Buen mes.
‘El balcón en invierno’ de Luis Landero
Buen mes, he dicho, pero no precisamente gracias a Landero. He dicho. De este libro ya hay reseña publicada. Por aquí. Poco que añadir. El balcón en invierno es Landero sufriendo un ataque de nostalgia. No pasa nada, es normal, yo también los tengo, pero supongo que al no ser escritor no lo utilizo como una excusa para publicar un libro con la primera chorrada que se me pasa por la cabeza y como además no soy Landero tampoco voy a tener la suerte de que la crítica de este país se vuelva tonta de remante con una serie de memorias descafeinadas plagadas de lugares. El balcón en invierno es aburrido. Peor que eso ya no se me ocurre nada.
‘El impostor’ de Javier Cercas
Y seguimos en caída libre. Segunda lectura, segundo estrepitoso fracaso. El impostor, de Javier Cercas, es Cercas queriendo ser Carrere o Capote sin que se le note el plagio. Problema número uno: la historia no da para tanto y cuando una historia no da para tanto surge el Problema número dos: el relleno. Hay que meter lo que sea, que no se note que vamos justos de material. Y a grandes males grandes remedios: Cercar finge exponerse al gran pública y simula sentirse un impostor, él, también, como su protagonista. Todo mentira: si uno se reconoce impostor lo que tiene que hacer es abandonar la escritura, no hacer de ello un argumento para seguir escribiendo. El final de la novela es un globo acabando de desinflarse.
‘Crimen y castigo’ de Fiodor Dostoievski
No soy tan imbécil como para pretender reseñar Crimen y Castigo. A estas alturas estamos todos muy hartitos de esta novela, en el mejor sentido de la expresión, y no debe quedar mucho por decir que no se haya dicho ya. Por otro lado sería imperdonable leer (releer, en este caso) semejante libro y no decir nada, ni una palabra, no hacer una triste mención. Pero no será ahora, ni será hoy, ni será este mes.
‘El jugador’ de Fiodor Dostoievski
No es fácil huir de Dostoievski. Una vez que se entra no se quiere salir o al menos eso es lo que me ocurre a mí. El jugador, cronológicamente la novela más cercana a Crimen y Castigo parecía la elección más lógica de este proyecto a largo plazo consistente en leer o (como en este caso) releer las obras completas del sujeto en cuestión. Los tópicos, cuando se habla de esta novela, son los que siguen: relato de corte autobiográfico, escrito en tiempo record para pagar deudas, etcétera, etcétera. Me juego lo que quieran a que no es tanto como parece. Pero ya hablaremos.
‘Hadjí Murat’ de Tolstoi
Tolstoi. Con decir esto debería ser suficiente. Probablemente el mejor escritor del mundo. Después de Anna Karenina (probablemente la mejor novela del mundo) da igual lo que uno haga, todo está perdonado, Hadjí Murat, también. Esto lo digo porque con todo lo entretenida que es y con los más o menos que me haya gustado, no deja de ser una novela menor. Ojito al dato: novela menor en Tolstoi la quisiera yo para mí.
‘La isla del tesoro’ de R.L. Stevenson
Leer La isla del tesoro es viajar al pasado. No recuerdo cuantos años tenía cuando lo hice por primera ver pero no debían ser muchos. Tampoco sé cuantas veces leí, probablemente decenas, la versión ilustrada que se publicaba en aquellos tomos de Famosas Novelas. Pocas lecturas, muy pocas, puede haber más inolvidables que esta. Se pregunta uno qué estamos haciendo mal que no se establece como lectura obligatoria en los colegios. La isla del tesoro es una joya que hay que leer. Cuando sea. Y releer, una y otra vez. Cuando sea, también. Maravillosa novela que no envejece ni pasa de moda ni pierde jamás su fuerza.
‘Sui generis’ de Crisp, Oliver y Samuels
Recopilación de tres relatos de supuesto terror, también llamado weird, en el que prima la ambientación sobre el argumento. Y eso se nota en el resultado. Los dos primeros relatos son algo flojos, especialmente el segundo que además de pobre resulta bastante previsible. El tercer relato, más bien novela corta, mejora el resultado final aunque tampoco me haya entusiasmado. El autor, Quentin S. Crisp, se toma su tiempo para crear una ambientación durante la primera mitad pero más o menos la cosa se ve recompensada al final. Floja, en cualquier caso, recopilación de relatos.
‘Noctuario’ de Thomas Ligotti
Y ya puestos en materia weird había que leer al que dicen maestro. Ligotti es el hombre escenario. Sus novelas son casi en su totalidad puesta en escena y sus terrores son pequeños tipo cosas como trapos que se agitan en la oscuridad, que también tienen su encanto. Me quedo con dos o tres relatos bastante buenos y lamento no haber dejado para mejor ocasión (o simplemente haberla dosificado un poco) la última parte, una recopilación un tanto monótona y repetitiva de relatos demasiado cortos de ambientes se supone que terribles en los que uno puede llegar a morir, más que de susto, de aburrimiento.
‘Volver’ de Toni Morrison
Premio Nobel. Se esperaba mucho. No se encontró. Historia corta y floja de un hombre que quiere salvar a su hermana de las garras de un hijo de puta. La cosa es él caminando y recordando y ella sufriendo y la historia de la abuela y no sé cuántos. Y todo en pocas páginas y aún así demasiado largo y el deseo de terminar si total para qué. Decepción. Volver ha sido mi primer y último acercamiento a Toni Morrison.
‘Pánico al amanecer’ de Kenneth Cook
Debo confesar que esperaba más de esta n0vela. Con todo, ha estado bien, quitando el final, que me ha parecido lamentable. El comienzo es prometedor: un profesor de un colegio dejado de la mano de Dios, un lugar que aborrece, se marcha de vacaciones con un cheque en un bolsillo y por circunstancias equis que tienen que ver con el juego y avaricias rompedoras de sacos, acaba pasando tres o cuatro o cinco días terribles y alcoholizados en grado sumo. Hubiese sido una gran novela si hubiesen sabido dar un final mejor. Disculpen que no diga más al respecto.
‘Frankie y la boda’ de Carson McCullers
Magnífica novela corta de Carson McCullers. Hay reseña. Está por aquí (es el post inmediatamente anterior) y dice entre otras cosas lo siguiente: «Carson McCullers escribe una hipnótica y deliciosa novela (novelita) sobre el sencillo acto de crecer y traumas inherentes y la sostiene sobre tres infelices personajes que matan las horas en torno a una mesa, personajes condenados a crecer y a sufrir el mayor de los males conocidos: la vida».
‘La balada del café triste’ de Carson McCullers
Más McCullers. Reseña en curso. Me van a disculpar el silencio administrativo pero no hay porqué adelantar acontecimientos. Lo que sí puedo decir es que me gustó menos que Frankie y la boda pero más que Reflejos en un ojo dorado. O sea, que bien.
‘Reflejos en un ojo dorado’ de Carson McCullers
Y mucho más McCullers. Actualmente me pueden encontrar leyendo los relatos incluidos en el fabuloso tomo de Seix Barral llamado “El aliento del cielo”, lo cual puede dar una idea de lo entusiasmado que estoy con esta pedazo de escritora. Quisiera tener tiempo para hacer una reseña. Prometo intentarlo.
'El armario de la ginebra' de Leslie Jamison
Recién terminado. En esta novela se bebe mucho, sobre todo ginebra. Y pasan muchas cosas. Demasiadas, en mi opinión y ninguna especialmente interesante. Jamison es una buena narradora que a veces se deja llevar en exceso. Pendiente de reseña.
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2015, una declaración de intenciones
El plan es no hacer planes. Hartos de hacerlos total para no cumplirlos, mis socios capitalistas y yo hemos decidido que sean los propios libros (su temática, su tono, su autor, lo que sea) o bien los espontáneos recomendadores habituales (o el azar bibliotecario) los que decidan qué será lo siguiente.
Puedo adelantar que 2015 debería ser el año de Dostoievski, tanto por las novelas como por la biografía de Joseph Frank en la que espero avanzar un par de tomos dejando para 2016 únicamente el quinto, un mamotreto de 1000 páginas, y Los hermanos Karamazov. Mucho me parece, pero ahí queda el reto. Debiera ser también el año estos libros (entre otros muchos, ya se imaginarán, pero algún objetivo serio hay que marcarse): ‘La hoguera pública’ de Robert Coover; ‘El capital del siglo XXI’ de Thomas Piketti; ‘Arte Salvaje’ de Robert Polito; ‘Relatos autobiográficos’, ‘Hormigón’, ‘Extinción’ de Thomas Bernhard; ‘Al límite’ de Thomas Pynchon; ‘Cuentos completos” de R.L. Stevenson o ‘Las luminarias’ de Eleanor Catton, este último de inminente lectura.
(Y también, a corto-medio plazo: ‘Lavrenti y el soldado herido’ de Pablo Gonz, ‘Voladura controlada’ de Octavio Cortés; ‘Siempre hemos vivido en el castillo’ de Shirley Jackson; ‘New mYnd’ de colectivo Juan de Madre; ‘Sacrificio’ de Román Piña; ‘John muere al final’ de David Wong; ‘La estrella de Ratner’ de Don Delillo; ‘El padre’ de Edward St. Aubyn; ‘Los huérfanos’ de Jordi Carrión; ‘Sueños de trenes’ de Denis Johnson; ‘F.’ de Daniel Kehlmann’ o la novela de la escritora revelación de la temporada: ‘También esto pasará’ de Milena Busquets Tusquets).
Y termino. Una cosilla que llevo tiempo queriendo hacer es comentar algunos de los libros que he ido recibiendo de editoriales o directamente de los escritores a lo largo de estos años; unos libros que, por razones nunca explicadas en este blog, se me han ido cayendo de las manos. Les daremos una segunda oportunidad y a esta oportunidad un espacio y, los terminemos o no, hablaremos de ellos, les daremos, al menos, la oportunidad de defenderse.
Es todo. Saludos cordiales.