martes, 31 de marzo de 2015

Resumen de lecturas MARZO 2015 (2º parte)


"El espectro de Alexandr Wolf" de Gaito Gazdanov

Un hombre, joven, muy joven, está a punto de ser asesinado por otro hombre también joven, también muy joven. Es lo que hay. Es la guerra. Cosas que pasan: el que iba a morir se torna en matador y abandona el campo de batalla. Años después encuentra un libro de relatos, uno de los cuales relata punto por punto y sin margen de error, el mencionado crimen, pero desde el punto de vista de la víctima. A partir de ahí, ya lo suyo será dar con el escritor a ver muerto es ese que escribe lo que ocurrió en un bosque sin público en las gradas. 

Estupenda premisa, sin duda, pero irregular desarrollo. Pronto la novela abandona esto que supuestamente tenía que contar para lanzarse al paraíso de las pajas mentales y la filosofía de época, el amor y tal. Una pena. [Así empieza o debería empezar la reseña de esta novela que quisiera yo que viera algún día la luz. No nos hagamos promesas que no sabemos si podremos cumplir.]



"La nube púrpura" de M.P.Shiel

Interesante pero, al igual que la anterior, irregular novela, en esta ocasión de corte apocalíptico. Un hombre, malo como la tiña a pesar de las apariencias (él es el narrador y por lo tanto puede mentir como un bellaco) se empeña en llegar al polo pese a que al polo no llega nadie, que todo es un fracaso tras de otro de barcos hundidos. Su novia, que es el mismísimo demonio (y qué pena de verdad que no se haga un spin off con ella), pone también de su parte para alcanzarle la fama al muchacho. Y bien, oye, que llega. Dejando un rastro de cadáveres (todas muertes casuales, of course) pero llega. Total, que una vez allí algo pasa, una nube púrpura mata a todo bicho viviente, sea humano o animal. Si respiras, te mueres. 

Y así la novela el buen hombre buscado vida y paseando por aquí y por allí y que si habrá gente oculta en las minas, que si dónde está el último chino, que si tal que si cual. Nuestro protagonista desarrolla una particular afición: quemar ciudades. Pero quemarlas bien, nada de prender cortinas con mecheritos. No. Quemarlas hasta los cimientos. Total ya…

A favor: el apocalipsis, ya lo he dicho; no hay cosa mejor que un único hombre sobre la tierra. En contra: demasiado detalle en el detalle de los detalles. Que no hacía falta contar que baja la cuesta y sube la montaña y mira esa flor que silvestre y bonita y mi ropajes y el cinturón dorado y la cenefa rosa del vestido gris. A pesar de esto, bien. Por alguna extraña razón, muy bien.



"Voladura controlada" de Octavio Cortés

Y esto es lo que sería el club de la comedia si la gente hablase con propiedad. Básicamente, Voladura controlada es un chiste encadenado a otro chiste y un poquito de mala leche por aquí y otro poquito por allá. Tiene su gracia, no podemos negarlo, yo mismo me he descubierto riendo unas cuentas veces pero también me he descubierto saltándome párrafos enteros de gracietas previsibles que venían siendo una pequeña variación del chiste anterior. Quiero decir que contar ‘Ocho formas de comer spaghetti que harán de usted un hombre feliz’ tal vez sean demasiadas. Igual con siete llegaba. (Por si sienten curiosidad, les dejo la primera: «Comer spaghetti con las manos sucias y un sombrero de paja, a bordo de un velero fondeado en alguna calita paradisíaca al sur de Corfú. Usted deberá haber pasado una semana navegando, bebiendo vino blanco y escribiendo una biografía de Antonioni en compañía de una universitaria angelical, nudista furibunda, hija de algún potentado del Midi. Es importante que la comida tenga lugar a una hora ilógica y que la conversación verse acerca de unos delfines avistados por los pescadores locales. Usted habrá dorado un par de ajos, que usará como único condimento junto a la sal y la pimienta. Y todo le sabrá a gloria». Podría seguir y seguiría de buena gana pero entonces podría quedarme sin las pocas ganas que tengo de escribir una reseña.



"Lavrenti y el soldado herido" de Pablo Gonz

Razón número uno para sentir interés por Pablo Gonz: ver en La Mala Puta, en La trituradora de ilusiones, en el capítulo 12 (‘La suerte del marginal, la libertad: el caso Gonz’) a Román Piña establecer una comparación entre Pinilla y Gonz al haber sido ambos escritores traicionados (es un decir) por las editoriales que en su momento apostaron (es otro decir) por ellos. Se preocupa Piña: «si Pablo Gonz es uno de los mejores escritores de su generación, debemos enterarnos cuanto antes». Cuando leo esto me sumo a la preocupación y es por ello que llega a mis manos (gracias)—toda vez que trato de hacerme con ella sin éxito— un pequeño libro, librillo, una cosita de escasas treinta páginas escrita por Gonz llamada Lavrenti y el soldado herido. Yo no sé si Gonz es uno de los mejores escritores de su generación, no los conozco a todos ni me parece que una simple ‘novelita’ sea suficiente para dictar sentencia sobre el particular, pero sí sé que me hecho pasar un buen rato, me he divertido, he conectado con su humor y que ya con esto me doy por satisfecho. 



"Técnicas de iluminación" de Eloy Tizón

Hicimos una aproximación pero una aproximación no es una reseña ni es un sombrero. Haremos una reseña pero nos dejaremos el sombrero puesto.



“Robert Louis Stevenson” de G.K.Chesterton

«Puritanismo [de Calvino] y pesimismo [de Schopenhauer] eran cárceles que se hallaban muy próximas; y nadie ha contado nunca cuántos fueron los que dejaron una sólo para entrar en la otra; o bajo qué galería cubierta pasaron. La aventura de Stevenson fue una fuga, una especie de romántica escapada para evitar a las dos. Y así como un fugitivo muchas veces ha corrido a encontrarse en la casa de su madre, así este escapado buscó refugio en su antiguo hogar; se fortificó en el cuarto de los niños y casi trató de introducirse en la casa de muñecas. Y lo hizo por una especie de instinto de que allí habían existido goces concretos que un puritano no podía prohibir ni un pesimista negar».

Todo este ensayo (que no biografía, pese a que el título invite a pensar en ello) es, más que ninguna otra cosa, un ejercicio de Chesterton en defensa de Stevenson, que a lo largo de su vida y obra fue duramente tratado por esa panda de impresentables llamados críticos literarios que lo tenían machacadito, al pobre: «Stevenson ha sufrido más que muchos otros de esta nueva moda de minimizar y poner tachas; y algunos enérgicos y reputados escritores se han lanzado a la tarea, casi con la avidez de unos bolsistas cuyo empeño fuese provocar el hundimiento en vez del alza de los valores Stevenson».

Pues básicamente este ensayo es Chesterton dándolo todo en defensa de Stevenson, recordándonos, una y otra vez, que este escritor fue, ante todo, un soplo de aire fresco sobre el pesimismo reinante en la época que todo era la gente por ahí cortándose la venas y no dando un respiro a la felicidad. Y lo habitual: que si el estilo, que si siempre la palabra justa, que si grande, grande, que si guapa tú

En general, bien, interesante, pero a ratos bastante pesado porque el escritor hace muchas referencias a obras y personajes de Stevenson de los que difícilmente puede conocer y/o acordarse el lector. 





ESTAMOS LEYENDO



Y dentro del apartado ESTAMOS LEYENDO (un espacio de inmediata inauguración que me voy a sacar de la manga y que mantendré hasta que me canse) y aprovechando que venía de hablar de Stevenson, les diré que he comenzado la lectura de sus zozobras breves completas, que diría Krahe, en una de esas siempre magníficas ediciones de Valdemar de la que tantos tienen tanto que aprender.



“Cuentos completos” de Robert Louis Stevenson (uno)

Leídos, de momento, los dos primeros relatos (algo así como cincuenta de un total de mil millones de páginas). El plan es leer poco a poco y dar cumplida cuenta en estos breves espacios promocionales que son los resúmenes mensuales, de lo que va siendo su lectura.

El primer relato, escrito a los catorce años si no recuerdo mal, y obviando tan significativo dato, bastante flojo pese al aterrador misterio que lo sostiene. Ahora bien, catorce años, eh. Vean ustedes qué escriben hoy los jóvenes de catorce y lloren conmigo y acepten por una vez que algunos tiempos pasados sí fueron mejores. Y más que mejores: fueron brillantes.

El segundo relato, escrito también a una edad asombrosamente temprana y estando todavía lejos de caer rendido a sus pies es un punto de inflexión. Quiero decir con esto que llegados a este punto a poco que tenga ustedes dos dedos de frente ya no querrán dejar de leer al amigo. Ya todo será no pensar en otra cosa que él. En este relato aparecen un hombre, una mujer, un convento y un pintor. Así de fácil y así de difícil.

¿Lo digo? Lo digo: Stevenson me reconcilia con el género del relato.



lunes, 30 de marzo de 2015

Resumen de lecturas MARZO 2015 (1º parte)

Comentaba el otro día nosédónde que corren malos tiempos para la crítica en esta Medicina, no porque se le haya agotado el genio (nada más lejos de la realidad), sino porque causas de fuerza mayor me obligan, con una insistencia rayana en lo desesperante, a mantenerme alejado del teclado. A pesar de todo, y robando minutos y arañando segundos donde no los hay y ajustando el sueño al mínimo, intento mantener un ritmo de lectura más o menos decente aunque para ello deba sacrificar novelas de corte extenso por una cuestión fundamentalmente práctica.

Dicho lo cual, les dejo con la primera parte del resumen de lecturas del mes que ahora termina.



"Sueños de trenes" de Denis Johnson

Este es uno de esos libros que se leen en una tarde, en poco menos o poco más de dos horas. También es de esos libros que NO cumplen las expectativas. Me ha dejado, este relato de Johnson, bastante frío, honestamente. Tal vez sea culpa mía, pero me extraña, al fin y al cabo yo nunca tengo la culpa de nada. Se impone una relectura, en cualquier caso, no vaya a ser el demonio…





"Mujer sin hijo" de Jenn Díaz

Conozco y aprecio y llevo en el corazón a Jenn Díaz y puesto que la conozco y la aprecio y la llevo en el corazón y puesto que desde este blog hemos denunciado y denunciamos y por dios denunciaremos siempre el amiguismo y la inconveniencia de reseñar a los amigos toda vez que creemos a pies juntillas que no podría uno evitar caer en algo que no tendría nada que ver con la famosa crítica objetiva y demás zarandajas de supuesta imparcialidad... pues bien, puesto que todo esto es tal me voy a callar la boca y a dejar pasar el comentario que podría hacer sobre esta novela. No lo compartiré ni con la buena de Jenn Díaz. Aquí somos así de radicales. Cero favoritismos. #porunmundosinlindosgatitos



"Malas palabras" de Cristina Morales

Ya he hablado de ‘Malas palabras’. He dicho, entre otras cosas, esto: «Malas palabras es aburrida, que de todos los pecados es el único imperdonable. Eso de entrada. También pretenciosa y afectada en exceso. Eso de salida. No tiene historia más allá de un grupo de vívidos recuerdos de la señora con su primo el del arete en la oreja o el apasionante testamento de la madre de la santa madre que si no es para justificar el esfuerzo documental nosentiende». El resto AQUÍ. No hay mucho más que decir de un relato oportunista y por completo carente de interés. Play again, Cris.



"Ni puedo ni quiero" de Lydia Davis

Yo sé que lo mío con Lydia Davis no es normal, soy consciente, pero ahí está. Somos seres contradictorios, aceptémoslo. Y aceptemos también que Lydia Davis es mi debilidad. Lo digo porque esta mujer escribe microrrelatos, relatos y otras cosas que corte más bien brevísimo a pesar de lo cual (para los recién llegados: soy un confeso odiador de todo lo demasiado breve) no puedo evitar caer rendido a sus pies. No siempre, claro, en este libro especialmente. Ya habrá reseña, allí hablaremos y desarrollaremos con la calma que merecen los argumentos a favor y en contra pero baste decir que es un recopilatorio un tanto irregular, lleno de magníficos relatos pero también de prescindibles adaptaciones flaubertianas y sueños que la autora ha tenido y ha decorado convenientemente y carecen por completo de interés de tal modo que llegó un momento que quien esto escribe ya ni se molestaba en leerlos y pasaba las páginas con endiablado frenesí. Esto baja mucho la media, me temo. A pesar de todo esperaré con sincero interés lo que sea que escriba esta mujer en el futuro y hasta me casaré con ella si me lo pide con educación. Eso tipo de debilidad.



"Las luminosas" de Lauren Beukes

Leí ‘Las luminosas’ cuando lo que tenía que haber hecho era leer ‘Las luminarias’ (Eleanor Catton) pero ese es un defecto que tengo más que asumido y con el que disfruto más de lo que me atrevería nunca a reconocer. No voy a perder mucho el tiempo hablando de esta novela básicamente porque será la siguiente reseña. Baste decir que la leí animado por los excelentes comentarios que encontré en goodreads. Que ya le voy cogiendo el punto a esto. Que no es para tanto, el libro. Y Goodreads ni te cuento. Sobre esto hablaremos, también, largo y tendido, en esa reseña que debería estar a puntito a puntito de salir.



"Las inviernas" de Cristina Sánchez-Andrade

De esta también he hablado ya. Aquí. Y he dicho esto: «Sin llegar a ser una mala novela, incluso sin ser una novela especialmente aburrida, Las Inviernas no pasa de ser una novela más dentro en la producción personal de Cristina Sánchez-Andrade (afirmación que hago, pese a esto, desde mi condición de no-experto y/o completo ignorante); no pasa de ser una novela más dentro de la producción de Anagrama; otra novela más dentro de la producción editorial nacional. Una, otra, novela más en esa enorme pila de poco-más-que-simpáticas-novelas, poco-menos-que-prescindibles-novelas». Bueno, nada, eso: otra novela de esas que se publican y tal.



"Se violenta el mundo" de P.D. Garrote

Bueno, ahora nos vamos a poner intensos. No, qué va, es broma, me limitaré a quitarme las gafas. Se violenta el mundo es una novela que no conoce ni cristo. Garrote es un señor que no conoce ni cristo. Agencia Joyce es una editorial que no conoce ni cristo. Esto lo que demuestra es que yo soy mucho más listo que cristo o, cuando menos, más leído. 

Aquí una novela no sé si curiosa, interesante. “Se violenta el mundo” trata de un joven llamado León que vive en (L)a Coruña (jaja), que tiene un amigo y vive una experiencia y otra y otra y otra más. Y así. Es una novela que me ha recordado (y que dios me perdone la comparación) al guardián ese de Salinger por lo que tiene de deambular generacional. Hay un chaval ya no tan chaval viviendo situaciones propias de su vida privada de soltero de cuarenta que trabaja en lo que no le gusta y conduce un coche fenomenalmente por encima de sus posibilidades y que se deja llevar por la marea y tal y cual, y se enamora de una imbécil y se tira a la asistenta de su madre que es quien realmente lo ama. Tambien rueda un corto. Esto entre otras muchas cosas. Es una novela que no habla realmente de nada pero habla realmente de todo utilizando un amigo ruso de León como elemento dinamizador y en cierto modo polémico. Es una novela que habla mucho de arte, por ejemplo, de cine, literatura… De toros. Con un par. Toros. En fin. Aquí se le fue la mano, a Garrote, yo creo, pero con todo le ha quedado una novela bastante simpática.

Pero ya he dicho demasiado. Mejor lo dejamos para la reseña.



Me duele un dedo. Mañana más.

martes, 24 de marzo de 2015

Una aproximación a ‘Técnicas de iluminación’ de Eloy Tizón

Me van a perdonar dos cosillas: la demencial rima del título y el pequeño rodeo que me dispongo a dar. También que afronte esta aproximación habiendo leído nada más que dos relatos (y pico) de este recopilatorio, pero así es más divertido.

A ello.

Recordarán Twin Peaks. Sabrán que vuelve a estar de moda, que el próximo año habremus continuación. Pero este, por mucho que nos entusiasme la idea, no es el tema. Este otro sí: si vieron la serie seguro que recuerdan aquella famosa escena en la que una estimulante Sherilyn Fenn hacía, únicamente con su lengua, un nudo al rabo de una cereza. Se contaron por millares, las erecciones. Total por un simple nudo. Total por un vulgar truco. Quién sabe, quién sabía, si tal vez la buena de Audrey, como tal se daba en llamar su personaje en la serie, no sabía hacer otra cosa que nudos en los rabitos de las cerezas; si hasta ahí llegaba todo su virtuosismo. Que todo puede ser.

Pues así Eloy Tizón, en mi opinión.

Tizón coge una frase, coge una idea, coge, no sé, lo que se encuentra, lo que sea, que bueno es Tizón para estas cosas de coger, lo vacía de contenido (si acaso lo tenía) y lo desfigura, lo retuerce un poco, le da una vuelta, otra vuelta y otra vuelta más. Le hace un nudito. Lo deja bonito, listo para regalo. Saca la lengüita y te lo enseña, el paquetito, con el nudito. Mira que nudito, mira qué bonito. Mira qué paquetito. Mira qué cositas hago, con mi lengüita. 

También aquí se cuentan por miles, las erecciones. Que todo son elogios y cuatro ediciones y qué grande qué grande, torero, nuestro insigne escritor. Y anda la crítica que no da con adjetivos suficientes y anda el lector meando pepsicola: que si el mejor (EL MEJOR) cuentista español de todos (TODOS) los tiempos (Malherido dixit); que si aunque no cuente nada, da gusto cómo lo cuenta (unlibroaldía); que si así Sinestésico Senabre para El Cultural (el subrayado es mío):

«Los cuentos -o sueños, o fragmentos, o discursos a medias- de Técnicas de iluminación no se ajustan a los cánones habituales del relato, como la linealidad cronológica o el encadenamiento diáfano de los hechos. Son difícilmente contables -a lo sumo darían para un esqueleto de tres o cuatro líneas-, porque las acciones se presentan a menudo de manera desvaída e incompleta, y su lugar es ocupado por las sensaciones; unas sensaciones que se traducen de un modo plástico, con inesperadas percepciones sinestésicas (“doy unos pocos pasos conmovido, bailando el claqué del dolor en la acera [...], mis piernas van volviéndose de mimbre, tengo un cesto de ropa sucia en la cabeza, respiro serrín, me ahogo”, p. 59) o calificaciones sorprendentes ( “casas [...] pintadas de amarillo úrico”, p. 61; “vecinos de mirada agropecuaria y pelo rústico”, p. 91)».

Considerar sorprendente lo de amarillo úrico o lo de vecinos de mirada agropecuaria da una idea bastante aproximada de las razones por las estamos como estamos, que no levantemos cabeza ni a patadas y del gratuito prestigio del autor, que a poco que mueva una ceja ya tiene a veinte alfombrándole el camino con pétalos de rosas amarillo úrico.

Me gustaría pensar que lo que ocurre con Tizón es que ha dado con el truco para escribir poesía sin matar de sueño al lector pero la experiencia me dice que no, que no es eso, que ha que ser, por fuerza, otra cosa. El caso es que tiene, Tizón, defensores como otros tienes espinillas y para esto no hay más que dos opciones: o alguien se está follando a demasiada gente o hay demasiado amigo del verso libre en libertad.

Para muestra, otro botón: aquí otro ejemplo perfecto,  firmado por Alberto Olmos, de esa tontería supina de ver nada más que lo que se quiere ver y justificarlo con esa pobreza de no tener a qué aferrarse, que no se sabe si se defiende porque sí o porque también o porque está de moda o porque, puestos a crear imágenes imposibles, la genitalidad corporativa no conoce más límites que los del diccionario panhispánico de dudas:

«Las enumeraciones son constantes, pero no rutinarias; no se enumera para informar, sino para voltear el idioma; una lista de objetos, en Tizón, es una lista de palabras, palabras que casualmente nombran objetos, pero eso es lo de menos. La lógica de la enumeración, por ello, no es la lógica de inventario del gran almacén, sino la lógica de la seducción literaria. Esta seducción está siempre coqueteándote desde lo imprevisible, desviando tu lectura del camino trillado: si dice “aloe vera” uno aguarda “gel” o “champú” o “perfumes”, y no: “diccionarios de sinónimos”. Ahí el autor nos sorprende, nos pone en vilo; y luego viene “botines”, “desayunos”: la frase tiene ya la fuerza de lo imprevisto; momento en el que entra la sintaxis, un nuevo regate a las expectativas: “un rizador de pestañas”, artículo indefinido. Con una frase, hemos dado la vuelta entera al lenguaje». (Albertiño enamorado)

Ahora les subo yo mi lista de la compra, verán que maravillosa combinación de palabras (y no una lista cualquiera, sino de las que nombran objetos, por más que esto sea lo de menos): empanada, croissants… [y cuando esperan pan tostado]… chocolate, azúcar.. [y cuando esperan galletas]… sandalias, toallas… [y cuando esperan crema solar]… lápices, lápices del número 2… [y cuando esperen post-its]… ¡sexo oral con la cajera número 12!, y así también nosotros le damos la vuelta a lenguaje y dejamos que nos explote la cabeza de puro placer, que ya no distingue uno entre un orgasmo y una nota a pie de página. Ya pueden darse ustedes por seducidos.

Lo que hay que leer, de verdad. La crítica como justificación y el éxtasis gratuito. Y después que si los binomios, que si las superposiciones, que si las metáforas, que si los tropos. Que si esto: «Desde entonces esperé durante años, con una paciencia luminosa» o «un comité de árboles» o «Manotazos de lluvia». Ja. Superoriginal; lo nunca visto, oiga.

En fin. Que si Tizón y la escritura. Que si el ejercicio de lo inútil. Que si la práctica del embellecimiento de los conjuntos vacios. Que si Tizón y el efectismo. Que si la petulancia desatada; la vacuidad; el asentimiento; el consentimiento; las ganas de agradar; de aplaudir; la necesidad de abrir una puerta a ese ejercicio de ser únicamente palabra escrita. Ser todo, pura y únicamente Sentimiento. 



Les dejo ya (no hace falta que me den las gracias) con un fragmento ligera, ligerísimamente, alterado del primer relato (todo el primer párrafo, para ser exactos) que creo que ejemplifica a la perfección lo que he venido a dar a entender con este post cargado de prejuicios y razón a partes iguales. Juzguen ustedes mismos y después aplaudan, claro, a Eloy Tizón, la nueva luminaria en nuestro úrico firmamento literario y a su cohorte de complacientes críticos agropecuarios.


«UNO ESCRIBE Y ESCRIBE. Escribe a la sombra. Escribe al sol. No deja de escribir nunca, despacio o rápido dependiendo de los días. Da vueltas en círculo. Se empapa con la lluvia y se seca con la luz. ¿Por qué escribir tanto? No hay respuesta. No hay tiempo para analizarlo. Se trata de escribir, sin más. Y se escribe. Adelante, siempre adelante. Por gusto, por hartazgo, por necesidad. A través de puentes y espesuras y concavidades y encrucijadas y lunes. Se atraviesan bosques, conventos. Se empujan masas de aire con las piernas. Se desplazan bolas de humo. Se cruzan ríos parecidos a locomotoras. Se tarda un mar o dos en terminar». (1)