viernes, 23 de abril de 2021

“La anomalía” de Hervé Le Tellier

Me pregunta A. que qué hago leyendo Seix Barral; que cuándo fue la última vez que esos señores publicaron algo decente. Yo intento, sin éxito, justificarlos, no porque lo merezcan sino para evitar quedar como el clásico imbécil que se gasta veinte euros en un libro que se ve a leguas que no los vale. Frente al reto de su mirada apelo a la inocencia desde una sonrisa, le digo no sé qué del Goncourt y es probable que nombre a Rushdie en algún momento, sin demasiada convicción, pero con la vaga esperanza de que eso sirva para refrendar mi argumento de que hasta la peor editorial puede publicar un buen libro por casualidad (me cuido bastante de no dar títulos, eso también es verdad, o a esta hora seguiría escuchando su risa). 

Más tarde, en la soledad de mi celda, comprobaré que, efectivamente, la última vez que leí alguna “novedad” de Seix Barral que valiese realmente la pena fue hace demasiado tiempo. Jesús Carrasco, Menéndez Salmón, Isaac Rosa, Javier Calvo, Laura Fernández, Rosa Montero, Vicente Luis Mora… Las cosas como son: fácil no lo ponen, por mucho que sea yo quien acostumbra a jugar con fuego. Que sí, es verdad, no hace falta que griten, les escucho perfectamente: también Peter Matthiessen, Don Delillo, Jonathan Franzen, Lydia Davis… Pero hablamos de un “ahora” relativamente amplio: pongamos diez años. Y siendo así, no hay salida: MAL. 

Pero estoy divagando. 

A ver si por una vez soy capaz de centra el debate en la cuestión: Premio Goncourt. No, perdón: La anomalía

Arranquemos con un chiste fácil: aquí la única anomalía digna de mención es que le hayan dado este premio a este libro. Claro que, por otro lado, tampoco tenemos porqué volvernos locos con esto, al fin y al cabo el historial del Goncourt deja lo suyo que desear:  echando la vista atrás no encuentra uno demasiados motivos para el alboroto al que supongo nos conduce la desesperación propia de quien vive rodeado de escritores incapaces de crear una obra que marque alguna diferencia respecto del encefalograma plano habitual. Con esto no pretendo insultar a nadie (aunque si alguien quiere sentirse insultado por mí no hay problema), simplemente recomendarles que, si en algún momento se les ha pasa por la imaginación leer este libro, convendría que lo hiciesen desde la perspectiva de quien se sabe frente a una obra de características similares a las que Pierre Lemaitre nos ofreció hace unos años en su también Premio Goncourt, “Nos vemos allá arriba”, esto es, una novela de corte clásico que apuesta por el entretenimiento desde una técnica bastante conservadora, tanto en la forma como por el fondo.

Esta novela —que podría haber escrito Stephen King en una mala tarde haciendo la mitad de ruido— tiene un argumento bastante sencillo: un avión que sobrevuela no sé qué cielo, atraviesa una tormenta de la que sale dos veces: la primera cuando corresponde, la segunda tres meses después. Y ya está. El gobierno del país, liderado por un presidente que roza la discapacidad, entra en pánico y aplica protocolos imposibles desarrollados tras el 11S por una pareja de frikis venidos a más. Esto supone derroche presupuestario: científicos a paladas, reuniones, gabinetes de crisis éticas y técnicas y hasta un favor personal a líderes confesionales, como si ahora esta gente fuese de fiar. 

Quisiera poder decir que la novela aporta alguna reflexión interesante al campo de la filosofía, la mística o la física pero me temo que no es así. Le Tellier, que así es como se llama el padre de la criatura, prefiere entregarse sin asomo de rubor a la novela de acción porque mucho Oulipo mucha hostia pero al final lo que da pasta es Expediente X. 

Personalmente he pasado un rato la mar de entretenido (al menos durante la primera mitad de la novela, luego ya no tanto) pero hubiese preferido que el seguimiento a los once personajes protagonistas (once, eh), a cual menos interesante, hubiese sido menos exhaustivo, apenas una pincelada, por lo innecesario, básicamente, y porque de ese modo no hubiese tenido que aguantar como sí he tenido que aguantar (y como tendrán que hacerlo ustedes si no detienen esta locura) las previsibles confrontaciones (llámenlos careos si les place) entre personajes duplicados, ni las lacrimógenas despedidas en forma de carta dejada sobre la mesilla de noche. No, en serio: no me jodas, Hervé.

Lo mejor de esta novela, aparte del ritmo endiablo que hace posible terminarla en dos sentadas, es la tranquilidad que tiene haberse quitado de encima para siempre la presión del Goncourt y las ocho cervezas anuales que disfrutaré gracias al ahorro que supondrá  no volver a gastarme un euro en Seix Barral.





Editorial: Seix Barral
Colección: Biblioteca Formentor
Traductor: Pablo Martín Sánchez
Número de páginas: 368


9 comentarios:

  1. Cerveza no suelo tomar pero ya encontraré algo en qué gastarme esos 20 euros... un placer volver a contar contigo para evitar le "gaspillage".

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    1. Agradecido. Seguro que encontramos un buen libro en que pueda gastarse ese dinero.

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  2. Es una pena, porque la premisa de la novela parece interesante. Y también compleja para desarrollar una historia que no resulte cansina. Si me llegas a decir que es una buena novela me lo habría apuntado, ahora que vuelvo a leer (justo cuando tú vuelves a comentar).

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    1. Ah, pues lo celebro. A ver si coincidimos en alguna lectura. A este le puedes dar un muerdo, si te ha gustado la premisa... A mí de entrada no me decía mucho, fueron otros factores los que me llevaron a ella.

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  3. Qué bien leerte de nuevo. Quedan pocos lugares que hablen claro y sinceramente, sin tapujos propiciados por las solipsistas editoriales de "prestigio".
    Vi el libro y pasé de él; no parecía ofrecer nada interesante fuera del argumento mas o menos novedoso y... lo que dices, la editorial me tira para atrás. Hace tiempo que no publica nada digno de verdadera aventura literaria.
    Bienvenida la vida nueva!!!!

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  4. El último Seix Barral que leí fue La verdad sobre el caso Savolta, edición año 1981.

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  5. Karoo, de Steve Tesich, está bien. La primera parte.

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