lunes, 21 de marzo de 2011

"Plop" de Rafael Pinedo

La competencia sexual, metáfora del dominio del tiempo mediante la procreación, no tiene razón de ser en una sociedad en la que el sexo y la procreación están perfectamente separados; pero Huxley olvida tener en cuenta el individualismo. No supo comprender que el sexo, una vez disociado de la procreación, subsiste no ya como principio de placer, sino como principio de diferenciación narcisista. (“ Las partículas elementales”, Michel Houellebecq). 



Algo que me llamó mucho la atención en la adaptación cinematográfica de “La Carretera” de Cormac McCarthy fue la eliminación de una de las escenas más duras de la novela, cuando los protagonistas, padre e hijo observan, con la tranquilidad que da saber que no te descubrirán, a tres hombres y una mujer embarazada que se aproximan a ellos. Se dejan rebasar y cuando la distancia es prudencialmente segura continuan su camino (ahora detrás). Al caer la noche se detienen y dejan de ser figuras reconocibles para convertirse en una luminaria en el horizonte. Al día siguiente se acercan a los rescoldos de han dejado esos cuatro personajes y mientras el padre se ocupa de asegurar el perímetro el hijo es testigo de una imagen espeluznante: “un bebé carbonizado ennegreciéndose en el espetón, sin cabeza y destripado”. Por aquel entonces me encontraba en una situación un tanto delicada: acababa de ser padre. Mi hija de apenas dos meses dormía mientras yo leía esto. Dejé el libro en la estantería y no volví a enfrentarme a él hasta que hubieron transcurrido un par de semanas o un par de meses, no lo recuerdo. 

Lo que me interesa destacar con esto no es tanto mi experiencia personal con aquella lectura sino la forma que tiene McCarthy de mostrar el ulterior motivo de las relaciones sexuales en el entorno apocalíptico en que se desarrolla su novela. A mi entender, lo que McCarthy pretende con escenas como esta o aquella que muestra a unas mujeres embarazadas viajando encadenadas a un carromato, es destacar el provecho que se extrae de las relaciones sexuales en un mundo cuyo mayor problema es la falta de alimento.

La relación que existe entre “La carretera” (2006) y “Plop” (2004) en este sentido en mayúscula. En ambas se suceden ininterrumpidamente los actos de crueldad sin límite; en ambas el entorno es tan hostil como las propias seres que lo habitan; en ambas ignoramos los motivos que conducen a ese apocalipsis; en ambas la infancia es la gran perdedora y al mismo tiempo los niños parecen ser los únicos capaces de transmitir cierta ternura, de humanizar a quien los atiende; y el sexo, en ambos casos, no es exclusivamente una cuestión de placer. Especialmente en “Plop” hay tras ello mucho más: sexo placer, sí, pero también sexo dominación, sexo traición, sexo castigo, sexo humillación. Es sexo como arma de ofensa y defensa; un objeto de trueque; el principal medio de demostrar el grado de sometimiento de un poblado. Las normas de cortesía  se establecen bajo criterios de sumisión sexual, pero aquí, al contrario que en la novela de McCarthy, no son las mujeres las únicas perjudicadas. Porque en “Plop”, la excelente novela de Rafael Pinedo, hay muchísimo sexo pero no se folla: se usa. Sexo útil. 

Es por todo esto que entiendo “Plop” como una extensión de “La carretera”: al llevar ésta al extremo (1). El motivo es sencillo: la acción se traslada a un futuro lejano e indeterminado y todo lo que en la novela de McCarthy se está perdiendo (la humanidad, fundamentalmente) en “Plop” se ha perdido ya y a lo que asistimos no es como en aquella a la destrucción de la sociedad tal como la conocemos sino a la creación de un nuevo sistema político, económico y social; a la refundación del status quo sustentado nuevamente sobre los axiomas de nuestro pasado más prehistórico. O lo que es lo mismo, a la repetición de los mismos errores a fuerza de obviar lo aprendido. La desolación que sugieren ambas novelas no reside tanto en los hechos narrados como en la certeza de estar ante un retrato pavorosamente lúcido que nos habla de lo que somos y de lo que hemos sido siempre. “Plop” aniquila nuestra esperanza de un futuro mejor.






(1) Es importe aclarar que la novela de Rafael Pinedo es anterior a la de Cormac McCarthy aunque ambas se publicasen en España en 2007. Por lo tanto, cuando digo que "Plop" puede entenderse como una extensión de "La Carretera" lo que quiero decir es que "argumentalmente" pueden entenderse como tal.

viernes, 18 de marzo de 2011

“Monólogo del Café Sport” de Enrique Vila-Matas




A menudo me han preguntado cuál es el origen del nombre de este blog. Pues bien, es bastante sencillo. En 2001, Enrique Vila-Matas ganó un pequeño premio (el XII Premio UNED de Narración Breve (1)) con un relato corto, realmente minúsculo (1815 miserables palabras) pero a mi entender absolutamente genial, llamado “Monólogo del Café Sport”. El relato comienza con un hombre enfermo. Enfermo de literatura.

Verá usted, yo estaba enfermo de literatura, lo mío era grave y alarmante, leía el mundo como si fuera la prolongación de un interminable texto literario, estaba impregnado de literatura, hablaba en libro. No desdeñaba como carne literaria prácticamente nada, es decir, estaba condenado a fijarme en todo: en las lágrimas de la viuda, pero también en sus piernas enloquecedoras, en la mosca que se posaba en la nariz de la carnicera, en la mágica luz que invade las ciudades en el instante final del atardecer.

El pobre hombre logra, tras un enorme esfuerzo (y después de visitar a su hijo aquejado por neurosis literarias más graves que la suya) desprenderse del peso de la literatura a fuerza de evitar pensar en ella. Pero eso no hace más que empeorar las cosas: 

Verá usted, pasó entonces algo horrible. Comencé a pensar sólo en la muerte, me pasaba horas enteras pensando en ella.”

Es entonces cuando su mujer, desesperada, lo lleva de vacaciones a la isla de Faial, en las Azores, donde nuestro protagonista conoce al feo Tongoy, un actor de origen chileno y polaco que vive en París y que se hizo famoso por una película en la que interpretaba a un siniestro viejo que se dedicaba a raptar niños. La descripción de Tongoy nos llega inmediatamente después:

Sólo quiero que sepa que el feo Tongoy ayer me cambió la vida, en este bar, en el Café Sport. […] quizás le haya visto, y si lo ha visto no creo que haya podido olvidarlo, porque es el vivo retrato de Drácula, es el hombre más feo del mundo.

Inmediatamente después, nuestro enfermizo narrador cuenta a su interlocutor (un Vila-Matas que no llega a identificarse) cómo le cambió la vida y qué pudo haber hecho Tongoy para ayudarle a encontrar la cura de su obsesión por la muerte :

Me atreví a contarle mi problema, le expliqué que, cuando lograba dejar de pensar en literatura, pensaba en la muerte, y viceversa. […] Cuando terminé de hablar, Tongoy me dijo, sin saber que iba a cambiarme la vida: «¡Pero esto es tremendo! ¿Cómo puedes vivir así? En lugar de dar tantas vueltas a la muerte y la literatura, deberías ser menos egocéntrico y preocuparte por la muerte de la literatura que, de seguir las cosas como van, está al caer. Eso sí que debería quitarte el sueño. ¿Acaso no has visto cómo están arrinconando a la verdadera literatura?».

Y así es como llegamos al párrafo final en el que encontrarán la frase que da sentido al nombre elegido para este blog. Espero que con él (con el párrafo) entiendan mi particular debilidad por este relato y al mismo tiempo sirva para justificar el juego de humor y crueldad por el que se me critica habitualmente. Pero por encima de todo lo que quiero es que comprendan que los motivos de escribir aquí van más allá del simple deseo de reseñar lecturas.

Y aquí me tiene usted ahora, soy la memoria de la literatura. Lichtenberg decía que un hombre inteligente acostumbra a decir primero en broma lo que después repetirá seriamente. Lo que yo ayer imaginé medio en broma mientras hablaba con Tongoy, hoy ya ni lo imagino ni es broma, lo digo seriamente, soy la memoria de la literatura y estoy en pie de guerra. Hace un rato, Rosa me ha dicho que me encuentra algo cambiado, no sabe lo acertada que está. Porque lo cierto es que se ha producido en mí un pequeño cambio, he tomado la medicina de Tongoy. He dejado atrás mi mal y ahora soy la memoria de la literatura, soy una historia ambulante y no puedo ni quiero ser nada más que eso, porque todo lo que no sea memoria de la literatura me aburre y lo odio, me molesta o estorba. Sólo me apena algo, me entristezco si me pregunto a dónde va la literatura. ¿A dónde quiere usted que vaya? En realidad la literatura va hacia sí misma, hacia su esencia que es la desaparición. Y eso me apena, claro, porque vuelvo a pensar en la muerte aquí y ahora, en este triste atardecer, aquí en el Café Sport.





«Algún día mi nombre
 evocará el recuerdo de algo terrible,
de una crisis como no hubo otra en la tierra».
Nietzsche




(1) XII Premio UNED de narración Breve 2001 - MONÓLOGO DEL CAFÉ SPORT Enrique Vila-Matas ...y otros autores premiados  -(José Luis Muñoz de Baena Simón: "El Coleccionista"  - Francisco García Pérez: "El canguro rojo"  - Armando Ruiz Chocarro: "Carretera perdida"  - Helena Fidalgo Robleda: "Cuestión de competencias"  - Prólogo de Francisco Gutiérrez Carbajo 120 páginas)  - UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA - Madrid, 200

miércoles, 16 de marzo de 2011

"Chronic City" de Jonathan Lethem (y un poco de Pynchon, Wallace y Salinger)



Chronic City, la última novela de Jonathan Lethem publicada en nuestro país (Mondadori, 2011) es absolutamente genial. Y es precisamente esa genialidad la que me incapacita a la hora de hacer una crítica o un comentario (una simple reseña) mínimamente decente. En cambio lo que sí puedo es subrayar un par de cosas que me han llamado mucho la atención


Thomas Pynchon 

He leído por ahí que “Chronic City” parece planteado como un guiño a “La subasta del lote 49” de Thomas Pynchon. Hasta ahora no había caído en la cuenta, pero la verdad es que no le falta razón. Incluso los nombres de los protagonistas parecen sacados de una novela del viejo escritor neoyorquino: Chase Insteadman, Oona Lazlo, Perkus Tooth, Laird Noteless, Strabo Blandiana, Georgina Hawkmanaji.... Pero es mucho más eso; es la sensación de irrealidad que acompaña la lectura, ese vértigo ante el desmoronamiento de la frontera entre realidad y ficción; es una historia que arriesga y que quizá, de no estar firmada por Jonathan Lethem, hubiese caído en el olvido de las buenas y marginadas historias. El blog literario “Hungry Like the Woolf” llega a afirmar que “If you like Pynchon, you will like this book. If not, maybe not.” (Si te gusta Pynchon, te gustará este libro. Si no, puede que no). Y tampoco en esto le falta razón. 



David Foster Wallace 

Chronic City” es una novela inmensa, tanto en la forma como en el fondo. Una novela de lectura aparentemente sencilla que oculta una incontable cantidad de referencias culturales en muchos casos (posiblemente) indetectables. Una de las mejore es aquella en que habla de un libro escrito por un tal Ralph Warden Meeker llamado “Obstinate Dust” (que esta edición traduce, acertadamente, como “La bruma indistinta”) en clarísima referencia a “La broma infinita” de David Foster Wallace (un personaje, Wallace, que tiene también un hueco en la novela -bajo seudónimo- interpretando el papel de camello de Perkus Tooth). En un momento determinado y por razones que no vienen al caso, el protagonista, Chase Insteadman, tira la edición de bolsillo de la novela -que ha comprado previamente a un mendigo traficante de literatura robada- en un enorme "socavón artístico" (una obra de arte que es un agujero sin fondo) ubicado en algún lugar de la ciudad. Es inevitable relacionar ese “enorme agujero” con la “gran concavidad” que en cierto modo coprotagoniza "La broma infinita" de DFW.



J.D. Salinger 

Sólo por las referencias veladas a Thomas Pynchon y David Foster Wallace ya valdría la pena leer "Chronic City". Pero es que hay mucho más. Por si no tuvieran suficiente, les diré (repetiré, en realidad) que también incluye una cantidad ingente de referencias, más o menos reconocibles, entre las que se encuentra una de mis favoritas y que es el verdadero motivo de esta "pequeña" entrada. No he visto que se haga referencia a ella en ningún sitio y eso me hace pensar que quizá estoy equivocado y que lo que a mí me parece un homenaje a Salinger no pasa de ser una simple casualidad. Les voy a contar, brevemente y tratando de no destripar el argumento, algunos detalles de esta novela. 

En "Chronic City", Chase Insteadman, el protagonista, un hombre famoso por una serie de televisión que protagonizó en la infancia, se siente un fraude: es un ser humano de escacho provecho que sobrevive entre la clase acomodada neoyorquina gracias (entre otras razones) a la relación de amor con su novia, una mujer atrapada en la estación espacial que se comunica con él a través de extensas cartas que se publican en un periódico. Al comienzo de la novela Chase conoce a una mujer menuda, de escasa belleza y singular atractivo, Oona Lazso, con la que inmediatamente comienza una relación amorosa que, por motivos obvios, ocultan a una prensa que en realidad parece muy poco interesada en ellos. Su relación es tanto peculiar: Oona es la que parece llevar las riendas, la que establece cuándo y dónde se deben ver y en qué condiciones. Chase vagabundea entre el amor hacia esta mujer, el recuerdo difuso de su novia espacial y la relación con su mejor amigo, Perkus Tooth (un personaje demasiado complejo para describir aquí) mientras el mundo que conoce se hace, literalmente, añicos. 

Pues bien, a continuación dejaré un extracto de la biografía de J.D. Salinger escrita por Kennet Slawenski y publicada recientemente por Galaxia Gutenberg (Círculo de Lectores) en la que también hay un personaje dominante y menudo (bella donde era fea y lista donde superficial) llamado Oona y un hombre que, al igual que Chase, siente el mundo inestable bajo sus pies. Ya luego deciden ustedes si estoy realmente tan paranoico como aparento. 

"Vivaz y cautivadora, Oona tenía una belleza a menudo descrita como “hechizante” y “misteriosa”. Además de su atractivo, su padre era el autor teatral más importante de Estados Unidos, un vínculo que sin duda a ojos de Salinger elevaba el estatus de la chica. Aunque la mayoría de las descripciones se deshacían en elogios sobre su belleza, pocas atribuían a Oona la menor profundidad de carácter. Se la veía como una chica rica superficial y sólo preocupada por sí misma. […] La hija de Elizabeth Murray fue quizá quien mejor describió a la joven: “Estaba vacía, pero poseía una belleza asombrosa”. […] era exactamente el tipo de chica que desde hacía mucho tiempo Salinger afirmaba despreciar. […] 
Para alivio de Salinger, Oona correspondió a su interés. […] De los comentarios y cartas de Salinger se deduce que éste no se hacía ilusions en cuanto a su superficialidad o a la naturaleza desigual de su relación. “La pequeña Oona”, se lamentaba Salinger, estaba “desesperadamente enamorada de la pequeña Oona”. En todo caso, sus sentimientos hacia ella eran firmes, y cuando ambos regresaron a Nueva York iniciaron un romance que la vinculó al autor en los años que siguieron. […] 
Convertido en escritor profesional, Salinger empezó a sentirse cada vez más incómodo. De alguna manera, su vida diaria no estaba a la altura de sus logros, y disponía de escasas pruebas de que en realidad lo hubiera “conseguido”. Seguía viviendo en casa de sus padres, una situación que cada vez se le hacía más intolerable. Su romance con Oona O´Neill resultaba incompleto y era ella quien llevaba las riendas. El autor no estaba contento con la distribución ni la presentación de sus historias, la mejor de las cuales había quedado limitada por su reducida distribución mientras que la menos significativa había obtenido una gran difusión. Salinger veía The New Yorker como la solución a todos sus problemas. Si pudiera convencerlos de que publicaran alguna de sus historias más incisivas alcanzaría la respetabilidad que creía merecer, impresionaría a Oona O’Neill y su vida cotidiana empezaría a cambiar."