martes, 29 de noviembre de 2011

Resumen de Lecturas: Noviembre 2011


El resumen de este mes de noviembre será especialmente breve. La razón es sencilla: tengo un montón de entradas empezadas y no estoy mucho por la labor de hablar veinte veces de lo mismo. Si tienen paciencia las irán leyendo a lo largo de mes entrante. Antes de empezar quiero decirles que este ha sido, (casi) con total seguridad, el mejor mes del año en lo que a calidad de lecturas se refiere. Sospecho que tiene mucho que ver con que ha sido el mes en que más se ha notado la ausencia de novedades y que yo he ido leyendo lo que me salía de los reales alcázares y no lo que marcaba el calendario que me impongo. Quiero decir que he pasado un poco bastante de la mierda habitual. Me he regalado un mes. Y no será el único. Quizá el que entra no,... bueno sí, el que entra también, qué coño. Pero al grano.

"Sobre el teatro: artículos y cartas" de Antón Chéjov fue la primera lectura del mes. Sobre ella hay ya una reseña escrita y publicada y poco más tengo que añadir (enlace). Quizá una insignificancia: cuando un libro condiciona, como condicionó este, el calendario de lecturas del mes; cuando una lectura reconfigura el resto, ha de ser por algo, ha de ser bueno, endiabladamente bueno. Después de leer este magnífico libro que no me cansaré de recomendar yo sólo quería leer teatro y más teatro y morir de teatro. Y en cierto modo así fue.  

Pero antes debía cumplir algunos compromisos. La biblioteca me avisó de que tenía por recoger un par de libros. “Los incógnitos" de Carlos Ardohain era uno de ellos, "Astillas" de Celso Castro, el otro. Del primero no hice entrada aunque sí la empecé. El caso es que me fui quedando sin ganas a medida que la escribía y a pesar de ser una novela notable, en el sentido de correcta y disfrutable, no pudo ser. Cuando está de no, está de no. Quizá otro día, ya veremos. Quédense con la copla de que valió la pena cada minuto invertido en ella: la recompensa del placer. De Celso Castro no digo nada porque ya lo dije todo en la entrada que pueden ver un poquito más atrás (enlace). Decir simplemente que Castro es ahora uno de mis escritores españoles favoritos, que ya no está mal. 

"Últimos días en el puesto del este" de Cristina Fallarás tiene también su propia entrada (enlace) y no es cuestión de extenderse ahora. Baste decir que al margen de la historia, que unas veces es más interesante que otras, lo más destacable de esta y otras novelas de Cristina está en la fuerza de sus personajes. La mujer tipo de Cristina es mucha mujer para ser una sola mujer. 

Después acabé "Apuntes de la casa muerta" de Fiodor Dostoievski. Digo “acabé” porque lo cierto es que la había empezado el mes anterior pero aproveché que tiene dos partes para hacer una pausa entre tanto horror. Es una novela interesante, o al menos así me lo pareció a mí, no tanto por su calidad artística como por la historia que cuenta y las consecuencias que tiene. Dostoievski pone en boca de otros su experiencia en una prisión de trabajos forzados en Siberia en la que pasa cuatro años. Es de suponer que algo así tiene que marcarte a fuego. El deseo de entender esto es casi la única razón de haberla leído. Tendrá su entrada, que ya está parcialmente escrita, pero aún tardará uno o dos meses, ya que antes hay que hablar de otras muchas cosas que tienen que ver con ella. 

Y justo después TEATRO, que es lo que yo quería desde que empezó el mes. "Un enemigo del pueblo" de Henrik Ibsen fue el primero. Hay demasiado que decir para decirlo aquí. Lo digo en serio. Entenderán a qué me refiero cuando lean la entrada triple (sí, han leído bien) que empecé a escribir este fin de semana y que debería poder terminar antes de veinte, treinta o noventa días. Es que voy muy despacio. Luego una recomendación: "El alma buena de Sechuan" de Bertolt Brecht. Es lo primero que leo de Brecht y no me ha disgustado en absoluto. No me siento capacitado para analizarla en cinco líneas y tampoco sé si algún día lo haré en más. Quiero leer más de Brecht antes de dar un paso al frente. En cambio de "Los justos" de Albert Camus y "Las manos sucias" de Jean-Paul Sartre sí lo haré. Me refiero a escribir sobre ellas. De hecho ya está casi acabado, aunque el resultado es infumable y temo que voy a tener que volver a empezar. Por anticiparles lo que no me acaba de salir: ambas obras me han parecido magníficas, lo mismo juntas que separadas. 

Después, otra recomendación: "Los Thibault” de Roger Martin du Gard, y más concretamente los dos primeros relatos largos que lo componen: “El cuaderno gris" y “El reformatorio". Son ocho, en total. Hay una entrada medio escrita (verán que yo medioescribo mucho) que debería ver la luz mejor antes que después pero tengo que ponerme en serio y terminarla y no acabo de tener ganas. Entonces hablaremos con calma de estas “estupendas” novelas. 

"Heldenplazt" de Thomas Bernhard. Bueno, de esta sí hay entrada escrita y publicada; es una de las últimas (enlace). Nada que añadir a lo ya dicho: es una de las mejores obras (esto engloba teatro y narrativa) que he leído este año. Simplemente magnífica, simplemente genial. Simplemente imprescindible. 

"Pobre gente" de Fiodor Dostoievski fue la primera novela del escritor. Es una novela compleja en el sentido en que resulta difícil hablar de ella. No tanto por el argumento -que en realidad es bastante sencillo- como por los distintos frentes desde los que se puede afrontar. Hay tanto que decir, tanto de lo que hablar, que la reseña que ahora está en pañales puede acabar de cualquier manera (me resisto en vano a desechar documentación). Debo confesar que me sorprendió. Me gustó, me gustó mucho, pero lo que realmente llamó mi atención es todo aquello que tuvo que ocurrir (aquello que ocurrió) para que esta novela tuviese la repercusión que tuvo. Lo más sorprendente de todo es que no esté (o nunca entendí yo que estuviese) entre las grandes obras de Dostoievski. Pero de esto, insisto, ya lo hablaremos con calma dentro de unos días. 

"Hilda" de Marie NDiaye es un librito pequeño, de unas noventa páginas, que se lee en un suspiro. Se puede entender como una obra de teatro pero también como una novela dialogada. Probablemente sea ambas cosas. Es una obra estupenda, muy entretenida, que ataca con saña y sin hacer concesiones de ninguna clase la doble moral de la burguesía francesa "de izquierdas" de la época en que fue escrita, allá por 1999. Hilda es el personaje que nunca aparece en escena y sin embargo está presente en todo momento. Representa la nueva esclavitud, la mujer objeto. No es suficiente que alguien nos sirva, nos atienda, nos abrillante los muebles, atienda a nuestros hijos. También ha de ser guapa, inteligente, educada, culta, debe querernos a nosotros y a nuestra  familia, sonreírnos, adorarnos, compartir nuestra ideología, vestirse de puta si es menester, complacernos. Si ha de formar parte de nuestro hogar, si ha de ser un objeto viviente, queremos que tenga la forma adecuada, afín a nuestro estilo, exactamente lo mismo que el jarrón del recibidor. Si vamos a pagar, queremos tenerla en propiedad.

Fin. Nos vemos el mes que viene. Sean felices.



lunes, 28 de noviembre de 2011

Calendario de Lecturas: Diciembre de 2011

El retorno de un clásico: el más incumplido de todos los propósitos: Las Lecturas Posibles del Mes de Diciembre. 

Verán, el asunto es el siguiente: tengo un montón de libros sobre la mesa que no es exactamente que me haya comprometido a leer (no todos, al menos) pero que sí debería hacerlo porque es de bien nacidos ser agradecidos y no está bien que a uno le regalen un libro y se haga el tonto de esta manera. Luego los pondré a parir y dejarán de quererme, ya verán. En fin... Los nominados en esta categoría son: “Königsberg” de Mariano Veloy, “Tangram” de Juan Carlos Márquez; “Como vivir o una vida con Montaigne” de Sarah Bakewell (de todos, con diferencia el más apetecible); “La generación beat” de Bruce Cook (bueno, este también); “Tengo una pistola” de Enrique Rubio; “El síndrome E” de Frank Thilliez; “Mi primer muerto” de Leena Lehtolainen; “La revolución de la dignidad” de Lina Ben Mhenni; “El viaje de Cloe” de Javier Tejada y Eugene Chudnovksy; “El malogrado” de Thomas Bernhard; “Las vírgenes suicidas” de Jeffrey Eugenides y otro que no diré porque no tiene ISBN. La idea de escribir una reseña sin dar el nombre del libro ni del escritor es tentadoramente diabólica (y también un poco perder el tiempo, para qué nos vamos a engañar). 

Pero todo esto suponiendo que no me llamen de la biblioteca para decirme “tenemos el libro que nos ha pedido”, cosa harto probable. Les cuento. “Ejercito enemigo” de Alberto Olmos. Este ya es un clásico en la sección. Creo que nunca he esperado tanto por un libro y creo que es también la primera vez que me ocurre que cuanto más tiempo pasa menos ganas tengo de leerlo. Sí que es raro, sí. También “Beatitud”, un recopilatorio de varios escritores, creo que jóvenes, que me recomendó alguien por aquí no hace mucho. Más: “Canción de tumba” (XXVII Premio Jaén) de Julián Hervert del que ignoro hasta el argumento. Luego es el típico libro que abandono a las dos páginas o que directamente devuelvo sin abrir. "El rey pálido” de David Foster Wallace lo pedí por capricho, lo admito, porque lo cierto es que tengo intención de comprarlo o esperar a que alguien me lo regale, lo mismo me da que sean los Reyes Magos que el departamento de relaciones públicas de Mondadori. Yo por los libros que sé que me van a gustar no tengo inconveniente en prostituirme. Y es que son veinticuatro eurazos, oigan. “Generación perdida” de Franciso Castro y las obras teatrales “Litoral” de Wajdi Mouawar e “Hilda” de Marie NDiaye (premio Goncourt por “Tres mujeres fuertes”, editado por Acantilado) fueron recomendaciones que me llegaron del o gracias al blog. Son ustedes una bendición del cielo. Y por último y no por ello menos importante… otro libro más cuyo título me voy a callar también al menos hasta que decida si lo voy a leer o no (aunque ya supongo que será que no) (Esta es una maldad que tengo muchas ganas de perpetrar). 

Y luego estoy yo, que me dejo de lado a pesar de las ventajas que tiene ser yo mismo. Si fuese mínimamente sensato o directamente menos imbécil este mes entrante leería lo siguiente: “El doble” y algunos relatos de Dostoievski, todavía no sé cuáles (“La mujer de otro hombre y su marido debajo de la cama” seguro que sí). El problema (por llamarlo de alguna manera) es que estoy leyendo, unas veces en segundo plano y otras no, la biografía de Dostoievski escrita por Joseph Frank (que para los que no lo sepan son cinco pedazo de tomos que a este ritmo me va a llevar media vida terminar) y me gusta la idea de acompañar el análisis que hace Frank de las obras con la lectura de las mismas. En la misma línea (es un decir) estarían “El inspector” -obra de teatro recientemente reeditada por Alba- y “El capote”, un relato corto, ambas de Gogol. “Relatos de Belkin” (en una edición que no es la de la foto) y “Boris Godunov” de Alexander Pushkin. También "El último día de un condenado a muerte" de Victor Hugo; el segundo tomo de “Los Thibault” (Estío) y “Jean Barois” de Roger Martín du Gard; “Doctor Glas” de Hjalmar Soderberg; “Crónica de Dalkey” de Flann O’Brien, “Las cumbres de Moscú” de Vasili Aksiónov, “Corrección” de Thomas Bernhard, “Carta breve para un largo adiós” de Peter Handke, “Paseos con Robert Walser” de Carl Seeling; “Teatro reunido” de Samuel Beckett… y un (no se imaginan cuánto) largo etcétera, que incluye algunos cuentos a un euro de www.sigueleyendo.es (tantos como cinco) y un folletín de Robert Juan-Cantavella y Oscar Gual de publicación gratuita en el mismo espacio. Sí, ya sé que en el mes de las cenas, las borracheras y las cabalgatas va a ser complicado, pero me planteo todo esto con muy poca seriedad. Todo se andará. Semos jóvenes, habemus tiempo

Y en estas estamos. Al final ya verán, me dará por la narrativa uruguaya de finales del XIX, mandaré todos los planes al carajo y el esfuerzo tonto de esta media horita no habrá servido para nada. Pero hablando en serio: del primer bloque, el de los Compromisos Ajenos, no tengo intención de leer más de cinco (cinco, ni uno más); con el segundo, los Compromisos Propios, voy sin planes (seguramente no caiga ninguno) y del tercero, llamémosle X, dependerá el tiempo que quede y que ya pronostico escaso aunque no descartaría que fuese este quien finalmente se llevase el gato al agua.



martes, 22 de noviembre de 2011

“Heldenplatz” de Thomas Bernhard (o “Hitler también tenía la solución al desempleo")




Thomas Bernhard murió en 1989, un año después de haber escrito esta obra de teatro. Fue lo último que escribió. Conocer lo que ocurría por entonces en Austria es de vital importancia para entender que Bernhard no escribió una obra de ciencia ficción. No soy ni remotamente un experto en la materia pero todo está en la red. Dejen que les cuente un relato de terror basado en hechos reales:

Jörg Haider (en la foto) era la clase de hijo de puta que creía que las SS habían sido una parte del ejército alemán merecedora de los más altos honores; que el holocausto había sido un atentado equivalente a la expulsión de los alemanes de Checoslovaquia durante la segunda guerra mundial o que… bueno, en fin, el tipo de cosas que a uno le hacen retroceder lo mismo 75 años que… dos días, por ejemplo. El caso es que se ve que Haider tenía carisma y el discurso adecuado ya que en 1986 alcanzó el liderazgo del Partido de la Libertad de Austria con el apoyo del 57% de los militantes de un partido que, para que nos entendamos, era fiel reflejo del  popularmente conocido como Partido Nazi de la era Hitler. De ahí al cielo. En 1989, el año de la muerte de Bernhard, el partido de Haider logró más o menos el 30% de los votos en las elecciones parciales austríacas, arrebatando a los democristianos la provincia de Carintia (uno de los nueve estados federales de Austria). Tras las elecciones Haider se convirtió en gobernador de esa provincia.

Supongo que no hará falta entrar en detalles. Si les interesa saber cómo acaba la película se van a quedar con las ganas porque todavía la están filmando pero para no dejarles con la intriga les diré que en las elecciones de 2005 el porcentaje del partido de Haider rozaba el 43%. (En 2008 Haider murió  en un accidente de tráfico pero eso, y lo que ocurrió después, es otra historia.) Esto da mucho miedo. Al protagonista de la obra también y por eso se suicida. No les estropeo nada: empieza así y de hecho la acción tiene lugar el día del entierro. Diversos personajes (sirvientes, familia y amigos) recuerdan al fallecido -reconocido enemigo del nacionalismo liberal- lo que le sirve a Bernhard para atacar, como sólo sabe atacar Bernhard, a su Austria del alma querida, ese pozo infecto, ese nido de ratas antisemitas.

Me juré no incluir ninguna cita en esta reseña, pero yo soy mucho de engañarme a mí mismo.

hay más nazis ahora en Viena
que en el treinta y ocho
ya verás
todo acabará mal
para eso no hace falta siquiera
una inteligencia aguda
ahora vuelven a salir
de todos los agujeros
que han estado tapados durante cuarenta años
sólo hace falta que hables con cualquiera
al cabo de poco tiempo resulta ya
que es un nazi
da igual que vayas al panadero
o a la tintorería a la farmacia
o al mercado
en la Biblioteca Nacional creo
estar entre puros nazis
sólo esperan la señal
para poder actuar abiertamente contra
nosotros
En Austria debes ser católico
o nacionalsocialista
todo lo demás no se tolera
todo lo demás se aniquila

Leo con cierto asombro que esta obra no está entre las mejores de Bernhard. Ya sé que no lo he leído todo (sigo trabajando en ello, como pueden ver) pero no deja de sorprenderme porque –y esto no es una exageración ni yo estoy bajo el efecto de las drogas- no pude evitar durante la lectura tener la certeza de estar frente a una -sí- OBRA MAESTRA. Esto lo digo con la boca grande, nada de medias tintas. Otras veces dudo cuando debo calificar o puntuar una lectura pero hoy no y ayer tampoco, por lo que entiendo que de esta ya no me apeo. 

No voy a contarles ahora lo de la prosa hipnótica de Bernhard o la demencial y peculiar manera de tratar los temas que más que le preocupaban o lo irrisorio de la premisa con que arrancaban sus novelas. Y no voy a hacerlo porque se ha hecho mucho y no quiero aburrirme escribiendo esto. Si tienen la necesidad pongan ustedes “Thomas Bernhard estilo” en google y déjense llevar por la marea. Tampoco voy a a hablarles de los motivos que originan la relación amor/odio de Bernhard con Austria o que su casa es ahora un museo lleno de zapatos italianos. Todo eso da igual porque lo que importa de Heldenplatz es algo completamente diferente y tan de actualidad que duele sólo pensarlo. 

Heldenplatz nace a petición del director teatral Claus Peymann para conmemorar el centenario del gran teatro vienés Burgtheater pero también para recordar que había transcurrido medio siglo desde la anexión de Austria a la Alemania de Hitler, una anexión que se oficializó en la Heldenplatz (o Plaza de los Héroes) con un discurso del líder germano. Esto sólo hay una forma de interpretarlo: fue la aceptación, por parte de los austríacos, de la ideología nazi. Para que nos entendamos: supongan que un país europeo cualquiera entrega, con sus votos, el control absoluto (absoluto, insisto) de su gobierno a un partido de ideología conservadora, que incluye a moderados pero también a la extrema derecha, fascistas incluidos. Supónganlo. Supongan después la evolución de cosas tan tontas como puedan ser la educación, la sanidad, la información, las prestaciones sociales o la inmigración. Pues bien, esta obra de teatro es la última de una vida dedicada a luchar contra este nacionalismo tan repugnante. Es lo que ocurre cuando un hombre de la talla y el genio de Thomas Bernhard decide que no se va a llevar nada a la tumba. Se pueden imaginar el resultado: Bernhard considerado un traidor a la patria y el texto una ofensa imperdonable al pueblo austríaco. Yo me puedo imaginar perfectamente la carcajada amarga de Bernhard oyéndolos gritar y recordando los que fueron también los gritos de sus padres y sus abuelos en la Plaza de los Héroes en el 38; la arenga de Hitler, prometiendo, quien sabe, un oportuno giro, un enderezamiento, un próspero futuro tras la adversidad. Me lo imagino perfectamente (a Hitler) prometiendo acabar con el desempleo, por ejemplo. Y no son los únicos; los austríacos y los alemanes, no son los únicos. Nos rodean; son tantos, tantos y tan, tan nazis.