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viernes, 11 de noviembre de 2022

“Algún día este dolor te será útil” de Peter Cameron (Apuntes desde el recuerdo #02)


También brevemente. (Ya siempre brevemente).

Puesto que ha pasado más de un mes desde que leí esta novela, hablo prácticamente de oídas.

Dos fueron las razones para hacerlo: una, lo anterior de Cameron, Un fin de semana, resultó ser lo bastante interesante para animarme a seguir con el autor y dos, la sinopsis establecía un parecido más que razonable con El guardián entre el centeno de Salinger, libro que odié y amé por ese orden y en igual media en momentos diferentes de mi vida.

Ni qué decir tiene que de Salinger no tiene ni el blanco de los ojos, pero bienvenida sea cualquier oportunidad de sacar a pasear Su Nombre y tampoco hay que dejar que una comparación interesada nos estropee una novela corriente.

No hay mucho que decir, la verdad, que no pueda leerse en la sinopsis. Se trata de una novela ambientada en Nueva York donde un adolescente inteligente y algo irreverente trata de poner orden en su caos hormonal desafiando a las autoridades paternofiliales y dando al traste, estupidez mediante, con una historia de amor en ciernes que por otro lado tampoco tenía mucho futuro.

La historia es mero entretenimiento que no profundiza en nada y que prácticamente lo deja todo en manos del cuestionable carisma del protagonista y en una ciudad que por sí sola hace la mitad del trabajo. Ocurre que entretenimiento y levedad es exactamente lo que buscaba yo en el momento en que lo leí, por lo tanto y habida cuenta que no decepciona en absoluto no puedo tampoco entrar a criticarla con la mala hostia habitual. Eso y que no tengo tiempo ni muchas ganas y que, joder, la verdad es que apenas me acuerdo.

Leer a Peter Cameron es esto. Lo sabemos y lo aceptamos. Las reglas no pueden estar más claras.

martes, 4 de octubre de 2022

“Un fin de semana” de Peter Cameron

No sé ustedes, pero en mi caso la categorización de libros tiende al infinito. Hago listas o creo categorías prácticamente de todo y lo hago, además, a todas horas, compulsivamente, también por escrito. Están, por ejemplo, los libros de verano o de invierno, los libros del Sur, libros para días de lluvia o de viento, para leer al calor del hogar, libros para otros, libros para la Pascua Judía, para la Navidad, libros para la playa, para la piscina, para leer en compañía; libros para llevar siempre en el coche, libros para tener siempre a la vista, libros de mesilla, libros para prestar, para no hacerlo o para encender barbacoas. Libros que sé que no leeré jamás, libros que juro que empezaré mañana, libros que para qué nos vamos a engañar o libros Manolete pa qué te metes. Bueno, cien mil. La última incorporación, culpa de Peter Cameron, es “libros de fin de semana” (hastag #findesemana y tal) y todo por culpa de una novela homónima suya: “Un fin de semana”.

Aunque en mis sueños más húmedos los libros de fin de semana son mamotretos de Dickens o Pynchon la realidad siempre se impone y los requisitos son, por lo tanto, muy diferentes, toda vez que yo el fin de semana acostumbro a leer poco tirando a nada (quedando incluso a deber, en algunos casos). Los libros, pues, han de ser breves y han de ser ligeros; entretenidos, poco exigentes y poco más. O sea: “Un fin de semana” de Peter Cameron, por ejemplo, o cualquier colección de relatos muy breves, extremadamente breves, que tengan ustedes a mano ahora mismo. (También muy de fin de semana es todo aquello que, por su estructura, puede ser leído de cualquier manera en cualquier parte. Pienso, por ejemplo, en las novelas de Renata Adler o David Markson, si acaso alguna de ellas puede considerarse tal cosa).

Como decía, “Un fin de semana” de Peter Cameron, es perfecto para esto. Y además no es una mala novela. Se lee fácil, se lee rápido y se lee bien. Y no da vergüenza ajena. Dudo que se pueda pedir más sin caer en el ridículo.

Respecto al argumento, es bastante sencillo. Un grupo de amigos se reúnen en un fin de semana en la casa de una de las parejas (un pequeño edén) para no celebrar nada más que la vida y, en cierto modo, recodar sin querer queriendo a alguien fallecido recientemente que era a su vez familia de uno, pareja de otro y amigo de todos. Lo interesante, esto es, aquello que le da calidad a la novela, radica en descubrir o no tanto descubrir como asistir a cómo son, cómo reaccionan y cómo interactúan cuatro o cinco o seis personas que llegan a ese fin de semana sobradas de miedos, inquietudes o necesidades, pero sobre todo lo primero. Sobre una base de amor, desconfianza, secretos e inseguridades que aportan todas y cada una de las partes, se construyen una serie de tramas que Cameron hila asombrosamente bien, ajustando los diálogos al mínimo imprescindible y dejando que también los silencios aporten contenido a la narración.

Lo dicho: compleja, que no difícil, a la vez que ligera, apacible, bien escrita y bien construida novela que gira en torno a la idea amor (y cierto modo también la edad) en muchas de sus formas y desde varias perspectivas. Ha sido mi primer Cameron pero no será el último. Supongo que con eso queda todo dicho.