lunes, 9 de febrero de 2015

‘Pánico al amanecer’ de Kenneth Cook

Hay en el interior de Australia un pueblucho pequeño como un cactus, y en ese pueblo un colegio y en ese colegio un profesor y en ese profesor una amargura que nace de su condición de profesor de colegio en pueblo de mierda en el centro de Australia. Al profesor de nombre John Grant se lo pueden imaginar ustedes, si quieren, con un cheque en la mano, cerrando una puerta y colgando el cartel de cerrado por vacaciones. Por delante, algo más que seis semanas de libertad condicionada; por delante, la posibilidad de huir a pastos más habitados, civilizados, menos agrestes, menos deprimentes. Problema: del pueblo A al pueblo C hay que pasar sí o sí, por B. Y pasar la noche allí. Esto parece sencillo pero no lo es tanto. 

Nuestro profesor, que parecerá en un principio el clásico personaje lúcido, mordaz y seguro de sí mismo resulta ser en realidad, una vez que entra en contacto con la especie humana, un poco falto de todo: de lucidez, mordacidad y seguridad. En ese punto B, de nombre casi impronunciable, tropieza con un policía que lo lleva a un local en el que, sin comerlo ni beberlo (o tal vez por no haber comido pero sí bebido) decide jugarse algún dinero, no mucho, en un juego bastante tonto de apuestas que no me molestaré en describir. Gana. Gana mucho. Pero mucho mucho mucho. Gana tanto que ni se lo cree. Y ha sido todo taaan fácil. Tanto, tanto, taaan fácil. Decide ganar más. Ya saben: estamos de racha. El juego es lo que tiene: rachas. Y así es que se lo juega todo. Y así es que lo pierde todo. El famoso cheque, su finiquito, su billete de avión, también. Que ya hay que ser imbécil.

Así nuestro héroe se despierta una mañana sin apenas un centavo en el bolsillo, sin amigos, sin familia, y sin posibilidad de amigos o familia en un pueblo demasiado alejado de todo, un pueblo poco esperanzador. Es tan pobre, nuestro amigo, que, por poder, no se puede tomar una puta cerveza.

Y así es como, más o menos (hablamos de la página 56), arranca esta novela de autodestrucción, ese género literario. Y arranca bien pues no podríamos imaginar, llegados a ese punto, una situación más adversa que la planteada ni podríamos esperar un desarrollo más alcoholizado ni una caída más en picado. Teniendo en cuenta que en ese parte del mundo no hay mayor desprecio que rechazar una invitación a beber una o dos o veinte cervezas (que dicen que puedes matar a su hijos y comértelos vivos y todo se perdona, pero hay de ti si me dices no a un Calsberg) y puesto que nuestro héroe necesita ayuda y carece por completo de personalidad, le esperan tres días de borrachera sin fin también como una forma evitar un problema para el que no encuentra solución. Dará con mujeres que se lo querrán follar, con hombres que lo quisieran golpear y vivirá noches salvajes de cazar canguros a navajazos que marcarán un antes y un después en su vida de personaje caído en desgracia.

John Grant lo ha perdido todo. Todo. Por lo tanto, ¿ya qué más da, se pregunta? La novela plantea una huída hacia delante, inevitablemente cuesta abajo, donde nuestro amigo conocerá personajes estrambóticos, generosos e intimidantes en una Australia solitaria y terrible, terriblemente solitaria, y vivirá un sin fin de situaciones a cual más absurda que le llevarán a pensar que no es tan fácil hundirse como creía, que se puede vivir sin nada más tiempo del que cabría esperar o desear, que es una lenta agonía el vivir. Esa es un poco la enseñanza.

La novela es entretenida, pero no mucho más. Desde luego no es la octava maravilla que se jura y perjura por ahí pero sí me ha parecido lo bastante buena como para no prenderle fuego y además terminarla, que más de lo que se puede decir de la mayoría de los libros que se publican actualmente. Lástima que el final no esté a la altura de las circunstancias (y lástima también no poder hablar de ese final abiertamente sin estropearles la diversión, final que probablemente sea, de todos los posibles, el mejor, hecho este que no lo hace más satisfactorio sino simplemente algo tan inevitable que obliga al conformismo).

Y porque no me parece que tampoco sea una novela que se preste a mucho monólogo, lo vamos a dejar aquí. Que la disfruten con salud.


viernes, 6 de febrero de 2015

Una aproximación a ‘Los huérfanos’ de Jorge Carrión

Les voy a contar dos chistes y ya otro día, si les parece, cuando termine el libro, entramos en materia.


Chiste para intelectuales número uno.

Forzar una relación es esto:
«Después de casi una hora de conversación trivial, Mario me ha preguntado qué me pareció Los muertos. Recuerdo vagamente esa serie, de la que vi algunos capítulos aislados, pero que nunca me acabó de llamar la atención: demasiado confusa, demasiados personajes, si te despistabas veinte minutos ya era imposible recuperar el hilo. A Laura le pasó lo contrario: vio todos los capítulos y me insistió en que no podía perdérmela. Como tantas otras veces no la escuché, y ahora es demasiado tarde; quiero decir que en aquella época el aplazamiento tenía sentido (la veré, recuerdo que le dije, te prometo que durante alguna de las próximas vacaciones veré Los muertos), pero ahora ya no lo tiene.
No la vi, a Laura le encantó, pero yo no encontré tiempo para verla.
Daría cualquier cosa por tener conmigo Los muertos, me ha dicho, por poderla volver a ver, pero todas las copias se evaporaron con la Nube o se quedaron en el campamento.
¿Por qué?, he escrito, en inglés, en mi pantalla, mientras pensaba en el milagro que significaba que la misma pregunta apareciera, en el mismo momento, en la suya, mientras la radiación se extendía por mar y tierra y aire entre nosotros.
Porque siento que me perdí algunos de sus significados.
¿Y tan importantes son para ti?
Sí, Marcelo, sí, en ellos están las razones por las que estoy aquí.
¿A qué te refieres?
Se ha cortado la comunicación».

Los muertos, para los desinformados, es una novela de Jordi Carrión. La publicó Mondadori y fue vendida como la primera parte de una trilogía; trilogía de la que, a pesar del éxito arrollador, se desentendió rápidamente Mondadori y que tardaría muchos años más de los deseados por algunos en ver la luz. Y esto sólo gracias al misterioso (por sospechoso-de-algo) rescate llevado a cabo por Galaxia Gutenberg, que lo ha reeditado y acaba de publicar (de esto me he enterado hace apenas dos días) el inevitable cierre de la trilogía (Los turistas).

La pregunta viene a ser esta: trilogía, por qué. Es decir, qué hace de estas tres novelas una trilogía y no simplemente tres libros tres. Pues no se sabe. Ni se sabe ni se dice. Se insinúa. Recuerden que es un chiste para intelectuales. Yo, que leí hace eones la primera parte, no veo modo de establecer relación entre ellas, pero eso debe ser porque no siempre las tengo todas conmigo. Si me lo preguntan, creo que aquí se intenta tomar por imbécil al lector. Lo triste es que seguramente lo sea. Imbécil, digo. El lector, digo, claro. Puedo estar equivocado, pero sería la primera vez.


* * * * * * 

Chiste para intelectuales número dos.

Al protagonista le gusta mucho El Diccionario («El Diccionario es el altar blanco en que sacrificamos al negro lenguaje; por su infinitud, como el cuerpo de Cristo, tenemos que conformarnos con un fragmento, con una sinécdoque».). Hay un momento (hay muchos, en realidad, pero este es el peor) en el que ese personaje/narrador nos regala una perla imprescindible: un párrafo de más de 500 palabras (que voy a regalarles) llenito de palabras del diccionario y que incluye, amablemente, en algunos casos, una breve descripción (o similar) de su significado para los que son de ciencias.

El prometido chiste está oculto. Han de encontrarlo ustedes. Yo lo hice y todavía me estoy riendo. 

«Suciedad, sucintarse, sucio, súcubo, súcula (cilindro), sudación, sudadera, sudar, sudario (lienzo que envuelve un cadáver), sudestada, sudeste, sudor, sudoral, sudorífero, soñado, soñante, sueño, suero, suerte, sufrible, sufrido, sufridor, sufrimiento, sufrir (padecimiento, dolor, pena; sostener, resistir; someterse a una prueba o examen), sugerencia, sugerir, sugestión, sugestiva (que suscita emoción o resulta atrayente), suicida, suicidarse, suicidio, sujeción, sujetador (sostén, prenda interior femenina, pieza del bikini que sujeta el pecho), sulfurar, sumar, sumario, sumarísimo, sumersión, sumidero, sumir, sumisamente, sumisión, sumo, súmula (compendio de los principios elementales de la lógica), supedáneo, supeditación, supeditar, superable, superante, superdominante, superestrato (lengua que se extiende por el territorio de otra lengua; cada uno de los rasgos que una lengua invasora lega a otra), superficial, superficie, superfino, superior, superiora, superioridad, supernauta, superpauta, superponer, superrealismo, supersónico, superstición (creencia contraria a la razón), supervalorar, superyó, suplantación, suplantar, súplica, suplicación, suplicante, suplicar, suplicio, suprema, supremacía, supriora, sur, súrbana, surcador, surcar, surco, súrculo, sureño, sureste, surrealista, sursuncorda, surtida, súrtuba, suruví, susceptible, suspensión (en música, prolongación de una nota que forma parte de un acorde, sobre el siguiente, produciendo disonancia, indica el estado de partículas o cuerpos que se mantienen durante tiempo más o menos largo en el seno de un fluido, éxtasis, unión mística con Dios), susurro, sutil, sutura (costura con que se reúnen los labios de una herida), suturar, suyo, suya, tabalear, tabelión, tablestaca, táctica, táctil, tacto (acción de tocar o palpar, manera de impresionar un objeto al sentido táctil, habilidad para tratar con personas sensibles o de las que se pretende conseguir algo), tachable, tachador, tachadura, tachar, tachón, tafanario, tafo, tagarote, tahúr, tahucesco, taiga, taja, tajada (acribillarle de heridas con arma blanca), talco, talón (punto vulnerable o débil de alguien), tala, taladrar, taladro, talmúdico, talón (de Aquiles), talla (cantidad de moneda, escultura, medida convencional, altura intelectual o moral), talladura, tallar, talle (cintura), tamaño, tamaña, tambor (de forma cilíndrica), tamizar, tampón (almohadilla empapada en tinta, rollo de celulosa que se introduce en la vagina de la mujer para que absorba el flujo menstrual), tanatorio, tanga (la pieza, sobre la que se pone la moneda), tangente, tangible, tango, tanguista, tanque, tanteador, tantear, tántrico (sexo, sexo, sexo, sexo), tapaculo, tapadillo, tapado, tápalo, tapapiés, taquicardia, tarta, tasar; tatuaje, tatuar tatuarte, tautología (repetición de un mismo pensamiento expresado de maneras distintas, que suele tomarse en mal sentido por inútil y vicioso), taxidermista, teatral, teátrico, teatro, tecla, teclado (conjunto de teclas de piano y, por extensión, de aparatos o máquinas), tejedora, tejer (discurrir, tramar un plan), tela, telar, telaraña (tener uno telarañas en los ojos), telarañoso, teledirigir, telemetría, telenauta, teleshakesperiano, telespectador, televidente, televisado, televisor, televisual, temeridad, tempestad, templar (enfriar bruscamente el agua), templo, tempo, temporal, tenazas, tenebroso, tener, tenerte, tensan tensión (estado anímico de excitación, impaciencia, esfuerzo o exaltación), tenso, tensa, tensar, tensor, tentación, tentar; tentetieso, teocracia, teocrático, teología (ciencia que trata de Dios), tercería, terciopelo, terraplenar, terrícola, territorialidad, territorio, terrorismo, terrorista, terrosidad, terroso, terruño, tersar, tersa (limpia, clara, bruñida, resplandeciente, lisa, sin arrugas), tersura, testamento (de la zorra), testicular, testículo, testigo, testificar, testimonio, teta (pezón de la teta), tetada, tetar, tetera, teticiega, tetilla, tetina, tetona, tetragrama, tetrarca, tetrarquía, tétrico, textil, textorio, texto, textual, textualista, texturizar, tez, ti (común a los casos genitivo, dativo, acusativo y ablativo), tía (ramera), tíbar (de oro puro), tibia (templada, entre caliente y fría; mancharse, ensuciarse mucho; hueso; flauta), tictac, tiemblo (álamo temblón, temblor).»

Y ahora, con su permiso, les dejo, que tengo un libro que quemar terminar.


lunes, 2 de febrero de 2015

Resumen lecturas ENERO 2015 y declaración de intenciones

Buen mes.

‘El balcón en invierno’ de Luis Landero

Buen mes, he dicho, pero no precisamente gracias a Landero. He dicho. De este libro ya hay reseña publicada. Por aquí. Poco que añadir. El balcón en invierno es Landero sufriendo un ataque de nostalgia. No pasa nada, es normal, yo también los tengo, pero supongo que al no ser escritor no lo utilizo como una excusa para publicar un libro con la primera chorrada que se me pasa por la cabeza y como además no soy Landero tampoco voy a tener la suerte de que la crítica de este país se vuelva tonta de remante con una serie de memorias descafeinadas plagadas de lugares. El balcón en invierno es aburrido. Peor que eso ya no se me ocurre nada.



‘El impostor’ de Javier Cercas

Y seguimos en caída libre. Segunda lectura, segundo estrepitoso fracaso. El impostor, de Javier Cercas, es Cercas queriendo ser Carrere o Capote sin que se le note el plagio. Problema número uno: la historia no da para tanto y cuando una historia no da para tanto surge el Problema número dos: el relleno. Hay que meter lo que sea, que no se note que vamos justos de material. Y a grandes males grandes remedios: Cercar finge exponerse al gran pública y simula sentirse un impostor, él, también, como su protagonista. Todo mentira: si uno se reconoce impostor lo que tiene que hacer es abandonar la escritura, no hacer de ello un argumento para seguir escribiendo. El final de la novela es un globo acabando de desinflarse.



‘Crimen y castigo’ de Fiodor Dostoievski

No soy tan imbécil como para pretender reseñar Crimen y Castigo. A estas alturas estamos todos muy hartitos de esta novela, en el mejor sentido de la expresión, y no debe quedar mucho por decir que no se haya dicho ya. Por otro lado sería imperdonable leer (releer, en este caso) semejante libro y no decir nada, ni una palabra, no hacer una triste mención. Pero no será ahora, ni será hoy, ni será este mes. 



‘El jugador’ de Fiodor Dostoievski

No es fácil huir de Dostoievski. Una vez que se entra no se quiere salir o al menos eso es lo que me ocurre a mí. El jugador, cronológicamente la novela más cercana a Crimen y Castigo parecía la elección más lógica de este proyecto a largo plazo consistente en leer o (como en este caso) releer las obras completas del sujeto en cuestión. Los tópicos, cuando se habla de esta novela, son los que siguen: relato de corte autobiográfico, escrito en tiempo record para pagar deudas, etcétera, etcétera. Me juego lo que quieran a que no es tanto como parece. Pero ya hablaremos.



‘Hadjí Murat’ de Tolstoi

Tolstoi. Con decir esto debería ser suficiente. Probablemente el mejor escritor del mundo. Después de Anna Karenina (probablemente la mejor novela del mundo) da igual lo que uno haga, todo está perdonado, Hadjí Murat, también. Esto lo digo porque con todo lo entretenida que es y con los más o menos que me haya gustado, no deja de ser una novela menor. Ojito al dato: novela menor en Tolstoi la quisiera yo para mí. 



‘La isla del tesoro’ de R.L. Stevenson

Leer La isla del tesoro es viajar al pasado. No recuerdo cuantos años tenía cuando lo hice por primera ver pero no debían ser muchos. Tampoco sé cuantas veces leí, probablemente decenas, la versión ilustrada que se publicaba en aquellos tomos de Famosas Novelas. Pocas lecturas, muy pocas, puede haber más inolvidables que esta. Se pregunta uno qué estamos haciendo mal que no se establece como lectura obligatoria en los colegios. La isla del tesoro es una joya que hay que leer. Cuando sea. Y releer, una y otra vez. Cuando sea, también. Maravillosa novela que no envejece ni pasa de moda ni pierde jamás su fuerza.



‘Sui generis’ de Crisp, Oliver y Samuels

Recopilación de tres relatos de supuesto terror, también llamado weird, en el que prima la ambientación sobre el argumento. Y eso se nota en el resultado. Los dos primeros relatos son algo flojos, especialmente el segundo que además de pobre resulta bastante previsible. El tercer relato, más bien novela corta, mejora el resultado final aunque tampoco me haya entusiasmado. El autor, Quentin S. Crisp, se toma su tiempo para crear una ambientación durante la primera mitad pero más o menos la cosa se ve recompensada al final. Floja, en cualquier caso, recopilación de relatos.



‘Noctuario’ de Thomas Ligotti

Y ya puestos en materia weird había que leer al que dicen maestro. Ligotti es el hombre escenario. Sus novelas son casi en su totalidad puesta en escena y sus terrores son pequeños tipo cosas como trapos que se agitan en la oscuridad, que también tienen su encanto. Me quedo con dos o tres relatos bastante buenos y lamento no haber dejado para mejor ocasión (o simplemente haberla dosificado un poco) la última parte, una recopilación un tanto monótona y repetitiva de relatos demasiado cortos de ambientes se supone que terribles en los que uno puede llegar a morir, más que de susto, de aburrimiento.



‘Volver’ de Toni Morrison

Premio Nobel. Se esperaba mucho. No se encontró. Historia corta y floja de un hombre que quiere salvar a su hermana de las garras de un hijo de puta. La cosa es él caminando y recordando y ella sufriendo y la historia de la abuela y no sé cuántos. Y todo en pocas páginas y aún así demasiado largo y el deseo de terminar si total para qué. Decepción. Volver ha sido mi primer y último acercamiento a Toni Morrison.



‘Pánico al amanecer’ de Kenneth Cook

Debo confesar que esperaba más de esta n0vela. Con todo, ha estado bien, quitando el final, que me ha parecido lamentable. El comienzo es prometedor: un profesor de un colegio dejado de la mano de Dios, un lugar que aborrece, se marcha de vacaciones con un cheque en un bolsillo y por circunstancias equis que tienen que ver con el juego y avaricias rompedoras de sacos, acaba pasando tres o cuatro o cinco días terribles y alcoholizados en grado sumo. Hubiese sido una gran novela si hubiesen sabido dar un final mejor. Disculpen que no diga más al respecto.



‘Frankie y la boda’ de Carson McCullers

Magnífica novela corta de Carson McCullers. Hay reseña. Está por aquí (es el post inmediatamente anterior) y dice entre otras cosas lo siguiente: «Carson McCullers escribe una hipnótica y deliciosa novela (novelita) sobre el sencillo acto de crecer y traumas inherentes y la sostiene sobre tres infelices personajes que matan las horas en torno a una mesa, personajes condenados a crecer y a sufrir el mayor de los males conocidos: la vida».

‘La balada del café triste’ de Carson McCullers

Más McCullers. Reseña en curso. Me van a disculpar el silencio administrativo pero no hay porqué adelantar acontecimientos. Lo que sí puedo decir es que me gustó menos que Frankie y la boda pero más que Reflejos en un ojo dorado. O sea, que bien.

‘Reflejos en un ojo dorado’ de Carson McCullers

Y mucho más McCullers. Actualmente me pueden encontrar leyendo los relatos incluidos en el fabuloso tomo de Seix Barral llamado “El aliento del cielo”, lo cual puede dar una idea de lo entusiasmado que estoy con esta pedazo de escritora. Quisiera tener tiempo para hacer una reseña. Prometo intentarlo. 


'El armario de la ginebra' de Leslie Jamison

Recién terminado. En esta novela se bebe mucho, sobre todo ginebra. Y pasan muchas cosas. Demasiadas, en mi opinión y ninguna especialmente interesante. Jamison es una buena narradora que a veces se deja llevar en exceso. Pendiente de reseña. 






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2015, una declaración de intenciones

El plan es no hacer planes. Hartos de hacerlos total para no cumplirlos, mis socios capitalistas y yo hemos decidido que sean los propios libros (su temática, su tono, su autor, lo que sea) o bien los espontáneos recomendadores habituales (o el azar bibliotecario) los que decidan qué será lo siguiente.

Puedo adelantar que 2015 debería ser el año de Dostoievski, tanto por las novelas como por la biografía de Joseph Frank en la que espero avanzar un par de tomos dejando para 2016 únicamente el quinto, un mamotreto de 1000 páginas, y Los hermanos Karamazov. Mucho me parece, pero ahí queda el reto. Debiera ser también el año estos libros (entre otros muchos, ya se imaginarán, pero algún objetivo serio hay que marcarse): ‘La hoguera pública’ de Robert Coover; ‘El capital del siglo XXI’ de Thomas Piketti; ‘Arte Salvaje’ de Robert Polito; ‘Relatos autobiográficos’, ‘Hormigón’, ‘Extinción’ de Thomas Bernhard; ‘Al límite’ de Thomas Pynchon; ‘Cuentos completos” de R.L. Stevenson o ‘Las luminarias’ de Eleanor Catton, este último de inminente lectura.

(Y también, a corto-medio plazo: ‘Lavrenti y el soldado herido’ de Pablo Gonz, ‘Voladura controlada’ de Octavio Cortés; ‘Siempre hemos vivido en el castillo’ de Shirley Jackson; ‘New mYnd’ de colectivo Juan de Madre; ‘Sacrificio’ de Román Piña; ‘John muere al final’ de David Wong; ‘La estrella de Ratner’ de Don Delillo; ‘El padre’ de Edward St. Aubyn; ‘Los huérfanos’ de Jordi Carrión; ‘Sueños de trenes’ de Denis Johnson; ‘F.’ de Daniel Kehlmann’ o la novela de la escritora revelación de la temporada: ‘También esto pasará’ de Milena Busquets Tusquets).

Y termino. Una cosilla que llevo tiempo queriendo hacer es comentar algunos de los libros que he ido recibiendo de editoriales o directamente de los escritores a lo largo de estos años; unos libros que, por razones nunca explicadas en este blog, se me han ido cayendo de las manos. Les daremos una segunda oportunidad y a esta oportunidad un espacio y, los terminemos o no, hablaremos de ellos, les daremos, al menos, la oportunidad de defenderse.

Es todo. Saludos cordiales.