martes, 7 de enero de 2014

Lo mejor y lo peor de 2013

He estado a punto de no publicarla pero me he dicho, ¿qué es un blog sin una lista? Y bueno, nada, aquí estamos un año más.

Brevemente.

Hoy, mejores lecturas de 2013, no necesariamente estrenos ni novedades. Por cierto, en esta ocasión, aprovechando que se puede y por cambiar un poco, va por categorías. Tengo que decir que, salvo puntuales excepciones, ha sido un año horrible. Ni rentrée ni leches, un horror. Seré yo, que elijo fatal. Seguramente sí, pero no siempre.

Al grano.

En novela se lleva el premio JOTA ERRE, ganadora indiscutible del año. Ya la he subido a los altares. El resto, en mayor o menor medida, recomendables. 

“Limónov” de Emmanuele Carrere

“Stoner” de John Williams

“Donde dejé mi alma” de Jerome Ferrari

“El origen” de Thomas Bernhard

“Un hombre soltero” de Christopher Isherwood

“La senda del perdedor” de Bukowski

“JOTA ERRE” de William Gaddis


* * * * * * * * * * * * * *

En la categoría de novela corta o relato largo me quedo con “El ruletista”. La de Bulwer-Lytoon, aún habiéndome gustado, no me hizo perder la cabeza, pero creo que vale la pena echarle un vistazo. Idem para Repila.

“El niño que robó el caballo de Atila” de Iván Repila

“El ruletista” de Mircea Cartarescu

“La casa y el cerebro” de Edward Bulwer-Lytoon


* * * * * * * * * * * 

En relatos, cinco estrellas para tres libros. Me quedo con el de Barthelme por quedarme con uno (y porque es el más divertido) pero realmente cualquiera de los tres merece ser más que tenido en cuenta. Por cierto, Askildsen fue, sin lugar a dudas, uno de los grandes descubrimientos del año.

“Todo como antes” de Kjell Askildsen

“Mire el pajarito” de Kurt Vonnegut

“Las enseñanzas de Don B.” de Donald Barthelme


* * * * * * * * * *

Novelas graficas, comics o cosas con dibujitos. Chámalle X. Estamos en lo mismo de antes, todos son muy recomendables, pero si tengo que elegir, elijo a Mazzuccheli por haber creado al inolvidable Asterios. 

“Pancho Villa toma Zacatecas” de Taibo II y Pablo Ignacio

“Epiléptico” de David B.

“Asterios Polyp” de David Mazzuccheli


* * * * * * * * * * 


En ensayo y por aquello de poner alguno, destacar el segundo tomo de la biografía de Dostoievski, “Dostoievski: los años de prueba 1850-1859” de Joseph Frank.  

En teatro, no lo dudo: “Incendios” de Wajdi Mouawad. Una obra absolutamente genial que he recomendado hasta la extenuación.

Y venga, va, en poesía, “Zurita” de Zurita. No sólo porque está muy bien sino porque es lo único que he leído.

* * * * * * * *

LAS PEORES LECTURAS

Y lo peor.

Hagamos recomendaciones negativas. Esto es, no aquello de lo que hay que huir, sino aquello de lo que podemos aprender. Piensa en positivo. Es una lista larga pero podría serlo más. Ya he dicho que ha sido un año de mierda; esto lo demuestra. Aquí unos libros que, por malos o fallidos, tal vez no merecían ser editados. Si tengo que elegir uno para quemar, que sea el de Rubén Abella. No se me ocurre cómo podría hacerse peor pero seguro que alguien nos sacará pronto de dudas.

Si tienen que elegir entre leer uno de estos libros o echarse a la mar, no lo duden.



“Un mundo para Mathilda” de Victor Lodato

“Glaciares” de Alexis M. Smith

“Las buenas chicas no leen novelas” de Francesca Serra

“Genio de extrarradio” de Sergio C. Fanjul

“Los años de lluvia” de Jesús Esnaola

“Polvo en los labios” de Montero Glez.

“Los hermanos Sisters” de Patrick deWitt

“Yo precario” de Javier López Menacho

“Pose” de Alberto Olmos

“Los ojos de los peces” de Rubén Abella

“Hijos apócrifos” de Víctor Balcells Matas

“A la caza de la mujer” de James Ellroy

“Por si se va la luz” de Lara Moreno

“La habitación oscura” de Isaac Rosa

“El libro de los pequeños milagros” de Jacinto Muñoz Rengel


Reseña abandonada de “Menos joven” de Rubén Martín Giráldez

Terminé este libro al tercer intento. Esto es un mal rollo terrible, no sólo porque conozco a Rubén sino porque viene a demostrar(me) que algo no ha ido bien desde el principio, toda vez que el libro tiene no más de 120 páginas de letra legible (diría incluso bonita si no fuera una cursilería impropia de este blog).

Leo a Rubén Martín con sincero interés. Me siento, abro su libro —me torturo y busco sin éxito la forma de sobrellevar el peso de los injustificables 22 euros invertidos— y me dejo llevar. Cómo no hacerlo; presten atención al comienzo:

BOGDANO SABE QUE SU PADRE ya no es capaz de distinguir entre trabajo y realidad. Es algo que le preocupa.
Lo que está haciendo ahora Bogdano es ensillar su cabeza. Su propia cabeza. Asegura las hebillas, tira de correas de cuero, sube a su frente y pica espuelas en sus mejillas. Corre hacia aquí. Nos rebasa. Vemos entonces que en realidad corría hacia allí. Reparamos también en que eso que al principio habíamos tomado por su cabeza no es más que la cabeza de un caballo común. Las retransmisiones tienen ese problema: todo lo que se dice, por el simple hecho de decirlo, suena y es impostado. Pero el caballo se aleja, así que es necesario que empecemos a movernos, de otro modo no vais a entender nada. Azuzad a vuestras cabalgaduras, manteneos a su paso y atended a mis advertencias durante la persecución. Nadie muere en esta historia, niños, apenas ningún Bogdano ha sido maltratado para hacer posible la diversión de hoy; nadie sufre verdaderamente en esta excursión de Bogdano por la logorrea, por una logorrea que él conoce ya de memoria, que ha recorrido al menos dos o tres veces antes a lo largo de treinta y tantos años de vida y treinta y tantos años de hacer gárgaras con su propia lengua. Independientemente del número de personas que veáis padecer a manos de nuestro concursante en este particular safari para necios, recordad que toda esta barbarie se encuentra más en palabra que en acto.

Hay que estar un poco loco para escribir algo como esto (siendo esto el libro en su totalidad) y mucho para publicarlo. Y hay que tener mucho de algo que no sé qué es para plantearse simplemente buscarlo, no digamos ya comprarlo, no digamos ya leerlo. No digamos ya terminarlo.

“Menos joven” es el falso título de un libro llamado “El peinado de Calígula” que en la ficción es el nombre de un programa de radio dirigido a niños a los que se trata como adultos y que tiene maneras de concurso. De hecho todo el libro es el locutor retransmitiendo la jugada del protagonista, Bogdano en este caso, que, subido a un caballo (a la cabeza de un caballo) debe cazar a sus ídolos, entendiendo como ídolo “un enemigo de culto, alguien que era amigo y ya no lo es, para que me entiendan los más pequeños”. Y hasta aquí la parte fácil.

El mensaje, que se va dejando caer poco a poco entre la siempre incansable y en ocasiones por barroca insoportable verborrea del locutor, viene a ser algo así como el deseo de matar al padre, acabar con los mitos heredados y crear un altar al que subir a quienes deseemos admirar, héroes de ayer-hoy-y-siempre o no. Esta idea es, con diferencia, lo mejor de la novela, y el modo de plantearlo, un programa de radio para niños dirigidos a los adultos en la que el protagonista ha de ir cazando a los ídolos de su infancia, me parece, lo digo en serio, fantástica. La clase de premisa que entusiasma. Pero todos los excesos son malos. Al final (y al principio y en el durante) el autor acaba por agotar al lector con ese estilo retorcido, alambicado y lo que venía siendo una magnífica idea acaba en un sinfín de palabrotas que no favorecen precisamente el avance de la narración. 

En la declaración de intenciones de El peinado de Calígula se alude de manera expresa a nuestro repudio hacia la facilona alegoría de matar al padre y a nuestro deseo de sustituir dicha repugnante alegoría por la más sensata «charla con el padre», pero el carácter obcecado de Bogdano nos obliga a lavarnos las manos ante una eventual extralimitación. No habría nada de respetable en ella, pero tampoco es que haya nada de divertido en lo respetable (la contextualización me está matando). Bogdano es libre de caer en la encerrona en espiral de su rabia y contravenir el contrato con nuestra organización, que a fin de cuentas no compromete a otra cosa que a un chit-chat con tus ídolos: «Querido sir Richard Burton, sir humano, vengo a darle una lección de anatomía de mi melancolía: acaba usted de ganar un premio, pero el problema es que me lo ha ganado a mí, y eso es imperdonable».



[La reseña es abandonada en este punto exacto, ni antes ni después] 


Reseña abandonada de “Bleak House Inn” VV.AA. (Edita Care Santos)

Navidad no va a ser siempre Raphael cantando villancicos. O al menos eso espero. Sin embargo no puede haber nada más navideño que Dickens, especialmente en el año dedicado al escritor. Por eso Care Santos, recopilatóloga oficial de Nevsky Prospects y sucedáneos, se hace un hueco en el mercado con este conjuntito de relatos escritos por amigos y vecinos y otras cosas del querer. 

La cuestión: diez cuentos más uno. El más uno, el once, es el de Care, que no es un cuento, en realidad, sino la suma de todos ellos: el chiste final. Moncho Borrajo tenía una actuación que consistía en hacer reír a la gente construyendo una historia con palabras que se les ocurrían a algunos espectadores. Con todas ellas y en menos tiempo del que tarda un gallo en cantar un estribillo, Borrajo construía un chiste sensacional que soltaba sin apenas tomar aire. Lo de Care es un poco lo mismo pero sin gracia. Me explico:

Los diez relatos son de cada padre y de cada madre. Los hay de humor, los hay de corte fantástico, los hay de terror, los hay homenaje, los hay… bueno, los hay de muchas clases pero atienden todos a una misma categoría: los hay mejores y los hay peores y los hay absolutamente prescindibles. Magistrales no, ninguno. Otra vez será. Pues bien, Care coge cada chiste y lo integra, con mayor o menor fortuna, en un cuento final compuesto por ella sola. Conciertito de flautín en lalalá menor. Tiene el mérito que tiene ir juntando todo, como un coche escoba, pero como cuento en sí mismo tiene el valor justito; ahora bien, quedas como una reina. Igualito que Borrajo. 

La impresión general (voy a pasar de ir desgranando cada relato) no es ni buena ni mala sino todo lo contrario, en todo caso. Si me obligan a tomar partido, me inclino por lo segundo. Y no es tanto que sean malos como que son prescindibles entendiendo prescindible como lo peor que le puede pasar a un cuento. 

Pero por aquello de que el recopilatorio es navideño y yo todavía conservo algo del espíritu de entonces voy a hablar bien de alguno. Por ejeeeemplo… el de Pilar Adón, “Nuevo libro de insectos”. Este lo leí un día que todo en mi vida eran gatos y mujeres con hijos (me coincidió con la lectura de “Glaciares” de Alexis M. que es el libro de una chica con un hijo y un gato escrito por una chica con un hijo y un gato). De Pilar me gusta la corrección pero me sobra exactamente lo mismo. Digamos que hay un momento en el que se echa de menos algo de naturalidad. Por lo demás bien, cuento de misterio con sótano, que lo mismo puede ser el de Bleak House como cualquier otro. 

A este respecto sí hay algo que decir: no me abandonó la sensación durante la lectura de todos y cada uno de los cuentos, de que la relación entre Bleak House, como edificio, era un tanto forzada. Esto es especialmente evidente en caso de Elena Medel (Eliza Grimwood) que escribe un bonito cuento sobre una relación de pareja que tiene de navideño o dickensiano lo que yo de crítico literario, por poner un ejemplo que entienda todo el mundo.

[Reseña abandonada en este momento exacto]
[Volver al post principal]




(1) Entre las notas al post me encontré la intención de hablar un poco de cada relato. Se ve que en algún momento cambié de opinión. Bien por mí. El libro no merece tanta atención. En cualquier caso, por si les interesa, los cuentistas y sus chismes son los siguientes: 
1. Pilar Adón. Nuevo libro de Insectos 2. Elia Barceló. La tienda de Madame Chiang 3. Oscar Esquivias. La última víctima de Trafalgar 4. Marc Gual. Muerte de un soldado. 5. Cesar Mallorquí. Cuento de verano 6. Ismael Martinez Biurrum. A esta hora, todas las noches de tu vida 7. Elena Medel. Eliza Grimwood 8. Francesc Miralles. Charles Dickens ya no vive aquí 9. Daniel Sánchez Pardos. Una vida nueva 10. Mariam Womack. Luz de gas 11. Care Santos. El inimitable.