [Versión extendida] [4ª parte] [Incluye Bonus Track]

Esto se acaba; ya pueden dejar de odiarme. Última entrega. 


La fiesta de Boris / En la meta / El teatrero de Thomas Bernhard

Empecé esta pequeña reseña, esta píldora crítica, con la mejor de las intenciones. Pues tan buena era, la intención, que se me fue la mano hasta las ochocientas palabras pero tampoco era plan de meter, como resumen, ochocientas palabras, que tiene la gente mejores cosas que hacer que pasar la tarde leyendo esto. 

Este recopilatorio incluye tres obras de teatro de Thomas Benrhard. Lejos están, en conjunto, de contar entre lo mejor del escritor, pero de ley es reconocer que En la meta me ha parecido una obra estupenda.

Lo mejor, siempre, los personajes y ese odio, tan visceral, tan bernhardiano y esa maldad, tan natural e inevitable, tan de sentido común y justificada. Leyendo a Bernhard y escuchando los motivos de sus gritos se pregunta uno cómo es posible que no grite más. 

Yo no sé qué hacemos que no leemos todo el día a Bernhard. De verdad que no lo sé.


* * * * * * 


Butcher´s Crossing de John Williams

Sitúense: John Williams, ¿vale? John Williams es el autor de Stoner, la novela revelación del año en que se estrenó y del siguiente y del inmediato posterior, y así ad infinitum, dependiendo de cuándo sea leída. Habrá, claro, a quien no le guste (hay gente para todo), pero aquí hablamos de lectores con criterio.

Déjenme refrescarles la memoria, porque es importante: Stoner era una novela sobre un aburrido profesor universitario: sus miedos; sus aspiraciones; su matrimonio, fracasado todo él. La novela no iba de nada en particular pero sí de todo en general y lo que hacía que la tuviésemos en cuenta, era, entre otras cosas, la capacidad de Williams para hacer adictivo la anodino y vulgar. Williams se demostraba un narrador excepcional y Stoner una novela apasionante que se comía con patatas todos los prejuicios que uno pudiese sentir hacia las novelas que hablan de la vida de quienes no han hecho y ni harán nunca nada especial.

Bueno, pues ahora, atentos: Butcher´s Crossing trata sobre un joven que, a finales del siglo XIX, abandona Harvard para echarse a la pradera a matar bisontes justito en el momento en el que menos bisontes hay en la pradera. Apasionante, no me digan.

Pues mira, sí.


* * * * * * * 


El largo invierno chino de Carlos Palacios

A estas alturas ya deberíamos estar escarmentados del catálogo de Eutelequia pero se ve que a gilipollas no nos gana nadie en este blog. 

Esta novela trata de los chinos, que son esos señores con los ojos rasgados que quedan siempre con las mejores esquinas y venden paraguas de un único uso. La cosa no tiene mucha ciencia: los chinos toman el poder en Milán, ciudad a la que acaba de llegar un español a para dar clases. El otro protagonista es un chinito esclavizado que medrará a base de chupar pollas. Y no figuradamente.

Bueno, la novela se puede leer si uno tiene tiempo y ganas pero también se evitar, en la medida de lo posible, ya que aparte de recordarnos cómo funciona la micropolítica china de expansión internacional y de fantasear un poco con los detalles no es mucho más que una gamberrada con la que se supone que deberíamos reírnos. No ha sido el caso.


* * * * * * * 


El sí de los perros de Juan Vilá

Hablábamos de los chinos, ¿verdad? Pues ahora hablemos de los Pijos. Los pijos ya sabemos todos lo que son: clase media venida a más o clase alta ejerciendo de sí misma. Gente con pasta o gente que cree que tiene pasta o gente que finge que tiene pasta. Hay muchos matices y porque hay muchos matices es por lo que la novela de Juan Vilá tiene tantas páginas como 190. Tal vez no les parezcan tantas pero eso porque no se han leído ustedes la novela.

Esto es uno que va a una boda de alto copete y nos cuenta su vida y la de su vecina de mesa, también la de su primo y la de su cuñado y el primo del cuñado y la vecina del quinto. Nos cuenta sus impresiones, pareceres, fantasea un poco, se imagina lo que no sabe y supone todo lo más. Y probablemente no falle ni una. Él lo sabe. Nosotros lo sabemos. Y es por eso, porque todos sabemos todo, por lo que nos va quedando, a media que avanzamos, la sensación que a Javier Marías le ha crecido un brote en algún lado. 

Otra puta novela sobre la crisis, en realidad, (esta crisis, cualquier crisis) que demuestra lo que ya hace tanto que sabemos por la televisión: que los ricos también lloran.

Juan Vilá es mucho sarcasmo, pero ningún orgasmo. Como casi toda nuestra literatura. Qué bien que nos pilla confesados.


* * * * * * * * 


“Aniversario de un lamento” de Tongoy

Y ahora me van a permitir un offtopic. Por favor, déjenme celebrar el aniversario de un lamento.

Ayer me acordé de algo. Casi, casi, casi se me pasa. Casi.

El 12 de octubre hizo exactamente un año de esto (siendo esto algo que el escritor Alberto Olmos publicó en su blog, justito antes de hacerlo de cobro):

«Parásito, me dice el editor [de Lengua de Trapo], en relación al, en efecto, sujeto que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo, quizá antes -o quizá justamente después- de responder a mi pregunta -sobre qué publicará el sello el año que viene- con otra pregunta: ¿estaremos aquí el año que viene?, […] y será tan simpático, tan miserable, leer, el año que viene, las condolencias del sujeto que vive a costa de y del autor o de la autora que hace con el libro de todos lo que no haría con su propio libro, plañidos y quebrantos como ay-dios-mío-qué-pena otra editorial pequeña que cierra, ay-virgen-santa-qué-contrariedad otro sello independiente que desaparece, ay-ay cada vez se estrecha más el abanico de posibilidades para que publiquen los autores jóvenes y las voces experimentales y los escritores minoritarios, ay qué pena tan auténtica nos dan los caídos por la crisis económica; sí, amigos, qué simpático va a ser oírles, qué miserable».

Pues sí, ya ha pasado un año. Ya es “el año que viene”, el año en el que se esperaban los plañidos, los quebrantos, los ay-dios-mío-qué-pena-y-qué-contrariedad. Y míranos, aquí, otra vez, un año después, menos jóvenes pero tan guapos como siempre. Y Lengua de Trapo que sigue sin cerrar. Y yo que sigo sin llorar. Y que esto no puede ser. Que vaya mierda de pronóstico, que qué asco, otra editorial que sigue publicando autores jóvenes y voces experimentales y escritores minoritarios de los que no interesan a nadie; de los que no publican nada que tenga el mínimo de calidad exigible. Seguimos alimentando la máquina y la máquina que no se quiere morir, que no ve razón para ello cuando en realidad le sobran algo así como setenta razones. Y media.

Si es que no damos una.

A ver si hay más suerte con la Primitiva.


* * * * * * *


Y en noviembre…

…esto:



…y lo que se tercie. O no. O simplemente esto o simplemente NO. ¿No sería bonito? Simplemente NO.