lunes, 30 de junio de 2014

Resumen de lecturas JUNIO 2014

Rápidamente, que hay muchas reseñas por escribir que merecen más tiempo que este resumen.

Hablemos de junio. Este mes, fiel a una vieja costumbre, he incumplido todos cuantos propósitos de lectura había hecho el mes anterior. Casi todos. De los nueve previstos han caído cuatro. Pst. El caso es que empecé bien, bastante bien, de hecho, pero en algún momento, concretamente en el momento en que leí una novela de ciencia ficción, algo se torció pero como se torció para bien pues por bien torcida la hemos dado y hemos seguido adelante sin mirar atrás. Esto se tradujo en que junio ha acabado siendo, inesperadamente, un mes de lo más cienciaficcioso. Y sospecho que no será el último.

* * * * * * * * * 

“La maravillosa vida breve de Oscar Wao” de Junot Díaz

Ya he hablado mucho de esta novela. Demasiado, diría yo. Aquí y aquí y seguro que en algún sitio más (tipo comentarios, resúmenes, etc). No seré como ella (como la novela) y no les aburriré con los detalles.



“El doctor Hoffman y las infernales máquinas del deseo” de Angela Carter

Después del buen sabor de boca dejado por “La cámara sangrienta” (comentado hace no mucho aquí) era casi inevitable volver a intentarlo con Angela Carter, más que nada para comprobar si aquello había sido amor a primera vista. El doctor Hoffman… no es una novela fácil si se lee como yo lo hice: a ratos y en un plazo de tiempo muy largo. Demasiado largo. Con todo, me ha parecido muy interesante, casi tan interesante como agotadora ha sido la frondosidad de su prosa. Me gustó especialmente su relación más que estrecha con “La tempestad” de Shakespeare (ahí me ganó), una obra que me viene acosando desde hace unos meses. En resumen, muy bien aunque debo confesar que no me enganchó todo lo que esperaba (que esperaba y hubiese querido).



“El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad

El titular: nueva traducción y edición ilustrada de la novela en que se basó Apocalipsis Now. Me ha gustado mucho. Tengo la reseña escrita y puesto que saldrá en breve me ahorraré, con su permiso, el discurso.


“Guía del mal padre” de Guy Delisle

Aquí una chorrada como un piano. No perderé mucho tiempo. Guía del mal padre es un librito chiquito de chistes gráficos que no tienen maldita la gracia, que tiran de tópico y que realmente no aportan gran cosa a… a nada. Prescindible y olvidable en la misma medida. 


“Nos vemos allá arriba” de Pierre Lemaitre

En la reseña, escrita AQUÍ, dije, entre otras cosas, esto: «“Nos vemos allá arriba” se nutre de tópicos. No sólo habla de los males de la guerra sino de los malos de la guerra. Unos malos que son malísimos frente a unos buenos que son buenísimos; unos ricos que son riquísimos frente a unos pobres que son pobrísimos. Como en la vida misma, no hay héroes, sólo seres humanos encadenados y condenados a vivir vidas que no desean, a luchar por vidas que creen merecer o a disfrutar de las que les ha tocado vivir. Son los de arriba frente a los de abajo, la superioridad frente a los complejos. La desesperanza frente a la justicia. 

Y el gay dejando que una niña le pinte las uñas».

Novela muy disfrutable y adictiva. Aunque no marcará un antes y un después está el placer de la lectura, que es una cosa que últimamente se cotiza mucho.



“Aniquilación” de Jeff Vandermeer

Me gustó menos que poco. Es un bluff. Algunos escuchan la palabra trilogía y se les pone como una piedra. Y no. Aniquilación es un pastiche de muchas novelas y esto no es necesariamente malo, o no lo sería si la novela no acabase siendo rematadamente boba. Reseña AQUÍ.



“Picnic extraterrestre” de Arkady y Boris Strugatsky

La premisa de esta novela es absolutamente genial pero me la voy a callar para no estropearles la diversión antes de la reseña. Baste decir que este título en apariencia tan feo (traducido también como “Picnic al borde del camino”) adquiere, durante la novela, todo su sentido y que es un sentido que no sé ustedes pero a servidor lo ha enamorado perdidamente. Esta estupenda novela está más que descatalogada pero me ha dicho un pajarito que le ha dicho otro pajarito que los de Gimalesh están preparando una reedición. Ñam, ñam.



“Solaris” de Stanislaw Lem

De Lem había leído un par de libros hace tiempo pero Solaris fue una novela que siempre me dio mucha pareza, seguramente porque, por culpa de las versiones cinematográficas, conocía demasiado bien la historia. El caso es que este mes corregí ese inmenso error. Solaris es fantástica pero, como en el caso anterior, dejen que me guarde los detalles para la reseña.




“La mosca” de Slawomir Mrozek

Mrozek es siempre genial. En La mosca, también.


“La gran guerra” de Joe Sacco

Esta es una obra sin palabras. Joe Sacco dibuja el primer día de la batalla de Somme sobre un “lienzo” de 7 metros. Magnífico. En unos días, reseña.


“Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos” de Emmanuel Carrère

Biografía de Philip K Dick. Me gusta Carrère. Le he leído, con este, cuatro libros. Me gusta pero me molesta mucho esa manía que tiene de colarse en las narraciones como si al lector le importase algo su vida privada; afortunadamente en esta ocasión pone bastante cuidado y salvo un par de ocasiones, Carrère es invisible. Supongo que por esto me ha gustado tanto. Por eso y porque es una biografía estupenda. Dick era todo un personaje pero al margen de eso, Carrère es un narrador excepcional que logra hacer amenas e interesantes todas y cada una de las páginas. Y eso es mucho decir.



“Ubik” Philip K Dick

Tal como ocurrió con Solaris y Lem, “Ubik” era una cuenta pendiente personal que tenía con Dick. Doy la cuenta por saldada. No me puedo quejar: he pagado lo que debía y he salido ganando. Dejaré los detalles para la reseña (ya se pueden imaginar la semana que me espera) pero a primera vista yo diría que me encantado. No vengo a descubrir la pólvora, Ubik está considerada una de las mejores obras de Dick, pero uno tiende a entusiasmarse cuando lo comprueba por sí mismo.





Habrán visto que he tenido un final de mes espectacular. No hay como dejar de leer literatura española.



Y, ahora, veranito. 

Y, ahora, vacaciones. 

En un par de días me pondré en modo bermudas. Yo seguiré siendo yo pero algo más ocioso. O mucho me equivoco o esto sí se traducirá necesariamente en una bajada de ritmo, tanto de lecturas como de reseñas. Guardo un par de cosas en el cajón (alguna la he anticipado ya un poco más arriba) y espero robar unas horas para escribir dos o tres reseñas que no quiero dejar pendientes, por lo que mi ausencia será casi inapreciable. Así somos aquí: todo entrega.

La pregunta es la de todos los años: ¿qué libros meteré en la bolsa de la playa? Ni idea, honestamente. Creo que aprovecharé (esta vez sí) para leer un par de cosas con dibujitos. A saber: “Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo” de Chris Ware; “Órbita 76” de Gabriel Noguera y “El piloto y el principito” de Peter Sís. 

Por otro lado he disfrutado tanto con las últimas lecturas de este mes (y es que hacía tantos, tantos años que había dejado el género) que creo que estaría leyendo ciencia ficción durante todo el verano. Porque me conozco sé que no será así pero por si las mosquis he preparado una pequeña lista (resultado parcial de pedir recomendaciones en facebook). Aquí los elegidos (sin descartar los que puedan surgir a partir de aquí):

- “Las sirenas de Titán” de Kurt Vonnegut
- “Axiomático” de Greg Egan
- “2312” de Kim Stanley Robinson
- “Robopocalipsis” de Daniel H. Wilson
- “La historia de tu vida” de Ted Chiang
- “La ciudad y la ciudad” de China Miéville
- “Más que humano” de Theodore Sturgeon
- “Neuromante” de William Gibson
- “Bienvenidos a Metro-Centre” de Ballard
- “Iris” de Edmundo Paz Soldán

Evidentemente el plan no es a corto plazo.

Por otro lado, ya tengo en casa “Ciudad ocupada”, la continuación de “Tokio Año Cero” de David Peace y “Los jardines de la disidencia” de Jonatham Lethem pero estos dos tengo poca (diría que ninguna) esperanza de leerlos en julio. 

Esta misma semana debería llegarme: “La guardia de Jonás” de Jack Cady, “Un hombre sin patria” de Kurt Vonnegut y “Arte Salvaje: una biografía de Jim Thompson” de Robert Polito, biografía que aseguran estupendísima y a la que probablemente dedique las horas de insomnio.

Y ya.



martes, 24 de junio de 2014

148 páginas más de “La maravillosa vida breve de Oscar Wao” de Junot Díaz


Yo no sabía que cuando te daban el Pulitzer ya nadie te podía mear encima. Mola. No sé si pasa lo mismo con el séptimo arte. ¿Sabe alguien que por el hecho de tener un Oscar o un Goya a la mejor película ya nadie puede decir que es mala o es aburrida o “no lo merece”? Por esta regla de tres, ¿me tiene que gustar sí o sí Camino? ¿Me compro la Edición Especial?

Venga, va, de buen rollo: me he terminado el libro de Junot Díaz y no me ha gustado. ¿Qué me pasa, doctor?

* * * * *

Nada, qué me va a pasar. 

Ya hemos hablado de esta novela, pero nos gusta sufrir. Retomamos más o menos por aquí:

«Al principio, bueno, se va leyendo y hasta tiene su gracia, sobre todo si uno se acerca por primera vez al autor. Trata (lo que he leído) sobre una familia, que es una cosa que, bien llevada, puede dar mucho juego. Primero habla del Oscar al que da nombre el título, después de su hermana y en tercer lugar, y ya con más detalle, de la madre de estos dos. Oscar es de pequeño seductor y de mayor un nerd gordo con tendencia a la depresión por falta de cariño y a enamorarse de todo lo que tenga forma de mujer. Su hermana Lola es un ser humano temperamental que quiere huir de ese infierno que es el hogar materno. Su madre, como todas las madres, es un bicho. La tercera historia es la de la madre, claro, una mujerona que las pasó muy putas. En la cuarta parte el narrador cobra protagonismo. Ahí fue cuando lo dejé».

Después de lo anterior hay más partes. La del abuelo de Oscar, por ejemplo, que es lo mejor de la novela. Y ya. Después, vuelta al “presente” y a ver qué narices le pasa al bueno de Oscarito, a qué viene lo de la “vida breve”, “maravillosa vida breve”. Adivinen: se enamora de una puta. 

Igual es por eso que le dieron el Pulitzer.

O tal vez lo hicieron por el retrato que se hace de una dictadura, que es algo que parece gustar bastante (ver "El huérfano" de Adam Johnson, Pulitzer 2013 para más información).

O por meterse con Vargas Llosa.

Voto por esto último.

« Pero vamos a ser honrados. El rap sobre La Chiquita que Trujillo Deseaba es bastante corriente en la Isla. Tan común como el camarón antártico. (No es que el camarón antártico sea tan corriente en la Isla, pero ustedes me entienden.) Tan corriente que Mario Vargas Llosa no tuvo que hacer mucho más que abrir la boca para cogerle el gusto. Hay uno de estos cuentos de bellaco en casi todos los pueblos. Es una de esas historias fáciles porque, en esencia, lo explica todo. ¿Trujillo te robó tus casas, tus propiedades, zumbaron a tu mamá y papá a la cárcel? Bueno, ¡es porque quería rapar a la hija hermosa de la casa! ¡Y tu familia no lo dejó!»

Zas, en toda la boca.

Si es que son unos broncas, estos letrados. Y luego que si en Tongoy y tal.

Creo que la explicación, o parte, al menos, del monumental cabreo de Junot, puede encontrarse en una de las notas al pie, concretamente en la nueve.

«[…] Considerado nuestro «genio nacional», Joaquín Balaguer era un negrófobo, un apologista del genocidio, un ladrón electoral y un asesino de la gente que escribía mejor que él; es notorio que ordenó la muerte del periodista Orlando Martínez. Con posterioridad, cuando escribió sus memorias, dijo que sabía quién había cometido el criminal hecho (por supuesto, no él) y dejó una página en blanco en el texto para a su muerte completarla con la verdad. (¿Cabe decir impunidad?) Balaguer murió en 2002. La página sigue en blanco. Apareció como un personaje comprensivo en La fiesta del Chivo de Vargas Llosa. Como la mayoría de los homúnculos, no se casó ni dejó descendencia».

Hum. Que digo que parece (no sé si dicen, cuentan y rumorean; igual sí) que parte de la novela o tal vez toda ella está escrita/diseñada para poner en su sitio al Nobel peruano y esa intromisión en asuntos ajenos que es La fiesta del Chivo. Siendo así, el Pulitzer me parece incluso necesario, aunque no sea más que como elemento publicitario o instrumento de tortura. Ahora bien, si los méritos han de ser los de la propia novela, malo. 

La maravillosa vida breve… se queda en un relato genealógico irónico y despiadado, cargado de humor, si quieren, y de buenos momentos, que los hay; de buenas descripciones, que las hay, pero desde luego como cualquier otra cosa, como crítica al Americanismoh (con h intercalada), por ejemplo, resulta algo floja.

«La familia de León voló a la Isla el 15 de junio. Óscar se estaba cagando del miedo, pero emocionado; sin embargo, nadie estaba más hilarante que su mamá, que se había arreglado como si tuviera audiencia con el mismísimo Rey Don Juan Carlos de España. De haber tenido un abrigo de piel, lo hubiera llevado, cualquier cosa para hacer ver desde cuan lejos venía, para acentuar cuan diferente era del resto de dominicanos»
[…].
«Al principio, Óscar pensó que estaba solo de visita, esta jevita minúscula, un chin gordita, que siempre iba taconeando hasta su Pathfinder. (No intentaba aparentar americana, al contrario que la mayoría de sus vecinos del Nuevo Mundo.)» 

Y poco más.

Por mucho que gusten las polémicas, se esperaba algo más de un Pulitzer. Siempre se hace. Se esperaba, no sé, algo más que rascar que este pasar de puntillas por tanta gente tan corriente y ese final tan, eso sí, americanoh


viernes, 20 de junio de 2014

“Aniquilación” de Jeff Vandermeer

No sé ni por dónde empezar. 

Atentos al argumento:

En el planeta Tierra hay una zona X, que es un espacio de proporciones indefinidas que, al igual que la Nada de La historia interminable, avanza que te avanza y no deja de avanzar y a la que se llega no se sabe cómo, así, de repente. La zona X es, como su nombre indica, una gran incógnita que no se resuelve ni con la fórmula de la Coca-Cola. A ella llegan cuatro chicas como cuatro soles, la psicóloca, la antropóloga, la topógrafa y la bióloga, que se llaman entre ellas por sus quehaceres diarios, como en las novelas de Saramago: Pass me the butter, please, antropóloga. En este plan:

«La topógrafa blasfemó y se la quedó mirando. Tenía un genio que debió de considerarse una cualidad. La antropóloga, en su estilo, se levantó sin protestar. Y yo, en el mío, estaba demasiado ocupada observando como para tomarme personalmente aquel despertar. Por ejemplo, advertí la crueldad de la sonrisa casi imperceptible en los labios de la psicóloga mientras nos veía pugnar por adaptarnos, con la antropóloga todavía flaqueando y disculpándose por ello».

Total, que al llegar al Mundo Perdido se encuentran al jabalí de La princesa Mononoke y el bunker de Perdidos, primo-hermano de La Casa de Hojas y ya tienen para investigar un rato largo. Porque, a todo esto, no lo he dicho, pero ellas van a la Zona para investigar, enviadas por una gran corporación que además de no darles una triste pista de lo que se van a encontrar hace como Gran Hermano, les pone para que sufran más. A partir de ya todo son desconfianzas y no tardarán en ponerse de uñas, buenas son ellas, lo que las conducirá irremisiblemente a catastróficas crisis de convivencia.

«La topógrafa asintió malhumorada y apartó la vista. La psicóloga emitió un suspiro audible, de alivio o de cansancio.
—Pues está decidido —concluyó, y pasó rozando a la topógrafa para ir a preparar el desayuno. Hasta entonces siempre lo preparaba la antropóloga.»

Esto con la Nespresso no pasaba.

La cosa, pues, va de descubrir, con ellas, qué sitio raro es ese que se ha cepillado a los integrantes de no menos de once expediciones anteriores. La narradora es la bióloga, que ha ido allí para saber qué vainas ha pasado con su marido (también, en su momento, explorador) y con sus amiguetes, machos alfa todos.

La novela es de acción demorada, como la peli de El Hobbit, con esa eterna promesa de que pronto va a pasar algo. La bióloga va contando sus cosillas, intimidades, cómo era ella con su marido, ese hombre maravilloso que la apartó de la mala vida. La bióloga mola, en realidad, aunque es un poco Pocahontas. No era (es) una mujer cualquiera. Para nada. Bebía, iba con hombres y prefería mirar un caracol que ver un partido de futbol. Ahora se rebela no comprándose el iPhone y leyendo spoilers de Juego de Tronos. Es broma. Medio broma.

La novela es un pastiche. No pasa nada, los pastiches también tienen derechos, especialmente en las novelas de género. Lo que no tiene mucha explicación es que uno llegue a un mundo perdido, salvaje, inexplorado y con más misterios que dónde se fabrican y a lo más que lleguemos es a ver a punki haciendo grafitis y los restos de una batalla en la playa. Estoy exagerando. En realidad es todo mucho menos trepidante de lo que lo parece.

Lo bonito es que incluye mensaje ecologista, que es algo que no se ve todos los días. Qué coño, si funcionó con Avatar…

«Lo terrible, lo que no puedo ignorar después de todo lo que he visto, es que ya no estoy convencida de que se trate de algo malo. No ante la naturaleza inmaculada del Área X en comparación con el otro mundo, que tanto hemos alterado».

Ah, casi me olvido: esta es la primera parte de una trilogía, de ahí el encadenamiento de incógnitas, que es de suponer que se resolverá al final siempre que no vaya demasiado bien y haya que ampliar con episodios IV, V y VI o precuelas y spin offs.

Bueno, en fin, que tienes que tener un día muy bueno para que te guste esta cosa.