Tal vez recuerden ustedes Stoner, otra novela de John Williams de la que hablamos hace tiempo. O tal vez no. Probablemente no.
Déjenme refrescarles la memoria, porque es importante: Stoner era una novela sobre un aburrido profesor universitario: sus miedos; sus aspiraciones; su matrimonio, fracasado todo él. La novela no iba de nada en particular pero sí de todo en general y lo que hacía que la tuviésemos en cuenta, era, entre otras cosas, la capacidad de Williams para hacer adictivo la anodino y vulgar. Williams se demostraba un narrador excepcional y Stoner una novela apasionante que se comía con patatas todos los prejuicios que uno pudiese sentir hacia las novelas que hablan de la vida de quienes no han hecho y ni harán nunca nada especial.
Bueno, pues ahora, atentos: Butcher´s Crossing trata sobre un joven que, a finales del siglo XIX, abandona Harvard para echarse a la pradera a matar bisontes. Apasionante, no me digan.
Pues mira, sí, porque Williams vuelve a hacerlo y vuelve a hacerlo, para pasmo general y particular, igual de bien. No está uno acostumbrado a tanto buen hacer.
Entrando en detalle, el argumento es así de tan poco atractivo: un joven, decíamos, deja los estudios para irse a vivir la aventura del oeste, un poco a lo Bailando con lobos pero sin indios. Ya nada más llegar al pueblo (a Butcher´s Crossing) te imaginas al susodicho dándose la gran hostia. No sabemos cómo, pero suponemos que seguro. Es decir, un bildungsroman marinero. El caso es que a pesar de que le dicen ojochaval el chaval ni ojo ni puto caso sino más bien todo lo contrario: se juega las herencias de su corta vida en una apuesta muy poco segura, tirando a suicida: la caza de grandes bisonte, que de bisontes cualquiera. Nótese y gócese el parecido razonable con Moby Dick y llámese, si se desea, al muchacho, Ismael.
Abrimos paréntesis para el contexto histórico: hubo una época en que matar bisontes se puso tan de moda que no eras nadie si no tenías unas zapatillas de escroto. Esto, claro, diezmó la especie, lo que provocó que cada vez resultase más difícil dar con bisontes-bisontes. Porque, conviene aclararlo, estaban los bisontes de invierno, que eran tan buenos como escasos, y los bisontes de verano, que abundaban pero tenían una piel que no abrigaba lo que una camiseta de tiras, que es una cosa de la que nunca se habla pero tuvo su importancia. En nuestra novela, el joven y sus tres socios ocasionales, van montaña arriba en busca de una manada de bisontes de invierno que uno de ellos aseguraba haber descubierto hacía cosa de diez años en una suerte de valle dejado de la mano de dios. Creía, en un injustificable acto de fe, que los bisontes iban a estar esperando a que fuese a matarlos a toditos todos.
«El transcurrir del tiempo era patente en los rostros de los tres hombres que viajaban con él y en los cambios que percibía dentro de sí. Notaba cómo la intemperie le endurecía la piel de la cara; cómo el rastrojo de su barba se volvía suave a medida que el cutis se tornaba áspero, y el dorso de las manos se le enrojeció primero, para ir oscureciéndose paulatinamente después. Sentía el cuerpo cada vez más flaco y endurecido; a veces le daba por pensar que estaba mudando de cuerpo, no a otro nuevo sino a un cuerpo de verdad que hubiera estado agazapado bajo ilusorias capas superpuestas de piel suave, blanca y blanda».
Lo decía al comienzo: con Butcher´s Crossing, Williams vuelve a hacerlo. La novela arranca despacio, sin prisa, poco a poco, con una prosa siempre serena, precisa y nos ofrece una maravillosa y crepuscular novela de aventuras ambientada en un ya muy poco salvaje oeste, un salvaje oeste dominado por el mercado de la oferta y la demanda y la falta de ética frente a la inocencia de quienes no se saben testigos del final de una época poco o nada gloriosa pero cargada de nostalgia.
También podríamos leerla como un sentido homenaje a cierta notable novela que trata sobre ballenas y obsesivos cazadores y no andaríamos muy desencaminados, que de obsesiones, aventuras y desiertos (húmedos o áridos, qué más da) va la cosa servida. En ese sentido la novela tiene un punto adaptación barata (no me comparen una ballena blanca con un puñado de bisontes) pero tampoco da la impresión de que Williams quiera ponerse a la altura de Melville.
«Pero, a medida que aumentaba el dolor en distintas partes de su cuerpo, su mente pareció distanciarse de él, sobrevolarlo de alguna forma, y fue capaz de verse a sí mismo, y a Miller, con mayor claridad que antes. Durante la última hora acabó viendo a Miller como una suerte de autómata, un mecanismo puesto en marcha por el discurrir de la manada; y la matanza de bisontes, no como un ansia de sangre, de pieles o de lo que pudieran reportar, y ni siquiera al final como una descarga de la furia que anidaba en el interior de Miller; acabó viendo la matanza como una fría y ciega respuesta a la vida en la que Miller se había metido de lleno».
Butcher´s Crossing, que intenté leer sin éxito cuando se estrenó hará cosa de un año, desanimado o poco entusiasmado por su condición de western (género que no está uno acostumbrado a leer y que apenas concibe fuera del formato 4:3), ha resultado ser, como lo fue hace tiempo Stoner, una más que agradable sorpresa; una novela que se lee con interés, se termina con ansiedad y se recuerda, tiempo después, con satisfacción y sin esa vergüenza que suele acompañar el recuerdo de otras lecturas que en su momento creímos, equivocadamente, dignas de elogio.
Gran acierto, el rescate de esta novela. Gallifante para Lumen.





