miércoles, 21 de abril de 2021

Resumen de lecturas 2020-2021 (1ª parte)

Brevemente.

Bueno… más o menos.

2020, o gran parte de él, estuvo… iba a decir plagado, cargado, pero sería mentir demasiado descaradamente hasta para mí, digamos hubo unos cuantos libros que, lejos de merecer alguna consideración, lo que merecían y finalmente tuvieron fue una caída a plomo en el olvido. Y lo digo en un sentido menos figurado de lo que parece, pero ya llegaremos a eso en futuros episodios.

Han sido catorce, en total (aunque sé que me dejo alguno, como “Amor” de Pearl S. Buck, que omito porque no estoy seguro de la fecha y porque no sé por qué), los libros empezados y terminados entre marzo de 2020 hasta que decidí retomar este espacio. Solo empezados no sabría decirles. ¿Decenas? Seguro. Quemados no sé, por ahí, también. En cualquier caso, una cifra LAMENTABLE.

Con “La trama nupcial” de Jeffrey Eugenides me ha pasado algo curioso que creo (creo) no me había ocurrido nunca: en el momento de empezar este post había olvidado por completo su lectura. No el argumento, ojo (que también), sino el hecho mismo de haberlo leído, hasta el punto de jurar y perjurarme que no había sido así. Observadoras externas mucho más atentas que yo, aseguran que me equivoco (“¿no te acuerdas?, lo hiciste animado por un comentario de Luna Miguel, en el que decía que qué bien o algo así”) lo cual he confirmado en la web de la editorial, tirando de argumento y agradeciendo, en esta ocasión al menos, la insana costumbre que tiene Anagrama de reventar el libro en la contra, no vaya a ser que quieras descubrirlo en el interior. Y puedo decir que sí, que efectivamente, lo he leído. Albricias. Y que sí, que efectivamente se lo pueden ustedes ahorrar porque, pese a las garantías que ofrecen según quienes de estar ante una “obra deslumbrante” lo cierto es que La trama nupcial es una novela que fuera de lo suyo, que sabrá ella lo que es, no aporta absolutamente nada y su valor reside en lo que dure su combustión si la tarde viene fresca.

Mismo caso para “Otra vida por vivir” de Theodor Kallifatides, que leí tras la “interesante” (por lo que tiene de acercamiento al mito y el trabajo que te quita de tener que leerte la obra original, no por su excelencia) “El asedio de Troya”. “Otra vida…” me dejó frío glaciar y me alejó probablemente para siempre de este escritor prácticamente antes de haberlo descubierto. Al igual que en caso de Eugenides, recurro a la contra del libro en busca de inspiración y me encuentro lo siguiente: “Kallifatides ofrece una meditación profunda, sensible y cautivadora sobre la escritura y el lugar de cada uno de nosotros en un mundo cambiante”. Pues igual sí, pero sería entre sueño y sueño.

Algo parecido a lo de este señor me ocurrió con Rachel Cusk, de quien había oído maravillas, motivo por el cual me metí entre pecho y espalda dos libros que, fuera de párrafos puntuales, me provocaron poco más que indiferencia. El primero de ellos, “Despojos”, gira en torno a la ruptura matrimonial (no sé hasta qué punto es autobiográfico, tampoco creo que importe), y dentro de ese marco bien, supngo que podría uno sentirse identificado en algún momento, pero fuera de él despierta poco más que desinterés y, si quieres, algo de compasión. Si se van ustedes a divorciar sin duda mucho mejor Sun Tzu que Rachel Cusk. Les dejo una cita, al fin y al cabo esto es un blog de literatura:

«Le digo a Y: El matrimonio es un modo de manifestación. Absorbe el desorden y lo manifiesta como orden. Reúne cosas distintas y las convierte en una sola. Recibe caos, diversidad y confusión y los convierte en forma.
Y se acaricia los nudillos.
El matrimonio es civilización, y ahora los bárbaros están retozando entre las ruinas, digo.
Pero encontramos ruinas exquisitas, señala Y.
Parece que me acusa de sentimentalismo. Parece que sospecha que tengo nostalgia.
La gente derroca gobiernos y luego quiere recuperarlos, digo. Desaloja al dictador y luego no sabe qué hacer. Se queja de que ahora todo es caos, de que ya no existen la ley y el orden».

Pues así a ratos. Luego tiene también mucho de esto otro: “El dolor no es amor, pero es como el amor. Es su primo lejano, un personaje cruel, hecho de insomnio y adrenalina sin endulzar por la esperanza”, que son frases que están muy bien si llevas un libro de citas o quieres ligar en twitter.

Tras “Despojos” (pese a, más bien) llegó “A Contraluz”. Yo leí ese libro. Juro por dios que lo leí. Ahora, no me pregunten nada porque así como vino así se fue. Di tú que andaba uno a otras cosas, pero hemos estado a otras cosas más veces y esto no pasaba o sea que igual sí es culpa de esta señora.

Más errores.

Ay, sí. Dios, que bajón. 

“Las brujas” de Celso Castro. Y ya me jode, eh, que este chico es casi del barrio, pero mira, NO. Las brujas, no. Lo siento. No es una mala novela, en el sentido es que es puro Celso Castro pero yo a aquellas alturas, con el mundo viniéndose abajo, esperaba más. No más de lo mismo, sino más. Y en Las brujas no estaba. Ni está. Con todo, volveremos a Celso, porque algunos siempre volvemos a Celso, quizá porque la tierra tira y Celso otra cosa no, pero de aquí es un rato largo.

De “A lo lejos” de Hernán Díaz (probablemente el primer libro leído durante el encierro) guardo un recuerdo de novela entretenida y poco más. Y nada menos. Habida cuenta que eso es exactamente lo que buscaba, digamos que Díaz cumple con lo prometido con el valor añadido que tiene reencontrarse con un género como el western, siempre tan menospreciado pese a las satisfacciones que acostumbra a dar.

Mismo caso para “Cartas de la monja portuguesa” de Mariana Acoforado (supuestamente, dicen), novela por la que he pasado sin pena ni gloria y de la que rescaté, un poco por caridad y otro por simpatía, algunos fragmentos que tenían que ver con el deseo (o la falta de este) y sus consecuencias, tipo los inconvenientes de amar en exceso, que, de todo lo que tiene que ver con el amor, es el único que me suscita algún interés.

«Pero lo que me mortifica sin cesar es el disgusto y el fastidio que tengo para todo… Mi familia, mis amistades, este convento, todo se me ha hecho insoportable. Aborrezco todo lo que tengo que hacer y a lo que tengo que asistir por obligación. Tan celosa soy de mi pasión, que me parece que todas mis acciones, todas mis obligaciones te pertenecen. Sí, me siento culpable cuando no dedico a ti todos los momentos de mi vida. ¡Qué haría, ay de mí, sin este odio tan grande y este gran amor que hinchan mi corazón! ¿Podría, acaso, sobrevivir a lo que incesantemente me absorbe y llevar una vida tranquila y lánguida? No, no podría, no me conformo con ese vacío y esa indiferencia».

Dos más y ya termino.

“Contemplaciones” de Zadie Smith es un libro escrito durante la pandemia. Son pequeños…. “ensayos” digamos, que hablan de esto, lo otro y lo de más allá, asuntos en general que no despiertan gran interés y en los que no vale la pena detenerse. Es pequeño y es barato (es un decir), o sea que tampoco es una gran pérdida. Estoy pensando ahora que hubiese estado bien tenerlo cuando hacíamos cola para ir al supermercado. Bueno, qué coño, todavía estamos a tiempo. Prescindible, en cualquier caso.

Cerrando este catálogo de despropósitos, esto es, de libros que no merecen la atención recibida (quizá en algunos casos no tanto por su calidad como por el momento elegido para leerlos, pero en cualquier caso decepcionantes en tanto que otros en igualdad de condiciones no lo fueron), está “La mujer helada”. Annie Ernaux me pareció más que interesante en “Pura pasión” pero en este caso no ha pasado de correcta. Honestamente, no merece que le dedique más tiempo.

Hasta aquí la primera parte de esta recopilación de lecturas que pasaron directamente con pena por mis manos durante esta mi excesivamente larga ausencia. Me hubiese gustado dedicarles más tiempo; quizá tendría que haberme documentado un poco más para este post pero la realidad es que son libros que ni me interesaron gran cosa en su momento ni lo hacen ahora.

Mañana o pasado o cuando pueda, que yo también tengo vida, hablaremos de aquellos otros libros que sí valieron la pena, en algunos casos más, en algunos casos menos, en algunos casos en parte. En algunos casos MUCHO. De esos hablaremos con calma.

O lo intentaremos.

Que tenga buena tarde.




5 comentarios:

  1. Yo también leí "La trama nupcial", porque me había gustado mucho "Middlesex", y porque siempre que empiezo "Las vírgenes suicidas" me entran ganas de ir a ver la peli y tampoco recuerdo mucho. Lo pienso ahora y había un asunto menor, relacionado con mis estudios que me desesperaba y es que, entonces (en los '80s creo recordar) a la "bipolaridad" no se la llamaba así, sino "trastorno ciclotímico" u otras variantes. Y puede que se tratara con cadmio (o cobalto, o níquel, o algún elemento así), pero no tenía (entonces, insisto) el aire de normalidad que tiene ahora y transmite la novela.
    Zadie Smith me da una pereza terrible; esos ensayos de la pandemia deben ser infumables.

    Espero que haya algo destacable que merezca la pena. Apunta a otro al que también se le caen los libros, ya tú sabes.

    Gracias

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    1. Sí tengo algo destacable que vale mucho la pena. Y creo que te gustará. Pero con ese quiero hacerlo bien, de modo que esperaré un par de post, porque he perdido la mano con esto. Te avisaré

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  2. El mejor, a mi parecer, de Rachel Cusk es "Tránsito". Me pareció realmente bueno. He leído también "A Contraluz", "Prestigio" y "Despojos", y de estos últimos, Prestigio me pareció el mejor. A Contraluz me dejó igual que a ti (no me acuerdo ya de nada), y creo que para valorar Despojos hay que tenerle cariño a la autora.

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    1. Bien, pues tránsito, entonces.

      Creo que tienes con Despojos. No es un libro para empezar. Asumiré mi error y trataré de enmendarlo.

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  3. Buena cantidad de libros leídos en un primer trimestre. Me llama la atención Rafael Cusk, pero creo que me estrenaré con él leyendo "Tránsito" como propone Silvia Flores en su comentario.
    Saludos

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