lunes, 15 de junio de 2015

‘New mYnd’ de Colectivo Juan de Madre

Ya les he hablado de Colectivo Juan de madre. En su momento les expuse un teoría la mar de plausible que no quisieron ustedes escuchar (o, si escucharon, no quisieron ustedes creer), acerca de los órganos no sexuales que lo constituían y sus aviesas intenciones. Pese a esto, hay quien se empeña en creer que tras Colectivo JdM se oculta un único ser humano. Es falso, pero allá ustedes y su ingenuidad.

El caso es que esta gente, este colectivo, esta masa informe, ha escrito otro libro. Este libro. New mYnd.

Se supone (normativa del Perfecto Crítico Imperfecto, artículo 22, parrafada segunda) que ahora tengo que explicarles de qué trata, es decir, lo que viene siendo el argumento. No es fácil pero ahí vamos.

La cosa tiene algo que ver con unos diamantes que la gente se injerta cual bulbo de tulipán en la base del cráneo, o cerca o por los alrededores y que les, ¿cómo decirlo?, duplica la mente: son ellos y además son otros. Viven su propia vida y, de puertas para dentro, otra que también es suya pero no es suya pero en la que, cuando te pillas los dedos en una puerta, no duele o, por poner un ejemplo que todos entendamos, un universo alternativo en el que si cuentas un chiste un poco cargado de humor negro no tienes que dejar tu puesto de trabajo en manos del destino ni meterte en una cueva a flagelarte hasta que te mueras.

Pero este no es el tema. O sí. Más que un tema es un temazo. Quiero decir… esto es el fondo de pantalla sobre el que tiene lugar la trama.

La parte más visible de la historia es la de una mujer: mujer con pareja y trauma de muerte infantil. La narración corre paralela a la historia de otra, también mujer, que bien pudiera ser la misma o su hermana o incluso la mascota de mi dentista. Tampoco aquí la cosa llega a estar nunca clara (Colectivo pone especial interés en ello) motivo por el cual la novela, digamos, funciona al nivel qué demonios está pasando, que como gancho es casi lo mejor que te puedes encontrar. Por eso y por una cita de Manuel Vilas, que realmente es lo que sube la media del conjunto.

«Si me pienso abogado, preferiría ser médico. Si médico, sacerdote. Si sacerdote, hombre casado y con siete hijos. Si casado, soltero. Si soltero, viudo muy apenado. Si viudo, monje. Si monje, matador de toros. Estés donde estés, no has acertado por completo. Siempre hay algo más barato y mejor por ahí. Siempre hay vistas desconocidas en el acantilado de la vida. Me está matando esto de vivir una sola vida. La gran muerte de vivir en una sola forma».

Es muy importante tener en cuenta que todo lo que ocurre puede ser fruto de su imaginación o de la imaginación del escritor, que todo puede estar sucediendo a uno u otro nivel. Es todo un poco Lynch y un bastante Cronenberg y un algo David Foster Wallace, escritor este que protagoniza otra de las citas que se incluyen en la novela y que junto con la de Vilas (que he pegado sólo parcialmente para evitar sufrimientos innecesarios) recogen la idea sobre la que Colectivo ha querido construir este pequeño e inquietante artefacto.

«Tengo treinta y tres años y la impresión de que ha pasado mucho tiempo y cada vez pasa más deprisa. Cada día tengo que llevar a cabo más elecciones acerca de qué es bueno, importante o divertido, y luego tengo que vivir con la pérdida de todas las demás opciones que esas elecciones descartan. Y empiezo a entender cómo, a medida que el tiempo se acelera, mis opciones disminuyen y las descartadas se multiplican exponencialmente hasta que llego a un punto en la enorme complejidad de ramificaciones de la vida en que me veo finalmente encerrado y atrapado en un camino y el tiempo me empuja a toda velocidad por fases de pasividad, atrofia y decadencia hasta que me hundo por tercera vez, sin que la lucha haya servido de nada, ahogado por el tiempo. Es terrorífico. Pero como son mis propias elecciones las que me encierran, me parece inevitable; si quiero ser adulto, tengo que elegir, lamentar los descartes e intentar vivir con ello».

New Mynd está diseñado para resolver este problema y para ello nada mejor que hacerlo generando confusión. Confusión sobre confusión, erección asegurada. Se acompaña la cosa con imágenes en riguroso blanco y negro, falsas entradas de falsos blogs, poemitas y otras cosas del querer, para que se note que la cosa tiene miga, que las referencias son múltiples, que esto es un señor rompecabezas y no una novelita de Albert Espinosa. Algunos han querido ver en esto una nueva narrativa otra nueva narrativa. Hay gente para todo; unos cuantos parecen estar realmente muy necesitados de narrativas nuevas y a otros les gusta simplemente que les vapuleen un poquito la enquistada imaginación.

En cualquier caso y poniendo los pies en el suelo, New Mynd es una interesante (por entretenida más que novedosa) propuesta y una novela inquietante que sabe mantener la atención del lector el tiempo suficiente para terminarla. A mí, con esto, y sin tener que reinventar narrativas ni hostias, no me orgasma pero me vale. Conformista que es uno.



martes, 9 de junio de 2015

‘Cenital’ de Emilio Bueso

Lo que más me gusta de Cenital es el estado de tensión permanente en el que mantiene al lector: la tensión de pasarte toda la puta novela esperando que ocurra algo. Bueso inaugura el género de ciencia aflicción pasivo-agresiva. Uno sabe que los acontecimientos, terribles ellos, irán a peor pese a que en la novela no acabe de verse movimiento alguno. ¿Dónde está el truco, entonces? ¿Por qué no se muere uno de aburrimiento? Veamos. 

Cenital es lo que ocurre cuando pasas demasiado tiempo leyendo blogs catastrofistas (por más que sea un catastrofismo razonado) en lo que los participantes se plantean seriamente lo oportuno de abrir una cuenta vivienda si total el fin de mundo conocido está a la vuelta de la esquina desde el momento en que toda actividad económica pasa por tirar del amigo petróleo y este no las tiene todas consigo. Nos los estamos fundiendo.

Pero la culpa será de los chinos, ya lo estoy viendo.

En Cenital esto ya ha ocurrido. Lo del petróleo, digo. Se acabó lo que se daba. Ya no más estufitas de gas, ahora todo es calor de chimenea y duchas de agua fría. Quedan pequeños asentamientos organizados de un modo muy tradicional, tratando de maximizar la productividad y la eficacia con un mínimo de recursos. Media novela, probablemente algo más, es contarnos que menganito es así por esto lo otro y lo demás allá y zutanita es asa y esta es tu vida Laura Ingalls, así como el rescate del blog de líder de una de esas comunidades cuasihippies para que podamos vislumbrar a) que la cosa se veía venir, b) cómo fue viniendo y c) que nuestro líder es más listo que un ajo y más previsor que los reyes magos.

Se compra, el líder, un terrenito en las afueras y se hipoteca hasta las cejas contando con que se vaya pronto la luz; se rodea de expertos en caos infinitos, poda, pozos negros y telares de bajo lizo y deja que la vida siga su curso inevitable: que salte todo por los aires y venir después con el ya lo decía yo pero tranqui que lo tengo todo arreglado.

Lo mejor que tiene el fin de mundo es que nunca pasa de moda por lo siempre es un buen momento para preparar la maleta. Por ejemplo, y sin ánimo de hacer publicidad gratuita, Debate acaba de publicar un libro llamado Abrir en caso de apocalipsis: guía rápida para reconstruir la civilización (Lewis Dartnell, Debate, 2015) donde se recogen (parece, no lo he leído ni he tenido acceso a él) enseñanzas varias. “Una guía rápida para reiniciar la civilización” es, además de un buen slogan, una forma perfecta de relativizarlo todo: el verdadero problema no es dejar de pagar la hipoteca (si total la banca será la primera en caer) sino que plantes los calabacines demasiado lejos de las berenjenas, que luego cogen bicho y hay que tirar con ellos.

Las cosas como son: Cenital da miedo de puro creíble, y aunque es verdad que tampoco nos pilla por sorpresa no es menos cierto que tenemos una actitud abiertamente pasiva. Es en tercero de primaria cuando se habla por primera vez del problema del petróleo. Pero se hace así, como de pasada, en plan el petróleo es un bien escaso y tal. Son dos páginas muy interesantes que preceden a los inventos del hombre, que se lo lleva de calle en cuestión de interés infantil. Cenital es, en ese sentido, un correcto recordatorio en forma de novela (que no una novela en forma de recordatorio ya que, quitados dos o tres momentos, la cosa está más en modo Alerta que en modo Acción) perfecto para recodarnos que ya podemos darnos por jodidos.

Como en toda novela finmundista están los buenos (que no tontos) no tan buenos de puro escarmentados, y los malos, crueles, salvajes y un poco caníbales pasada la hora del té. Esto viene en el manual del apocalhisptico perfecto y de hecho Bueso lo utiliza para hacer llevadera la travesía por este páramo desolado que es vivir sin esperanza de un mundo mejor. El resto, ya lo hemos dicho, es puesta en escena y un continuo recordarnos que nos queda poquito para quedarnos sin wifi.


miércoles, 3 de junio de 2015

‘Distancia de rescate’ de Samanta Schweblin

España. 2015. Joven escritora argentina publica librito chiquitito en Mondadori.

Miedo no, lo siguiente. Prejuicios, todos. Y aún así, la sorpresa sorprendente, esa que [casi] nunca llega: que sí, o sea, que bien, banstante bien. Para que luego digan [que si los jóvenes escritores…, que si Mondadori…].

La cosa fue tal que así: en Goodreads, ese antro de perdición, se decía y se dice y se cuenta que Schweblin aprueba con nota con esta pequeña novela de corte intrigante terrorífico o lo que demonios sea. ¿Nos lo creemos? Ni-de-coña. Sabemos que hay que andarse con ojo con las recomendaciones de cierta gente pero en ocasiones la necesidad de creer es más fuerte que uno mismo, de modo que, igualmente, decidimos: nos la jugamos. 

130 páginas que se leen en no más de hora y media y con el corazón en un puño. Es lo mejor: que se empieza y no se quiere dejar. No se puede dejar. No se deja. Y además se sufre. No se puede pedir más. 

Tanta introducción y tanta tontería… Les cuento:

La novela es una conversación: un niño pide a una maltrecha mujer que recuerde algo que ha ocurrido hace nada, días, horas, minutos: tienen que dar con el momento exacto en el que ocurre algo como super-mega-importante. Que reconstruya, más bien, paso a paso, sus pasos. Ella recuerda, reconstruye, pues, paso a paso, sus pasos: estoy haciendo esto, estoy haciendo lo otro, lo de más allá. Él (sujeto misterioso) la interroga: ¿y esto? ¿y lo otro? ¿y lo de más allá? 

¿Y tu madre qué tal? 

Y así avanza la novela y se descubre la historia de una mujer (no esta mujer, otra) que tiene un hijo, que tiene un accidente, que tiene un problema gordo gordísimo cuya solución pasa por visitar a brujita en espectral casita inquietante y verde. Pasa que el niño cambia, en la casa, que parece otro, al salir, tal si fuese una peluquería militar.

Me da mucha rabia entrar en tanto detalle pero es que si no les hablo de esto no sé de qué les voy a hablar porque la novela quitando esto de sufrir es esto es poco más, que desarrollo de personajes el justo y necesario.

La expresión distancia de rescate, por si se lo preguntan y por aquello de echar leña al fuego, hace referencia a la distancia que una madre establece con respecto a un hijo, hija o mascota querida. Si las nubes amenazan tormenta la distancia se acorta por pura necesidad; sí el mar es un plato la cuestión se relaja. En esta novela la cosa está como para no dejar pasar el aire. 

«Yo siempre pienso en el peor de los casos. Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara. Lo llamo “distancia de rescate”, así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería».

A favor, esto: la evasión, la diversión. En contra tiene alguna pequeña trampa que me voy a callar por el respeto que les tengo pero que tiene que ver con la sinceridad a la hora de responder esta pregunta: ¿es realmente tan importante como se asegura la distancia de rescate? o ¿Cambiará algo conocer el punto exacto en el ocurre eso que ocurre y que no sabremos qué es hasta bien avanzada la historia?

«Contame más sobre la distancia de rescate.
Varía con las circunstancias. Por ejemplo, las primeras horas que pasamos en la casa quería tener a Nina siempre cerca. Necesitaba saber cuántas salidas había, detectar las zonas del piso más astilladas, confirmar si el crujido de la escalera significaba algún peligro. Le señalé estos puntos a Nina, que no es miedosa pero sí obediente, y al segundo día el hilo invisible que nos une se estiraba otra vez, presente pero permisivo, dándonos de a ratos cierta independencia. Entonces, ¿la distancia de rescate sí es importante?
Muy importante».

La novela es frenesí; un permanente huir hacia delante. La protagonista, empeñada en irse por los cerros de Úbeda es continuamente refrenada por su interlocutor, que tiene que recordarle que esta novela no es corta porque sí, que si esta novela es tan corta es porque no-tenemos-tiempo.

«Es esto. Este es el momento.
No puede ser, David, de verdad no hay más que esto.
Así empieza.
Dios mío.
¿Qué hace Nina?Es tan linda.
¿Qué hace? 
Se aleja un poco.
No dejes que se aleje.
Mira el pasto. Lo toca con las manos, no se convence de su pequeña desgracia.
¿Qué pasa con la distancia de rescate?
Todo está bien.
No.
Tiene el ceño fruncido.
—¿Estás bien, Nina? —le pregunto.
Se huele las manos.
—Es muy feo —dice.
Carla sale de la casa, al fin.
Carla no importa.
Pero camino hacia ella, creo que todavía intento disuadirla del paseo.
No dejes sola a Nina. Ya está pasando.Carla se acerca con su bolso, sonriente.
No te distraigas.
No puedo elegir qué sigue, David, no puedo volverme hacia Nina.
Está pasando.
¿Qué cosa, David? Dios mío, ¿qué es lo que está pasando?
Los gusanos.
No, por favor.
Es algo muy malo.
Sí, el hilo se tensa, pero estoy distraída.
¿Qué tiene Nina?
No sé, David, ¡no sé! Hablo con Carla como una estúpida. Le pregunto cuánto vamos a tardar.
No, no.
No puedo hacer nada, David. ¿Así la pierdo? El hilo está tan tenso que lo siento desde el estómago. ¿Qué está pasando?
Esto es lo más importante, esto es todo lo que necesitamos saber».

Y así todo. Interesante y cortísima (lo digo como un cumplido) novela de terror que cumple, esta vez sí, lo que promete pese a que demasiado pronto tomamos conciencia del previsible [pero no por ello menos demoledor] final.