Con esta novela dí por finalizada mi aventura veraniega (del año pasado) dedicada a relatos o novelas de ciencia ficción y marcianadas varias. En algún momento había que parar y Muero por dentro (verán ahora que esta introducción no tiene tanto de casual como puede parecer) resultaba perfecta para eso. Razón, aquí:
Muero por dentro tiene de novela de género lo justo, necesario e imprescindible. Ni un gramo más. En ella hay personajes, pocos, -tan pocos como dos- con la habilidad de leer la mente. La de otros, se entiende. Esto es todo. La novela se centra en uno de los personajes que, de un modo desordenado y en apariencia (y sólo en apariencia) aleatorio, nos va contado lo que ha sido su vida, obra y milagros, lo que ha hecho de él el don, cómo han sido sus relaciones con los demás… bueno, nada, la vida de un freak.
Lejos de narrar arriesgadas secuencias de acción o atracos espectaculares o la creación de una escuela de mutantes, la novela transita por la senda, serena, serenísima, de quien sufre una dolorosa e irritante falta de iniciativa. Es decir, que lo que tiene de bueno y diferente lo tiene también, en puntuales momentos, de tedioso. Me estoy refiriendo tanto a la novela como al protagonista.
No quiero restarle valor porque evidentemente la intención de la novela es exactamente la que resulta ser (y desde ese punto de vista, es impecable) pero lo cortés no quita lo valiente y para contar lo que se cuenta no era necesario dar tantas vueltas. O igual sí.
En un momento de la novela llegamos a unos de esos capítulos absolutamente prescindibles que sólo tienen gracia si te gusta leer, como será el caso puesto que es lo que estamos haciendo. En él el protagonista nos muestra su habitación y aprovecha para hacer un resumen/balance de lo que ha sido su vida como lector (fechas, libros y otras formas de evolucionar). Uno de los libros que destaca es "Seres extraños" (libro que, por lo que he podido comprobar, no existe en nuestro plano de la realidad) que trata sobre los niños prodigio y está lleno de historias sobre supermocosos con poderes extraordinarios. Como él.
En este último libro he subrayado un montón de párrafos, generalmente aquéllos en los que no estaba de acuerdo con el autor. ¿Seres extraños? A pesar del talento que tenían, esos escritores eran los extraños, tratando de imaginar poderes que jamás habían poseído; y yo, que era uno de esos seres, yo, el joven merodeador de mentes (el libro está fechado en 1954), estaba en desacuerdo con ellos. Ponían énfasis en la angustia de ser sobrehumano, olvidándose del éxtasis. Aunque, pensando ahora en la angustia en contraposición con el éxtasis, debo admitir que sabían de qué hablaban. Amigos, ahora ya no estoy tan en desacuerdo con ellos. Éste es el callejón de las ratas, donde los muertos no pueden discutir.
Pues tal cual. La novela, protagonizada por un ser triste, aburrido y cargado de remordimientos por un don que no ha pedido, se centra en analizar con detalle la angustia de ser diferente, preguntándose (y tratando de dar respuesta a) cómo es posible que alguien con la capacidad de conectar con las mentes ajenas no pueda evitar hundirse en el aislamiento y acabar siempre más solo que la una. Lo que vienen siendo las consecuencias de pasar demasiado tiempo en las redes sociales, para que nos entendamos.
El chiste es que el chaval se va a quedar sin ADSL, perdón, sin el poder lector, algo que, en el fondo sabe que lo hará más feliz (que es una enseñanza tan buena como otra cualquiera aunque sin el atractivo de otras tipo “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” o frikada similar).
—Lo estoy perdiendo, eso es todo. Es como el pelo, supongo. Se tiene mucho cuando uno es joven, luego cada vez menos y, finalmente, nada. ¡Al diablo! Nunca me hizo ningún bien.—No lo dices en serio.—Dime uno, aunque sólo sea un bien que me haya hecho, Jude.—Te convirtió en alguien especial, en alguien único. Cuando todo te iba mal, siempre podías recurrir a él y penetrar en las mentes, podías ver lo invisible, te podías acercar al alma de la gente. Un don de Dios.—Un inútil don, a menos que hubiera entrado en algún circo.—Te ha convertido en una persona más rica. Más compleja, más interesante. Sin él no hubieras dejado de ser alguien vulgar y corriente.—Con él resulté ser alguien bastante común. Un don nadie, un cero a la izquierda. Sin él podría haber sido un don nadie feliz, en lugar de un desdichado.
O lo que es lo mismo: ser especial, total para qué.
Vuelve el verano y con él la ciencia ficción. Se buscan propuestas refrescantes, novedades interesantes, curiosidades.... Si saben de alguna no duden en avisar.
No ha estado del todo mal. Curiosa y poco más.
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Vuelve el verano y con él la ciencia ficción. Se buscan propuestas refrescantes, novedades interesantes, curiosidades.... Si saben de alguna no duden en avisar.







